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viernes, 31 de diciembre de 2010

La pregunta




La pregunta

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-Mamá... ¿Si Dios existe y es tan bondadoso, porque permite que ese señor de ahí no tenga un brazo?
Carolina se detuvo en seco ante una tienda de deportes del centro comercial.
Contemplaba a su hija. Los grandes ojos de la niña advertían una sensación de curiosidad mezclada con tristeza.
-Cariño, a veces Dios no puede ocuparse de todo.
No pudo contestar mas que eso, porque no sabía que contestar a la pregunta que le hacía una inocente niña de ocho años.
- Vamos, hija. Llevemos la compra al coche antes de que se descongelen las varitas de pescado.
La niña obedeció guiando débilmente el carro del supermercado, mientras su madre le imprimía la fuerza necesaria para mover 120 euros de compra.
A pocos metros de las puertas automáticas que comunicaban con el parking, varios gritos provocaron que madre e hija se detuvieran a tan solo un metro de la salida.
Decenas de personas que también acudían a por la compra semanal también dirigieron su atención a la fuente de aquellos gritos.
En uno de los halls del supermercado había una persona bastante alta, con gabardina y por su aspecto, sin duda era árabe. Gritaba alzando las manos.
Varios vigilantes del centro comercial corrían hacia el individuo que parecía sufrir algún tipo de trance.
Cada vez se congregaba más gente alrededor. Gente que salía de las cajas del supermercado, y gente que acababa de entrar a él.
Cuando uno de los vigilantes se le acercó, el individuo gritó más fuerte; estremeciendo a todos los espectadores de aquel improvisado espectáculo.
De repente, el vigilante salió corriendo despavorido, aullando.
En ese momento, todos vieron como aquella persona sostenía en una mano un dispositivo alarmantemente similar a un detonador.
Se despojó de la gabardina. Decenas de cartuchos de explosivos tapizaban el cuerpo de aquel individuo, que ahora se arrodillaba, mientras seguía mascullando palabras incomprensibles.
Uno de los vigilantes apuntó con su arma reglamentaria desde una veintena de metros.
Apretó el gatillo.
La bala salió, pero el estruendo de la brutal explosión hizo que el disparo no sonase ni a cincuenta centímetros.
Quince minutos después, medio centro comercial estaba en ruinas.
Carolina tuvo suerte. Cuando salió de la inconsciencia provocada por un fuerte impacto en la cabeza, el ulular de cientos de sirenas la recordó el infierno al que acababa de sobrevivir.
Su hija no estaba a su lado. Se puso en pié con dificultad. Cientos de restos humanos y cascotes tapizaban el suelo esmerilado del centro comercial.
Gritó. Había mas gente gritando. El pánico recorría su cuerpo.
Pronto encontró a su hija. Yacía en el suelo con la cabeza aplastada por un gran trozo de malaquita ornamental que antes formaba un pedestal. Su antes impoluto vestidito rosa estaba ahora teñido del rojo mas doloroso. Un brazo había sido amputado por la onda expansiva y descansaba a dos metros del resto de su hija.
Carolina se desmayó y no volvió a despertar hasta treinta horas después.
El resto de sus días los pasó en un estado catatónico.
La última pregunta que le formuló su hija la atormentó hasta el día de su muerte. 

jueves, 30 de diciembre de 2010

DOBLE CREER


DOBLE CREER


Aquí me encuentro corriendo al viento, todo es real.
Semanas atrás pensé seriamente en mi locura pero ahora todo parece pegar un giro de comprensión.
Esto que veo, ahora, no es más que el verdadero “demonio”.
Claro, desde un principio estuve equivocado, pero ahora todo cierra; lo que veía no era más que mi reflejo.

Días anteriores a esto yo era, para así decirlo, normal. Aunque todo esto sonase extraño vivía bien; tenia un buen trabajo, buenas mujeres y el dinero que quisiese. Pero esto terminó cuando conocí a aquel hombre.
A este me lo encontré una noche veraniega en un bar de la ciudad de Buenos Aires.
Yo estaba sentado junto a la barra cuando de repente sentí que alguien tocaba mi hombro, alcé la vista y contemplé a un hombre de aproximadamente cuarenta años; llevaba puesto un sobretodo y el pelo algo enmarañado.
Su aspecto no me impresionó para nada, al contrario, me pareció algo de agrado.
Este se corrió el pelo y luego de mirar hacia ambos lados dijo:
¿Es usted…Eric Savinsqui?
Si, clarorespondí obviamente.
Buenas noches, mi nombre es… bueno digamos usted me va a llamar Sacio.
¿y que desea el señor Sacio? le dije irónico.
Mire usted, lo que le vengo a proponer es algo que seguramente usted no escuchó, o sea que con esto quiero decir que preste suma atención.
Algún día de estos usted recibirá un llamado, el mismo va a ser de mi agente, lo que usted tiene que hacer es…
¿Qué? ¿Está loco?, como va a pensar que yo voy a seguir sus instrucciones – Le dije.
Como decía, lo que usted tiene que hacer es esperar aquel día, yo ahora solo puedo responderle algunas preguntas, tres exactamente.
¿Cómo que solo tres?
Si, y le quedan solo dos.
Bueno… ¿Qué gano con todo esto?
lo que desees, todo lo que desees.
Y… ¿Qué sacrificio debo cumplir?
Ninguno, solo apoyar al clan status.
¿clan status?
se te acabaron las preguntas y se marchó.
Se marchó sin más explicación que esas dos míseras respuestas, ¿pueden creerlo? Se fue y nada más.
Luego de aquel encuentro con Sacio decidí marcharme a casa, pregunté al muchacho del bar por un taxi y me encaminé a la puerta.
Tuve suerte, el taxi llegó al instante, pero mis dudas acerca de aquel hombre no se fueron pasadas las semanas.
Recordé entonces que alguna vez había visto a aquel hombre. Si, era ese que había visto en una convención, la convención de las máscaras de la media noche.
Esta convención se realizaba una vez al año y en la misma se encontraban todo tipo de escritores dedicados al género fantástico, yo recuerdo haber ido ahí solo con curiosidad, pero aprendí diversas cosas y seguí asistiendo año tras año.
Entonces recuerdo haberme cruzado con aquel hombre, lo recuerdo bien porque llevaba el mismo sobretodo de aquella noche.
<< ¿Pero que habrá querido de mi? ¿A que se refería con el clan status?
Bueno, seguro lo sabré el día de mi llamado>> pensé una y otra vez.

Ese día no tardó en llegar, una mañana en la que me encontraba desayunando junto a una mujer que había conocido la noche anterior, sonó el teléfono del hotel donde me alojaba.
Atendí y oí la vos al otro lado del tubo, era una persona de aproximadamente cincuenta años, según estipulé en ese momento.
Esta persona delicadamente dijo:
Hoy a las cuatro de la tarde en el jardín del Sufragio.
¿en donde? pregunté apurado, y entonces colgó el teléfono.
Tomé la guía telefónica y empecé a buscar algún lugar con ese nombre.
Rato mas tarde lo encontré, era un hotel cercano a Caballito, el mismo me quedaba sólo a algunas cuadras del hotel donde me hallaba.

Llegué puntualmente, en la recepción pregunté donde se hallaba el jardín.
El encargado me dijo que sólo podían pasar huéspedes e invitados, yo le dije mi nombre y enseguida me dirigió hacia donde se encontraba sentado un hombre que parecía tener mi edad.
Estaba recostado sobre una posadera de metal, yo caminé titubeando y antes de llegar éste se dirigió hacia mí.
Pensé que no vendrías.
¿Y por que pensaría usted algo así de mi? dije poco convencido.
Porque dudaste cuando te di la orden.
¿Qué orden? Yo solo vengo a escuchar su propuesta.
Por supuesto, la propuesta que tengo para hacer es digamos un cambio.
¿que clase de cambio?
un simple cambio, usted nos da toda su confianza y nosotros lo que usted busque.
Pensará que es muy simple pero para demostrarnos su confianza deberá realizar una prueba.
¿Y que clase de prueba?dije dudoso
El se acomodó nuevamente en su posadera y dijo:
Su prueba va a ser entregarnos su alma.
¿Mi alma?, ¿y como quiere que haga eso?
usted no debe hacer nadame dijo.
sólo debe pronunciar algunas palabras y el resto nos corresponde a nosotros.
¿Quiénes nosotros?
Al clan status, claro.
Quedé pensando un instante y decidí aceptar su proposición, yo igual no creía en nada de aquello de las almas y esas cosas.
Bueno, digamos que acepto ¿Cuándo tendría los beneficios?
Desde el momento en que acepte.
Bueno, entonces acepto dije sin saber a que me arriesgaba.
Luego de pronunciar unas cuantas palabras que me indicaron todo parecía normal. Y un rato más tarde llegó quien había dicho llamarse Sacio.
buenas tardes, aliado. dijo entonces.
buenas tardes. dije sin consultar nada.
Ha tenido mucho valor al aceptar, ya que a muchos de los que les proponemos esto salen corriendo inmediatamente.
Si, pero me gustaría saber algo mas acerca del clan status.
El clan status no es mas que una mentira que se me ocurrió cuando lo vi, en realidad mi nombre es Nosferatus, señor de las tinieblas, dueño del infierno y la maldad. En ese preciso instante su rostro empezó a tornarse diferente, como el de un monstruo diría yo, su cara de persona normal cambio totalmente para revelar a la criatura mas asquerosa que vi en mi vida. Al instante caminé algunos pasos hacia atrás, pero era tarde, no podía huir, el se encontraba frente a mi con sus ojos clavados en los míos.
¿Le sorprende, no es así?
Mi boca tembló junto a mis manos y entonces dije:
Esto no puede ser real debe ser mas que un sueño.
Para tu desgracia es todo lo contrario, no es más que la cruda realidad.
Yo soy el demonio, tu el hombre y me alimento de la vitalidad de tu alma.
¿y mis beneficios?
Los tendrás, solo pide lo que deseas y te lo concederé. Tienes solo dos peticiones para hacerme.
Pensé un instante, tenía todo a mi alcance, pero las posibilidades eran muchas y tendría que elegir correctamente.
Me decidí entonces por pedir dinero y mujeres.
Entonces eso tendrás. Y se retiró instantáneamente.

Pasados los dos primeros días no noté diferencia en mi vida, todo seguía siendo normal, pero al tercer día, cuando me dirigía a comprar algunas cosas encontré en mi bolsillo una pequeña boleta de lotería.
La boleta era del día anterior así que decidí ir a la agencia para ver si tendría algún premio.
La chica que me atendió quedó estupefacta al ver la boleta. Si, la boleta era la ganadora.
Ha ganado más de cinco millones de pesos, dijo ocultando su emoción.
Si, ¿Cómo hago para retirar el premio?
Usted vaya tranquilo, la organización de lotería lo llamará, déjeme su número para que podamos comunicarnos con usted.

Como era de imaginar la noticia corrió rápidamente y antes de darme cuenta mi casa estaba rodeada de noticieros.
¿Qué se siente haber ganado tanto dinero?, preguntó uno.
¿Qué piensa hacer con lo que ganó? decía otro.
Las preguntas caían sobre mi cabeza, mientras yo sólo quería descansar.
Había sido una semana muy dura, primero lo de Nosferatus, luego esto.
Todo encajaba, mi primer deseo se estaba cumpliendo al pie de la letra.
Y claro, nada me extrañaba, lo que había presenciado tres días atrás alcanzaba para creer todo lo que me dijesen.

Al día siguiente todo parecía estar nuevamente en su lugar, pero al salir a la calle nuevamente me asechaban los medios. Yo no quería hablar, ¿Qué podía decir?, gané la lotería y estoy feliz, que estupidez.
Evadí todas las miradas posibles y decidí marcharme a alguna provincia tranquila, con respecto a los medios.
Así fue, un día mas tarde estaba en Entre Ríos en una ciudad llamada Paraná, allí pase varios días disfrutando del dinero, estando hasta con tres mujeres en mi cama y sin preocupaciones.
Las cosas parecían encaminadas, pero a una semana de haber llegado a Paraná me empecé a sentir mal físicamente.
Entonces decidí ir al médico, el me hizo unos estudios que pase a recoger a los dos días.
Como sospeché en algún momento el diagnostico fue VIH positivo. Si, estaba muy enfermo y no tenía cura.
Me sentí desesperado y comencé a buscar por todos lados al tal Nosferatus.
Pedí y grité a los siete vientos, entonces apareció en mi habitación.
Le dije mi petición, tenía que acordarse de que aun me quedaba una.
Pues no cumplió, sólo me dijo que tenía lo que merecía, que una persona que vende su alma no tiene derecho a vivir.
Enfurecido empecé a soltar gritos de odio, pero el sólo se desvaneció.
Quedé de rodillas en mi habitación, llorando y pidiendo perdón a Dios.
Mi cabeza comenzó a trabajar e ideas locas comenzaron a surgir.
< Eso es lo que haré: contagiaré, por lo menos a una persona. >>
Empecé a enloquecerme con esta idea, tomé una aguja y me encamine a una plaza cercana al hotel.
Allí vi a una pareja sentada, estaban tomados de la mano y parecían tener unos dieciséis años.
Me les acerqué y les pedí fuego, la chica me lo dio cortésmente y en ese preciso instante pinché mi brazo con la aguja y luego a la chica.
La reacción de la misma fue inmediata y el chico sólo me pegó.
Caí desmallado en el pasto y un rato mas tarde desperté en la comisaría.

Me encontraba en mi celda, rodeado de policías y en ese instante comencé a reflexionar. Lo que había hecho no era más que una locura.
Pasaron días y me hallaba frente a una corte, yo muy ingenuo conté todo detalladamente.
Claro, el juez se rió en mis propias narices, era ilógico defenderme contando mi experiencia con Nosferatus.
Me llevaron con un psiquiatra, y el me dijo:
ya deja de creer eso que estas diciendo, tu nunca saliste de Paraná, nunca ganaste la lotería, nunca viste nada fuera de lo común.
Todo lo creaste con tu mente.
En ese instante mi cabeza empezó rebobinar como una película, el doctor tenia razón, nada había pasado.
Sólo había tenido un ataque de locura y amnesia.
Por esto me veo obligado a escribirles esto, a demostrarles lo que puede causar el doble creer.
Ya que el único demonio al cual había mirado de frente había sido mi propio reflejo.

Jorge. E. Hurtado

Pesadilla -- Carolina



Pesadilla
Carolina



Una sombra deforme se dibuja en el techo de mi habitación, tiemblo de miedo mientras la observo caer lentamente sobre mí, quiero escapar, es inútil me ha atrapado,decenas de manos me tocan, formandose entre ellas la cara de un cadáver sonriendo satánicamente,mi cerebro quiere explotar,necesita pensar y no puede, mi cuerpo se torna frio, la sangre se congela, parece que no estoy viva.

¿Habré muerto? Sera así la muerte?

Trato desesperadamente de gritar,mi voz no se escucha, mi saliva esta seca,la sombra me aplasta cada vez es mas pesada creo que voy a reventar,las manos tapan mi boca aprietan mi cuello estoy muriendo,el aire no entra,un gran nudo en el pecho se clava como una daga, es tanto el dolor que la sombra huye despavorida, abro los ojos estoy viva, era solo una pesadilla.

PUERTA AL INFIERNO, SANGRE EN EL CIELO -- LUIS BERNET




Estaban sentados sobre la roca, juntos. Se besaron con ternura. Desde lo alto de la colina dominaban toda la extensión del valle; sus campos de cultivo, los estrechos senderos que conectaban casas aisladas, sus pequeños oasis flanqueados por palmeras y, al fondo, su querida ciudad, ancestral, bajo la protección de las montañas. Contemplaban abrazados la lenta caída del sol tras el horizonte, que reflejaba sobre las escasas nubes la profunda gama del rojo; el lienzo de un pintor magistral, inhumano.

-Qué bonito…¿verdad? –dijo ella.

-Sí…-susurró él.

Las primeras luces artificiales decoraron el valle, las diminutas ventanas y calles de la ciudad. Las nubes habían aumentado, conformando un manto anaranjado que tornaba, inexplicablemente, hacia un rojo cada vez más brillante. El sol se había retirado, pero la luminosidad crecía tras las nubes. En silencio se miraron y volvieron a alzar la vista, sin comprender porqué este atardecer era tan diferente a cualquier otro que recordaran. Distantes truenos recorrían la cúpula; resplandores eléctricos iluminaban el rojo creciente desde dentro, como en una digestión de luz pura.

Comenzó a llover.

Sangre.

Los rostros desencajados, goteantes, se miraron aterrorizados, extendiendo las palmas de las manos en medio de la tempestad, sin poder creer lo que estaba ocurriendo ¿Cómo podía Alá permitir que las pesadillas abandonasen su cárcel del sueño? El viento golpeaba con su cortina carmesí, arrastrando el orgánico olor del óxido, dulzón, sofocante. Los relámpagos eran venas blancas, momentáneamente visibles entre estallidos ensordecedores. Ciclópeos pilares quebrados y fragmentos de mampostería caían, desde las alturas, sobre el cuerpo postrado de su ciudad, bañada en sangre. Un inmenso torbellino de negrura horadaba el cielo, engullendo las nubes en voraz espiral. Y desde sus entrañas, vomitados entre chillidos monstruosos, escaparon cientos de bestias aladas formando una plaga negra, que se precipitó sobre el mundo de los inocentes. Y con ellas, la certeza de muerte. Despiadada. Absurda. Cruel.

¿Quién aseguró que el infierno enclavaba sus raíces en las profundidades de la tierra?


* * *


La puerta al infierno estaba abierta.

Oleadas de horrores sin nombre escapaban por ella, libres a su sed de muerte. Cada boca escuchó su propio grito de agonía antes de morir; el dolor se experimentó en todas sus magnitudes. Los ríos de sangre que fueron calles arrastraban restos humanos. La ciudad que era carne abierta, huesos rotos, clamó por un auxilio que nunca llegó. El mundo no luchó contra el horror; miró hacia otro lado. Avergonzado. Aterrorizado.

Cuando la lluvia de sangre cesó, el fuego comenzó a torturar el cuerpo que aún vivía sin vida. Y un cuerpo sin cabeza ya no puede gritar.

En lo alto de la colina, a él lo mataron rápido; sólo le abrieron el abdomen para obligarlo a comer sus vísceras. Ella no tuvo tanta suerte. Las palabras no deben intentar la recuperación de aquello que no pueden transmitir.

Para los artesanos del dolor, la carne guarda infinitas formas.


* * *


La puerta al infierno sigue abierta.

Nicaragua, Corea, Vietnam…ahora Irak. Ellos siempre han tenido la llave que abre la puerta. Ellos siempre han sido valientes para abrir la puerta. Ellos siempre han sabido cuál es el momento justo para abrir la puerta. Pero nunca supieron como cerrarla.


No existe llave para cerrarla.

Y la puerta al infierno sigue abierta.

Nieto de un verdugo -- Pedro Pastor



Nieto de un verdugo
Pedro Pastor


A los amigos los puedes elegir, a los familiares no.
Esa frase tomó consistencia en la mente de Félix Serrano el día en el que falleció su último abuelo.
En sus treinta años de vida ya había sufrido el zarpazo de estas luctuosas situaciones; ya era algo conocido el llorar finados cercanos. Su padre abandonó la vida hacía ya una década. Falleció en un trágico accidente de tráfico en el que hubo varios interfectos. Su padre conducía borracho un camión de gran tonelaje y arrolló a una monovolumen que transportaba a un matrimonio y a sus cinco hijos, camino posiblemente de algún destino veraniego. Todos murieron.



Un año después, su hermano murió presa de una sobredosis de éxtasis. Feneció en el suelo de una mugrienta discoteca. El día que lo velaron, aún lucía en la cara las magulladuras de varios pisotones.
Todos sus abuelos fueron muriendo en los años siguientes. Caían como moscas; tíos, primos, hermanos… un familiar tras otro moría cada año fatídico desde el primero, hasta completar el décimo su abuelo Eugenio. El anciano, apunto de cumplir los noventa; fue víctima de un accidente casero, facilitado quizás por la desidia que le suponía vivir sin compañía. Resbaló bajando las escaleras que daban a la alacena de la rústica casa familiar, cayendo los diecinueve escalones de madera, fracturándose varias costillas y un omóplato, que le causó la muerte cuando una astilla ósea le perforó el pulmón derecho. Dicen que los berridos de dolor fueron escuchados por todo el pueblo durante varios minutos. Cuando el primer vecino llegó, Eugenio Serrano empezaba a criar malvas.

El pequeño tanatorio abulense parecía haberse convertido en una taberna de pueblo. Un grupo de familiares conversaba alegremente frente al cristal que separaba el ataúd con el cuerpo en completo rigor mortis. Otros pequeños grupúsculos estaban esparcidos en esa sala alicatada con el mismo granito pulido que aquella funeraria utilizaba en las lápidas de sus clientes.
Nadie lloraba. Pareciere que todos esperaban con ansia el momento de enterrar a aquel vejestorio y empezar a discutir la distribución de la jugosa herencia.
Cuando Félix presentaba sus respetos a su abuelo, expuesto en aquella mortaja blanquecina, un griterío provino de la calle.

- ¡¡¡Hijos de puta!!!

El insulto se reverberó en las graníticas paredes, abofeteando con su sonoridad a todos los presentes que, oprobiados, salieron a la puerta exterior.

Sorprendiose Félix, como todos; al descubrir que aquel improperio fue lanzado por una anciana con no menos de noventa años.


-¡¡¡Hijos de la gran puta, me cago en vuestros muertos y en vosotros cuando reventéis!!!- profirió la nonagenaria, amenazando a los más cercanos con un báculo de roble y con una cruz como filacteria.

-Oiga, ¿Qué coño la pasa?- preguntó uno de los presentes, sobrino del occiso.

-¡¡¡Hijo de Satanás!!! ¿Crees que puedo olvidar que ese cabrón mató a mi marido por un puñado de perras?- gritó mientras su dentadura se las veía canutas para mantenerse en su sitio

-Era su trabajo. Váyase de aquí antes de que pueda lamentarlo, maldita bruja.- exclamó otro de los familiares, alzando el puño y realizando una maniobra ignominiosa con éste.

La anciana volvió a la carga con su afilada lengua. La gente retornó a la sala del tanatorio poco a poco, mientras un par de valientes seguían enfrentándose a la extraña mujer. Finalmente, ésta se alejó y se perdió entre las calles empedradas

.

Félix pensaba intrigado. ¿Cómo que era su trabajo?

-Tía Carmen. ¿Qué es eso de que era su trabajo? ¿Quien era esa mujer?

-¿No lo sabías? Tu abuelo fue verdugo.- dijo la tía Carmen, con su mirada soslayada y arrogante de siempre

-¿Qué?

-Estuvo en el cuerpo de verdugos durante veinte años. Y esa era la mujer del primer ajusticiado por tu abuelo, que también era del pueblo

Un bofetón sentimental le azotó como una patada en los huevos.

Su abuelo, verdugo en tiempos de Franco.

-¿Qué hacía exactamente el abuelo?- preguntó mientras miraba de reojo la sonrisa que exhibía el cadáver en la caja.

- Para que lo entiendas, era el que giraba la manivela en el garrote vil- explicó tranquilamente la pariente.

-Es suficiente, gracias- finalizó Félix intentando no ser descortés.
.
Una nausea casi le hizo vomitar cuando volvió la vista al cuerpo de su predecesor paterno.

Un torrente de recuerdos gratos era evaporado por el fuego que le provocaba pensar en la crueldad del garrote vil; y en la figura risueña de su abuelo, activando el mezquino instrumento.

Aquella silla fue utilizada en España para ajusticiar a los condenados a muerte. Aquel collar, aquel tornillo con cabeza abultada que destrozaba vértebras produciendo un sonido característico y macabro, era activado por su abuelo.

¿Cuánta gente habría matado por un puñado de perras, como decía aquella anciana gruñona? Imaginaba sin temor a equivocarse que no fueron pocos.


Siguió contemplando el cadáver, con cierto asco y repudia; pero con todos los matices que le ofrecían sus recuerdos infantiles. Se detuvo en aquella sonrisa que mostraba su extinto familiar.

De repente, algo le aterró.
El terror fue tal que unas gotas de orín fluyeron sin control, sin llegar a marcar los pantalones.

Cuando varios segundos después comprendió lo que acababa de presenciar, dictaminó que debería tomar el fresco un rato. Una vez fuera, mientras encendía un cigarro con las manos temblorosas, intentó dar respuesta a lo que acababa de suceder.

Trataba de ponderar si lo acaecido era producto de su enajenada imaginación, o si por el contrario, era tan real como los exabruptos de aquella curiosa anciana.
Su abuelo amortajado le había guiñado un ojo. El punto vidrioso que se escondía tras el párpado muerto le observó durante varios segundos; aunque para él fueron años.



Caminó calle arriba, con intención de entrar en uno de los pocos bares del pueblucho y tomarse un buen pelotazo.
Intentó prometerse a sí mismo que lo ocurrido no era más que el resultado del cansancio y estrés, provocado en gran medida por el largo viaje en coche desde Barcelona.

Cuando empujó la puerta del Bar Marianín, un rugido mecánico le detuvo en seco, apartando con las manos la cortinilla de plástico que impedía la entrada a las moscas.

El sonido venía calle abajo, acrecentándose cada segundo que pasaba. Un instante después, divisó un tractor a toda máquina con dirección al tanatorio.
La sorpresa se tornó en temor cuando vio que la conductora era aquella vieja malhablada.
El tractor iba ensamblado a una pequeña cisterna, que por su aspecto delataba que se trataba de gasóleo industrial. Y los reflejos del sol también delataban que el líquido del interior brotaba por decenas de agujeros.
Félix se echó las manos a la cabeza.
El tractor penetró en el tanatorio, rompiendo la vidriera exterior como un niño rompe un trozo de papel higiénico.

Los alaridos se escucharon durante pocos segundos. Dieron paso a un torrente de explosiones, para finalizar sucumbiendo a la oscuridad más absoluta que Félix experimentó en su vida.

Cuando la negrura desapareció, un blanco infinito le rodeó en derredor.
Tras andar desorientado unos minutos en aquella espesa neblina, tropezó con un objeto de madera.
Palpando descubrió que era una silla, y se sentó, pues estaba muy cansado.
Casi por instinto, apoyó la cabeza en el respaldo. Un chasquido metálico le colocó un collar en el cuello.
No se podía mover.
Un siseo de engranajes le hizo voltear la cabeza sin dificultad. Y allí descubrió a su abuelo, que giraba una manivela. Mostraba un par de ojos vidriosos y una sonrisa tenebrosa.
Cerró los ojos y gritó.





Cuando los volvió a abrir, el blanco le cegó. Pero esta vez fue el color reflejado por la viveza de los fluorescentes de aquel hospital madrileño.
Una máquina cercana a la cama comenzó a pitar, lo que precedió a una inundación de médicos, periodistas y curiosos que en ese momento rondaban las cercanías de la UCI.

- ¿Cómo se encuentra?- le preguntó un tipo con una bata verde.

-Confuso- pudo contestar Félix- ¿Qué ha pasado?

-Ha sobrevivido a la matanza del tractor. Una mujer hizo estallar media tonelada de gasoil y de amonal rudimentario fabricado con fertilizantes…

Pero Félix dejo de escuchar. Giró la cabeza hacia el compartimento continuo, oculto con biombo azul. Un crujido metálico era lo que le llamaba la atención. Un susurro pidiendo ayuda fue lo que le hizo reaccionar.




Félix se levantó de la cama con facilidad, bañado por cientos de flashes de fotógrafos.
Sólo él parecía oír aquellas demandas de auxilio y aquel traqueteo mecánico que le resultaba tan familiar.
Los presentes le seguían con la vista. Félix apartó el biombo y gritó.
Donde los demás no veían más que un pequeño espacio diáfano, él encontraba una silla de garrote vil con un cadáver, con el cuello empapado en sangre. El cadáver era él, y el verdugo de ojos rubicundos y vidriosos era su abuelo.
Los anonadados espectadores no comprendían los gritos de terror.
Tampoco comprendieron que Félix intentara defenderse de su abuelo con un afilado bisturí que agarró de la mesita metálica. Cuando intentó ensartar al verdugo, la imagen desapareció y la sala volvió a quedar diáfana. Detrás suya, oía murmullos. Se dio la vuelta.
Aterrado, comprobó que docenas de ojos vidriosos le observaban.
Furibundo, atacó con objeto de defenderse.
Su brazo se agitaba frenéticamente. El bisturí salpicaba las paredes de sangre, trozos de músculo y fluidos oculares. Prosiguió hasta que un periodista le redujo golpeándole en la cabeza con un extintor.




Cuando despertó, una bata blanca era su única compañía en la angosta y acolchada habitación del centro psiquiátrico penitenciario.
Sin comprender muy bien donde estaba, se incorporó y se acercó a la puerta. Se asomó por la ventanilla enrejada. Un grupo de personas parecía mostrar atención al interior de otras estancias con ventanilla en un interminable pasillo
Félix golpeó la puerta.
Las personas del exterior se dieron la vuelta y se acercaron; y entonces observó en ellos aquellos ojos vidriosos que tanto le asustaban. Gritó mientras se acercaban a él.
Vencido por el miedo, Félix chilló e introdujo con fuerza sobrehumana los pulgares en sus cuencas oculares. La sangre manaba por sus mejillas y lo último que escuchó antes de morir desangrado fue la cerradura electrónica de la puerta moviendo los goznes para abrirla.
Ese sonido tan “familiar”.

Príncipe de las tinieblas -- Bacarat


Príncipe de las tinieblas
Bacarat

El doctor Walter mira por la ventana la caída de la tarde y ve como las sombras se hacen cada vez más largas e indefinidas. Sabe que le queda poco tiempo, pues tardó demasiado en decidirse. Ahora deberá hacer una carrera contra la noche que avanza lenta pero inexorable. Debió tomar una decisión drástica: o se marchaba con el alma marchita y vencida o finalmente se cobraba venganza por la muerte de su querida hija Ana, aunque deba pagar con su propia vida. Para ello debió vencer su eterna cobardía en un desesperado intento por serenar su espíritu.
Cuando uno de los criados encontró el cuerpito de la niña apenas adolescente, violada y con el cuello roto entre el monte que circunda la hacienda, sintió que él también de a poco comenzaba a morirse. Todavía sentía en sus labios aquel beso gélido y postrero sobre la frente de Ana.

Walter, tras la muerte de su joven mujer, solo y con su hija Ana de apenas nueve años, decidió alejarse de la ciudad yendo a vivir a una casona de la familia en plena campiña tratando de darle a la niña más seguridad y dedicarle más de su precioso tiempo que los negocios en la ciudad le habían arrebatado. Mientras tanto él se dedicaría a lo que realmente disfrutaba hacer: escribir. Tenía varias ideas esperando y una incansable imaginación a la que por fin le podría dar rienda suelta.
Walter es un hombre de unos cincuenta años, menudo e inquieto, Después de la pérdida de su esposa, vencido y con cierto cansancio moral por un siglo XX que se venía con guerras, pestes, destrucción y sobre todo mucha mediocridad a la que un hombre culto como él le costaba adaptarse. Él siempre prefirió caminar por el borde del mundo de los sueños, que lastiman menos, acarician más y de los que de ser necesario, siempre se puede escapar.
Finalmente tomó la decisión. Delegó la administración de los negocios de su familia y en el campo trató de comenzar con su hija una vida nueva y feliz. Pero al tiempo de establecerse, la soledad y la velocidad de su genio fueron produciendo algunos cambios en su conducta.
Ignoraba a su hija, apenas adolescente, que deambulaba todo el día sin rumbo dentro de la finca sobre una yegua blanca que su padre le había regalado. Encerrado en su dolor el hombre se refugió en sus propias fantasías comenzando a beber. Luego dejó de afeitarse y dejó su pelo largo y desprolijo, lo que agigantaba más la creencia general de que se estaba volviendo loco.
-o-

Walter rompió la copa contra el piso, fue a su habitación y tomó del cajón de su mesa de luz un crucifijo con cadena de plata que fuera obsequio de su mujer. La besó con devoción y la colgó de su cuello, se persignó y comenzó a rezar en voz alta transpirando copiosamente, pero no el sudor cálido producto del esfuerzo, si no ese frío producido por el temor, los nervios y esa eterna cobardía que casi siempre sobrepasa su fuerza de voluntad. Volvió a mirar por la ventana como las sombras “reptaban” alargándose.
Finalmente y de forma espasmódica tomó la gran decisión. Fue casi corriendo hasta el leñero del hogar, revolvió hasta encontrar un tronco de madera dura y rojiza de unos cincuenta cm. de largo y no muy grueso. Luego se encaminó a la cocina que estaba vacía pues el personal de la finca ya se había retirado y sobre la tabla de cortar carne, con una hachuela de trozar pollos comenzó a sacarle punta para hacer una estaca. Cada golpe se multiplica por mil en la soledad de la casa y se va expandiendo por la campiña adormecida. Cada tanto mira por la ventana calculando cuanto tiempo falta para que llegue la noche, mientras se limpia la transpiración de la frente con una de sus mangas. Se aflojó el corbatín de lazo del cuello para respirar mejor. Luego se quitó la chaqueta sintiendo el frío de la camisa pegada a la espalda por el sudor. Cuando la punta de la estaca estuvo terminada, salió por la puerta mosquitera y cruzó el patio casi corriendo hasta las caballerizas entre el chillido y aleteo de los patos y gallinas que le dejan el paso huyendo desesperados. En el granero, en un carro viejo y desvencijado encontró una caja de herramientas, buscó entre ellas hasta encontrar una maza lo bastante grande para dar un buen golpe. Encendió un farol a kerosén que había colgado de una viga y corrió nuevamente por el patio entre el graznido y el revolotear de las aves de corral.
Ya era la media tarde cuando comenzó a transitar en subida el camino hacia la cima donde se encontraba el enorme caserón de madera de dos plantas. En el pasado había pertenecido a una familia importante que la había abandonado hacía muchos años escapando de una peste. Nunca se supo más de ellos, ni siquiera si habían sobrevivido pues no volvieron más. La enorme estancia abandonada se convirtió así en un criadero de ratas y murciélagos.
La casona está en la cima a unos doscientos metros y a cincuenta metros sobre nivel, su aspecto es fantasmal y se destaca sobre el cielo opaco de la tarde. Lo sorprende a si mismo su valentía, de la que no se sabía capaz. Debía ser la temeridad de los cobardes, que como las ratas, al encontrarse cercadas atacan jugándose el resto.
Los goznes de la puerta chirriaron anunciando su presencia. Debió empujar fuerte y con todo su cuerpo para abrirla. La luz del farol apenas alumbra la penumbra por el vidrio muy ahumado. Intentó levantar la mecha pero ya estaba al máximo. Apenas abrió la puerta, al ruido de arrastre lo siguió un silencio profundo y latente como si miles de ojos lo estuviesen observando. De pronto el aire pareció ponerse en movimiento, una gran cantidad de murciélagos comenzaron a volar en círculos sobre su cabeza. Walter se frenó aterrado cerrando los ojos por miedo a que lo choquen, pero finalmente se recompuso y avanzó sintiendo en el sudor de su cara el viento que produce el batir de cientos de alas.
Pero él buscaba el premio mayor, el que seguramente estaría en el sótano. ¡Al fin se verían las caras! Por las ventanas y algunas hendijas grandes que había entre las maderas resecas de la construcción, notó que la luz diurna ya casi se extinguía. ¡Debía hacerlo ya!
Estaba claro que si no llegaba a matarlo antes de cerrarse la noche, sería él quien moriría disecado sin una sola gota de sangre en las venas. De pronto sintió que sus pasos sonaban a hueco, dedujo que estaba caminando sobre el techo del sótano, se agachó para aprovechar mejor la débil luz del farol buscando barrer con el pié la puerta cubierta por el polvo. Buscaba una argolla grande que sirviera para jalar y abrir. Pero no lo logró. Debió dejar a un costado el farol, la estaca y el martillo para poder arrodillarse y usar las dos manos. A pesar de la gran capa de polvillo que la cubría al fin dio con ella, pero al intentar abrirla pareció estar sellada al borde. No bien la pudo mover pareció “eructar” un rancio olor a humedad y encierro que el instinto le hizo cerrarla nuevamente. Se recompuso de a poco y finalmente la abrió haciendo palanca con la estaca. Pero al abrirla no soportó su peso y la puerta cayó sobre el reverso produciendo un gran estruendo sobre el piso de madera. El polvo casi llegó hasta el techo entre el revolotear asustado de los murciélagos y la estampida de las ratas pasando entre sus pies. Intentó huir, pero estaba paralizado. Finalmente se recompuso, tomó de nuevo los elementos que había dejado a un costado e intentó bajar la escalera peldaño a peldaño, retirando asqueado con la estaca y el codo las telas de araña que parecen querer aferrarse a su cara tirándolo para atrás. Los escalones están resbaladizos y flojos, producto de la humedad ambiente que habrían absorbido durante tantos años. El sótano parece profundo y muy amplio, apenas si recibe un poco de luz de unas claraboyas pegadas al techo con los vidrios rotos. En la penumbra se pueden apreciar algunas herramientas, carretillas barriles y sobre todo muchas botellas cubiertas de polvo.
Siente (o presiente) el chillido y el movimiento de las ratas dando vueltas entre sus pies, tal vez desorientadas por ver a un extraño en sus dominios, no baja el farol tratando de ignorarlas y evitar un poco el miedo y la repulsión que siente por ellas.
¡De pronto lo ve! ¡Ahí está! ¡En el rincón más oscuro! Es un enorme ataúd de roble lustrado subido a una antigua mesa polvorienta. Es el único objeto con brillo y color entre todo el gris que lo rodea, señal de que ha tenido actividad últimamente. Walter mira el féretro que parece destacado por un haz de luz invisible. Siente un escalofrío al pensar que está ante el “Señor de las Tinieblas” y su cabello parece crisparse de terror.
Avanza temeroso hacia él, tropieza con algo blando, tal vez una rata y cae de rodillas pero el instinto lo mantiene con su torso erguido manteniendo en alto el farol en una mano y en la otra la maza y la estaca. Un par de ratas se suben por su pierna entre la botamanga y las aleja desesperado, pateando el aire y a golpes de estaca. Rápidamente se pone de pié y respira profundo tratando de buscar aire para tranquilizarse, tiene poco equilibrio pero no se atreve a apoyarse en nada por asco y temor a la mordida de ratas. Trata de respirar por la boca para no sentir el olor húmedo y fétido del ambiente. Apoya el farol en un sobrante de la mesa, hace lo mismo con la maza y la estaca y comienza a buscar con sus manos temblorosas el cierre del ataúd. Finalmente lo encuentra. Acaricia el crucifijo que lleva colgado del cuello para darse ánimo y reza un Padre Nuestro mientras con las uñas de las dos manos comienza a levantar lentamente la tapa que está fría como si fuera de metal.

¡Ahí está!, hermoso, con sus rasgos finos y delicados, la piel blanca como empolvada, sus cabellos renegridos y peinados hacia atrás, con las patillas y parte del pelo entrecano que le nace en punta desde la frente. Viste un impecable esmoquin negro, camisa y corbatín blancos y tiene sus manos cruzadas sobre el pecho en una actitud de paz y relax. Walter por un momento duda, le cuesta creer que esa figura tan maravillosa y carismática sea capaz de tanta crueldad, pero piensa en su hija y le vuelve el rencor, entonces apoya decidido la punta de la estaca contra su pecho y descarga sobre ella un mazazo tan fuerte como el odio acumulado durante tanto tiempo. La madera penetra casi sin resistencia, hasta que se oye el ruido de la punta contra el fondo del cajón.
Quietud. Pasan unos segundos o minutos y nada perturba el silencio del ambiente. Todo parece haber entrado en un estado de nirvana. El fracaso envuelve a Walter que vencido deja caer la maza. Tal vez lo de la estaca de madera era solo un cuento inventado por algún escritor borracho.
¡¡De pronto el monstruo cobra vida lanzando un grito estertóreo y paralizante!! Abre los ojos inyectados de sangre que casi se salen de sus órbitas, los pelos entrecanos se ponen de punta, la boca perfecta muestra ahora unos colmillos largos y amenazadores. Levanta el torso para saltar fuera del cajón pero no lo consigue. Uno dos, tres veces intenta enganchar sus piernas en el borde sin conseguirlo. Una de sus manos, blanca y helada, se apoya sobre la de Walter que todavía mantiene firme la estaca intentando quitarla en un último intento de supervivencia. Hace un nuevo intento por retirarla pero no lo consigue, entonces intenta con la otra mano agarrar a Walter por el cuello pero aferra el crucifijo y entonces se siente un chirrido y olor a carne quemada en la palma de su mano, vuelve a dar un grito desesperado revolcándose en la mortaja hasta casi darla vuelta y comienza a descomponerse en cenizas. En unos segundos queda su ropa vacía y el olor a azufre se hace insoportable.
Es demasiado para Walter, siente un fuerte dolor en el brazo izquierdo y una terrible opresión en el pecho, hasta que finalmente le estalla el corazón. Cae sobre la mesa llevándose consigo el farol a kerosén al piso y el fuego comienza a expandirse entre la desesperación de las ratas que chillan escapando y los murciélagos que buscan una salida de aquel infierno.
-o-

Cuando los vecinos de la comarca vieron el incendio en la cima, algunos se acercaron a caballo y otros en carros portando baldes para ayudar, pero arriba no había agua para combatir el fuego. Entonces se resignaron mirando la enorme hoguera, aunque también un tanto aliviados. La casa era espeluznante y corrían muchas leyendas y anécdotas sobre la misma. En general les inspiraba mucho miedo. Algunos daban una vuelta enorme antes que pasar por su frente, así que el incendio traía también un poco de liberación a la comarca. La noche profunda hace las llamas más fuertes y altas devorando enseguida la construcción de madera reseca.

Al otro día los criados y empleados de Walter recorren el lugar todavía humeante. Algunos curiosos se acercaron y otros siguieron cuchicheando toda la noche sin dormir inventando historias sobre la casona. En realidad, era tan poco lo que pasaba en ese patio alejado del mundo que el incendio era todo un acontecimiento social. Cuando removieron los escombros todavía humeantes, reconocieron el cuerpo carbonizado de Walter por el crucifijo de plata que siempre llevaba al cuello. El ama de llaves comentó acongojada: si seguro que es el cuerpo del señor Walter. Era un buen hombre pero nunca pudo superar la muerte de su hijita a manos de un degenerado. Poco a poco se volvió loco y en su tontera ¿A que no saben a quién culpaba.
- ¿A quien...?
¡¡A Drácula!!

Una carcajada nerviosa rubricó las palabras del ama de llaves. Nadie advirtió que al mencionar el nombre, por unos instantes, una ráfaga de viento, como un suspiro profundo sacudió las cenizas...

martes, 28 de diciembre de 2010

LA RAÍZ CUADRADA DE CEREBRO --- Fritz Leiber

Fritz Leiber



- De modo que viaja usted a menudo en platillos volantes, Mr. Satanelli - dijo cortésmente el Joven Modesto,

DODGSON, CHARLES LUTWIDGE. Véase Lewis Carroll. - Universal American Encyclopedia.

alzando su voz sólo lo suficiente para que resultara inteligible a través de la barahúnda de una fiesta en Hollywood, amplificada (la barahúnda) por un techo de veinte pies de altura y por las enormes cajas de resonancia de cinco habitaciones contiguas. Los pesados cortinajes eran discordantemente psicodélicos entre las amplias extensiones de cristal, en tanto que los muebles, con sus cromados y sus trapecios de rubia madera y almohadones tubulares y multicolores como píldoras de barbitúricos, semejaban más unas elegantes máquinas para el tratamiento de enajenaciones o para viajar a través del tiempo que divanes y sillones. Aquí y allí, envueltas en brillantes minitocados y estacionadas como estatuas, veíanse unas jovencitas con aspecto de starlets, de expresiones inteligentes, bellas, desconcertadas o levemente preocupadas, como si hubieran empezado a preguntarse si estaban allí como seres de carne y hueso o como un simple adorno.
El Joven Modesto tenía aquella expresión astuta y manhattaniana que en Nueva York resulta eficaz e incluso agresiva, pero que en Los Angeles, donde el metal es el oro, resulta un poco afeminada. Se había quedado muy serio después de formular su pregunta.
Morpheo Satanelli cubileteó diestramente su martini dentro de su copa, a fin de que no se derramara a consecuencia del cariñoso doble empujón que acababa de recibir de dos hermosas mujeres que no eran starlets, ataviadas respectivamente de azul y dorado. Respondió tranquilamente:
- Al igual que los demás, usted está interesado en los aspectos materiales de mis experimentos con platillos volantes y mis contactos con las gentes del espacio: lo cual encontrará perfectamente explicado en ese compendio del saber humano que es la Universal American Encyclopedia. Mas, para mí, lo espiritual

PERSONALIDAD DUAL, la supuesta distinción y acción potencialmente independiente de cada uno de los hemisferios cerebrales; de uno de los cuales, el izquierdo, proceden todos los impulsos vitales buenos y nobles, en tanto que del otro proceden todas las influencias malignas. Universal American Encyclopedia.

tiene la mayor importancia. «Morpheo, elévate a un plano superior - me sugiere siempre mi áureo Guía -. Te hemos hecho la gracia de esta visión infinita, para que puedas apartar los ojos de tu mezquino entorno terráqueo. Morpheo, ¿recuerdas la luz de la luna sobre Venus? ¿Los ondulantes mares de Mercurio acariciados por suaves lluvias? Morpheo, Morpheo...»
Una mano morena y rapaz, brillante de perlas, agarró el brazo del Joven Modesto.
- Esta es Friday Morphy - interrumpió la anfitriona, empujándole hacia un vestido blanco dentro del cual se encontraba una joven de cabello rubio platino y facciones hispano-irlandesas -. Friday recuerda todas sus vidas pasadas. Estamos registrándolas todas en mi antigua grabadora..., bobinas y bobinas.
Friday sonrió gravemente.
- He vivido y revivido muchas vidas. Ahora mismo, sueca, siglo diecisiete - dijo, con una monotonía musical.
- Eso suena un poco como un viaje a través del tiempo...

MANLIUS, MARCUS CAPITOLINUS, el salvador de Roma durante la invasión de los Galos, en el año 309 antes de Jesucristo. Cayó en desgracia a los ojos de los patricios, y murió ajusticiado el año 384 a. de J.C., despeñado desde lo alto de la roca Tarpeya. - Universal American Encyclopedia.

como ciencia-ficción - intervino un Anciano Vulgar, volviéndose hacia ellos mientras hablaba. Era obeso y parecía discretamente alegre.
- Algo por el estilo - dijo Friday.
El Joven Modesto dirigió una amistosa sonrisa al recién llegado y luego le preguntó cortésmente a Friday:
- Supongo que habla usted el sueco. El sueco del siglo diecisiete, claro.
Friday sacudió la cabeza tristemente.
- Nunca me acuerdo de los idiomas. Sólo de los acentos.
- El tropismo de inteligibilidad universal - explicó Morpheo Satanelli -. Cada mensaje tiende hacia un lenguaje que comprenda el auditorio, casi siempre inglés. De otro modo, los frutos de la mediación se perderían en la traducción, aparte de los gastos que comportaría esta última.
- Declaro - afirmó la Anfitriona con voz chillona - que hay más sabiduría secreta bajo este techo que en aquella inmensa biblioteca subterránea que Helena - Helena Blavatsky - visitó en el Tíbet.
Simultáneamente, el Anciano Vulgar murmuró aparte al Joven Modesto:
- Realmente, se encuentra uno con peces muy raros

UVA ESPIN, el fruto de la Ribes grosularia, y también el propio arbusto. El fruto es una baya suculenta, muy sana y agradable, de diversos colores: blanquecina, amarilla, verde y roja. Una especie americana tiene hermosas flores blancas y se cultiva como arbusto ornamental, especie de Lofio, alcanza una longitud de 4 a 5 pies y un peso de 15 a 170 libras. Es pardo oscuro por encima, y blanco sucio debajo, y de aspecto horroroso (siendo conocido también como «pico ancho» y «pez diablo»). Su apetito es voraz, y se alimenta indistintamente de toda clase de peces, devorando ocasionalmente algunas aves, tales como gaviotas y patos. El pejesapo no sirve prácticamente para nada. - Universal American Encyclopedia.

aquí.
Aunque el Joven Modesto pareció momentáneamente regocijado por aquella observación, la cual demostraba que tenía un compañero en sufrimiento, había cierta tensión en su voz cuando dijo:
- Miss Morphy... y sir... Mr. Morpheo me ha estado hablando de sus viajes a bordo de platillos volantes. Estaba a punto de preguntarle qué es lo que hace volar a los platillos.
- Morpheo Satanelli. Para muchos planetas - rectificó el hombre aludido.
- De acuerdo, Satanelli. ¿Tiene algún parentesco con el individuo que dirige el Primer Templo de Culto Satánico en San Francisco? - preguntó el Joven Modesto, convertido en osado por la presencia del Anciano Vulgar junto a él.
- Ninguno - respondió Morpheo secamente -. Anton sigue otro camino - añadió -. En cuanto a la fuerza motriz de los platillos, funcionan por el color de los rayos: verde para la atracción, rojo para la repulsión, amarillo hacia el sol, azul hacia las estrellas, violeta...
- Eso fue lo que Jacob Boehme le dijo a Newton - confirmó Friday.
Morpheo se encogió de hombros.
- Yo no estoy interesado en la técnica. Eso es más propio de Gloriana Grant. - Señaló a la mujer no starlet del vestido dorado, y luego bajó el tono de su voz para informarles -: Ha ofrecido a las Fuerzas Aéreas los planos de la nave espacial que le envió su marido desde Saturno, pidiendo sólo dos millones...
- Tres millones, pero aceptaría dos y medio - rectificó alegremente Gloriana Grant, acercándose a ellos. Una de dos, o tenía un oído excepcional, o era cierto lo que se decía de su finura de oído, especialmente para las palabras relacionadas con el dinero -. Y esos dos millones y medio están destinados ya a un Centro de Supervivencia para cuando el peso de los icebergs hunda el mundo en 1985.
- ¿Su... marido? Si he entendido bien... desde Saturno... ¿sí?... ¿Le ha enviado los planos de una nave espacial mediante una nave espacial? - inquirió el Joven Modesto con una suavidad que sus labios resecos desmentían.
Ella respondió vivamente:
- No, por telepatía: es mucho más seguro, más rápido, libre de vigilancia y, en su aspecto telequinético, el arma secreta maestra del universo. - Luego, su voz se convirtió en un susurro mientras revelaba (apretando el brazo de la mujer no starlet vestida de azul, la cual inclinó la mirada, presa de confusión) -: El Grupo de Asalto Psiónico de Linda Lee, de la Jack Hemlock Society, desintegró el mes pasado por medio de rayos de energía mental

NEURASTENIA, un trastorno nervioso funcional resultante de la debilidad o agotamiento de los centros nerviosos. Entre los síntomas corrientes se encuentran la falta de energía, debilidad, irritabilidad, insomnio, acusado pesimismo, cefalgias, presión en la parte superior de la cabeza, dolor en la espalda, fallos de la memoria, desarreglos menstruales en las mujeres, trastornos sexuales en los hombres y trastornos gastrointestinales. El principal factor predisponente es la masturbación. - Universal American Encyclopedia.

siete satélites-espía rusos. Su destrucción es segura, porque las estaciones de rastreo han estado detectando fragmentos fantasmas de ellos en sus pantallas.
- ¡Hurra por la vieja Linda! - gritó una recia voz masculina desde cierta distancia.
- ¿De veras? - inquirió el Joven Modesto en tono algo estridente, mientras el Anciano Vulgar tiraba subrepticiamente de su manga. Resonaron unos pasos detrás de él. Continuó -: En tal caso...
Un robusto brazo uniformado se enroscó alrededor de su hombro por un lado, y una corriente de aliento saturado de alcohol le abofeteó desde el otro. Al volverse, encontró su cara a unas pulgadas de otra cara áspera y papuda, con pelambrera plateada encima y un cuello con tres estrellas debajo.
- Querida Linda - dijo aquella cara -, tendrías ya diecisiete Medallas de Honor del Congreso si yo comandara el Ejército. Gloriana, cariño, ¿cuándo vas a entrar en razón en lo que respecta al precio? - A continuación se dirigió al Joven Modesto -: Le he estado observando, hijo, y puedo asegurarle que no ha aprendido aún a desenvolverse en estos ambientes. ¿Me permite una sugerencia amistosa? No ponga nunca en cuarentena la palabra de las personas interesantes

ANNEBERG, MOSES LOUIS, nació en Alemania y llegó a los Estados Unidos a edad muy temprana. Empezó su carrera como vendedor de periódicos en Chicago, más tarde ingresó en el departamento de circulación del Examiner de Chicago, y en 1904 había ascendido a director de aquel departamento. En 1926 abandonó la organización Hearst para poder dedicarse por entero a sus propias publicaciones, las cuales incluían el Daily Racing Form y el Nation-Wide News Service, y a sus numerosos negocios. Poco después Anneberg fundó la Miami Tribune, la Radio Guide, la Screen Guide y las Official Detective Stories. En 1936 sorprendió al mundo del periodismo al pagar la suma de 15.000.000 de dólares al contado a Mrs. Eleanor Elverson Patenotre por el Philadelphia Inquirer. En esta publicación se reflejó la capacidad directiva y la política progresista de Moe Anneberg, como es popularmente conocido. El autodidacta Anneberg, que cumplió 59 años el 11 de febrero de 1937, es una verdadera inspiración para la juventud de América. Anneberg se interesó por el arte durante muchos años, posee una hermosa colección de obras maestras antiguas y es también un apasionado pescador. Su finca de Great Neck, en Long Island, es un verdadero palacio, y posee además una residencia de invierno en Miami Beach, un rancho en Wyoming y otras mansiones en Nueva York y Filadelfia. Murió oscuramente en una penitenciaría federal, a la cual había sido enviado por eludir el pago de impuestos. - Universal American Encyclopedia.

que dicen que están trabajando en beneficio de América. Por absurdas que resulten las cosas que dicen, pueden ser ciertas, ¿Tiene la Gente del Espacio observadores entre nosotros? ¿Agentes en la Casa Blanca? ¿Oficiales de enlace en el

ISLAS SHANTAR, un archipiélago del Mar Egeo, separado del continente siberiano por un estrecho canal; tiene una superficie de 1.100 millas cuadradas. La mayor de las diez grandes islas es Shantar. Esas islas no están habitadas, pero son visitadas por los buques mercantes. - Universal American Encyclopedia.

Pentágono? Ni siquiera yo podría decirlo con seguridad... y no lo haría si pudiera. Pero sé esto. - Su mirada se paseó del rostro del Joven Modesto al rostro del Anciano Vulgar -: extirpen el escepticismo de sus mentes y la debilidad de sus corazones. De un extremo a otro del país, tenemos grupos de investigación y de desarrollo que trabajan en todos los problemas del universo: fuerza motriz espacial, energía antigravedad, incluso la fuerza motriz de los colores de Morpheo. Tenemos grandes cerebros en acción.
- General, si espera que sus cerebros realicen algo, será mejor que les diga que desconecten sus cabezas y sintonicen sus redaños - interrumpió un hombre de rostro ojeroso contra cuyo plexo solar, en vez de una corbata, colgaba un racimo de campanillas doradas -. La escalerilla genética que enseño a trepar a mis acólitos, pisando firme en los infinitos peldaños del código de la DNA, conduce desde el nivel del ombligo hasta Dios, en ambos sentidos. Hasta hoy, sólo hemos descendido hasta la explosión de los protones que empieza este universo, y ascendido hasta el calor mortal que lo termina, pero, ¿quién sabe cuán lejos podemos haber llegado mañana? Sólo para estar a salvo de las hijas de Kali y de la muerte por el fuego

COMBUSTIÓN, el acto de arder, el estado de ser quemado. La Combustión Espontánea es la Combustión que se produce sin que el hombre ponga nada de su parte para producirla. Una Combustión del cuerpo humano producida por causas internas ocultas, se afirma que ha ocurrido varias veces, la mayoría de los casos en mujeres aficionadas con exceso al alcohol, y muy obesas o muy delgadas. Incendiadas accidentalmente por una brasa o una vela, o incluso por una chispa, se dice que su tronco ha ardido con gran rapidez, dejando un residuo de grasa y de cenizas fétidas, de olor nauseabundo, y conteniendo un hollín muy penetrante. Como posibles causas se han señalado el alcohol que saturaba sus cuerpos, la electricidad, el hidrógeno fosfórico u otros gases inflamables liberados por la descomposición de las estructuras, aunque el tema exige hechos modernos comprobados y elucidación científica reciente. La mayoría de los químicos opinan que la Combustión del cuerpo humano del modo descrito es una imposibilidad. - Universal American Encyclopedia.

hay que mantenerse centrado. - Inclinó la mirada y tocó las campanillas doradas de modo que resonaran apagadamente contra el centro de su torso -. Lo mejor para centrarse es el oro. Y después los diamantes - añadió,
- Lo sé - dijo el general, con una sonrisa indulgente -. O'Leary se ocupa de eso.
- En Hight-Ashbury... - intervino una voz.
- Todo lo de Ashbury ha sido trasladado al Cañón Topanga - replicó otra voz.
- Muy interesante - observó el Anciano Vulgar.
El Joven Modesto asintió, con una considerable tensión en su cuello.
Un hombre de baja estatura y músculos de luchador de karate, con atuendo de playboy, entró como un meteoro, acompañado de dos monstruos con rostros de Frankenstein y cuatro beldades microvestidas y recién salidas de algún plató, a juzgar por su maquillaje pancromático.
- Los secretos del universo dejan de serlo en cuanto son atrapados por una cámara cinematográfica - dogmatizó el recién llegado -. A mí me llaman el Niño Prodigio

BONAPARTE, JEROME, nacido en 1784, se convirtió en oficial de marina y al principio de la guerra con Inglaterra se vio obligado a refugiarse con su barco en Nueva York, donde contrajo matrimonio con una joven norteamericana, Elizabeth Patterson, y vivió por espacio de dos años (1785-1789).

BOYER, JEAN PIERRE, Presidente de la República de Haití, fue un mulato, nacido en Port-au-Prince en 1776. Fue educado en Francia y en 1796 ingresó en el servicio militar. - Universal American Encyclopedia.

de Sunset Strip, de modo que escuchen con atención mi profecía de esta noche: cuando llegue, la Gran Película Norteamericana será un filme publicitario de tres horas de duración. Todos nuestros modernos Shakespeares son escritores publicitarios. Cuando esa basura dorada

MUERTE ELÉCTRICA, muerte resultante de la electricidad descargada a través del sistema animal. Cuando la electricidad se aplica a la ejecución de criminales (electrocución), la víctima es sentada en un sillón (silla eléctrica) y atada a él. Un electrodo con una superficie almohadillada húmeda se coloca contra su cabeza o alguna parte contigua. Otro electrodo se coloca contra alguna de las partes inferiores, y una corriente de una dinamo alterna circula durante quince o más segundos. La diferencia de potencial aplicada a los electrodos suele ser de unos 2.200 voltios. Este elevado voltaje es necesario para vencer la resistencia del cuerpo, la cual varía de 20.000 a 60.000 ohmios. Una corriente de tres centésimas (0,3) de amperio suele ser fatal, aunque no siempre. - Universal American Encyclopedia.

dé en el blanco, habrá sabiduría cósmica esparcida por las paredes del Kremlin y de la Ciudad Prohibida.
Con un tic facial inmediatamente reprimido, el Niño Prodigio se alejó, seguido de sus acompañantes.
- Sólo viene a robar nuestras mejores ideas para sus películas - comentó Morpheo en tono acibarado, para añadir inmediatamente -: Claro que, si nuestras ideas se extienden, ¿qué importa el vehículo?
- La mano izquierda ayuda a la mano derecha - aprobó la Anfitriona -. El orgiástico Tantrie, el meditativo Tantric...
- La Pasión Satánica... Estaciones de

DIABLO, el tema de una asombrosa cantidad de especulaciones ociosas. - Universal American Encyclopedia.

la Cruz Invertida... Anton LaVey... - flotó una voz. - Wilhem Reich... La sustancia química del sexo, azul como un bebé... ¿O es sonrosado?
- Ron Hubbard... ¿Ha pagado usted 1.500 dólares por Excalibur?
- Roger Babson... La Fundación rechazó el ensayo de Gloriana, porque demostraba que la gravedad era una ilusión.
- Symmes, Teed, Burroughs.... nuestra tierra hueca.
- Ignatius Donnelly, Hans Hoerbiger, Hans Schiller Bellamy, Immanuel Velikovsky.... nuestro mundo golpeado muchas veces por cometas, lunas, planetas... Creo que si fuera hueco no podría resistirlo, pero supongo...
Mientras flotaban aquellas otras voces, el Joven Modesto y el Anciano Vulgar empezaron a alejarse.
La Anfitriona dijo, tras dirigirles una mirada fugaz:
- Tengo la impresión de que esos dos no encajan aquí.
- Dos - dijo Gloriana Grant -. El número de la discordia. Los números son misteriosos.

LUISIANA, un estado de la parte central del sur de los Estados Unidos; limita con Arkansas, Mississippi, el Golfo de Méjico y Texas; admitido en la Unión el 30 de abril de 1812. En 1936 había en todo el Estado 1.318 blancos, 4.552 mexicanos, 776.326 negros, 1.536 indios, 522 chinos y 52 japoneses. - Universal American Encyclopedia.

- ¡Escépticos! - exclamó Morpheo -. Los números siempre están de acuerdo con uno.
- Es evidente que esa pareja no había estado nunca en Bootcamp Pacific - observó el general.
- ¡Oh! Son unos don nadie - resumió Linda Lee.
El Joven Modesto se sentó en un sillón complicadamente tubular.
- Este es un lugar muy fastidioso - dijo -. Oyendo hablar a esa gente, uno juraría que no pueden pertenecer a una raza que domina los vuelos espaciales

ARMADILLO, nombre hispanoamericano, incorporado al inglés, de varios mamíferos pertenecientes al orden Edentata, familia Dasipodidos, y su típico género Dasipus. El nombre implica que llevan una armadura. Cuando el animal se ve en peligro, puede improvisar un agujero y desaparecer en él con asombrosa rapidez. - Universal American Encyclopedia.

y la energía atómica.
- Pertenecen a ella - observó el Anciano Vulgar -. Y pronto alcanzarán el subespacio y viajarán hasta las estrellas.
- Escribiré un informe veraz, pero me pondrán de patitas en la calle - dijo el Joven Modesto quejumbrosamente -. Y en cuanto a mi artículo para la Enciclopedia Galáctica... -
- Mis jefes son terriblemente incrédulos, también - declaró el Anciano Vulgar -, y los editores de la Galáctica todavía más. Es una suerte que nuestros caminos se hayan cruzado. Tal vez en otra ocasión...
- Sí, bueno... - empezó a decir el Joven Modesto, volviéndose hacia el Anciano Vulgar.
Con un ahogado pop, el sillón de curvas almohadilladas que ocupaba el Anciano Vulgar había desaparecido junto con su ocupante, sin dejar detrás de él más que una momentánea corriente de aire helado.
El Joven Modesto sonrió astutamente y murmuró para sí:
- ...espacio.
Los tubos de su sillón empezaron

CARROLL, LEWIS. Véase Dogdson, Charles Lutwidge. - Universal American Encyclopedia.

a brillar débilmente. Elevándose sólo una fracción de pulgada por segundo, pero adquiriendo rápidamente velocidad, el sillón cruzó silenciosamente el umbral de la puerta, apuntado directamente a Marte.


FIN