BLOOD

william hill

Seguidores

Mostrando las entradas con la etiqueta honore de balzac. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta honore de balzac. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de noviembre de 2009

LA MISA DEL ATEO


HONORE DE BALZAC
LA MISA DEL ATEO
-
Dedicado a su amigo August Borget
-
Un médico al que debe la ciencia una hermosa teoría fisiológica, y
que, joven aun, logró abrirse plaza entre las celebridades de la Escuela de
París, centro de luces; al que rinden homenaje todos los médicos de
Europa, el doctor Bianchon, ejerció la cirugía antes de dedicarse á la
medicina. Sus primeros estudios fueron dirigidos por un gran cirujano
francés, por el ilustre Desplein, que pasó para la ciencia con la rapidez de
un meteoro. Según confesión de sus enemigos, Desplein se llevó á la tumba
su método intransmisible. Como todos los hombres de genio, no tenía
descendientes y se lo llevó todo consigo. La gloria de los cirujanos se parece
á la de los actores, cuyo talento deja de apreciarse tan pronto como
desaparecen, y cuya fama sólo dura lo que su vida. Los actores y los
cirujanos, lo mismo que los grandes cantantes y los artistas que centuplican
con su ejecución el poder de la música, sólo son héroes del momento.
Desplein ofrece un ejemplo de la semejanza que existe entre el destino de
estos genios transitorios. Su nombre, tan célebre ayer y tan olvidado hoy,
permanecerá dentro de la especialidad á que se dedicó, sin franquear nunca
sus límites. Pero ¿no es necesario que concurran circunstancias inauditas
para que el nombre de un sabio pase del dominio de la ciencia, al dominio
de la historia general de la humanidad? ¿Poseía Desplein esa universalidad
de conocimientos que hacen de un hombre el verbo ó la figura de un siglo?
Desplein poseía un golpe de vista divino, penetraba la enfermedad y al
enfermo con una intuición adquirida ó natural que le permitía no engañarse
nunca en los diagnósticos y determinar el momento preciso, la hora el
minuto en que era necesario operar, sacando siempre partido de las
circunstancias atmosféricas y de las particularidades del temperamento.
Para marchar de este modo de acuerdo con la naturaleza ¿habría estudiado
acaso la incesante misión de los seres y de las sustancias elementales,
contenidas en la atmósfera ó que provee la tierra al hombre que las absorbe
y las prepara para sacar de ellas un jugo particular? ¿Procedía, acaso, con
ese poder de deducción y analogía a que es debido el genio de Cuvier? Sea
de ello lo que fuere es lo cierto que este hombre se había hecho el
confidente de la carne y la comprendía lo mismo en su pasado que en su
porvenir, basándose en el presente. Pero ¿ha resumido toda la ciencia en su
persona como lo hicieron Hipócrates, Galeno y Aristóteles? ¿Condujo toda
una escuela hacia nuevos mundos? No. Si es imposible negar á este
perpetuo observador de la química humana la antigua ciencia del magismo,
es decir, el conocimiento de los principios en fusión las causas de la vida, la
vida antes de la vida, lo que ha de ser antes de ser, es preciso confesar,
para ser justo que, desgraciadamente, todo en él fue personal; aislado toda
su vida por el egoísmo, e1 egoísmo mata hoy su gloria. Su tumba no está
provista de la estatua sonora que repite al porvenir los misterios que el
genio establece a expensas suyas. Pero sin duda el talento de Desplein era
solitario de sus creencias y, por consiguiente, mortal. Para él, la atmósfera
terrestre era un saco generador, veía la tierra como un huevo en su
cascarón y no pudiendo saber quién era primero en e1 orden de la
existencia, si el huevo ó la gallina, no admitió ni lo uno ni lo otro. No creía
ni en el animal anterior ni en el espíritu posterior al hombre. Desplein no
estaba en la duda, afirmaba. Su ateísmo puro y franco se pareció al de
muchos sabios, que son la mejor gente de1 mundo, pero que niegan la
existencia de Dios del mismo modo que algunas gentes religiosas niegan la
posibilidad de que pueda haber ateos. Esta opinión no tiene nada de
particular en un hombre acostumbrado desde sus primeros años á disecar el
ser por excelencia, antes, durante y después de la vida, y á escudriñar
todos sus órganos sin encontrar en ellos esa alma única, tan necesaria para
todas las teorías religiosas. Reconociendo en el hombre un centro cerebral,
un centro nervioso y un centro aéreo-sanguíneo, de los cuales, los dos
primeros se suplen tan bien uno al otro, que tuvo en los últimos días de su
vida la firme convicción de que el sentido del oído no era absolutamente
necesario para oír, ni el sentido de la vista absolutamente necesario para
ver y que el plexo solar lo reemplazaba sin duda alguna, Desplein se
confirmó en su ateísmo con este hecho, á pesar de no tener ninguna
relación con Dios. Según se dice, este hombre murió en la impenitencia final
en que mueren, desgraciadamente, muchos hermosos genios á los que
ojalá Dios quiera perdonar. Empleando la misma frase de sus enemigos,
diremos que la vida de este hombre ofrecía muchas pequeñeces, ó mejor
dicho, muchos contrasentidos aparentes. Sin conocer nunca los móviles que
hacen obrar á ciertos espíritus superiores, los envidiosos ó los necios echan
mano inmediatamente de ciertas contradicciones superficiales para hacer un
acto de acusación, por el cual les hacen figurar momentáneamente. Si más
tarde el éxito corona las combinaciones atacadas poniendo de manifiesto la
correlación de los preparativos y de los resultados, siempre subsisten, poco
ó mucho, las calumnias que le precedieron. Igualmente, en nuestros días,
Napoleón fue condenado por nuestros contemporáneos cuando desplegaba
las alas de su águila sobre Inglaterra, y hubiera sido preciso el 1822 para
explicar el 1804 y las bateas de Bolonia.
Siendo la gloria y la ciencia de Desplein inatacables, sus enemigos
criticaban la rareza de su humor y de su carácter, siendo así que lo que
tenía el gran cirujano era sencillamente lo que los ingleses llaman
excentricity. Vestido á veces elegantemente, como Crebillon, el trágico,
demostraba de pronto una singular indiferencia en su manera de vestir y
tan pronto se le veía en coche como á pie. Tan pronto brusco como amable,
áspero y avaro en apariencia, pero capaz de ofrecer su fortuna á sus
maestros desterrados que le hicieron el honor de aceptarla por algún
tiempo, ningún hombre ha inspirado ni ha sido objeto de juicios más
contradictorios. Aunque capaz para lograr una condecoración, que los
médicos no debieran solicitar con intrigas y de dejar caer en la corte un
libro de oraciones de su bolsillo, no dudéis de que en su interior se burlaba
de todo y de que sentía un profundo desprecio por los hombres, después de
haberlos observado de arriba á abajo y después de haberlos comprendido
tal cual son en medio de los actos más solemnes y más mezquinos de la
vida. En los grandes hombres, las cualidades suelen guardar proporción. Si,
entre esos colosos, existe alguno que tiene más talento que gracia, su
gracia es aún mayor que la de aquel de quien se dice únicamente: «Es un
hombre muy gracioso». Todo genio supone, necesariamente, un don de
segunda vista, una vista moral. Esta vista puede aplicarse á alguna
especialidad; pero el que ve la flor puede ver el sol. El que oyó á un
diplomático salvado por él: «¿Como está el Emperador?» y le respondió: «El
cortesano vuelve, el hombre sabrá abrirse paso», éste no es solamente
cirujano ó médico, sino que es también prodigiosamente ocurrente. Así
pues, el observador paciente y asiduo de la humanidad legitimará las
exorbitantes pretensiones de Desplein y le creerá, como se creía él mismo,
apto para ser tan buen ministro como buen médico.
Entre los enigmas que ofrece á los ojos de sus contemporáneos la
vida de Desplein, hemos escogido uno de los más interesantes, porque su
solución se encontrará al final del relato, vengándole de ciertas acusaciones.
De todos los discípulos que Desplein tuvo en el hospital, Horacio Bianchon
fué uno de aquellos con quien más simpatizó. Antes de ser interno en el
hospital, Horacio Bianchon era un estudiante de medicina, que se albergaba
en una miserable casa de huéspedes del barrio latino, conocida con el
nombre de la casa Vauquer. Este pobre joven sufría allí los ataques de esa
ardiente miseria, especie de crisol de donde los grandes talentos deben salir
puros é incorruptibles, como diamantes que pueden ser sometidos á todos
los choques sin romperse. Expuestos al fuego violento de sus pasiones
desencadenadas, estos hombres adquieren la probidad más inalterable y
contraen el hábito de las luchas que esperan al genio con el trabajo
constante con que han procurado cercar sus apetitos engañados. Horacio
era un joven recto, incapaz de tergiversar una palabra en las cuestiones de
honor, que se iba siempre sin rodeos al asunto y que lo mismo estaba
dispuesto por sus amigos á empeñar la capa, que á sacrificarles sus días y
sus noches; Horacio era, en una palabra, uno de esos amigos que no se
preocupan por lo que reciben á cambio de lo que entregan, seguros de
percibir á su vez más de lo que dan. La mayor parte de sus amigos sentían
por él ese respeto que inspira la virtud sin énfasis, y algunos de ellos
temían su censura. Pero Horacio desplegaba estas cualidades sin
ostentación. Ni puritano ni sermoneador, juraba con gracia cuando daba un
consejo y acudía con gusto á una juerga cuando la ocasión se presentaba.
Buen compañero, franco y leal, no como un marino, pues el marino de hoy
es un astuto diplomático, sino como honrado joven que nada tiene que
ocultar de su vida, Bianchor marchaba siempre risueño y con la frente muy
alta. En fin, para expresarlo todo con una palabra y teniendo en cuenta que
los acreedores son considerados hoy como" la representación más real de
las furias antiguas, diremos que Horacio era el Pilades de más de un
Orestes. Soportaba su miseria cor esa alegría que es sin duda una de las
mayores pruebas de valor, y como todos los que no poseen nada, contraía
pocas deudas. Sobrio como un camello, ágil y avispado como un ciervo, era
invariable y permanecía firme en sus ideas y en su conducta. La vida feliz
de Bianchon empezó el día en que el ilustre cirujano Desplein echó de ver
las cualidades y los defectos que hacen doblemente precioso para sus
amigos al doctor Horacio Bianchon. Cuando un jefe de clínica toma en su
regazo á un joven, este joven pone, como suele decirse, el pie en el estribo,
Desplein no dejaba de llevar á Bianchon como practicante á las casas
opulentas, donde casi siempre caía alguna gratificación en la escarcela del
interno, y donde se iban revelando insensiblemente al provenzal los
misterios de la vida parisiense; le dejaba asistir á las consultas en su
despacho, y á veces lo enviaba á acompañar á algún rico enfermo que iba á
tomar aguas, preparándole de este modo una clientela. De todo esto resultó
que, al cabo de cierto tiempo, el tirano tuvo un seide. Estos dos hombres, el
uno en la cima de los honores y de la ciencia y gozando de una inmensa
fortuna y de una inmensa gloria; y el otro modesto omega, llegaron á ser
amigos íntimos. El gran Desplein no tenía secretos para su interno, y éste
sabía si tal mujer se había sentado en una silla al lado de su maestro ó en
el famoso canapé que se encontraba en el despacho y en el que Desplein
acostumbraba á dormir; Bianchon conocía los misterios de aquel
temperamento de león y de toro, que acabó por ensanchar y amplificar más
de lo ordinario el gusto del gran hombre, y causó su muerte por el
desarrollo del corazón. Estudió las extravagancias de aquella vida tan
laboriosa, los proyectos de aquella avaricia tan sórdida, y las esperanzas del
hombre político escondido bajo la capa del sabio, y pudo prever las
decepciones que esperaban al único sentimiento que encerraba aquel
corazón, más bien bronceado, que de bronce.
Un día, Bianchon dijo á Desplein que un pobre aguador del barrio de
San Jacobo sufría una horrible enfermedad causada por las fatigas y la
miseria. Aquel pobre auverniano no había comido más que patatas durante
el crudo invierno del año 1821. Desplein dejó á todos sus enfermos, y
exponiéndose á reventar su caballo, voló acompañado de Bianchon á la
morada de aquel pobre hombre, y lo hizo transportar á la casa de salud
establecida por el célebre Dubois en el arrabal de San Dionisio. Cuidó con el
mayor cariño á este hombre, y cuando estuvo restablecido le dio la suma
necesaria para comprar un caballo y una cuba. Aquel auverniano se
distinguió por un rasgo original; habiendo caído enfermo uno de sus
amigos, lo llevó inmediatamente á casa de Desplein, diciendo á su
bienhechor:
—No hubiese podido soportar que hubiera ido á casa de ningún otro.
Áspero y todo, como era, Desplein estrechó la mano al aguador y le
dijo:
—Tráemelos á todos.
E hizo entrar al hijo de Cantal en el hospital, donde lo cuidó con el
mayor esmero. Bianchon había observado ya varias veces que su jefe sentía
mucha predilección por los auvernianos y sobre todo por los aguadores;
pero como Desplein ostentaba una especie de orgullo en tratar bien á los
enfermos de sus salas, el discípulo no vio en aquello nada de raro.
Un día atravesando la Plaza de San Sulpicio, Bianchon vio que su
maestro entraba en la iglesia á eso de las nueve de la mañana, Desplein,
que en aquella época no daba un paso sin su cabriolé, iba á pie y se colaba
por la calle del Petit-Lion, como si entrase en una casa sospechosa. El
interno que conocía las opiniones de su maestro, picado de curiosidad,
entró en San Sulpicio, y no fue poco su asombro al ver al gran Desplein, á
aquel ateo sin piedad por los ángeles que no ofrecen trabajo á los bisturíes
y que no pueden tener fístulas ni gastritis, en una palabra, á aquel intrépido
incrédulo, humildemente arrodillado, y ¿dónde diréis?... ante la capilla de la
Virgen, ante la cual oyó una misa, dio para los gastos del culto, dio para los
pobres y permaneció serio como si se hubiese tratado de una operación.
—Seguramente que no ha ido á esclarecer cuestiones relativas al
parto de la Virgen—decía Bianchon, cuyo asombro no tuvo límites.—Si le
hubiera visto en la procesión del Corpus llevando uno de los cordones del
palio, el hecho me hubiera causado risa; pero á estas horas, solo y sin
testigos, me da en verdad mucho que pensar.
Bianchon no quiso que pudiera creerse que espiaba al cirujano del
hospital principal, y, por lo tanto, se alejó. Por casualidad, le invitó Desplein
aquel mismo día á comer con él á una fonda, y de una cosa en otra,
Bianchon llegó, mediante hábiles preparaciones, á hablar de la misa,
calificándola de mojiganga y de farsa.
—Una farsa que ha costado más sangre á la cristiandad que todas las
batallas de Napoleón y que todas las sanguijuelas de Brousais. La misa es
una invención papal que no se remonta más allá del siglo VI y que está
basada en el Hoc est corpus. ¡Cuantos torrentes de sangre ha sido preciso
verter para establecer la fiesta del Corpus-Cristy; con cuya institución quiso
la corte de Roma hacer constar su victoria en la cuestión de la presencia
real, cisma que turbó á la Iglesia por espacio de tres siglos! Las guerras del
conde de Tolosa y de los albigenses son la cola de esta cuestión. Los
valdenses y los albigenses se negaban á reconocer esta innovación.
Por fin, Desplein se puso con satisfacción á desplegar toda su
verbosidad de ateo, y su conversación fue un verdadero flujo de burlas
volterianas, ó mejor dicho, una detestable falsificación del citador.
—¡Diablo!—se dijo Bianchon para sus adentros,—¿dónde está el
devoto de esta mañana?
Pero guardó silencio porque llegó á dudar que fuese verdaderamente
su maestro el individuo que había visto en San Sulpicio. Desplein no se
hubiese tomado el trabajo de decir una mentira á Bianchon: ambos se
conocían ya demasiado bien, se habían comunicado su modo de pensar
sobre cuestiones tan graves como ésta, y habían discutido sistemas de
natura rerum, sondándolas ó disecándolas con los bisturíes y el escalpelo de
la incredulidad.
Transcurrieron tres meses. Bianchon no dio importancia á aquel
hecho, sin embargo de que había quedado grabado en su memoria, cuando,
un día de aquel mismo año, uno de los médicos del hospital tomó á
Desplein por el brazo, delante de Bianchon como para interrogarle.
—¿Qué iba V. á hacer ayer á San Sulpicio, mi querido maestro?
—A ver á un sacerdote que tiene una caries en la rodilla y al que la
señora duquesa de Augulema me ha hecho el honor de recomendarme,—
dijo Desplein.
El médico quedó satisfecho con esta respuesta, pero no Bianchon, el
cual se dijo para sus adentros:
—¡Ah! ¿va á ver rodillas enfermas á la iglesia? Ya, ya caigo, iba á oír
misa.
Bianchon se prometió acechar á Desplein, recordó el día y la hora en
que lo había sorprendido entrando en San Sulpicio, y proyectó ir allí al año
siguiente, el mismo día y la misma hora, á fin de ver si le sorprendía de
nuevo. En este caso, la periodicidad de su devoción le autorizaría para llevar
á cabo una investigación científica, pues no era probable que existiera en un
hombre semejante una contradicción entre el pensamiento y la acción. Al
año siguiente, el día y la hora dichas, Bianchon, que no era ya alumno de
Desplein, vio que el cabriolé del cirujano se detenía en la esquina que
forman la calle de Tournon y la del Petit-Lion, y que su maestro tomaba
jesuíticamente á lo largo de los muros de San Sulpicio, donde oyó de nuevo
misa en el altar de la Virgen. ¡No había duda que era Desplein, el cirujano,
su jefe, el ateo in petto, el devoto por casualidad! La intriga se complicaba.
La persistencia de aquel ilustre sabio era para llamar la atención á
cualquiera. Cuando Desplein salió de la iglesia, Bianchon se acercó al
sacristán, que estaba arreglando el altar, y le preguntó si el señor que
acababa de marcharse era asiduo concurrente á la iglesia.
—Hace ya veinte años que estoy aquí—dijo el sacristán, —y en todo
ese tiempo he visto siempre que el señor Desplein viene, cuatro veces al
año, á oír esta misa, de la cual es fundador.
—¡Una fundación hecha por él!—se dijo Bianchon alejándose.—Esto sí
que es cosa tan complicada como el misterio de la Inmaculada Concepción,
misterio que por sí solo basta para hacer á un médico incrédulo.
Pasó algún tiempo sin que el doctor Bianchon, que seguía siendo
amigo de Desplein, hubiese tenido ocasión para hablarle de aquella
particularidad de su vida. Si bien se encontraban en consulta ó en sociedad,
era difícil que hallasen ese momento de confianza y de soledad, durante el
cual se permanece con las piernas tendidas, la cabeza apoyada en el
respaldo de un sillón y en el que dos amigos se cuentan sus secretos. Por
fin, á los siete años de ocurrido este hecho, después de la Revolución de
1830, cuando el pueblo se precipitaba sobre el arzobispado, cuando las
inspiraciones republicanas lo empujaban á destruir las cruces doradas que
despuntaban como rayos en medio de la inmensidad de este océano de
casas; cuando la incredulidad y la sedición llenaban las calles, Bianchon
sorprendió á Desplein entrando una vez más en San Sulpicio. El doctor le
siguió y se colocó á su lado, sin que su amigo le hiciese la menor seña, ni
diese muestras de la menor sorpresa. Ambos oyeron la misa fundada por el
ateo.
—Amigo mío—dijo Bianchon á Desplein una vez que estuvieron fuera
de la iglesia,—¿quiere usted decirme la razón de su modo de proceder? Esta
es la tercera vez que le sorprendo á usted oyendo misa. ¿Quiere usted
explicarme la razón de ese misterio y de ese desacuerdo flagrante entre sus
opiniones y su conducta? Usted no cree en Dios y va á misa, y, por lo tanto,
está usted obligado á responderme, mi querido maestro.
—Amigo mío, me parezco en esto á muchos devotos, á muchos
hombres profundamente devotos en apariencia pero que son tan ateos
como usted y yo podemos serlo.
Y á continuación de esto, soltó un verdadero torrente de epigramas
acerca, de algunos personajes políticos; de los cuales el más conocido
ofrece en este siglo una nueva edición del Tartufo de Moliere.
—Yo no le pregunto á usted todo eso—le dijo Bianchon. —Quiero
saber lo que viene usted á hacer aquí y el porqué ha fundado esta misa.
—A decir verdad, querido amigo—dijo Desplein,—estoy ya muy
próximo á la tumba, y, por consiguiente, no hay inconveniente en que le
hable á usted de los principios de mi vida.
En este momento, Bianchon y el gran hombre se encontraban en la
calle de los Cuatro Vientos, que es una de las calles más horribles de París.
Desplein subió al sexto piso de una de esas casas que parecen un obelisco y
cuya puerta de dos hojas da á un estrecho pasillo, al extremo del cual se ve
una tortuosa escalera, alumbrada por luces que con razón, reciben en
Francia el nombre de luces de sufrimiento. Era la tal vivienda una casa de
color verdoso, en cuyo piso bajo vivía un comerciante de muebles, y que
parecía albergar en cada uno de sus pisos una miseria diferente.
Levantando el brazo con gran energía, Desplein dijo á Bianchon:
—He vivido allá arriba dos años.
—Ya lo sé; de Arthez también ha vivido, y yo he subido ahí casi todos
los días, durante mi primera juventud. Entonces le llamábamos el foco de
los grandes hombres. Bueno, ¿qué más?
—La misa que acabo de oír está enlazada con acontecimientos que
ocurrieron cuando habitaba la buhardilla en que dice usted que vivió
también de Arthez, aquella en cuya ventana se ve una cuerda cargada de
ropa y un tiesto. Mis comienzos fueron tan rudos, mi querido Bianchon, que
puedo disputar á cualquiera la palma de los sufrimientos parisienses, lo he
soportado todo: hambre, sed, falta de dinero, de trajes, de calzado y de
ropa interior, todo lo que la miseria tiene de más rudo. He soplado muchas
veces mis dedos entumecidos, en ese foco de grandes hombres que quisiera
visitar de nuevo en compañía de usted. He trabajado durante un invierno
viendo humear mi cabeza y distinguiendo el aire de mi transpiración, como
distinguimos el aliento de los caballos en un día de helada. Hoy me parece
imposible que yo ni nadie pudiese soportar semejante vida. Estaba solo, sin
recursos, sin un céntimo para comprar los libros y los gastos de mi
educación médica, y sin tener un amigo, pues mi carácter irascible, sombrío
é inquieto, me perjudicaba mucho. Nadie quería ver en mis irritaciones la
miseria y el trabajo del hombre que, desde el fondo del estado social en que
nace, lucha para llegar á la superficie. Pero á usted, ante quien no necesito
fingir, puedo decirle que yo tenía esa suma de buenos sentimientos y de
viva sensibilidad que ha de ser siempre el patrimonio de los hombres
bastante fuertes para llegar á una cima cualquiera, después de haber
frecuentado largo tiempo los pantanos de la miseria. Yo no podía sacar de
mi familia y de mi país nada más que la insuficiente pensión que me
proporcionaba. En fin, en aquella época, comía por la mañana, ensopado en
leche, un panecillo que el panadero de la calle de Petit-Lyon me vendía más
barato, porque era de la víspera ó de la antevíspera, y de esa manera mi
almuerzo no me costaba más que diez céntimos. Un día sí y otro no, iba á
comer á una posada donde la comida costaba ochenta céntimos; así es que
no gastaba en comer más que dos reales diarios. Usted sabe tan bien como
yo el cuidado que hay que tener cuando se está en esa situación, del
calzado y de la ropa. Yo no sé si más tarde llega uno á experimentar tanta
pena al ver la traición de un amigo, como el que hemos experimentado, lo
mismo usted que yo, al ver la burlona mueca de un zapato que se rasga, ó
al oír que se desgarra la costura de una levita. No bebía más que agua, y
los cafés me inspiraban el mayor respeto. Zoppi me parecía una tierra de
promisión, donde sólo tenían derecho á entrar los lúculos de país latino.
¿Podría nunca, me decía yo á veces, tomar ahí una taza de café con crema
y jugar una partida de dominó? Y procuraba emplear en mis trabajos la
rabia que me inspiraba mi miseria, y procuraba acaparar conocimientos
positivos, á fin de tener un inmenso valor personal para merecer la plaza á
que había de llegar el día en que saliera de la nada. Consumía más aceite
que pan. La luz que me alumbraba durante aquellas noches obstinadas me
costaba más cara que el alimento. Aquel duelo fue largo, obstinado y sin
consuelo. Yo no despertaba ninguna simpatía en torno mío. Para tener
amigos, es preciso juntarse con gente joven y poseer algún dinero para
poder presentarse en aquellos lugares adonde van los estudiantes. Yo no
tenía nada, y nadie en París llega á figurarse nunca que nada pueda ser
nada. Cuando se trataba, de descubrir mis miserias, experimentaba en la
garganta esa contracción nerviosa que hace creer á los enfermos que les
sube una bala del esófago á la laringe. Más tarde he encontrado gentes
ricas que, no habiendo carecido nunca de nada, no conocen el problema de
esta regla de tres: Un joven ES al crimen como una moneda de cinco
pesetas ES á x. Esos afortunados imbéciles me dicen á veces: «Pero ¿por
qué contraía usted deudas? ¿Por qué se creaba obligaciones onerosas?»
Cuando les oigo, me hacen el efecto de aquella princesa que, sabiendo que
el pueblo se moría de hambre, decía: «¿Por qué no compran tortas?» Sí,
quisiera ver a uno de esos ricos que se quejan de que les cobro demasiado
caro por operarles, quisiera verlo, repito solo en París, sin dinero, sin casa,
sin amigos y sin crédito, y obligado á trabajar con sus cinco dedos para
vivir. ¿Qué haría? ¿Adonde iría á aplacar su hambre? Bianchon, si alguna
vez me ha visto usted grosero y duro, es porque recordaba mis dolores y la
insensibilidad y el egoísmo de que me han dado prueba mil veces las
esferas elevadas, ó bien porque pensaba en los obstáculos que el odio, la
envidia, los celos y la calumnia levantaron entre mí y el éxito. En París, hay
gentes que cuando le ven á uno con el pie en el estribo, los unos le tiran del
faldón de la levita, los otros sueltan la hebilla de la cincha para que se
rompa uno la cabeza al caer; aquél deshierra el caballo, el otro le roba el
látigo; el menos traidor es el que se aproxima á él de frente para soltarle un
pistoletazo á boca de jarro. Hijo querido, usted tiene bastante talento para
conocer pronto las batallas que las medianías libran al hombre superior. Si
pierde usted veinticinco luises una noche, al día siguiente será usted
acusado de ser un jugador, y sus mejores amigos dirán que ha perdido
usted la víspera veinticinco mil francos. Si tiene usted dolor de cabeza,
pasará por loco; si tiene usted vivacidad, pasará por insociable. Si, para
resistir á ese batallón de pigmeos, se arma usted de fuerzas superiores, sus
mejores amigos exclamaran que quiere usted devorarlo todo y que tiene
usted la pretensión de dominar y de tiranizar á todo el mundo. En una
palabra, sus cualidades se convertirán en defectos, y sus defectos pasarán á
ser vicios, y sus virtudes crímenes. Si no ha salvado usted á alguno, dirán
que lo ha matado; si el enfermo mejora y continúa siendo su cliente, dirán
que ha procurado usted asegurar el presente á expensas del porvenir, y que
si no ha muerto, morirá. Si tropieza usted en algo, dirán que se ha caído.
Invente usted cualquier cosa y reclame sus derechos, y será usted calificado
de hombre tacaño y astuto que no quiere dar salida al elemento joven. De
modo que, querido mío, si no creo en Dios, creo menos en los hombres. ¿No
ve usted en mí un Desplein completamente diferente del Desplein que todo
el mundo critica? Pero no recordemos aquel montón de miserias. Como
decía: habitaba en esta casa, trabajaba noche y día para sufrir mi primer
examen y no tenía un céntimo. Había llegado á uno de esos extremos
últimos en que un hombre se dice: «¡Sentaré plaza de soldado!» Sólo me
quedaba una esperanza: esperaba de mi país un baúl lleno de ropa, regalo
de una de esas tías ancianas que, desconociendo en absoluto lo que es
París, sólo piensan en las camisas, imaginándose que con treinta francos al
mes, su sobrino debe estar como un príncipe. El baúl llegó mientras yo
estaba en el colegio; ¡el porte había costado cuarenta francos! que habían
sido pagados por el portero, zapatero alemán que vivía en la buhardilla y en
cuyo poder se hallaba aquel. Me paseé por la calle de los Possés-SaintGermain-
des-Prés, y por la calle de la Escuela de Medicina, sin poder
inventar una estrategia que me pusiese en posesión del baúl, sin necesidad
de pagar los cuarenta francos, que yo me hubiera apresurado á entregar,
como es natural, después de haber vendido la ropa; pero mi estupidez me
hizo comprender que yo sólo servía para cirujano. Querido mío, las almas
delicadas, cuya fuerza se ejerce en una esfera elevada, carecen de ese
espíritu de intriga fértil en recursos y combinaciones; su genio es la
casualidad; no busca, encuentra. Por fin, llegada la noche, me decidí á
volver á casa en el momento en que entraba mi vecino, aguador llamado
Bourgeat, natural de Saint-Fleur. Este hombre y yo nos conocíamos como
se conocen dos inquilinos que tienen sus habitaciones contiguas, que se
oyen en el dormir, toser y vestirse, y que acaban por acostumbrarse el uno
al otro. Mi vecino me comunicó que el propietario, al que debía yo tres
meses, me había despedido, y que tendría que desalojar al día siguiente. A
él también le había hecho lo mismo, á causa de su profesión. Pasé la noche
más dolorosa de mi vida.
—¿Dónde buscar un hombre para que trasladase mis cuatro trastos y
mis libros? ¿Cómo pagar al mozo de cuerda y al portero? ¿A dónde ir?
Con lágrimas en los ojos me repetía yo estas preguntas insolubles,
como se repiten los locos sus refranes. Por fin, me dormí. La miseria tiene
para sí un reposo divino lleno de hermosos sueños. Al día siguiente por la
mañana, en el momento en que comía mi escudilla de pan ensopado en
leche, Bourgeat entra y me dice bruscamente:
—Señor estudiante, yo soy un pobre hombre hospiciano del hospital
de Saint Fleur, sin padre ni madre, y no soy bastante rico para poder
casarme. Usted no es tampoco fértil en parientes ni cuenta con lo que yo
cuento. Escuche usted, yo tengo abajo un carrito de mano que he alquilado
á diez céntimos la hora, y éste carrito puede llevar todos nuestros
cachivaches; si usted no tiene inconveniente, y puesto que nos arrojan de
aquí, podemos buscar un cuarto para vivir juntos; ¡qué demonio! después
de todo, este cuarto no tiene nada del paraíso terrestre.
—Ya lo sé, mi buen Bourgeat,—le dije,—pero me encuentro muy
apurado porque tengo abajo un baúl que contiene más de cien escudos de
ropa, con cuyo importe podría pagar al propietario y lo que le debo al
portero, y como no tengo un céntimo, no voy á poder sacarlo.
—¡Bah! aun me quedan á mi algunos cuartos,—me respondió
alegremente Bourgeat enseñándome una bolsa vieja de grasiento cuero.—
No tendrá usted necesidad de vender la ropa.
Bourgeat pagó los tres meses que yo debía y el suyo, y abonó al
portero la cuenta. Después, colocó nuestros muebles en el carrito y lo
arrastró por las calles deteniéndose delante de las casas en que había pisos
para alquilar. Yo le acompañaba y subía á los pisos para ver si el local nos
convenía. A las doce aun errábamos por el barrio latino sin haber
encontrado nada. El precio era un gran obstáculo; Bourgeat me propuso
que fuésemos á comer á casa de un vinatero, á cuya puerta dejamos el
carrito. A eso del obscurecer encontramos en el patio de Rohan, en el
pasaje del Comercio, una buhardilla con dos cuartos separados por la
escalera, que sólo costaba ciento veinte francos al año, y con esto henos ya
trasladados á mi humilde amigo y á mí. Comimos juntos. Bourgeat, que
ganaba unos diez reales diarios, poseía ya unos cincuenta duros, y estaba
muy próximo á poder realizar su ambición, que era comprar un tonel y un
caballo. Al saber mi situación, pues me fue sacando los secretos con un tino
y una delicadeza cuyo recuerdo conserva aún hoy mi corazón, renunció por
algún tiempo á la ambición de toda su vida: Bourgeat era aguador hacía
veintidós años, y sacrificó sus cien escudos por mi porvenir.
Esto diciendo, Desplein oprimió violentamente el brazo á Bianchon.
—Me dio el dinero necesario para mis exámenes. Aquel hombre,
amigo mío, comprendió que yo tenía un porvenir y que las necesidades de
mi inteligencia eran más importantes que las suyas. Se ocupó de mí, me
llamaba su hijo, me prestó el dinero necesario para comprar los libros é iba
de vez en cuando de puntillas á verme trabajar; en fin, sus cuidados
verdaderamente paternales llegaron hasta á obligarme á substituir el
alimento insuficiente y malo á que estaba condenado, por un alimento sano
y abundante. Bourgeat, hombre de unos cuarenta años, tenía cara de
aldeano de la edad media, una frente bombeada y una cabeza que un pintor
hubiera podido tomar como modelo para un licurgo. El pobre hombre sentía
en su corazón hambre de afectos, y no había sido amado nunca más que
por un perro, que había muerto hacía poco, y del cual me hablaba siempre,
preguntándome si creía yo que la Iglesia consentiría en decir misa por el
descanso de su alma. Según decía él, su perro era un verdadero cristiano,
que le había acompañado durante doce años á la iglesia, sin que nunca
hubiese ladrado, que escuchaba los órganos sin aullar y que permanecía
acurrucado á su lado en una actitud que le hacía creer que rogaba con él.
Aquel hombre fijó en mí todo su afecto, me aceptó como un ser solo y
desgraciado, y pasó á ser para mí la madre más atenta, un bienhechor
delicado y, en una palabra, el ideal de esa virtud que se complace en su
obra. Cuando lo encontraba en la calle, me dirigía una mirada de
inteligencia llena de inconcebible nobleza, procuraba andar con ligereza,
como si no le molestase la carga de agua que soportaba y se consideraba
feliz al verme robusto y bien vestido. En una palabra, tuvo para mí la
abnegación de un padre y el amor de madre. Bourgeat me hacía los
recados, me despertaba por la noche á las horas convenidas, limpiaba mi
quinqué y fregaba el descansillo de nuestra escalera: limpio como una
inglesa, era tan buen criado como buen padre. El cocinaba, serraba como
Philopémen la leña y comunicaba á todas sus acciones una gran sencillez,
conservando siempre su dignidad, pues parecía comprender que el objeto lo
ennoblecía todo. Cuando me separé de aquel buen hombre para entrar en el
hospital como interno, experimentó no sé qué dolor al pensar que ya no
podría vivir conmigo; pero se consoló con la perspectiva de reunir el dinero
necesario para los gastos de mi licenciatura y me hizo prometer que iría á
verle los días de salida. Bourgeat estaba orgulloso de mí y me amaba por
mi y por él. Si lee usted el discurso de mi licenciatura, verá que se lo
dediqué á él. El último año que estuve interno en el hospital yo había
ganado el dinero suficiente para devolver lo que le debía á aquel digno
auverniano comprándole un caballo y un tonel. Aquel pobre hombre se puso
furioso al saber que me privaba de mi dinero, y sin embargo estaba
encantado al ver sus intentos realizados; se reía y me reñía al mismo
tiempo; miraba el tonel y el caballo y se enjugaba una lágrima diciéndome:
«¡Mal hecho, mal hecho! ¡Ah! ¡qué tonel más hermoso! Ha hecho usted mal,
¡el caballo es más fuerte que un auverniano!» Nunca he visto nada tan
conmovedor como aquella escena. Bourgeat se empeñó en comprarme
aquel estuche, con adornos de plata que habrá usted visto en mi despacho
y que es la cosa más preciada que poseo. Aunque se embriagaba con mis
propios éxitos, nunca se le escapó la menor palabra ni el menor gesto que
quisiesen decir: «¡Gracias á mí se ha distinguido este hombre!» Y sin
embargo, sin él, nada más cierto que la miseria me hubiese matado. El
pobre hombre se había sacrificado por mí y no había comido más que pan
frotado con ajo, á fin de que yo tuviese el café necesario para poder velar.
Una vez cayó enfermo, y como usted puede imaginarse, yo pasé las noches
á su cabecera y logré salvarlo; pero dos años después tuvo una recaída, y,
á pesar de los cuidados más asiduos, á pesar de los esfuerzos más grandes
de la ciencia, murió. Jamás rey alguno estuvo mejor cuidado que él. Sí,
Bianchon, para arrancar aquella vida á la muerte, hice cosas inauditas.
Quería prolongar su vida para que fuese testigo de su obra, para realizar
todos sus deseos, para satisfacer el único afecto que me llenó el corazón,
para dar expansión á un cariño que, aun hoy ocupa por entero mi alma.
Bourgeat,—repuso Desplein, después de una pausa, visiblemente
emocionado,—Bourgeat que fue mi segundo padre, murió en mis brazos
dejándome todo lo que poseía mediante un testamento que había hecho en
casa de un escribano público y que llevaba la fecha del año en que
habíamos ido á vivir juntos al patio de Rohan. Aquel hombre tenía la fe del
carbonero y amaba á la Santa Virgen como hubiera amado á su mujer.
Católico ardiente, no había dicho nunca una palabra acerca de mi
incredulidad. Cuando estuvo en peligro, me rogó que procurase que no le
faltasen nunca los auxilios de la Iglesia. Yo hice decir todos los días una
misa por él. Muchas veces, durante la noche, me comunicaba sus temores
acerca de su porvenir, pues temía no haber vivido bastante santamente.
¡Pobre hombre! ¡Trabajaba de la mañana á la noche como un negro! ¿A
quién sino á él pertenece el cielo si es que hay un cielo? Recibió los
Sacramentos como un santo que era y su muerte fue digna de su vida. Yo
fui el único que le acompañé al cementerio. Cuando vi ya bajo tierra a mi
único bienhechor, empecé á discurrir el medio de mostrarle mi
agradecimiento; aquel hombre no tenía familia, ni amigos, ni mujer, ni
hijos, tenía una convicción religiosa; ¿podía yo de algún modo discutírsela?
El pobre me había hablado tímidamente de las misas que se decían por el
descanso de los muertos, pero no quería imponerme este deber pensando
que aquello equivaldría á querer cobrar los favores que me había hecho.
Tan pronto como pude establecer una fundación, di en San Sulpicio la suma
necesaria para que se dijesen cuatro misas al año. Como que la única cosa
que puedo ofrecer á Bourgeat es la satisfacción de sus piadosos deseos, el
día que se dice esa misa, ó sea, el principio de cada estación, voy á oirla en
su nombre y recito por él las consiguientes oraciones. Yo digo con la
buena fe del escéptico: «¡Dios mío, si existe una esfera donde colocas
después de su muerte á aquellos que han sido perfectos, piensa en el buen
Bourgeat; y si es necesario sufrir por él, dame á mí más sufrimientos, á fin
de hacerle entrar más pronto en ese lugar que se llama cielo.» He aquí,
querido mío, lo único que puede permitirse un hombre de mis creencias.
Dios debe ser un buen diablo y seguramente que no me guarda por ellas
ningún rencor. Se lo juro á usted, daría toda mi fortuna por que las
creencias de Bourgeat pudiesen penetrar en mi cerebro.
Bianchon, que cuidó á Desplein en su última enfermedad, no se
atreve á afirmar hoy que el ilustre cirujano haya muerto ateo. ¿No tendrán
especial complacencia los creyentes en pensar que el humilde auverniano
haya ido á abrirle la puerta del cielo como le abrió antes la puerta del
templo terrestre, en cuyo frontispicio se lee: A los grandes hombres, la
patria agradecida?
París, enero de 1856.

miércoles, 21 de octubre de 2009

EL ELIXIR DE LARGA VIDA



El Elixir De Larga Vida
Honoré De Balzac
.
Al lector1: al comienzo de su carrera literaria recibió el autor; de manos de un amigo
muerto hacía tiempo, el tema de esta obra, que más tarde encontró en una antología a
principios de este siglo; y, según sus conjeturas, se trata de una fantasía creada por
Hoffmann de Berlín, publicada en algún almanaque alemán y olvidada por sus editores.
La Comédie Humaine es lo suficientemente original para que el autor pueda confesar
una copia inocente; como La Fontaine, ha tratado a su manera, y sin saberlo, un hecho
ya contado. Esto no ha sido una broma como estaba de moda en 1830, época en la
que todo autor escribía cosas atroces para complacer a las jovencitas. Cuando el lector
llegue al elegante parricidio de don Juan, intente adivinar cuál sería la conducta, en
situaciones más o menos semejantes, de gentes honestas que en el siglo XIX toman
dinero de rentas vitalicias con la excusa de un catarro, o que alquilan una casa a una
anciana por el resto de sus días. ¿Resucitarían a sus arrendatarios? Desearía que
«pesadores–jurados» examinasen concienzudamente qué grado de similitud puede
existir entre don Juan y los padres que casan a sus hijos por interés. La sociedad
humana, que según algunos filósofos avanza por una vía de progreso, ¿considera
como un paso hacia el bien el arte de esperar pasar a mejor vida? Esta ciencia ha
creado oficios honestos, por medio de los cuales se vive de la muerte. Algunas
personas tienen como ocupación la de esperar un fallecimiento, la abrigan, se
acurrucan cada mañana sobre el cadáver, lo convierten en almohada por la noche: se
trata de los coadjutores, cardenales supernumerarios, tontineros2, etc. Hay que añadir
gente elegante presurosa por comprar una propiedad cuyo precio sobrepasa sus
posibilidades, pero que consideran lógica y fríamente el tiempo de vida que les queda a
sus padres o a sus suegras, octogenarias o septuagenarias, diciendo: «Antes de tres
años heredaré seguramente, y entonces...». Un asesino nos desagrada menos que un
espía. El asesino lo es quizá por un arrebato de locura, puede arrepentirse, ennoblecer.
Pero el espía es siempre un espía; es espía en la cama, en la mesa, andando, de
noche, de día; es vil a cada momento, ¿qué es, pues, ser un asesino, cuando un espía
es vil? Pues bien, ¿no acabamos de reconocer que hay en la sociedad unos seres que
llevados por nuestras leyes, por nuestras costumbres y nuestros hábitos piensan sin
cesar en la muerte de los suyos y la codician? Sopesan lo que vale un ataúd mientras
compran cachemira para sus mujeres, subiendo la escalera del teatro, queriendo ir a la
Comedia o deseando un coche. Asesinan en el momento en que tos seres queridos,
llenos de inocencia, les dan a besar por la noche frentes infantiles, mientras dicen:
-
–Buenas noches, padre.
A todas horas ven los ojos que quisieran cerrar; y que cada mañana se abren a la
1 Esta dedicatoria data de 1846. El cuento apareció por vez primera en octubre de 1830 en la Revue de Paris
2 La Tontina es una especie de lotería que asegura a los últimos supervivientes la totalidad de las apuestas. La más
célebre era la de Lafarge, donde cotizó durante mucho tiempo el padre de Balzac.

luz como el de Belvídero en esta obra. ¡Sólo Dios sabe el número de parricidios que se
cometen con el pensamiento! Imaginemos a un hombre que tiene que pagar mil
escudos de renta vitalicia a una anciana, y que ambos viven en el campo, separados
por un riachuelo, pero tan extraños uno a otro como para poderse odiar cordialmente,
sin faltar a las humanas conveniencias que colocan una máscara sobre el rostro de dos
hermanos, de los cuales uno obtendrá el mayorazgo y otro una legitimación. Toda la
civilización europea reposa en la herencia como sobre un eje, sería una locura
suprimirla; pero, ¿no se podría hacer como con las máquinas que son el orgullo de
nuestra época, es decir; perfeccionar el engranaje principal?
Si el autor ha conservado la vieja fórmula AL LECTOR en una obra en la que se
trata de representar todas las formas literarias, es para incluir una observación relativa
a algunos trabajos, y sobre todo a éste. Cada una de sus composiciones está basada
en ideas más o menos nuevas cuya expresión le parece útil, puede haber considerado
la prioridad de ciertas fórmulas, de ciertos pensamientos que, más tarde, han pasado al
campo literario, y una vez allí quizá se han vulgarizado. Las fechas de la publicación
primitiva de cada obra no deben, pues, serles indiferentes a aquellos lectores que
quieran hacerles justicia.
La lectura proporciona amigos desconocidos y ¡qué amigo, el lector! tenemos
amigos conocidos que no leen nada nuestro. El autor espera haber pagado su deuda
dedicando esta obra DIIS IGNOTIS3.
En un suntuoso palacio de Ferrara, agasajaba don Juan Belvídero una noche de
invierno a un príncipe de la casa de Este. En aquella época, una fiesta era un
maravilloso espectáculo de riquezas reales de que únicamente un gran señor podía
disponer. Sentadas en torno a una mesa iluminada con velas perfumadas conversaban
suavemente siete alegres mujeres, en medio de obras de arte cuyos blancos mármoles
destacaban en las paredes de estuco rojo y contrastaban con las ricas alfombras de
Turquía. Vestidas de satén, resplandecientes de oro y cargadas de piedras preciosas
que brillaban menos que sus ojos, todas contaban pasiones enérgicas, pero tan
diferentes unas de otras como lo eran sus bellezas. No diferían ni en las palabras, ni en
las ideas; el aire, una mirada, algún gesto, el tono, servían a sus palabras como
comentarios libertinos, lascivos, melancólicos o burlones.
Una parecía decir:
–Mi belleza sabe reanimar el corazón helado de un hombre viejo.
Otra:
–Adoro estar recostada sobre los almohadones pensando con embriaguez en
aquellos que me adoran.
Una tercera, debutante en aquel tipo de fiestas, parecía ruborizarse:
–En el fondo de mi corazón siento remordimientos –decía–. Soy católica, y temo al
infierno. Pero os amo tanto ¡tanto! que podría sacrificaros la eternidad.
3 A los dioses desconocidos. (Hechos de los Apóstoles, XVII, 23.)
La cuarta, apurando una copa de vino de Quío, exclamaba:
–¡Viva la alegría! Con cada aurora tomo una nueva existencia. Olvidada del
pasado, ebria aún del encuentro de la víspera, agoto todas las noches una vida de
felicidad, una vida llena de amor.
La mujer sentada junto a Belvídero le miraba con los ojos llameantes. Guardaba
silencio.
–¡No me confiaría a unos espadachines para matar a mi amante, si me
abandonara! –después había reído; pero su mano convulsa hacía añicos una
bombonera de oro milagrosamente esculpida.
–¿Cuándo serás Gran Duque? –preguntó la sexta al príncipe, con una expresión de
alegría asesina en los dientes y de delirio báquico en los ojos.
–¿Y cuándo morirá tu padre? –dijo la séptima riendo y arrojando su ramillete de
flores a don Juan con un gesto ebrio y alocado. Era una inocente jovencita
acostumbrada a jugar con las cosas sagradas.
–¡Ah, no me habléis de ello! –exclamó el joven y hermoso don Juan Belvídero–.
¡Sólo hay un padre eterno en el mundo, y la desgracia ha querido que sea yo quien lo
tenga!
Las siete cortesanas de Ferrara, los amigos de don Juan y el mismo príncipe
lanzaron un grito de horror. Doscientos años más tarde y bajo Luis XV las gentes de
buen gusto hubieran reído ante esta ocurrencia. Pero, tal vez al comienzo de una orgía
las almas tienen aún demasiada lucidez. A pesar de la luz de las velas, las voces de las
pasiones, de los vasos de oro y de plata, el vapor de los vinos, a pesar de la
contemplación de las mujeres más arrebatadoras, quizás había aún, en el fondo de los
corazones, un poco de vergüenza ante las cosas humanas y divinas, que lucha hasta
que la orgía la ahoga en las últimas ondas de un vino espumoso. Sin embargo, los
corazones estaban ya marchitos, torpes los ojos, y la embriaguez llegaba, según la
expresión de Rabelais, hasta las sandalias. En aquel momento de silencio se abrió una
puerta, y, como en el festín de Belsasar 4, Dios hizo acto de presencia y apareció bajo
la forma de un viejo sirviente de pelo blanco, andar vacilante y de ceño contraído. Entró
con una expresión triste; con una mirada marchitó las coronas, las copas bermejas, las
torres de fruta, el brillo de la fiesta, el púrpura de los rostros sorprendidos, y los colores
de los cojines arrugados por el blanco brazo de las mujeres; finalmente, puso un
crespón de luto a toda aquella locura, diciendo con voz cavernosa estas sombrías
palabras:
–Señor; vuestro padre se está muriendo.
Don Juan se levantó haciendo a sus invitados un gesto que bien podría traducirse
por un: «Lo siento, esto no pasa todos los días».
4 En el festín de Belsasar, último rey de Babilonia, apareció su destino en el muro escrito con letras de fuego.
(Daniel, V, I–30)

¿Acaso la muerte de un padre no sorprende a menudo a los jóvenes en medio de
los esplendores de la vida, en el seno de las locas ideas de una orgía? La muerte es
tan repentina en sus caprichos como una cortesana en sus desdenes; pero más fiel,
pues nunca engañó a nadie.
Cuando don Juan cerró la puerta de la sala y enfiló una larga galería tan fría como
oscura, se esforzó por adoptar una actitud teatral pues, al pensar en su papel de hijo,
había arrojado su alegría junto con su servilleta. La noche era negra. El silencioso
sirviente que conducía al joven hacia la cámara mortuoria alumbraba bastante mal a su
amo, de modo que la Muerte, ayudada por el frío, el silencio, la oscuridad, y quizá por
la embriaguez, pudo deslizar algunas reflexiones en el alma de este hombre disipado;
examinó su vida y se quedó pensativo, como un procesado que se dirige al tribunal.
Bartolomé Belvídero, padre de don Juan, era un anciano nonagenario que había
pasado la mayor parte de su vida dedicado al comercio. Como había atravesado con
frecuencia las talismánicas regiones de Oriente, había adquirido inmensas riquezas y
una sabiduría más valiosa, decía, que el oro y los diamantes, que ahora ya no le
preocupaban lo más mínimo.
–Prefiero un diente a un rubí, y el poder al saber –exclamaba a veces sonriendo.
Aquel padre bondadoso gustaba de oír contar a don Juan alguna locura de su
juventud y decía en tono jovial, prodigándole el oro:
–Querido hijo, haz sólo tonterías que te diviertan.
Era el único anciano que se complacía en ver a un hombre joven, el amor paterno
engañaba a su avanzada edad en la contemplación de una vida tan brillante. A la edad
de sesenta años Belvídero se había enamorado de un ángel de paz y de belleza. Don
Juan había sido el único fruto de este amor tardío y pasajero. Desde hacía quince
años, este hombre lamentaba la pérdida de su amada Juana. Sus numerosos sirvientes
y también su hijo atribuyeron a este dolor de anciano las extrañas costumbres que
adoptó. Confinado en el ala más incómoda de su palacio, salía raramente, y ni el
mismo don Juan podía entrar en las habitaciones de su padre sin haber obtenido
permiso. Si aquel anacoreta voluntario iba y venía por el palacio, o por las calles de
Ferrara, parecía buscar alguna cosa que le faltase; caminaba soñador, indeciso,
preocupado como un hombre en conflicto con una idea o un recuerdo. Mientras el joven
daba fiestas suntuosas y el palacio retumbaba con el estallido de su alegría, los
caballos resoplaban en el patio y los pajes discutían jugando a los dados en las gradas,
Bartolomé comía siete onzas de pan al día y bebía agua. Si tomaba algo de carne era
para darle los huesos a un perro de aguas, su fiel compañero. Jamás se quejaba del
ruido. Durante su enfermedad, si el sonido del cuerno de caza y los ladridos de los
perros le sorprendían, se limitaba a decir: «¡ah, es don Juan que vuelve!». Nunca hubo
en la tierra un padre tan indulgente. Por otra parte, el joven Belvídero, acostumbrado a
tratarle sin ceremonias, tenía todos los defectos de un niño mimado. Vivía con
Bartolomé como vive una cortesana caprichosa con un viejo amante, disculpando sus
impertinencias con una sonrisa, vendiendo su buen humor; y dejándose querer.
Reconstruyendo con un solo pensamiento el cuadro de sus años jóvenes, don Juan se
dio cuenta de que le sería difícil echar en falta la bondad de su padre. Y sintiendo nacer
remordimientos en el fondo de su corazón mientras atravesaba la galería, estuvo
próximo a perdonar a Belvídero por haber vivido tanto tiempo. Le venían sentimientos
de piedad filial del mismo modo que un ladrón se convierte en un hombre honrado por
el posible goce de un millón bien robado. Cruzó pronto las altas y frías salas que
constituían los aposentos de su padre. Tras haber sentido los efectos de una atmósfera
húmeda, respirado el aire denso, el rancio olor que exhalaban viejas tapicerías y
armarios cubiertos de polvo, se encontró en la antigua habitación del anciano, ante un
lecho nauseabundo junto a una chimenea casi apagada. Una lámpara, situada sobre
una mesa de forma gótica, arrojaba sobre el lecho, en intervalos desiguales, capas de
luz más o menos intensas, mostrando de este modo el rostro del anciano siempre bajo
un aspecto diferente. Silbaba el frío a través de las ventanas mal cerradas; y la nieve,
azotando las vidrieras, producía un ruido sordo. Aquella escena, contrastaba de tal
modo con la que don Juan acababa de abandonar; que no pudo evitar un
estremecimiento. Después tuvo frío, cuando al acercarse al lecho un violento
resplandor empujado por un golpe de viento iluminó la cabeza de su padre: sus rasgos
estaban descompuestos, la piel pegada a los huesos tenía tintes verdosos que la
blancura de la almohada sobre la que reposaba el anciano hacía aún más horribles.
Contraída por el dolor; la boca entreabierta y desprovista de dientes dejaba pasar
algunos suspiros cuya lúgubre energía era sostenida por los aullidos de la tempestad.
A pesar de tales signos de destrucción, brillaba en aquella cabeza un increíble carácter
de poder. Un espíritu superior que combatía a la muerte. Los ojos hundidos por la
enfermedad guardaban una singular fijeza. Parecía que Bartolomé buscaba con su
mirada moribunda a un enemigo sentado al pie de su cama para matarlo. Aquella
mirada, fija y fría, era más escalofriante por cuanto que la cabeza permanecía en una
inmovilidad semejante a la de los cráneos situados sobre la mesa de los médicos. Su
cuerpo, dibujado por completo por las sábanas del lecho, permitía ver que los
miembros del anciano guardaban la misma rigidez. Todo estaba muerto menos los
ojos. Los sonidos que salían de su boca tenían también algo de mecánico.
Don Juan sintió una cierta vergüenza al llegar junto al lecho de su padre moribundo
conservando un ramillete de cortesana en el pecho, llevando el perfume de la fiesta y el
olor del vino.
–¡Te divertías! –exclamó el anciano cuando vio a su hijo.
En el mismo momento, la voz fina y ligera de una cantante que hechizaba a los
invitados, reforzada por los acordes de la viola con la que se acompañaba, dominó el
bramido del huracán y resonó en la cámara fúnebre. Don Juan no quiso oír aquel
salvaje asentimiento.
Bartolomé dijo:
–No te quiero aquí, hijo mío.
Aquella frase llena de dulzura lastimó a don Juan, que no perdonó a su padre
semejante puñalada de bondad.
–¡Qué remordimientos, padre! –dijo hipócritamente.
–¡Pobre Juanito! –continuó el moribundo con voz sorda–, ¿tan bueno he sido para
ti que no deseas mi muerte?
–¡Oh! –exclamó don Juan–, ¡si fuera posible devolverte a la vida dándote parte de
la mía! («cosas así pueden decirse siempre, ¡es como si ofreciera el mundo a mi
amante!»).
Apenas concluyó este pensamiento cuando ladró el viejo perro de aguas. Aquella
voz inteligente hizo que don Juan se estremeciera, pues creyó haber sido comprendido
por el perro.
–Ya sabía, hijo mío, que podía contar contigo –exclamó el moribundo–, viviré.
Podrás estar contento. Viviré, pero sin quitarte un sólo día que te pertenezca.
«Delira», se dijo a sí mismo don Juan. Luego añadió en voz alta:
–Sí, padre querido, viviréis ciertamente, porque vuestra imagen permanecerá en mi
corazón.
–No se trata de esa vida –dijo el noble anciano, reuniendo todas sus fuerzas para
incorporarse, porque le sobrecogió una de esas sospechas que sólo nacen en la
cabecera de los moribundos–. Escúchame, hijo –continuó con la voz debilitada por este
último esfuerzo–, no tengo yo más ganas de morirme que tú de prescindir de amantes,
vino, caballos, halcones, perros y oro.
«Estoy seguro de ello», pensó el hijo arrodillándose a la cabecera de la cama y
besando una de las manos cadavéricas de Bartolomé.
–Pero –continuó en voz alta–, padre, padre querido, hay que someterse a la
voluntad de Dios.
–Dios soy yo –replicó el anciano refunfuñando.
–No blasfeméis –dijo el joven viendo el aire amenazador que tomaban los rasgos
de su padre–. Guardaos de hacerlo, habéis recibido la Extremaunción, y no podría
hallar consuelo viéndoos morir en pecado.
–¿Quieres escucharme? –exclamó el moribundo, cuya boca crujió.
Don Juan cedió. Reinó un horrible silencio. Entre los grandes silbidos de la nieve
llegaron aún los acordes de la viola y la deliciosa voz, débiles como un día naciente. El
moribundo sonrío.
–Te agradezco el haber invitado a cantantes, haber traído música. ¡Una fiesta!,
mujeres jóvenes y bellas, blancas y de negros cabellos. Todos los placeres de la vida,
haz que se queden. Voy a renacer.
–Es el colmo del delirio –dijo don Juan.
–He descubierto el medio de resucitar. Mira, busca en el cajón de la mesa; podrás
abrirlo apretando un resorte que hay escondido por el Grifo.
–Ya está, padre.
–Bien, coge un pequeño frasco de cristal de roca.
–Aquí está.
–He empleado veinte años en... –en aquel instante, el anciano sintió próximo el
final y reunió toda su energía para decir–: Tan pronto como haya exhalado el último
suspiro, me frotarás todo el cuerpo con esta agua, y renaceré.
–Pues hay bastante poco –replicó el joven.
Si bien Bartolomé ya no podía hablar; tenía aún la facultad de oír y de ver, y al oír
esto, su cabeza se volvió hacia don Juan con un movimiento de escalofriante
brusquedad, su cuello se quedó torcido como el de una estatua de mármol a quien el
pensamiento del escultor ha condenado a mirar de lado, sus ojos, más grandes,
adoptaron una espantosa inmovilidad. Estaba muerto, muerto perdiendo su única, su
última ilusión. Buscando asilo en el corazón de su hijo encontró una tumba más honda
que las que los hombres cavan habitualmente a sus muertos. Sus cabellos se habían
erizado también por el horror; y su mirada convulsa hablaba aún. Era un padre saliendo
con rabia de un sepulcro para pedir venganza a Dios.
–¡Vaya!, se acabó el buen hombre –exclamó don Juan.
Presuroso por acercar el misterioso cristal a la luz de la lámpara como un bebedor
examina su botella al final de la comida, no había visto blanquear el ojo de su padre. El
perro contemplaba con la boca abierta alternativamente a su amo muerto y el elixir; del
mismo modo que don Juan miraba, ora a su padre, ora al frasco. La lámpara arrojaba
ráfagas ondulantes. El silencio era profundo, la viola había enmudecido. Belvídero se
estremeció creyendo ver moverse a su padre. Intimidado por la expresión rígida de sus
ojos acusadores los cerró del mismo modo que hubiera bajado una persiana abatida
por el viento en una noche de otoño. Permaneció de pie, inmóvil, perdido en un mundo
de pensamientos. De repente, un ruido agrio, semejante al grito de un resorte oxidado,
rompió el silencio. Don Juan, sorprendido, estuvo a punto de dejar caer el frasco. De
sus poros brotó un sudor más frío que el acero de un puñal. Un gallo de madera
pintada surgió de lo alto de un reloj de pared, y cantó tres veces. Era una de esas
máquinas ingeniosas, con la ayuda de las cuales se hacían despertar para sus trabajos
a una hora fija los sabios de la época. El alba enrojecía ya las ventanas. Don Juan
había pasado diez horas reflexionando. El viejo reloj de pared era más fiel a su servicio
que él en el cumplimiento de sus deberes hacia Bartolomé. Aquel mecanismo estaba
hecho de madera, poleas, cuerdas y engranajes, mientras que don Juan poseía uno
particular al hombre, llamado corazón. Para no arriesgarse a perder el misterioso licor;
el escéptico don Juan volvió a colocarlo en el cajón de la mesita gótica. En tan solemne
momento oyó un tumulto sordo en la galería: eran voces confusas, risas ahogadas,
pasos ligeros, el roce de las sedas, el ruido en fin de un alegre grupo que se recoge. La
puerta se abrió y el príncipe, los amigos de don Juan, las siete cortesanas y las
cantantes aparecieron en el extraño desorden en que se encuentran las bailarinas
sorprendidas por la luz de la mañana, cuando el sol lucha con el fuego palideciente de
las velas. Todos iban a darle al joven heredero el pésame de costumbre.
–¡Oh, oh!, ¿se habrá tomado el pobre don Juan esta muerte en serio? –dijo el
príncipe al oído de la Brambilla.
–Su padre era un buen hombre –le respondió ella.
Sin embargo, las meditaciones nocturnas de don Juan habían impreso a sus
rasgos una expresión tan extraña que impuso silencio a semejante grupo.
Los hombres permanecieron inmóviles. Las mujeres, que tenían los labios secos
por el vino y las mejillas cárdenas por los besos, se arrodillaron y comenzaron a rezar.
Don Juan no pudo evitar estremecerse viendo cómo el esplendor; las alegrías, las
risas, los cantos, la juventud, la belleza, el poder, todo lo que es vida, se postraba así
ante la muerte. Pero, en aquella adorable Italia la vida disoluta y la religión se
acoplaban por entonces tan bien, que la religión era un exceso, y los excesos una
religión. El príncipe estrechó afectuosamente la mano de don Juan, y después, todos
los rostros adoptaron simultáneamente el mismo gesto, mitad de tristeza mitad de
indiferencia, y aquella fantasmagoría desapareció, dejando la sala vacía. Ciertamente
era una imagen de la vida. Mientras bajaban las escaleras le dijo el príncipe a la
Rivabarella:
–Y bien, ¿quién habría creído a don Juan un fanfarrón impío? ¡Ama a su padre!
–¿Os habéis fijado en el perro negro? –preguntó la Brambilla.
–Ya es inmensamente rico –dijo suspirando Blanca Cavatolino.
–¡Y eso qué importa! –exclamó la orgullosa Baronesa, aquella que había roto la
bombonera.
–¿Cómo que qué importa? –exclamó el duque–. ¡Con sus escudos él es tan
príncipe como yo!
Don Juan, en un principio, asediado por mil pensamientos, dudaba ante varias
decisiones. Después de haber examinado el tesoro amasado por su padre, volvió a la
cámara mortuoria con el alma llena de un tremendo egoísmo. Encontró allí a toda la
servidumbre ocupada en adornar el lecho fúnebre en el cual iba a ser expuesto al día
siguiente el difunto señor; en medio de una soberbia capilla ardiente, curioso
espectáculo que toda Ferrara vendría a admirar. Don Juan hizo un gesto y sus gentes
se detuvieron, sobrecogidos, temblorosos.
–Dejadme solo aquí –dijo con voz alterada– y no entréis hasta que yo salga.
Cuando los pasos del anciano sirviente que salió el último sólo sonaron débilmente
en las losas, cerró don Juan precipitadamente la puerta, y seguro de su soledad
exclamo:
–¡Veamos!
El cuerpo de Bartolomé estaba acostado en una larga mesa. Con el fin de evitar a
los ojos de todos el horrible espectáculo de un cadáver al que una decrepitud extrema y
la debilidad asemejaban a un esqueleto, los embalsamadores habían colocado una
sábana sobre el cuerpo, envolviéndole todo menos la cabeza. Aquella especie de
momia yacía en el centro de la habitación, y la sábana, amplia, dibujaba vagamente las
formas, aun así duras, rígidas y heladas. El rostro tenía ya amplias marcas violeta que
mostraban la necesidad de terminar el embalsamamiento. A pesar del escepticismo
que le acompañaba, don Juan tembló al destapar el mágico frasco de cristal. Cuando
se acercó a la cabecera un temblor estuvo a punto de obligarle a detenerse. Pero aquel
joven había sido sabiamente corrompido, desde muy pronto, por las costumbres de una
corte disoluta; un pensamiento digno del duque de Urbino le otorgó el valor que
aguijoneaba su viva curiosidad; pareció como si el diablo le hubiera susurrado estas
palabras que resonaron en su corazón: «¡impregna un ojo!». Tomó un paño y, después
de haberlo empapado con parsimonia en el precioso licor; lo pasó lentamente sobre el
párpado derecho del cadáver. El ojo se abrió.
–¡Ah! ¡Ah! –dijo don Juan apretando el frasco en su mano como se agarra en
sueños la rama de la que colgamos sobre un precipicio.
Veía un ojo lleno de vida, un ojo de niño en una cabeza de muerto, donde la luz
temblaba en un joven fluido, y, protegida por hermosas pestañas negras, brillaba como
ese único resplandor que el viajero percibe en un campo desierto en las noches de
invierno. Aquel ojo resplandeciente parecía querer arrojarse sobre don Juan, pensaba,
acusaba, condenaba, amenazaba, juzgaba, hablaba, gritaba, mordía. Todas las
pasiones humanas se agitaban en él. Eran las más tiernas súplicas: la cólera de un rey,
luego, el amor de una joven pidiendo gracia a sus verdugos; la mirada que lanza un
hombre a los hombres al subir el último escalón del patíbulo. Tanta vida estallaba en
aquel fragmento de vida, que don Juan retrocedió espantado, paseó por la habitación
sin atreverse a mirar aquel ojo, que veía de nuevo en el suelo, en los tapices. La
estancia estaba sembrada de puntos llenos de fuego, de vida, de inteligencia. Por
todas partes brillaban ojos que ladraban a su alrededor.
–¡Bien podría haber vivido cien años! –exclamó sin querer cuando, llevado ante su
padre por una fuerza diabólica, contemplaba aquella chispa luminosa.
De repente, aquel párpado inteligente se cerró y volvió a abrirse bruscamente,
como el de una mujer que consiente. Si una voz hubiera gritado: «¡Sí! », don Juan no
se hubiera asustado más.
«¿Qué hacer?», pensaba. Tuvo el valor de intentar cerrar aquel párpado blanco.
Sus esfuerzos fueron vanos.
–¿Reventarlo? ¿Sería acaso un parricidio? –se preguntaba.
–Sí –dijo el ojo con un guiño de una sorprendente ironía.
–¡Ja! ¡Ja! ¡Aquí hay brujería! –exclamó don Juan, y se acercó al ojo para
reventarlo. Una lágrima rodó por las mejillas hundidas del cadáver; y cayó en la mano
de Belvídero–. ¡Está ardiendo! –gritó sentándose.
Aquella lucha le había fatigado como si hubiera combatido contra un ángel, como
Jacob.
Finalmente se levantó diciendo para sí:
«¡Mientras no haya sangre...!» Luego, reuniendo todo el valor necesario para ser
cobarde, reventó el ojo aplastándolo con un paño, pero sin mirar. Un gemido
inesperado, pero terrible, se hizo oír. El pobre perro de aguas expiró aullando.
«¿Sabría él el secreto?», se preguntó don Juan mirando al fiel animal.
Don Juan Belvídero pasó por un hijo piadoso. Levantó sobre la tumba de su padre
un monumento y confió la realización de las figuras a los artistas más célebres de su
tiempo. Sólo estuvo completamente tranquilo el día en que la estatua paterna,
arrodillada ante la Religión, impuso su enorme peso sobre aquella fosa, en el fondo de
la cual enterró el único remordimiento que hubiera rozado su corazón en los momentos
de cansancio físico. Haciendo inventario de las inmensas riquezas amasadas por el
viejo orientalista, don Juan se hizo avaro. ¿Acaso no tenía dos vidas humanas para
proveer de dinero? Su mirada, profunda y escrutadora, penetró en el principio de la
vida social y abrazó mejor al mundo, puesto que lo veía a través de una tumba. Analizó
a los hombres y las cosas para terminar de una vez con el Pasado, representado por la
Historia; con el Presente, configurado por la Ley; con el Futuro, desvelado por las
Religiones. Tomó el alma y la materia, las arrojó en un crisol, no encontró nada, y
desde entonces se convirtió en DON JUAN.
Dueño de las ilusiones de la vida, se lanzó, joven y hermoso, a la vida,
despreciando al mundo, pero apoderándose del mundo. Su felicidad no podía ser una
felicidad burguesa que se alimenta con un hervido diario, con un agradable calentador
de cama en invierno, una lámpara de noche y unas pantuflas nuevas cada trimestre.
No; se asió a la existencia como un mono que coge una nuez y, sin entretenerse largo
tiempo, despoja sabiamente las envolturas del fruto, para degustar la sabrosa pulpa. La
poesía y los sublimes arrebatos de la pasión humana no le interesaban. No cometió el
error de otros hombres poderosos que, imaginando que las almas pequeñas creen en
las grandes almas, se dedican a intercambiar los más altos pensamientos del futuro
con la calderilla de nuestras ideas vitalicias. Bien podía, como ellos, caminar con los
pies en la tierra y la cabeza en el cielo; pero prefería sentarse y secar bajo sus besos
más de un labio de mujer joven, fresca y perfumada; porque, al igual que la Muerte, allí
por donde pasaba devoraba todo sin pudor; queriendo un amor posesivo, un amor
oriental de placeres largos y fáciles. Amando sólo a la mujer en las mujeres, hizo de la
ironía un cariz natural de su alma. Cuando sus amantes se servían de un lecho para
subir a los cielos donde iban a perderse en el seno de un éxtasis embriagador, don
Juan las seguía, grave, expansivo, sincero, tanto como un estudiante alemán sabe
serlo. Pero decía YO cuando su amante, loca, extasiada decía NOSOTROS. Sabía
dejarse llevar por una mujer de forma admirable. Siempre era lo bastante fuerte como
para hacerle creer que era un joven colegial que dice a su primera compañera de baile:
«¿Te gusta bailar?», también sabía enrojecer a propósito, y sacar su poderosa espada
y derribar a los comendadores. Había burla en su simpleza y risa en sus lágrimas, pues
siempre supo llorar como una mujer cuando le dice a su marido: «Dame un séquito o
me moriré enferma del pecho».
Para los negociantes, el mundo es un fardo o una mesa de billetes en circulación;
para la mayoría de los jóvenes, es una mujer; para algunas mujeres, es un hombre;
para ciertos espíritus es un salón, una camarilla, un barrio, una ciudad; para don Juan,
el universo era él. Modelo de gracia y de belleza, con un espíritu seductor; amarró su
barca en todas las orillas; pero, haciéndose llevar; sólo iba allí adonde quería ser
llevado. Cuanto más vivió, más dudó. Examinando a los hombres, adivinó con
frecuencia que el valor era temeridad; la prudencia, cobardía; la generosidad, finura; la
justicia, un crimen; la delicadeza, una necedad; la honestidad, organización; y, gracias
a una fatalidad singular; se dio cuenta de que las gentes honestas, delicadas, justas,
generosas, prudentes y valerosas, no obtenían ninguna consideración entre los
hombres. «¡Qué broma tan absurda!» –se dijo–. «No procede de un dios.» Y entonces,
renunciando a un mundo mejor; jamás se descubrió al oír pronunciar un nombre, y
consideró a los santos de piedra de las iglesias como obras de arte. Pero también,
comprendiendo el mecanismo de las sociedades humanas, no contradecía en exceso
los prejuicios, puesto que no era tan poderoso como el verdugo, pero daba la vuelta a
las leyes sociales con la gracia y el ingenio tan bien expresados en su escena con el
Señor Dimanche 5. Fue, en efecto, el tipo de Don Juan de Molière, del Fausto de
Goethe, del Manfred de Byron y del Melmoth de Maturin. Grandes imágenes trazadas
por los mayores genios de Europa, y a las que no faltarán quizá ni los acordes de
Mozart ni la lira de Rossini. Terribles imagenes que el principio del mal, existente en el
hombre, eterniza y del cual se encuentran copias cada siglo: bien porque este tipo
entra en conversaciones humanas encarnándose en Mirabeau; bien porque se
conforma con actuar en silencio como Bonaparte; o de comprimir el mundo en una
ironía como el divino Rabelais; o, incluso, se ría de los seres en lugar de insultar a las
cosas como el mariscal de Richelieu; o que se burle a la vez de los hombres y de las
cosas como el más célebre de nuestros embajadores.
Pero la profunda jovialidad de don Juan Belvídero precedió a todos ellos. Se rió de
todo. Su vida era una burla que abarcaba hombres, cosas, instituciones e ideas. En lo
que respecta a la eternidad, había conversado familiarmente media hora con el papa
Julio II, y al final de la charla le había dicho riendo:
–Si es absolutamente preciso elegir prefiero creer en Dios a creer en el diablo; el
poder unido a la bondad ofrece siempre más recursos que el genio del mal.
–Sí, pero Dios quiere que se haga penitencia en este mundo.
–¿Siempre pensáis en vuestras indulgencias? –respondió Belvídero–. ¡Pues bien!,
tengo reservada toda una existencia para arrepentirme de las faltas de mi primera vida.
–¡Ah! si es así como entiendes la vejez –exclamó el papa– corres el riesgo de ser
canonizado.
–Después de vuestra ascensión al papado, puede creerse todo.
Fueron entonces a ver a los obreros que estaban construyendo la inmensa basílica
consagrada a San Pedro.
–San Pedro es el hombre de genio que dejó constituido nuestro doble poder –dijo
el papa a don Juan–, merece este monumento. Pero, a veces, por la noche, pienso que
un silencio borrará todo esto y habrá que volver a empezar...
Don Juan y el papa se echaron a reír; se habían entendido bien. Un necio habría
ido a la mañana siguiente a divertirse con Julio II a casa de Rafael o a la deliciosa Villa
Madame6, pero Belvídero acudió a verle oficiar pontificalmente para convencerse de
todas sus dudas. En un momento libertino, la Rovera hubiera podido desdecirse y
5 Molière, Don Juan, IV, 3.
6 Una de las más célebres de Roma, empezada según los planos de Rafael y decorada por Julio Romano.

comentar el Apocalipsis.
Sin embargo, esta leyenda no tiene por objeto el proporcionar material a aquellos
que deseen escribir sobre la vida de don Juan, sino que está destinada a probar a las
gentes honestas que Belvídero no murió en un duelo con una piedra como algunos
litógrafos quieren hacer creer.
Cuando don Juan Belvídero alcanzó la edad de sesenta años, se instaló en
España. Allí, ya anciano, se casó con una joven y encantadora andaluza. Pero, tal y
como lo había calculado, no fue ni buen padre ni buen esposo. Había observado que
no somos tan tiernamente amados como por las mujeres en las que nunca pensamos.
Doña Elvira, educada santamente por una anciana tía en lo más profundo de
Andalucía, en un castillo a pocas leguas de Sanlúcar, era toda gracia y devoción. Don
Juan adivinó que aquella joven sería del tipo de mujer que combate largamente una
pasión antes de ceder; y por ello pensó poder conservarla virtuosa hasta su muerte.
Fue una broma seria, un jaque que se quiso reservar para jugarlo en sus días de vejez.
Fortalecido con los errores cometidos por su padre Bartolomé, don Juan decidió utilizar
los actos más insignificantes de su vejez para el éxito del drama que debía consumarse
en su lecho de muerte. De este modo, la mayor parte de su riqueza permaneció oculta
en los sótanos de su palacio de Ferrara, donde raramente iba. Con la otra mitad de su
fortuna estableció una renta vitalicia para que le produjera intereses durante su vida, la
de su mujer y la de sus hijos, astucia que su padre debiera haber practicado. Pero
semejante maquiavélica especulación no le fue muy necesaria. El joven Felipe
Belvídero, su hijo, se convirtió en un español tan concienzudamente religioso como
impío era su padre, quizás en virtud del proverbio: a padre avaro, hijo pródigo.
El abad de Sanlúcar fue elegido por don Juan para dirigir la conciencia de la
duquesa de Belvídero y de Felipe. Aquel eclesiástico era un hombre santo,
admirablemente bien proporcionado, alto, de bellos ojos negros y una cabeza al estilo
de Tiberio, cansada por el ayuno, blanca por la mortificación y diariamente tentada
como son tentados todos los solitarios. Quizás esperaba el anciano señor matar a
algún monje antes de terminar su primer siglo de vida. Pero, bien porque el abad fuera
tan fuerte como podía serlo el mismo don Juan, bien porque doña Elvira tuviera más
prudencia o virtud de la que España le otorga a las mujeres, don Juan fue obligado a
pasar sus últimos días como un viejo cura rural, sin escándalos en su casa. A veces,
sentía placer si encontraba a su mujer o a su hijo faltando a sus deberes religiosos, y
les exigía realizar todas las obligaciones impuestas a los fieles por el tribunal de Roma.
En fin, nunca se sentía tan feliz como cuando oía al galante abad de Sanlúcar; a doña
Elvira y a Felipe discutir sobre un caso de conciencia. Sin embargo, a pesar de los
cuidados que don Juan Belvídero prodigaba a su persona, llegaron los días de
decrepitud; con la edad del dolor llegaron los gritos de impotencia, gritos tanto más
desgarradores cuanto más ricos eran los recuerdos de su ardiente juventud y de su
voluptuosa madurez. Aquel hombre, cuyo grado más alto de burla era inducir a los
otros a creer en las leyes y principios de los que él se mofaba, se dormía por las
noches pensando en un quizás. Aquel modelo de elegancia, aquel duque, vigoroso en
las orgías, soberbio en la corte, gentil para con las mujeres cuyos corazones había
retorcido como un campesino retuerce una vara de mimbre, aquel hombre ingenio,
tenía una pituita pertinaz, una molesta ciática y una gota brutal. Veía cómo sus dientes
le abandonaban, al igual que se van, una a una, las más blancas damas, las más
engalanadas, dejando el salón desierto. Finalmente, sus atrevidas manos temblaron,
sus esbeltas piernas se tambalearon, y una noche, la apoplejía le aprisionó sus manos
corvas y heladas. Desde aquel fatal día se volvió taciturno y duro. Acusaba la
dedicación de su mujer y de su hijo, pretendiendo en ocasiones que sus emotivos
cuidados y delicadezas le eran así prodigados porque había puesto su fortuna en
rentas vitalicias. Elvira y Felipe derramaban entonces lágrimas amargas y doblaban sus
caricias al malicioso viejo, cuya voz cascada se volvía afectuosa para decirles:
«Queridos míos, querida esposa, ¿me perdonáis, verdad? Os atormento un poco.
¡Ay, gran Dios! ¿cómo te sirves de mí para poner a prueba a estas dos celestes
criaturas? Yo, que debiera ser su alegría, soy su calamidad». De este modo les
encadenó a la cabecera de su cama, haciéndoles olvidar meses enteros de
impaciencia y crueldad por una hora en que les prodigaba los tesoros, siempre nuevos,
de su gracia y de una falsa ternura. Paternal sistema que resultó infinitamente mejor
que el que su padre había utilizado en otro tiempo con él.
Por fin llegó a un grado tal de enfermedad en que, para acostarle, había que
manejarle como una falúa que entra en un canal peligroso. Luego, llegó el día de la
muerte. Aquel brillante y escéptico personaje de quien sólo el entendimiento sobrevivía
a la más espantosa de las destrucciones, se vio entre un médico y un confesor; los dos
seres que le eran más antipáticos. Pero estuvo jovial con ellos. ¿Acaso no había para
él una luz brillante tras el velo del porvenir? Sobre aquella tela, para unos de plomo,
diáfana para él, jugaban como sombras las arrebatadoras delicias de la juventud.
Era una hermosa tarde cuando don Juan sintió la proximidad de la muerte. El cielo
de España era de una pureza admirable, los naranjos perfumaban el aire, las estrellas
destilaban luces vivas y frescas, parecía que la naturaleza le daba pruebas ciertas de
su resurrección, un hijo piadoso y obediente le contemplaba con amor y respeto. Hacia
las once, quiso quedarse solo con aquel cándido ser.
–Felipe –le dijo con una voz tan tierna y afectuosa que hizo estremecerse y llorar
de felicidad al joven.
Nunca antes había pronunciado así «Felipe» aquel padre inflexible.
–Escúchame, hijo mío –continuó el moribundo–. Soy un gran pecador. Durante mi
vida, también he pensado en mi muerte. En otro tiempo, fui amigo del gran papa Julio
II. El ilustre pontífice temió que la excesiva exaltación de mis sentidos me hiciese
cometer algún pecado mortal entre el momento de expirar y de recibir los santos óleos;
me regaló un frasco con el agua bendita que mana entre las rocas, en el desierto. He
mantenido el secreto de este despilfarro del tesoro de la Iglesia, pero estoy autorizado
a revelar el misterio a mi hijo, in articulo mortis. Encontrarás el frasco en el cajón de esa
mesa gótica que siempre ha estado en la cabecera de mi cama... El precioso cristal
podrá servirte aún, querido Felipe. Júrame por tu salvación eterna que ejecutarás
puntualmente mis órdenes.
Felipe miró a su padre. Don Juan conocía demasiado la expresión de los
sentimientos humanos como para no morir en paz bajo el testimonio de aquella mirada,
como su padre había muerto en la desesperanza de su propia mirada.
–Tú merecías otro padre –continuó don Juan–. Me atrevo a confesarte, hijo mío,
que en el momento en que el venerable abad de Sanlúcar me administraba el viático,
pensaba en la incompatibilidad de los dos poderes, el del diablo y el de Dios.
–¡Oh, padre!
–Y me decía a mí mismo que, cuando Satán haga su paz, tendrá que acordar el
perdón de sus partidarios, para no ser un gran miserable. Esta idea me persigue. Iré,
pues al infierno, hijo mío, si no cumples mi voluntad.
–¡Oh, decídmela pronto, padre!
–Tan pronto como haya cerrado los ojos –continuó don Juan–, unos minutos
después, cogerás mi cuerpo, aún caliente, y lo extenderás sobre una mesa, en medio
de la habitación. Después apagarás la luz. El resplandor de las estrellas deberá ser
suficiente. Me despojarás de mis ropas, rezarás padrenuestros y avemarías elevando
tu alma a Dios y humedecerás cuidadosamente con esta agua santa mis ojos, mis
labios, toda mi cabeza primero, y luego sucesivamente los miembros y el cuerpo; pero,
hijo mío, el poder de Dios es tan grande, que no deberás asombrarte de nada.
Entonces, don Juan, que sintió llegar la muerte, añadió con voz terrible:
–Coge bien el frasco.
Y expiró dulcemente en los brazos de su hijo, cuyas abundantes lágrimas bañaron
su rostro irónico y pálido.
Era cerca de medianoche cuando don Felipe Belvídero colocó el cadáver de su
padre sobre la mesa. Después de haber besado su frente amenazadora y sus grises
cabellos, apagó la lámpara. La suave luz producida por la claridad de la luna cuyos
extraños reflejos iluminaban el campo, permitió al piadoso Felipe entrever
indistintamente el cuerpo de su padre como algo blanco en medio de la sombra. El
joven impregnó un paño en el licor que, sumido en la oración, ungió fielmente aquella
cabeza sagrada en un profundo silencio. Oía estremecimientos indescriptibles, pero los
atribuía a los juegos de la brisa en la cima de los árboles. Cuando humedeció el brazo
derecho sintió que un brazo fuerte y vigoroso le cogía el cuello, ¡el brazo de su padre!
Profirió un grito desgarrador y dejó caer el frasco, que se rompió. El licor se evaporó.
Las gentes del castillo acudieron, provistos de candelabros, como si la trompeta del
juicio final hubiera sacudido el universo. En un instante, la habitación estuvo llena de
gente. La multitud temblorosa vio a don Felipe desvanecido, pero retenido por el
poderoso brazo de su padre, que le apretaba el cuello. Después, cosa sobrenatural, los
asistentes contemplaron la cabeza de don Juan tan joven y tan bella como la de
Antínoo; una cabeza con cabellos negros, ojos brillantes, boca bermeja y que se
agitaba de forma escalofriante, sin poder mover el esqueleto al que pertenecía. Un
anciano servidor gritó:
–¡Milagro! –Y todos los españoles repitieron–: ¡Milagro!
Doña Elvira, demasiado piadosa como para admitir los misterios de la magia,
mandó buscar al abad de Sanlúcar. Cuando el prior contempló con sus propios ojos el
milagro, decidió aprovecharlo, como hombre inteligente y como abad, para aumentar
sus ingresos. Declarando enseguida que don Juan sería canonizado sin ninguna duda,
fijó la apoteósica ceremonia en su convento, que en lo sucesivo se llamaría, dijo, San–
Juan–de–Lúcar. Ante estas palabras, la cabeza hizo un gesto jocoso.
El gusto de los españoles por este tipo de solemnidades es tan conocido que no
resultan difíciles de creer las hechicerías religiosas con que el abad de Sanlúcar
celebró el traslado del bienaventurado don Juan Belvídero a su iglesia. Días después
de la muerte del ilustre noble, el milagro de su imperfecta resurrección era tan
comentado de un pueblo a otro, en un radio de más de cincuenta leguas alrededor de
Sanlúcar, que resultaba cómico ver a los curiosos en los caminos; vinieron de todas
partes, engolosinados por un Te Deum con antorchas. La antigua mezquita del
convento de Sanlúcar; una maravillosa edificación construida por los moros, cuyas
bóvedas escuchaban desde hacía tres siglos el nombre de Jesucristo sustituyendo al
de Alá, no pudo contener a la multitud que acudía a ver la ceremonia. Apretados como
hormigas, los hidalgos con capas de terciopelo y armados con sus espadas, estaban
de pie alrededor de las columnas, sin encontrar sitio para doblar sus rodillas, que sólo
se doblaban allí. Encantadoras campesinas, cuyas basquiñas dibujaban las amorosas
formas, daban su brazo a ancianos de cabellos blancos. Jóvenes con ojos de fuego se
encontraban junto a ancianas mujeres adornadas. Había, además, parejas
estremecidas de placer, novias curiosas acompañadas por sus bienamados; recién
casados; niños que se cogían de la mano, temerosos. Allí estaba aquella multitud, llena
de colorido, brillante en sus contrastes, cargada de flores, formando un suave tumulto
en el silencio de la noche. Las amplias puertas de la iglesia se abrieron. Aquellos que,
retardados, se quedaron fuera, veían de lejos, por las tres puertas abiertas, una escena
tan pavorosa de decoración a la que nuestras modernas óperas sólo podrían
aproximarse débilmente. Devotos y pecadores, presurosos por alcanzar la gracia del
nuevo santo, encendieron en su honor millares de velas en aquella amplia iglesia,
resplandores interesados que concedieron un mágico aspecto al monumento. Las
negras arcadas, las columnas y sus capiteles, las capillas profundas y brillantes de oro
y plata, las galerías, las figuras sarracenas recortadas, los más delicados trazos de tan
delicada escultura se dibujaban en aquella luz excesiva, como caprichosas figuras que
se forman en un brasero al rojo. Era un océano de fuego, dominado al fondo de la
iglesia por un coro dorado, donde se levantaba el altar mayor, cuya gloria habría podido
rivalizar con la de un sol naciente. En efecto, el esplendor de las lámparas de oro, de
los candelabros de plata, de los estandartes, de las borlas, de los santos y de los
exvotos, palidecía ante el relicario en que se encontraba don Juan. El cuerpo del impío
resplandecía de pedrería, de flores, cristales, diamantes, oro y plumas tan blancas
como las alas de un serafín, y sustituía en el altar a un retablo de Cristo. A su alrededor
brillaban numerosos cirios que lanzaban al aire ondas llameantes. El abad de Sanlúcar,
adornado con los hábitos pontificios, con su mitra enriquecida de piedras preciosas, su
roqueta, su báculo de oro, estaba sentado, rey del coro, en un sillón de un lujo imperial,
en medio del clero compuesto por impasibles ancianos de cabellos plateados,
revestidos de albas finas y que le rodeaban semejantes a los santos confesores que los
pintores agrupan alrededor del Eterno. El gran chantre y los dignatarios del cabildo,
adornados con las brillantes insignias de sus vanidades eclesiásticas, iban y venían en
el seno de las nubes formadas por el incienso, semejantes a los astros que ruedan en
el firmamento. Cuando llegó la hora del triunfo, las campanas despertaron los ecos del
campo, y aquella inmensa asamblea lanzó a Dios el primer grito de alabanza con que
comienza el Te Deum.
¡Sublime grito! Eran voces puras y ligeras, voces de mujeres en éxtasis unidas a
las voces graves y fuertes de los hombres, de millares de voces tan poderosas, que el
órgano no dominó el conjunto, a pesar del mugir de sus tubos. Sólo las agudas notas
de la voz joven de los niños del coro y los amplios acentos de algunos bajos, suscitaron
ideas graciosas, dibujaron la infancia y la fuerza en este arrebatador concierto de voces
humanas confundidas en un sentimiento de amor.
–Te Deum laudamus!
Aquel canto salía del seno de la catedral negra de mujeres y hombres arrodillados,
semejante a una luz que brilla de pronto en la noche; y se rompió el silencio como por
el estallido de un trueno. Las voces ascendieron con nubes de incienso que arrojaban
entonces velos diáfanos y azulados sobre las fantasías maravillosas de la arquitectura.
Todo era riqueza, perfume, luz y melodía. En el instante en que aquella música de
amor y de reconocimiento se concentró en el altar, don Juan, demasiado educado
como para no dar las gracias, demasiado espiritual, por no decir burlón, respondió con
una espantosa carcajada y se acomodó en su relicario. Pero el diablo le hizo pensar en
el riesgo que corría de ser tomado por un hombre ordinario, un santo, un Bonifacio, un
Pantaleón. Turbó aquella melodía de amor con un aullido al que se unieron las mil
voces del infierno. La tierra bendecía, el cielo maldecía. La iglesia tembló en sus
antiguos cimientos.
–Te Deum laudamus! –decía la asamblea.
–¡Al diablo todos!, ¡sois unas bestias! ¡Dios! Dios!, ¡carajos demonios7!, ¡animales,
sois unos estúpidos con vuestro viejo Dios!
Y un torrente de imprecaciones discurrió como un río de lava ardiente en una
erupción del Vesubio.
–Deus sabaoth, sabaoth! –gritaron los cristianos.
–¡Insultáis la majestad del infierno! contestó don Juan con un rechinar de dientes.
Pronto pudo el brazo viviente salir por encima del relicario y amenazó a la
asamblea con gestos de desesperación e ironía.
–El santo nos bendice –dijeron las viejas mujeres, los niños y los novios, gentes
crédulas.
Así somos frecuentemente engañados en nuestras adoraciones. El hombre
superior se burla de los que le elogian y elogia en ocasiones a aquellos de los que se
burla en el fondo de su corazón.
Cuando el abad arrodillado ante el altar cantaba:
–Sancte Johannes, ora pro nobis –entendió claramente:
–Oh, coglione!
7 En español en el original.
–¿Qué pasa ahí arriba? –exclamó el deán al ver moverse el relicario.
–El santo dice diabluras –respondió el abad. Entonces, aquella cabeza viviente se
separó violentamente del cuerpo que ya no vivía y cayó sobre el cráneo amarillo del
oficiante.
–¡Acuérdate de doña Elvira! –gritó la cabeza devorando la del abad.
Éste profirió un horrible grito que turbó la ceremonia. Todos los sacerdotes
corrieron y rodearon a su soberano.
–¡Imbécil! ¿y dices que hay un Dios? –gritó la voz en el momento en que el abad,
mordido en su cerebro, expiraba.

-

INTERESANTES

¿QUIERES SALIR AQUI? ; ENLAZAME

-

Twitter

.

Etiquetas

h. p. lovecraft (122) relato (114) cuento (76) Stephen King (63) gotico (60) GIBRÁN KHALIL GIBRÁN (57) Robert Bloch (50) terror (48) lovecraft (46) guy de maupassant (44) Lord Dunsany (43) anne rice (39) horror (37) maupassant (37) scifi (35) Edgar Allan Poe (31) cuentos (28) ambrose bierce (27) Jorge Luis Borges (26) oscar wilde (26) los mitos de cthulhu (24) algernon blackwood (23) poema (23) ray bradbury (23) blood gothic (22) august derleth (21) dark (21) enlaces (21) 1ªparte (20) bloodgothic.blogspot.com (20) demonios (19) imagenes (19) poemas (19) 2ªparte (18) mario benedetti (18) vampiros (18) capitulo del necronomicon (17) h.p. lovecraft (17) poesia (17) relatos (16) Clark Ashton Smith (15) Horacio Quiroga (15) amanecer vudú (15) musica (15) alejandro dumas (14) becquer (13) blood (13) gothic (13) underground (13) Philip K. Dick (12) amor (12) charles dickens (12) fantasia (12) fredric brown (12) pulp (12) poe (11) EL BAR DEL INFIERNO (10) Howard Phillips Lovecraft (10) el vampiro (10) las mil y una noche (10) necronomicon (10) vampiro (10) Charles Bukowski (9) el hombre ilustrado (9) friedrich nietzsche (9) gibran khalil gibran (9) lilith (9) onirico (9) paul auster (9) subrealismo (9) terror onirico (9) victoriano (9) 2 (8) Andrés Díaz Sánchez (8) Fantasmagoría (8) Isaac Asimov (8) Lewis Carroll (8) Yukio Mishima (8) arte (8) cuento de amor (8) cuento gotico (8) diccionario (8) el extraño (8) fantasmas (8) franz kafka (8) king (8) psicodelicos (8) realidad (8) vamp (8) varios (8) videos (8) Bram Stoker (7) El Castillo de Otranto (7) Selección (7) autor novel (7) cthulhu (7) cuento corto (7) cuento onirico (7) demonologia (7) entrevista con el vampiro (7) guy (7) julio cortazar (7) mitos (7) novel (7) novela (7) oscuro (7) psi-ci (7) recopilacion (7) seleccion (7) sentimientos (7) shelley (7) tatuajes parlantes (7) un mundo feliz (7) 2ª parte (6) ALFRED BESTER (6) ANTON CHEJOV (6) Bestiario (6) Douglas Adams (6) LA VOZ DEL DIABLO (6) LAS BRUJAS DE MAYFAIR (6) RESIDENT EVIL (6) Rubén Darío (6) Selecciones (6) bukowsky (6) clive barker (6) crepusculo (6) cuento victoriano de amor (6) darknes (6) el paraiso perdido (6) el pasillo de la muerte (6) ficcion (6) john milton (6) la metamorfosis (6) mary (6) meyer stephenie (6) pandora (6) rammstein (6) ramsey campbell (6) realidad sucia (6) stephen (6) vampirismo (6) 3ªparte (5) ALEXANDRE DUMAS (5) ANGELES (5) ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA (5) Charles Nodier (5) En busca de la ciudad del sol poniente (5) Flores de las Tinieblas (5) Lord des Morte (5) Marqués de Sade (5) aire frio (5) al azif (5) angel oscuro (5) aventuras (5) charles bukowsky (5) dioses (5) el cazador de sueños (5) el ceremonial (5) el demonio de la peste (5) el horla (5) gotica (5) henry kuttner (5) la casa del pasado (5) la hermandad negra (5) lavey (5) leyendas (5) libros (5) links (5) relato corto (5) wikipedia (5) Aldous Huxley (4) BRIAN W. ALDISS (4) CUESTION DE ETIQUETA (4) Drácula (4) Dylan Thomas (4) EL BESO SINIESTRO (4) EL RUISEÑOR Y LA ROSA (4) EL templo (4) ENTRADAS (4) Edmond Hamilton (4) Federico García Lorca (4) Historias de fantasmas (4) LIBROS DE LA UNIDAD (4) LOS MISERABLES (4) Las Mil y Una Noches (4) Los Fantasmas (4) Los Versos Satánicos (4) Poemas vampíricos (4) Poul Anderson (4) Richard Matheson (4) Robert E. Howard (4) Rudyard Kipling (4) Una Voz En La Noche (4) William Hope Hodgson (4) allan (4) anime (4) anonimo (4) avatars (4) chuck palahniuk (4) citas (4) colleen gleason (4) comentario (4) cuento gotico-victoriano (4) cyberia (4) de lo mejor de paul auster (4) diablos (4) donde cruzan los brujos (4) edgar (4) el diablo (4) el retrato de dorian gray (4) el sabueso (4) el wendigo (4) espiritus (4) fantastico (4) frankestein (4) frases (4) galeria (4) goticos (4) hechizos (4) historias (4) infierno (4) jorge fondebrider (4) la ciudad sin nombre (4) la hermosa vampirizada (4) letra (4) licantropia (4) los amados muertos (4) mito (4) muerte (4) saga vampiros (4) salman rushdie (4) schahrazada (4) twilight (4) victor hugo (4) voces de oscuridad (4) 1984 (3) 3 (3) 666 (3) A n n e R i c e (3) A r m a n d (3) AL ABISMO DE CHICAGO (3) ALGO LLAMADO ENOCH (3) Al otro lado del umbral (3) Alejandro Dolina (3) Apariciones de un Ángel (3) Arthur Machen (3) BOB SHAW (3) Brian Lumley (3) CRONICAS VAMPIRICAS 2 (3) Corto de Animación (3) Dan Brown (3) Días de ocio en el Yann (3) E. Hoffmann Price (3) E. T. A. Hoffmann (3) EL DESAFÍO DEL MAS ALLÁ (3) EL FANTASMA DE CANTERVILLE (3) EL HORROR OCULTO (3) EL LADRON DE CUERPOS (3) EL TEMPLO DEL DESEO DE SATÁN (3) EL TIEMPO ES EL TRAIDOR (3) El Espectro (3) El Libro Negro (3) El espectro de madam Crowl (3) El morador de las tinieblas (3) El príncipe feliz (3) Emisario Errante (3) En la cripta (3) Frank Kafka (3) Fritz Leiber (3) Ghost in the Shell (3) Giovanni Papini (3) Gitanjali (3) Hombre con manías (3) J. Ramsey Campbell (3) JOSEPH PAYNE BRENNAN (3) John Stagg (3) Jr. (3) LA BIBLIOTECA DE BABEL (3) LA CONFESIÓN (3) LA EXTRAÑA CASA EN LA NIEBLA (3) LA IGLESIA DE HIGH STREET (3) LA MARCA DE LA BESTIA (3) LA RISA DEL VAMPIRO (3) LAS RUINAS CIRCULARES (3) La Jaula (3) La Trilogía de Nueva York (3) Mercenarios del Infierno (3) Miguel Hernández (3) Palomos Del Infierno (3) Pío Baroja (3) Rafael Alberti (3) Thanatopia (3) Théophile Gautier (3) Tomás Moro (3) Un Sueño en un Sueño (3) abraham merrit (3) alas rotas (3) alien (3) alquimia (3) amuletos (3) angeologia (3) antiguas brujerias (3) antologia (3) apocalipsis (3) biografia (3) cain (3) carrie (3) charles baudelaire (3) cronicas vampiricas (3) cuento victoriano (3) cuentos del siglo XIX (3) danza macabra (3) dark . gotico (3) david langford (3) de profundis (3) definicion (3) el abismo en el tiempo (3) el alquimista (3) el demonio en la tierra (3) el exorcista II (3) el libro negro de alsophocus (3) el loco (3) el mono (3) el sacrifico (3) el superviviente (3) el vampiro estelar (3) ensayo (3) escritor novel (3) exorcismo (3) fabula (3) fabulas (3) filosofia (3) frank b. long (3) goth (3) gotic (3) guion (3) helena petrovna blabatsky (3) himno al dolor (3) historias de terror (3) inquisicion (3) introduccion (3) john baines (3) john william polidori (3) justine (3) la casa maldita (3) la casa tellier (3) la ciudad de los muertos (3) la llamada de cthulhu (3) la sombra fuera del espacio (3) la tumba (3) las flores del mal (3) legion (3) leyenda (3) lisa tuttle (3) lo innombrable (3) locura (3) lord byron (3) los brujos hablan (3) los gatos de ulthar (3) luna sangrienta (3) mail (3) martín s. warnes (3) maturin (3) mein teil (3) melmoth el errabundo (3) milowishmasterfox (3) neorealismo (3) nombres (3) nombres demoniacos (3) oscuros (3) pacto de sangre (3) pensamientos (3) poemas en prosa (3) poesias (3) polaris (3) que viene el lobo (3) rabindranat tagore (3) ratas (3) rimas (3) roald dahl (3) robert silverberg (3) rosenrot (3) rostros de calabera (3) satanismo (3) snake (3) sueño (3) suicidas (3) teatro (3) vida (3) vudu (3) yveline samoris (3) Ángeles y demonios (3) 1 (2) 4ªparte (2) A. Bertram Chandler (2) ABANDONADO (2) ALBERT FISH (2) Akira (2) Alfonso Linares (2) Algunos Poemas a Lesbia (2) Antonio Gala (2) Aparicion (2) Astrophobos (2) Ayer... hace tanto tiempo (2) BETHMOORA (2) Blade Runner (2) Brad Steiger (2) C. M. EDDY (2) CELEPHAÏS (2) CHICKAMAUGA (2) CONFESIONES DE UN ARTISTA DE MIERDA (2) CORAZONADA (2) Carrera Inconclusa (2) Charon (2) Christian Jacq (2) Clarimonda (2) Cowboy Bebop (2) Cyberpunk (2) Cómo Ocurrió (2) E D G A R A L L A N P O E (2) E. F. Benson (2) EL ASESINO (2) EL BAUTISMO (2) EL BESO (2) EL CABALLERO (2) EL CENTRO DEL INFIERNO (2) EL DESIERTO (2) EL DIABLO EN EL CAMPANARIO (2) EL EXORCISTA (2) EL FANTASMA Y EL ENSALMADOR (2) EL GOLEM (2) EL GRITO DEL MUERTO (2) EL JARDÍN DEL PROFETA (2) EL OTRO YO (2) EL PISO DE CRISTAL (2) EL PRESUPUESTO (2) EL RETRATO DE ROSE MADDER (2) EL SÉPTIMO CONJURO (2) EL VAGABUNDO (2) EL ÁRBOL (2) Ecos (2) El Conde de Montecristo (2) El Cuerno Del Horror (2) El Dr. Jekyll y Mr. Hyde (2) El Funeral de John Mortonson (2) El Hombre De Arena (2) El Monte de las Ánimas (2) El Puñal (2) El Que Cierra El Camino (2) El Sacrificio (2) El Tulipán Negro (2) El Valle Perdido (2) El Visitante Y Otras Historias (2) El artista del hambre (2) El ciclo del hombre lobo (2) El clérigo malvado (2) El gato del infierno (2) El gato negro (2) El homúnculo (2) El legado (2) El miedo (2) El rapto de la Bella Durmiente (2) El saber mágico en el Antiguo Egipto (2) El árbol de la colina (2) Elogio de la locura (2) En la noche de los tiempos (2) Estirpe de la cripta (2) Fuera de Aquí (2) GUARDIANES DEL TIEMPO (2) GUSTAVO ADOLFO BECQUER (2) Gustav Meyrink (2) H. Barlow (2) H.P.Lovecraft (2) HERMANN HESSE (2) Harlan Ellison (2) Hasta en los Mares (2) Historia (2) Historia Del Necronomicon (2) Historia de fantasmas (2) Hocus Pocus (2) ICARO DE LAS TINIEBLAS (2) INTERNET (2) JUANA INES DE LA CRUZ (2) Jack Vance (2) John Sheridan Le Fanu (2) José Luis Velarde (2) Kurt Vonnegut (2) LA BIBLIA SATANICA (2) LA BÚSQUEDA (2) LA CAIDA DE BABBULKUND (2) LA DECLARACIÓN DE RANDOLPH CARTER (2) LA FARSA (2) LA LOTERÍA DE BABILONIA (2) LA MUERTA ENAMORADA (2) LA MUERTE (2) LA MUSA DE HYPERBOREA (2) LA PERLA (2) LAS LEGIONES DE LA TUMBA (2) LESTAT EL VAMPIRO (2) LOS VERSOS SATANICOS (2) La Bestia en la Cueva (2) La Calle (2) La Casa de la Pesadilla (2) La Habitación Cerrada (2) La Monja Sangrienta (2) La Tortura de la Esperanza (2) La Verdad (2) La chica más guapa de la ciudad (2) La conspiración Umbrella (2) La marquesa de Gange (2) La noche de los feos (2) La pasión turca (2) Letras (2) Los Sueños de la Casa de la Bruja (2) Los crímenes que conmovieron al mundo (2) Los ojos de la momia (2) Los reyes malditos (2) Los tres mosqueteros (2) MAGOS (2) MARIO BENEDETTI - LA MUERTE (2) MINORITY REPORT (2) MOBY DICK (2) MUJERES (2) Mark Twain (2) Morella (2) Narrativa gótica (2) No hay camino al paraíso (2) PABLO NERUDA (2) POPSY (2) PUNTERO IZQUIERDO (2) R. L. Stevenson (2) RADIO FUTURA (2) ROSTRO DE CALAVERA (2) Rabindranath Tagore (2) Retornos de una sombra maldita (2) Robert A. Heinlein (2) SAMAEL AUN WEOR (2) SATANAS (2) SU VIDA YA NO ES COMO ANTES (2) SUPERVIVIENTE (2) Sherry Hansen Steiger (2) The Last Vampire (2) Thomas M. Disch (2) UN DÍA DE CAMPO (2) UTOPIA (2) Un habitante de Carcosa (2) Un juguete para Juliette (2) Una mujer sin importancia (2) Una tienda en Go-by Street (2) V.O. (2) VELANDO EL CADÁVER (2) Vida después de la Muerte (2) Vida y Muerte (2) Villiers de L'Isle-Adam (2) Vinum Sabbati (2) YO CRISTINA F. (2) a la puta que se llevó mis poemas (2) a las aguas (2) a un general (2) agonico (2) al amor de mi vida (2) aladino (2) alaide floppa (2) alas nocturnas (2) albunes (2) alexandre (2) amistad (2) andres diaz sanchez (2) angel de la muerte (2) animas y fantasmas (2) anime-blood (2) antonio machado (2) apocaliptico (2) arena y espuma (2) arthur c. clarke (2) asesinato (2) baudelaire (2) bequer (2) blancanieves (2) brujas (2) busqueda (2) c. m. eddy jr. (2) cabala (2) capitulo suelto (2) caronte (2) castigo (2) catolico (2) cementerios (2) ciberespacio (2) ciberpunk (2) cielo (2) ciudad de cristal (2) ciudad vampiro (2) coleccion (2) colette gothic darknes (2) comics (2) computadora (2) conjuros (2) cortos (2) costazar (2) creepwar.gotico (2) cria cuervos (2) cruelmente romantica (2) cuento amor (2) cuentos coliniales de terror (2) cuentos cortos (2) cuentos de canterbury (2) cuentos de un soñador (2) cumbres borrascosas (2) dagon (2) death (2) demonio (2) depeche mode (2) diagnostico de muerte (2) dios (2) disciplinas de vampiro (2) dolor (2) don juan (2) dracula (2) e l v a m p i r o (2) ecce homo (2) el (2) el abismo (2) el anticristo (2) el arbol de la vida (2) el caballero de la maison rouge (2) el canibal de rotenburgo (2) el caos reptante (2) el club de la lucha (2) el club de los suicidas (2) el coche del diablo (2) el disco (2) el dueño de rampling gate (2) el elixir de larga vida (2) el entierro (2) el espectro del novio (2) el evangelio de los vampiros (2) el fabricante de ataúdes (2) el fantasma de la opera (2) el gran inquisidor (2) el hijo (2) el jinete en el cielo (2) el joven lovecraft (2) el palacio de la luna (2) el pantano de la luna (2) el profeta (2) el signo (2) ellinson (2) elogio de tu cuerpo (2) emily bronte (2) entendimiento (2) entre sueños (2) epistola (2) escritor (2) espacio (2) esperanza (2) esquizofrenia (2) eva (2) fin (2) fiodor dostoiesvski (2) fobia (2) fragmentos del necronomicon (2) frankenstein (2) g. a. becquer (2) gabriel garcia marquez (2) genesis (2) gothic darknes (2) gracia torres (2) guerra (2) guillotina (2) h. (2) hada (2) harry harrison (2) hazel heald (2) hechizo (2) herman hesse (2) historia / ficcion (2) historia real (2) hombre-lobo (2) honore de balzac (2) horror en el museo (2) indice (2) ingles (2) intriga (2) introductoria (2) italo calvino (2) juego (2) juguemos a los venenos (2) kafka (2) kir fenix (2) la carta robada (2) la catedra de lucifer (2) la cosa en el dormitorio (2) la creacion (2) la cruz del diablo (2) la dama de las camelias (2) la habitacion cerrada (2) la hoya de las brujas (2) la imagen de la muerte (2) la maquina de follar (2) la muerte y la condesa (2) la noche boca arriba (2) la novia del hombre caballo (2) la piedra negra (2) la torre oscura (2) lacrimosa (2) leyes (2) lhiliht (2) libro (2) literatura (2) los habitantes del pozo (2) los otros dioses (2) los perros de tindalos (2) los zuecos (2) m. r. james (2) milady (2) miskatonic (2) misterio (2) morfina (2) morgue (2) mp3 (2) music (2) mª. covadonga mendoza (2) narracion ocultista (2) nobel (2) noir (2) nota (2) notas (2) nuestros primos lejanos (2) nuevas cronicas vampiricas (2) occidente (2) ocultismo (2) on-line (2) oriente (2) orson scott card (2) p. (2) paris (2) paulo coelho (2) pecados (2) peter blatty (2) poderes (2) primigenio (2) prometeo (2) prosas luciferinas (2) psico (2) r.l. stevenson (2) reglas (2) relato amor (2) religion-ficcion (2) reliquia de un mundo olvidado (2) revelacion (2) revolucion francesa (2) ritual (2) rituales (2) robert a. lowndes (2) robert louis stevensont (2) roger zelazny (2) roll (2) romancero gitano (2) romanticismo (2) rpg (2) saki (2) sangre (2) serie cronicas vampiricas gardella (2) simbolismo (2) suicidio (2) sumario (2) surrealismo (2) taisha abelar (2) tetrico (2) the best (2) the cure (2) tragedia (2) traidor (2) un dia en el confin del mundo (2) una cruz de siglos (2) varios autores (2) varios cuentos (2) vaticano (2) video (2) violin (2) vistoriano (2) washington irving (2) willian blatty (2) ¿QUO VADIS? (2) ÁNGELES IGNORANTES (2) Ángela (2) "Vivo sin vivir en mí" (1) (1515-1582) (1) (1816) (1) (1934) (1) + y - (1) -- ANONIMO (1) -- EL HORROR DE DUNWICH (1) . EL PROFETA ERMITAÑO (1) . LA SANTA COMPAÑA . (1) . La locura del mar (1) . Luis Cernuda (1) . VENOM (1) .El Club del Ataúd. (1) .ecunemico (1) .rar (1) 100 (1) 13 fantasmas (1) 17THIS SECRET HAS TO BE KEPT by you from anyone else (1) 1809-1849 (1) 1810 (1) 1812 (1) 1862 (1) 1918/19 (1) 1939-1941? (1) 1ª parte (1) 1ªmujer (1) (1) 26 CUENTOS PARA PENSAR (1) 2parte (1) 2ª Serie (1) (1) 2ºlibro (1) 2ºlibro de nuevas cronicas vampiricas (1) 334 (1) 360º (1) 3:47 a.m. (1) 4 (1) 5 (1) 6 (1) 7 pecados capitales (1) 84 de charing cross road (1) (1) 9000 años (1) A LA ESPERA (1) A M B R O S E B I E R C E (1) A imagen y semejanza (1) A restos.. de ti (1) A través de la puerta de la llave de plata (1) A través de las puertas de la llave de plata (1) A. E. VAN VOGT (1) A. MERRIT (1) A. Merritt (1) A.R. Ammons (1) A: lord Alfred Douglas (1) ABAJO (1) ABONO PARA EL JARDÍN (1) ABUELITO (1) ACERO -- Richard Matheson (1) ADEFESIA (1) AGENTE DEL CAOS (1) AL MAGNIFICO LORENZO DE MÉDECIS (1) AL OTRO LADO (1) ALGUIEN ME APRECIA AHÍ ARRIBA (1) ALGÚN QUE OTRO ANIMAL (1) ALMAS EN PENA (1) AMADEO KNODLSEDER (1) AMANECER EN MERCURIO (1) AMANECER VUDU (1) AMBROSE GWINET BIERCE (1) AMERICAN ZOMBIE (1) AMOR Y ODIO (1) ANDREA SOL (1) ANGEL DE LUZ (1) ANIUTA (1) ANTES DEL ESPECTÁCULO (1) APARECIÓ CAÍN (1) APRENDED GEOMETRIA (1) AQUEL VIEJO (1) ARMAGEDON Fredric Brown (1) ARTHUR JERMYN (1) ASESINOS SATÁNICOS (1) AYER (1) Abraham Merritt (1) Abraza la oscuridad (1) Acorralado (1) Ad Lucem (1) Adam Kadmon (1) Adan (1) Adiós al siglo XX (1) Adolf Hitler (1) Afuera (1) Agatha Christie (1) Ahmad Ibn Ata'Illah (1) Alan Barclay (1) Albertina desaparecida (1) Alejandro Pushkin (1) Alejo Carpentier (1) Aleksandr Nikoalevich Afanasiev (1) Aleksandr Pushkin (1) Alfred E. Van Vogt (1) Alfred Elton van Vogt (1) Algernoon Blackwood (1) Alien earth (1) Amityville (1) Ana María Matute (1) Anatoli Dneprov (1) Andrei Chikatilo (1) Andrógino (1) Animismo (1) Anne Brontë (1) Another Google Bot (1) Antiguas brujerías (1) Antipoemas (1) Antología (1) Anubis (1) Anónimo (1) Appleseed (1) Aramis (1) Arcipreste de Hita (1) Armand (1) Asesinado Al Pie De Un Altar Vudú (1) Asimov (1) Atentamente suyo Jack el Destripador (1) Atentamente suyo. Jack el Destripador (1) Athos (1) August W. Derleth (1) Auguste Villiers de l'lsle‑Adam (1) Augusto Monterroso (1) Augustus Hare (1) Autobiografía (1) Auténtico Amor (1) Ayuda Alienígena (1) BAJO LAS PIRÁMIDES H. P. LOVECRAFT (1) BARBA AZUL (1) BERTA (1) BLANCO Y AZUL (1) BOCCACCIO (1) BOITELLE (1) BOLA DE SEBO (1) Bacarat (1) Balada nupcial (1) Barry Longyear (1) Battle Angel Alita (1) Bibliografía (1) Biblioteca (1) Boogiepop Phamtom (1) Breve comentario sobre la esquizofrenia (1) Bruce Sterling (1) Bubblegum Crisis (1) C. L. MOORE (1) C. S. Lewis (1) C.L. Moore (1) CABEZA DE CONO (1) CANCIÓN DE AMOR (1) CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA (1) CARTA A UN FÉNIX (1) CARTA DE UN LOCO (1) CARTAS (1) CASTIGOS (1) CEREMONIAL (1) CHARLES PERRAULT (1) CHERTOGON (1) CIBER-DARK (1) COCAINA (1) COCO.COCO. COCO FRESCO (1) COMO PARA CONFUNDIRSE (1) COMPLICIDAD PREVIA AL HECHO (1) CON DIOS (1) CONFESIONES DE UNA MUJER (1) CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978 (1) CONVERSIONES (1) COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE (1) CORTÁZAR (1) COTO DE CAZA (1) CRONICAS VAMPÍRICAS 2 (1) CRÍTICA AL CRISTIANISMO Y A LA SOCIEDAD (1) CUADERNO HALLADO EN UNA CASA DESHABITADA (1) CUENTOS DE AMOR. DE LOCURA Y DE MUERTE (1) CUERPO Y ALMA (1) Cabeza de Lobo (1) Camilo José Cela (1) Canaan negro (1) Canción del pirata (1) Cannibal Corpse (1) Canon Pali (1) Carmilla (1) Carolina (1) Cartas Desde La Tierra (1) Casi Extinguidos (1) Catastrofe Aerea (1) Catherine Crowe (1) Catulo (1) Charles Dickens El guardavías (1) Charles Grant (1) Charles Nightingale (1) Chaugnar Faugn (1) Chica gótica (1) Chitterton House (1) Chris Chesley (1) Christopher Marlowe (1) Ciencia Ficción (1) Cine (1) Claudia (1) Colección (1) Conan (1) Conoce la Ciudad Gótica en 3D (1) Conología de la caza de hackers (1) Conquístate a ti mismo y conquistarás al mundo (1) Conversación (1) Corazones Perdidos (1) Corman (1) Cosas Zenna Henderson (1) Crom (1) Crumtuar y la Diosa (1) Cría cuervos (1) Cuando los cementerios son una atracción (1) Cuarta parte (1) Cynthia Asquith (1) CÁTULO (1) Cómo mueren los mitos (1) D'Artagnan (1) DAGÓN (1) DANTE ALIGHIERI (1) DE COMO EL Dr. JOB PAUPERSUM LE TRAJO ROSAS ROJAS A SU HIJA (1) DE COMO LLEGO EL ENEMIGO A THULNRANA (1) DE SADE (1) DECAMERON (1) DEL MÁS ALLÁ (1) DELENDA EST... (1) DESPERTARES (1) DIABLO (1) DICCIONARIO DE ÁNGELES (1) DICCIONARIO DEL DIABLO (1) DIÁLOGO SOBRE LA PENA CAPITAL (1) DOBLE CREER (1) DOS POEMAS (1) DOS SERES IGUALES (1) Dan Brown Ángeles y demonios (1) Dark Gotico (1) Dark Icarus (1) David F. Bischoff (1) De guardia (1) Death Fails (1) Del toro (1) Demonios babilónicos (1) Demoníacos (1) Dennis Etchison (1) Dentro de mí (1) Deportacion (1) Depresión (1) Der Vampir (1) Derek Rutherford (1) Descargo de responsabilidad (1) Desde Lugares Sombríos (1) Desert Punk (1) Diagnóstico de Muerte (1) Diccionario De Relaciones Y Sexo (1) Diccionario de Símbología (1) Donde habite el olvido XII (1) Douglas Rushkoff (1) Dr. Bloodmoney (1) Duelo (1) Dulces para esa dulzura (1) E L E N T I E R R O P R E M A T U R O (1) E L E N T I E R R O P R E M A T U R O (1) E L A N T I C R I S T O (1) E-volution (1) E. M. Johnson (1) E.F.Benson (1) E.T.A. Hoffmann (1) EL ABONADO (1) EL ABUELO ASESINO (1) EL ALEPH (1) EL ALEPH ficcion (1) EL ALMOHADON DE PLUMAS (1) EL ARISTÓCRATA SOLTERÓN (1) EL ARMARIO (1) EL ARO (1) EL ASESINATO DE DIOS (1) EL BARON DE GROGZWIG (1) EL BARRILITO (1) EL BICHO DE BELHOMME (1) EL BIGOTE (1) EL CARDENAL NAPELLUS (1) EL CETRO (1) EL CLUB DE LUCHA (1) EL CONDE DE MONTECRISTO II (1) EL CONDE DE MOTECRISTO (1) EL CONDUCTOR DEL RAPIDO (1) EL COTTAGE DE LANDOR (1) EL CRIMEN DE LORD ARTHUR SAVILLE (1) EL CRIMINAL Y EL DETECTIVE (1) EL CUENTO FINAL DE TODOS LOS CUENTOS (1) EL DEMONIO DE LA PERVERSIDAD (1) EL DIENTE DE BALLENA (1) EL DIOS SIN CARA (1) EL DUEÑO DE RAMPLING GATE (1) EL ERMITAÑO (1) EL FINAL (1) EL FLASH (1) EL FRUTO DE LA TUMBA (1) EL GATO Y EL RATÓN (1) EL GRABADO EN LA CASA H. P. LOVECRAFT (1) EL GRAN GRIMORIO (1) EL HOMBRE DE LA CALAVERA (1) EL HURKLE ES UN ANIMAL FELIZ (1) EL INCORREGIBLE BUITRE DE LOS ALPES (1) EL JOVEN GOODMAN BROWN (1) EL JUEGO DE LOS GRILLOS (1) EL JUEGO DE PELOTA EN RAMTAPUR (1) EL LIBRO DE LO INCREÍBLE (1) EL LIBRO DE LOS SERES IMAGINARIOS (1) EL MATRIMONIO DEL CIELO Y EL INFIERNO (1) EL MESMERISMO (1) EL METRONOMO (1) EL MUNDO AVATAR: ANDY WARHOL (1) EL NECRONOMICON (1) EL NUMERO QUE SE HA ALCANZADO (1) EL OJO SIN PARPADO (1) EL ORACULO DE SADOQUA (1) EL ORINAL FLORIDO (1) EL ORO (1) EL OTRO VAGABUNDO (1) EL PESCADOR DEL CABO DEL HALCON (1) EL PRECURSOR (1) EL REGRESO (1) EL RELÁMPAGO (1) EL REY (1) EL REY DE HIERRO (1) EL ROBLE HA CAÍDO (1) EL RÍO (1) EL SEXO FRIO (1) EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO (1) EL SUEÑO DEL REY KARNA-VOOTRA (1) EL SUSURRADOR EN LA OSCURIDAD (1) EL TRUEQUE (1) EL USURPADOR DE CADAVERES (1) EL VALLE DE LOS DIOSES (1) EL VAMPIRO ARMAND (1) EL VAMPIRO ARMAND (1) EL VENGADOR DE PERDONDARIS (1) EL VIUDO TURMORE (1) EL ZOPILOTE (1) EL _ ALEPH (1) EL cantar del exangel (1) EL ÚLTIMO EXPERTO (1) ELIGE TU DESTINO (1) ELISA BROWN (1) EN EL BOSQUE DE VILLEFERE (1) EN EL CREPUSCULO (1) EN ESTADO LATENTE (1) EN LA FERIA (1) EN ZOTHIQUE (1) Eco (1) Edad Media (1) Edgar Allan Poe El Cuervo (1) Edward Bulwer-Lytton (1) Edward Lucas White (1) El Almohadón de Plumas (1) El Arte de la Estrategia (1) El Asirio (1) El BAR II (1) El Barril de Amontillado (1) El Boogie Del Cementerio (1) El Borametz (1) El Buque Fantasma (1) El Carbunclo Azul (1) El Caso de los Niños Deshidratados (1) El Centinela (1) El Clan De Los Parricidas (1) El Club del Ataúd (1) El Corsario (1) El Crimen Invisible (1) El Cuarto en la Torre (1) El Dios de los Brujos (1) El Dios-Monstruo De Mamurth (1) El Dragón (1) El Eclipse (1) El Espejo De Nitocris (1) El Gigante Egoista (1) El Gris Gris En El Escalón De Su Puerta Le Volvió Loco (1) El Haschich (1) El Hombre Del Haschisch (1) El Hombre que Soñó (1) El Hueco (1) El Mago de Oz (1) El Mensajero de la Muerte (1) El Misterio del Mary Celeste (1) El Nuevo Acelerador (1) El Nuevo Acelerador Herbert George Wells. (1) El Príncipe (1) El Regalo de los Terrestres (1) El Rey Estelar (1) El Ritual (1) El Ruido de un Trueno (1) El Sacerdote Y Su Amor (1) El Signo Amarillo (1) El Underground digital (1) El Vengador de Perdóndaris (1) El Violador de la Moto (1) El Visitante Y Otras Historias Dylan Thomas (1) El Yoga (1) El amor de mi vida (1) El aprendiz de brujo. (1) El armonizador (1) El cadillac de Dolan (1) El camaleón (1) El campamento del perro (1) El cartero del rey (1) El caso de Charles Dexter Ward (1) El cuarto de goma (1) El demonio en Ceirno (1) El duque de L'Omelette (1) El espejo de Ko Hung (1) El extraño vuelo de Richard Clayton (1) El francotirador cazado (1) El grimorio del papa Honorio (1) El guardián entre el centeno (1) El horror del montículo (1) El informe del inspector Legrasse (1) El jardín de Adompha (1) El jardín del tiempo (1) El judío errante (1) El judío errante.Thomas M. Disch (1) El mal de la muerte (1) El muchacho que escribia poesia (1) El mundo que ella deseaba (1) El pararrayos (1) El pecado de Hyacinth Peuch (1) El perfume (1) El pescador del Cabo del Halcón (1) El pescador y su alma (1) El puñal del godo (1) El que acecha en la oscuridad (1) El que susurraba en las tinieblas (1) El roble de Bill (1) El sexo y yo (1) El soldado y la muerte (1) El telar (1) El terror volvió a Hollywood (1) El Árbol de las Brujas (1) El árbol de la buena muerte (1) El árbol de oro (1) El último sueño del viejo roble (Cuento de Navidad) (1) Eliphas Lévi (1) Ellen Schreiber (1) Empirismo (1) En donde suben y bajan las mareas (1) En el Calor de la Noche (1) En persona (1) Ensayo al viejo estilo (1) Erasmo de Rotterdam (1) Erecciones (1) Eres tan bella como una flor (1) Ergo Proxy (1) Eric Frank Russell (1) Eric Lavín (1) Escéptico (1) Ese Gran simulacro (1) Esoterismo (1) Esta noche se rebelan las estrellas (1) Estilo gótico (1) Exhibiciones (1) Eyaculaciones (1) F R I E D R I C H N I E T Z S C H E (1) FABULAS Y SIMBOLOS (1) FBI (1) FEMINISTAS (1) FESTIVAL DEL TESTÍCULO (1) FICCIONES (1) FLUYAN MIS LÁGRIMAS DIJO EL POLICÍA (1) FRANCIS MARION CRAWFORD (1) FRANK BELKNAP L. (1) FRASES DE POLÍTICOS (1) FREDIE MERCURY (1) FUERA DE ESTE MUNDO (1) Factotum (1) Fahrenheit 451 (1) Farenheit 451 (1) Feuerräder (1) Fiel amigo (1) Flautistas en el bosque (1) Fondo Monetario (1) Frank Belknap Long (1) Frankenstein o el moderno Prometeo (1) Franz Harttmann (1) Fred Saberhagen (1) Frederick Marryat (1) Frederick pohl (1) Freud (1) Fruto negro (1) Fuego Brillante (1) Fuego infernal (1) G. A. BEQUER (1) GENTE REUNIDA (1) GIBRÁN KHALIL GIBRÁN LADY RUTH (1) GIGANTE (1) GITANO (1) GOTHICPUNK (1) GUARDIANES DEL TIEMPO EXTRAÑOS TERRÍCOLAS ORBITA ILIMITADA ONDA CEREBRAL UN MUNDO EN EL CREPUSCULO (1) GUERRA DE ALADOS (1) GUIA DEL AUTOESTOPISTA GALACTICO (1) Gardner F. Fox (1) Gastón (1) Gauguin (1) Geoffrey Chaucer (1) George Berkeley (1) George Gordon Byron (1) George Langelaan (1) George Orwell (1) Ghost lover (1) Gilbert Thomas (1) Gordon Leigh Bromley (1) Gottfried Benn (1) Greg Egan (1) Grimoires (1) Guión para Alíen III (1) Gustave Flaubert (1) Génesis (1) Gómez (1) H. G. WELLS (1) H. P. Lovecraft LA BÚSQUEDA DE IRANON (1) H. P. Lovercraft (1) H.P.Lovecraft y E. Hoffmann Price (1) HAN CAIDO LOS DOS (1) HECHIZOS DE AMOR (1) HERBERT WEST (1) HIJO DE LA LUNA (1) HIPNOS (1) HISTORIA DE MAR Y TIERRA (1) HISTORIA DEL ENDEMONIADO PACHECO (1) HISTORIA DEL JOVEN DE LAS TARTAS DE CREMA (1) HISTORIA DEL MANDADERO (1) HISTORIA GÓTICA (1) HISTORIA PRODIGIOSA DE LA CIUDAD DE BRONCE (1) HOMBRES y DRAGONES (1) HOY Y MAÑANA (1) Hasta donde mueran los sentimientos (1) Hay Tigres (1) Hector G. Oesterheld (1) Heinrich August Ossenfelder (1) Hell-fire 1956 (1) Herbert George Wells. (1) Herman Melville (1) Hierba gatera (1) Historia Del Necronomicon H. P. Lovecraft (1) Historia de un muerto contada por él mismo (1) Historia de una demonización. (1) Horace Walpole (1) Howard Fast (1) Howard P. Lovecraft (1) Howard Philip Lovecraft (1) Héctor Álvarez (1) Híbrido (1) II parte (1) III (1) III parte (1) IMAGEN DE TU HUELLA (1) IMAGINE (1) IMÁGENES MALDITAS (1) INDICE MIO CID (1) Ideas (1) Ilusionismo (1) Inanna (1) Intento (1) Investigador De Lo Oculto (1) Isthar (1) Iván A. Efrémov (1) Iván Turguéniev (1) J. G. Ballard (1) J. J. Van der Leeuw (1) J.D. Salinger (1) JACK LONDON (1) JON WIENER (1) JORGE ADOUM (1) JUAN SALVADOR GAVIOTA (1) JUEGO DE SOMBRAS (1) JUNTO A UN MUERTO (1) Jaime Bayly (1) James H. Schmitz (1) James Montague RhodesCORAZONES PERDIDOS (1) Javi (1) Jean Lorrain (1) Jean Ray (1) Jim Morrison (1) John Lennon (1) John Silence (1) John Stagg - El Vampiro (1) John W. Campbell (1) John Wyndham (1) John/Yoko (1) Jorge Bucay (1) Jorge Manrique (1) Jose Antonio Rodriguez Vega (1) Joseph Sheridan Le Fanu (1) José Luis Garci (1) José Luis Zárate Herrera (1) José Manuel Fernández Argüelles (1) José María Aroca (1) José de Esponceda (1) Juan C. "REX" García Q. (1) Juan Darién (1) Juan Ruiz (1) Juan de la Cruz (1) Juan-Jacobo Bajarlía (1) Kabbalah (1) Keith Laumer (1) Khnum (1) Kit Reed (1) L a Muerte De Halpin Frayser A mbrose Bierce (1) L a Mujer Loba (1) LA ALQUIMIA COMO CIENCIA DEL ARTE HERMETICO (1) LA AVENTURA DEL ASESINO METALICO (1) LA BAILARINA (1) LA BALLENA DIOS (1) LA BALLENA Y LA MARIPOSA (1) LA BARONESA (1) LA BECADA (1) LA BELLEZA INÚTIL (1) LA BELLEZA INÚTILguy de maupassant (1) LA BODA DEL LUGARTENIENTE LARÉ (1) LA CABELLERA (1) LA CASA (1) LA COMPAÑERA DE JUEGO (1) LA CONFESIÓN DE TEODULIO SABOT (1) LA CRIBA (1) LA ESCUELA DE LA PIEDRA DE LOYANG (1) LA ESPADA DE WELLERAN (1) LA ESTATUA (1) LA EXTRAÑA CABALGADA DE MOROWBIE JUKES Rudyard Kipling (1) LA FERIA DE LAS TINIEBLAS (1) LA INVASIÓN DIVINA (1) LA LUNA LLENA (1) LA MAGIA NEGRA (1) LA MALDICIÓN (1) LA MAQUINA DEL SONIDO (1) LA MASCARA DE LA MUERTE ROJA (1) LA MOSCA (1) LA MÚSICA DE ERICH ZANN (1) LA NARIZ (1) LA PARENTELA DE LOS ELFOS (1) LA PARÁBOLA CHINA (1) LA PIMPINELA ESCALATA (1) LA QUE ERA SORDA (1) LA RAÍZ CUADRADA DE CEREBRO (1) LA SEGUNDA LEY (1) LA SENDA (1) LA SOMBRA. (1) LA TEMPESTAD (1) LA TEORIA DE LAS MASCOTAS DE L.T. (1) LA TIERRA DE ZAAD (1) LA TIERRA ROJA (1) LA TRAMA CELESTE (1) LA TRÁGICA HISTORIA DEL DOCTOR FAUSTO (1) LA VENTANA ABIERTA (1) LA VENUS DE ILLE (1) LA VISITA QUE J. H. OBERHEIT HACE A LAS TEMPIJUELAS (1) LAGARTIJA (1) LAGRIMAS Y RISAS (1) LAGRIMAS Y SONRISAS (1) LAS BECADAS (1) LAS DOS PRINCESAS (1) LAS GRANADAS (1) LAS HOJAS SECAS (1) LAS LEYES (1) LAS PERVERSAS CRIATURAS DE SERGIO LAIGNELET (1) LAS RANAS (1) LAS RATAS DEL CEMENTERIO (1) LAS REVELACIONES DE BECKA PAULSON (1) LAS TUMBAS DE TIEMPO (1) LEOPOLDO LUGONES (1) LEYENDA DE LA CALLE DE NIÑO PERDIDO (1) LEYES DE DROGAS (1) LIBRO DE LA DUALIDAD (1) LIBRO DE LA IGNORANCIA (1) LIBRO DEL AMOR (1) LILIHT (1) LOS AGUJEROS DE LA MASCARA (1) LOS CANGREJOS CAMINAN SOBRE LA ISLA (1) LOS CLANES DE LA LUNA ALFANA (1) LOS CONSTRUCTORES (1) LOS CUATRO HERMANOS LUNARES (1) LOS DOS CAZADORES (1) LOS DOS HERMANOS (1) LOS DOS POLÍTICOS (1) LOS DOS ÁNGELES (1) LOS HOMBRES QUE ASESINARON A MAHOMA (1) LOS HOMBRES QUE BAILAN CON LOS MUERTOS (1) LOS HUÉSPEDES -- SAKI (1) LOS IMPOSTORES (1) LOS SIETE PUENTES (1) LOS VEINTICINCO FRANCOS DE LA SUPERIORA (1) LOS ÁRBOLES DEL AZUL (1) LSD (1) LUZIFER (1) La Acacia (1) La Aureola Equivocada (1) La Callejuela Tenebrosa (1) La Campaña (1) La Casa Croglin (1) La Casa De Los Espíritus (1) La Caza de Hackers (1) La Ciudad (1) La Cámara De Los Horrores (1) La Cámara de los Tapices (1) La Entrada Del Monstuo (1) La Estatua de Sal (1) La Extraña Cabalgada De Morowbie Jukes (1) La Fiera Y La Bella (1) La Leyenda De San Julian El Hospitalario (1) La Liberación de la Bella Durmiente (1) La Luna Nueva (1) La Magia (1) La Mandrágora (1) La Mascarada (1) La Muerte Enamorada (1) La Máscara de la Muerte Roja (1) La Palida Esposa De Toussel (1) La Pradera Verde (1) La Pócima Vudú De Amor Comprada Con Sangre (1) La Torre del Elefante (1) La Tregua (1) La Vérité (1) La bahía de las corrientes irisadas (1) La capa (1) La casa de Cthulhu (1) La casa del hacha (1) La casa hechizada (1) La catacumba (1) La condena (1) La cultura del miedo (1) La dama de compañía (1) La familia de Pascual Duarte (1) La guadaña (1) La hija del árbol (1) La llave de plata (1) La lucha por la vida I (1) La lucha por la vida II (1) La lucha por la vida III (1) La mansión de las rosas (1) La mañana verde (1) La muerte del borracho (1) La mujer de Dennis Haggarty (1) La mujer del bosque (1) La máquina del sonido (1) La novia del ahorcado (1) La parra (1) La pregunta (1) La reina estrangulada (1) La soledad del escritor en el siglo XXI (1) La sombra de Eva (1) La sombra que huyó del capitel (1) La sombra que huyó del capitel. los mitos de cthulhu (1) La sombra que huyó del chapitel (1) La vampiro española (1) La ventana en la buhardilla (1) La vida de la muerte (1) La vida en las trincheras del Hiperespacio (1) La vida nueva (1) Lain (1) Las botas mágicas (1) Las figurillas de barro (1) Las imprudentes plegarias de Pombo el idólatra (1) Las mandrágoras (1) Las once mil vergas -- Guillaume Apollinaire -- Advertencia (1) Las palabras mágicas (1) Las puertas del Valhalla (1) Lawrence C.Conolly (1) Leigh Brackett (1) Lestat (1) Ley y Orden (1) León Tolstoi (1) Libro de Buen Amor (1) Libro de Eibon (1) Lilitú (1) Lista de los demonios en el Ars Goetia (1) Llegado desde el infierno (1) Lluvia Negra (1) Lord of the Flies (1) Los Crímenes de la Rue Morgue (1) Los Elementales (1) Los Nueve Pecados Satánicos (1) Los Poemas Ocultos (1) Los cazadores de cabezas (1) Los colmillos de los árboles (1) Los comedores de lotos (1) Los gatos de Père Lachaise (1) Los hijos de Babel (1) Los príncipes demonio I (1) Los reploides (1) Los árboles parlantes (1) Lotófagos (1) Luana (1) Luis Enrique Délano (1) Luisa Axpe (1) Lydia Cabrera (1) Lyman Frank Baum (1) M .R. James (1) MACHISTAS (1) MAESE LEONHARD (1) MAGICO (1) MANUSCRITO ENCONTRADO EN UNA BOTELLA DE CHAMPAGNE (1) MAQUIAVELO (1) MARIDOS (1) MARIO VARGAS LLOSA (1) MARY W. SHELL (1) MAS ALLÁ DEL MURO DEL SUEÑO (1) MAUPASSANT. AHOGADO (1) MAUPASSANT. ADIOS (1) MAUPASSANT.EL AFEMINADO (1) MAUPASSANT.EL ALBERGUE (1) MEN IN BLACK (1) METAMORFOSIS (1) MI MONSTRUO DE OJOS SALTONES (1) MI RESPETADO SUELO DURMIENTE (1) MINICUENTOS ESCALOFRÍO (1) MULTIPLICACIÓN. (1) Mage La (1) Magia menor (1) Manual de zoología fantástica (1) Manuel González Noriega (1) Mao (1) Marcel Proust (1) Margaret A. Murray (1) Margarita Guerrero (1) Margaritas Fredric Brown Daisies (1) Marguerite Duras (1) Mario Benedetti - La noche de los feos (1) Mario Benedetti - Ni Cinicos Ni Oportunistas (1) Mario Flecha (1) Marx (1) Mary Shelley. (1) Mary Wolfman (1) Marzo Negro (1) Matrix (1) Maxim Jakubowski (1) Maximiliano Ferzzola (1) Me siento sola (1) Memnoch El Diablo (1) Memoria de Crímenes (1) Memorias de un moribundo (1) Mentalismo (1) Metadona (1) Metzengerstein (1) Mi Querida Muerte (1) Miguel de Cervantes Saavedra . NOVELA (1) Miguel de Cervantes Saavedra . NOVELA LA GITANILLA (1) Mitología hebrea (1) Monopolio (1) Montado en la bala (1) Mujer de pie (1) MundoDisco (1) My buddy (1) MÁSCARAS (1) Más allá de los confines del mundo (1) Más vasto que los imperios (1) Máximo Torralbo (1) Música (1) NARRACIONES OCULTISTAS (1) NEGLIGENCIA (1) NO MIRES ATRÁS (1) NOTICIAS (1) NOTICIAS DEL MAS ALLA (1) NUL-O (1) Nathaniel Hawthorne (1) Necrológica (1) Neil Olonoff (1) Nelly Kaplan (1) Neuromancer (1) Ni Cinicos Ni Oportunistas (1) Ni Corruptos Ni Contentos (1) Nicolás Maquiavelo (1) Nieto de un verdugo (1) Nightmares and dreamscapes (1) Nikolàj Semënovic Leskov (1) No Despertéis a los Muertos (1) No Tengo Boca. Y Debo Gritar (1) No a la censura (1) No te Salves (1) No tocarte (1) Nona (1) Novela de terror (1) Nyarlathotep (1) Nyarlathotep el Terrible (1) O V I D I O (1) OLIVER ONIONS (1) ORGIAS (1) ORISHAS (1) OSCURA Y FRIA NOCHE (1) Opinion Personal (1) Otros mundos. otros dioses (1) PACIENTE BERLIN (1) PACTO (1) PACTOS DIABOLICOS EN FLORES PACTOS DIABOLICOS EN FLORES (1) PALABRAS (1) PAPÁ BENJAMIN (1) PARANOYAS (1) PARCAS (1) PARTE 1 (1) PATTI SMITH (1) PAZ CONTAGIOSA (1) PAZ Y GUERRA (1) PELIGROS DEL SATANISMO (1) PINOSANGUINOCHETBURUNDA (1) PLURIEMPLEO (1) POBRE (1) POE Y OTROS (1) POEMA INDIO (1) POEMA VAMP (1) POEMAS ÚLTIMOS (1) POEMÊ (1) POIROT INFRINGE LA LEY (1) POQUITA COSA (1) POR LA SANGRE ES LA VIDA (1) PRELUDIOS (1) PREMIOS (1) PROCESO (1) PRÍNCIPE Y MENDIGO (1) PUERTA AL INFIERNO SANGRE EN EL CIELO (1) PUNK (1) PUNTO DE PARTIDA (1) PUTA (1) Padma Sambava (1) Padre fundador (1) Para las seis cuerdas (1) Parricidios (1) Patakí De Ofún (1) Patrick Süskind (1) Paulo Navas (1) Pecados capitales (1) Pedro Pastor (1) Pelotón D (1) Pequeña Antología (1) Pesadilla (1) Pete Adams (1) Peter Shilston (1) Peter Valentine Timlett (1) Peter Wake (1) Philaréte Chasles (1) Poema de amor a una chica que hacía striptease (1) Poemas Completos (1) Poemas Malditos (1) Poemas de Gilgamesh (1) Poemas de amor (1) Porthos (1) Primer amor (1) Primera parte (1) Primera parte 2 (1) Prosper Mérimée (1) Protesta Anonima General (1) Proyección (1) Príncipe (1) Príncipe de las tinieblas (1) Próxima Centauri (1) Pseudomonarchia Daemonum (1) Psiquismo (1) Punch Drunk (1) QUE DIFÍCIL ES SER DIOS (1) R. E. HOWARD (1) R. W. Chambers (1) R.E.3 (1) RAMÓN GOMEZ DE LA SERNA (1) REANIMADOR (1) REGIONES APARTADAS (1) RELATOS DE TERROR (1) RENZO (1) RETRANSMISION ETERNA (1) RIMA VII (1) RIMA XXXVIII (1) RITUALES SATANICOS (1) ROBERT LOUIS STEVENSON (1) ROBOT CITY (1) ROLL AND ROLL (1) ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE (1) Raymond J. Martínez (1) Reaper (1) Recetas (1) Respuesta del Forastero (1) Reto (1) Retoños (1) Reventando el sistema (1) Rhea (1) Richard Bellush (1) Richard Calder (1) Richard Shrout (1) Richelieu (1) Ritos (1) Rituales con los ángeles (1) Robert Ervin Howard (1) Robert Ervin Howard: Un Recuerdo (1) Rochefort (1) Rockefeller (1) R’Iyeh (1) S. SV - XVIII (1) SALIDA DEL EDEN (1) SALVAME (1) SATANICo (1) SATÁN (1) SECTAS SATÁNICAS (1) SECUESTRO HOCHSCHILD (1) SEHNSUCHT (1) SETENTA (1) SIDDHARTA (1) SIN TON NI SON (1) SLAN (1) SOBRE LA ARENA (1) SORTEOS (1) SORTILEGIO DE OTOÑO (1) STANLEY CEPILLO DE DIENTES (1) STÉPHANE MALLARMÉ (1) SUEÑOS (1) Sandy Lopez Juarez (1) Santa Teresa de Ávila (1) Saquitos (1) Segador (1) Segunda parte (1) Serial Experiments Lain (1) Sharon N. Farber (1) Si Viene Damon (1) Siembra de Marte (1) Siglo XV (1) Silent Möbius (1) Simbiótica (1) Skull and Bones (1) Sobre Todo Madrid (1) Sociedad Thule (1) Sociedad Vril (1) Soy Leyenda (1) Soy la Puerta (1) Stalin (1) Stanley G. Weinbaum (1) Stanley Weinbaum (1) Stephen Vincent Benet (1) Supieras... (1) SÍMBOLO DE BALPHOMET (1) TALENTO (1) TOBERMORY (1) TOMBUCTÚ (1) TONTOS (1) TRAGEDIAS (1) TRATADO ESOTÉRICO DE TEURGIA (1) TRES DIOSES Y NINGUNO (1) TRES REGALOS (1) TRINITY BLOOD (1) TROPAS DEL ESPACIO (1) TU FRIALDAD (1) Tanith Lee (1) Taveret (1) Teatro de Crueldad (1) Templarios (1) Tercera parte (1) Tercera parte 2 (1) Terror en el espacio (1) Terry Carr (1) Terry Pratchett (1) Tetas (1) The Green Meadow (1) The Lilim (1) The Matrix (1) The Reward (1) The dead beat (1) The garden of time (1) The green morning (1) Theodore Sturgeon (1) Thomas Burnett Swann (1) Théàtre des Vampires (1) Tierra extraña (1) Tokio (1) Totemismo (1) Transmisión (1) Transmutación Transferencia Misticismo Desarrollismo (1) Trigun (1) Tsathoggua (1) Términos (1) U N C A M I N O A L A L U Z D E L A L U N A (1) UN AS DEL AJEDREZ (1) UN ASESINATO (1) UN COMPENDIO DE SECTAS (1) UN DIA EN EL REFLEJO DEL ESPEJO (1) UN LUGAR DE LOS DIOSES (1) UN MENSAJE IMPERIAL (1) UN OLOR A MUNDO (1) UN SEÑOR MUY VIEJO CON UNAS ALAS ENORMES (1) UN SUEÑO (1) UNA CONFLAGRACION IMPERFECTA (1) UNA ISLA (1) UNA ODISEA MARCIANA (1) UNA PEQUEÑA FABULA (1) UNA TARDE EN LO DE DIOS (1) UNA TUMBA SIN FONDO (1) URSULA K. LEGUIN (1) USA (1) USURPACIÓN DE DERECHOS DE AUTOR (1) Un crimen fuera de lo corriente (1) Un día en el confín del Mundo (1) Un escándalo en Bohemia (1) Un escándalo en Bohemia sir Arthur Conan Doyle (1) Un manifiesto Cyberpunk (1) Un marido ideal (1) Una carta abierta a H. P. Lovecraft (1) Una confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II (1) Una cuestión de identidad (1) Universo desierto (1) Ursula K. Le Guin (1) Utopía (1) V I N C E N T V A N G O G H (1) VENGANZAS (1) VESTIDURAS (1) VIEJO VINO (1) VIH-SIDA (1) VINTAGE (1) VITTORIO EL VAMPIRO (1) VIVIDOR A SU PESAR (1) VIVOS (1) VOLUMEN 1 (1) VOLUMEN 1parte 2 (1) Valencia (1) Valencia nocturno (1) Venganzas Y Castigos De Los Orishas (1) Viaje a la semilla (1) Viktor Saparin (1) Villiers de L'Isle (1) Villiers de L'Isle Adam (1) Vivian Meik (1) Voces de la Oscuridad (1) Von Junzt (1) Vuelto a nacer (1) Víctor Hugo (1) W.W. Jacobs (1) WHITE (1) WHITE ZOMBIE (1) Walter Scott (1) WannaFlock (1) Ward Moore (1) Weird Tales (1) Wendigo (1) Wilfred Blanch Talman (1) William Golding (1) William H. Hogdson (1) William Irish (1) William Shakespeare (1) Winifred Jackson (1) Wlliam Shakespeare (1) Wood'stown (1) Y cada día nos cuesta más soñar. (1) YERMA (1) YING-YANG (1) YO OS SALUDO (1) YVETTE (1) Yasutaka Tsutsui (1) Yra Reybel (1) YulyLizardi (1) ZOMBIE (1) ZOTHIQUE (1) Zenna Henderson (1) Zuzana_dt666(arrova)hotmail.com (1) a dreamer`s tales (1) a la caza (1) abducciones (1) abortivo (1) abstractos (1) aceite de perro (1) acerca de nyarlatoted (1) acido (1) actual (1) actualizacion 4.0 (1) adicción (1) adios (1) adolfo (1) agathos (1) aguelles (1) ahogado (1) al pueblo hebreo (1) alcacer (1) aldoux huxley (1) aleksandr (1) alfa (1) algo sobre los gatos (1) algunas formas de amar (1) ali-baba y los cuarenta ladrones (1) almas (1) alto (1) amante fantasma (1) amateur (1) ambiente (1) amor . i love... (1) amy foster (1) analogia (1) anarko-undergroud (1) anarquía (1) anecdota (1) angel (1) angela (1) angeles guardianes (1) angelustor (1) animales racionales (1) animas (1) ann (1) anonimos (1) antes del espectaculo (1) antifona (1) antiguos (1) anton (1) antropologia de la muerte (1) apariciones (1) apocalipsis 2012 (1) apocalipsis-ficcion (1) apocapocalipsis (1) apocrifos (1) aqui hay tigres (1) aqui vive el horror (1) arcangel negro (1) archivos (1) arde (1) arfego (1) arkham (1) armagedon (1) armando (1) armas (1) arqueologia (1) arquetipo (1) arquitectura (1) arrebatado (1) articulo (1) articulos (1) artista gotica (1) asesino (1) asesino en serie (1) asesinos (1) asfódelo (1) ashkin (1) atlantida (1) auto de fe (1) autobiografia carcelaria (1) autores (1) avalon (1) avatar (1) ayuda alienigena (1) bajo (1) bajo la piramide (1) barrilamontillado (1) bdsm (1) berenice (1) berkeley (1) berlin (1) bert-sellers (1) biblia (1) bibliografia (1) bien (1) biotecnologia (1) blanco y negro (1) blog (1) blogs (1) blood canticle (1) bloods (1) boemios (1) boix (1) books of bloods (1) bram (1) brenda (1) breve (1) bruja (1) brujas y ovnis (1) bublegum (1) budhismo (1) budismo (1) bukoski (1) cabalista (1) cabalistico (1) caballeros de Jerusalén (1) caballeros de tabla redonda (1) campbell (1) cancion (1) canciones (1) canibal (1) canto (1) canto vii (1) cantos (1) caotico (1) capilla (1) capitulos eliminados (1) capuletos montescos (1) carl sagan (1) carlo frabetti (1) carta a colin wilson (1) casa tomada (1) catacumbas (1) causas (1) cd (1) celebres (1) celta (1) cementerio (1) cenizas (1) censura (1) centinela (1) cesar vallejo (1) charles (1) charles fort (1) charlotte mew (1) chulhut (1) ciber (1) cibercultura (1) ciencias de la educación (1) cinico (1) circulo (1) claro de luna (1) cocaína (1) coeficiente intelectual (1) coelho (1) coleccion relatos de terror (1) collins (1) color (1) comentarios (1) como ser un gran escritor (1) completo (1) compramos gente (1) concepto gotico (1) concilio de rivendel (1) condecorado (1) confesion (1) conocer (1) contemporaneo.1863 (1) control de las informaciones (1) conversacion (1) correspondencias sephirothicas (1) corrupcion (1) costumbre (1) crackanthorpe (1) creador (1) creencias (1) crimenesdelamor (1) cripta (1) cristiana (1) cristiano (1) cronicas marcianas (1) cronopios (1) cubres borrascosas (1) cuento clásico de terror (1) cuento extraño (1) cuento macabro (1) cuento terror (1) culto secreto. algernon lackwood (1) cultura (1) curita (1) cyberglosario (1) cyborg (1) cíclopes (1) dactilo (1) dalia negra (1) damon knight (1) daniel defoe (1) darex (1) darex vampire (1) darg (1) dark art (1) darks (1) data desde el siglo X hasta el XV (1) david lake (1) de kadath el desconocido (1) de leng en el frio yelmo (1) de los antiguos y su simiente (1) de los diversos signos (1) de los tiempos y las epocas que deben observarse (1) debilidades (1) definiciones (1) delicioso dolor (1) demonios sin cuernos (1) demons (1) demons et merveilles (1) dendrofilia (1) dependencia (1) dependencia de las computadoras (1) depresion (1) derleht (1) derleth (1) desamparado en el infierno (1) desaparición (1) descanso (1) desconocido (1) descubrimiento (1) desintoxicación (1) desmembramiento (1) desolacion (1) devil doll (1) diablos internos (1) diabolico (1) diabolos (1) diccionario de los infiernos (1) dicho (1) dickens (1) dictadores (1) dictionarie infernal (1) dikens (1) diligencias (1) dinero (1) diosa (1) diosas madres (1) discipulos (1) disculpas (1) dolor-fiel amigo (1) dominio publico (1) dorian gray (1) down (1) dowson (1) doyle (1) dragones (1) dramaturgo (1) droga (1) duende (1) e l v a m p i r o (1) e-mails (1) e.a.poe (1) e.t.a. hoffman (1) eclipse (1) ecuador (1) eddy (1) edicion fria (1) el ahogado mas hermoso del mundo (1) el alberge (1) el alfabeto de nug-soth (1) el amo de moxon (1) el angel (1) el arbol (1) el arbol de la bruja (1) el arma (1) el arpa (1) el artista (1) el auxiliar de la parroquia (1) el avaro (1) el ayunador (1) el barbero de bagdad (1) el coco (1) el cohete (1) el conde dracula (1) el contejo de anthony garstin (1) el corazon de la señorita winchelsea (1) el dia de los trifidos (1) el diablo en la botella (1) el dios caballo (1) el duende (1) el enamorado y la muerte (1) el engendro maldito (1) el entierro de las ratas (1) el estatuto de las limitaciones (1) el fantasma (1) el grabado de la casa (1) el gran dios pan (1) el hechizo mas fuerte (1) el hombre (1) el hombre del cohete (1) el horror de dunwich (1) el horror de salem (1) el huesped de dracula (1) el huracan (1) el intruso (1) el ladron de cadaveres (1) el libro de los condenados (1) el manuscrito (1) el manuscrito de un loco (1) el martillo de vulcano (1) el mercado de niños (1) el milagro secreto (1) el misterio de las catedrales (1) el monte de las animas (1) el mortal inmortal (1) el mundo (1) el mundo avatar (1) el mundo poseido (1) el negro (1) el otro pie (1) el padre escrupuloso (1) el poder de las palabras (1) el pozo y el pendulo (1) el principe (1) el principe feliz (1) el puente del troll (1) el que se enterro (1) el que tenia alas (1) el rayo que no cesa (1) el regreso del brujo (1) el retrato oval (1) el saber del sueño (1) el secreto del barranco de macarger (1) el sello de yog-sothoth (1) el señor de las moscas (1) el señor de los anillos (1) el temple (1) el tenorio (1) el ungüento de khephens el egipcio (1) el veto del hijo . thomas hardy (1) el viejo terrible (1) el visitante (1) el visitante del cementerio (1) el zorro y el bosque (1) elias (1) elizabeth gaskell (1) email (1) emisarios (1) en las montañas alucinantes (1) en las montañas de la locura (1) encantamientos (1) enfermedad (1) engaño (1) enrique andersont imbert (1) ente (1) entrad a mi reino (1) enviados (1) epilogo (1) equivocado (1) eric lavin (1) escapar (1) escrito (1) escrito 1514 (1) escritura (1) escuela (1) esoterico (1) espacio-tiempo (1) españolito que vienes al mundo (1) especial (1) espiritus rebeldes (1) essex (1) esteban echeverria (1) estetica (1) etchinson (1) evangelion (1) evangelista (1) excluidos (1) experimental (1) extractos (1) extraño (1) fantasticas (1) favole (1) feeds (1) felicidad (1) filtros (1) fin del mundo (1) final (1) fondos (1) foro (1) fosas comunes (1) fracmento (1) fragmento (1) fragmentos .las mil y una noche (1) frances (1) francisco (1) francisco umbral (1) frases celebres (1) fredo (1) free (1) fructuoso de castro (1) fulcanelli (1) funciones (1) futurista (1) fuy un profanador de tumbas adolescente (1) gabriela mistral (1) gai (1) galsworthy (1) gaston leroux (1) geirtrair-la desmembradora (1) geometria euclediana (1) george gissing (1) georgie porgie (1) ghost (1) gor­gonas (1) goth darknes (1) gothh (1) gothico (1) gothnight (1) goticas (1) gotico-victoriano (1) grimorio (1) guerraarte (1) guerras (1) guerras espirituales (1) guillermo (1) gusana_0520(arrova)hotmail.com (1) gustavo adolfo bequer (1) gótica (1) gótico (1) hambre (1) hara-kiri (1) harian (1) hay que aguantar a los niños (1) hebrea (1) hechiceria (1) hecho real (1) helena (1) helene hannf (1) henry james un dia unico (1) herlink harland (1) heroina (1) hilanderas (1) hill house (1) hipertexto (1) historia de amor (1) historia de vampiros (1) historia desconocida del cannabis (1) historia gotica (1) historia gotica cañi (1) historia terror (1) historias vampiricas (1) hombre oscuro (1) horacio (1) houdini (1) howard p.lovecraft (1) http://www.youtube.com/watch?v=qGuF-_SIYnc (1) huellas (1) hugo mujica (1) ian watson (1) ibañez (1) identidades (1) ignacio almada (1) imagenes . art (1) imagenes de culto (1) imagenes malditas (1) imagenes.blogdiario.com (1) inconvencional (1) ineditos (1) inez wallace (1) infiledidades (1) inhumano (1) instrucciones (1) intolerancia (1) inusual (1) invocacion (1) invocacion satanica (1) invocaciones (1) iq (1) irreal (1) isabel allende (1) isidro marin gutierrez (1) j.w. goethe (1) jack womack (1) japan/spain (1) jay anson (1) jazz (1) jinetes del apocalipsis (1) joan aiken (1) john marks (1) johnathan y las brujas (1) johnson spencer (1) jose maria aroca (1) jose martin (1) joseph conrad (1) juan g. atienza (1) juan marino (1) judeo-mesopotamica (1) juez (1) justicia (1) juventud (1) kabala (1) kamasutra (1) kipling (1) klein (1) kons (1) la abjuracion del gran cthulhu (1) la aventura de los coches de punto (1) la boda de john charrington (1) la busqueda de iranon (1) la caida de la casa usher (1) la casa vacia (1) la cisterna (1) la cueva de los ecos (1) la cueva de malachi (1) la dama de las sombras (1) la demanda de las lagrimas de la reina (1) la desolacion de soom (1) la divina comedia (1) la durmiente (1) la encina (1) la esfinge sin secreto (1) la flor del membrillo (1) la formula de dho-hna (1) la futura difunta (1) la gran ramera (1) la gran ramera : ICCRA (1) la guarida (1) la hija de ramses (1) la hija del tratante de caballos (1) la historia de moises y aone (1) la hora final de coffey (1) la invencion de la soledad (1) la ironía (1) la lampara de alhazred (1) la larva (1) la leyenda de esteban (1) la llamada de chylhu (1) la luns nueva (1) la mano (1) la mano disecada (1) la mezcladora de cemento (1) la misa del ateo (1) la montaña de la locura (1) la nave blanca (1) la noche de los tiempos (1) la playa (1) la playa y la muerte (1) la politica del cuerpo (1) la pradera (1) la prueba del amor (1) la puerta del señor de maletroit (1) la rabia (1) la resurreccion de los muertos (1) la rosa del vampiro (1) la sal de la tierra (1) la siesta de un fauno (1) la sombra del desvan (1) la sombra del lago (1) la tos (1) la vela carmesi (1) la venta de los gatos (1) la venus de las pieles (1) la voz de hastur (1) lady (1) las 3.47 de la madrugada (1) las almas de animales muertos (1) las gemelas asesinadas (1) las islas voladoras (1) las joyas (1) las manos de coffey (1) las niñas de alcacer (1) las parcas (1) las piedras magicas (1) latin (1) lawrence (1) lectura (1) lecturas para el baño (1) leonora (1) lesli_paloma_estrella(arroba)hotmail.com (1) letanias de satan (1) levi (1) leviatan (1) leyenda del valle dormido (1) lhiliht-La novia de Corinto (1) li po (1) libre (1) libro cuarto (1) libro de la vida (1) libro de los vampiros (1) libro de poemas (1) libro decimo (1) libro septimo (1) ligeia (1) lilit (1) limpio (1) linkmesh.com (1) lirics (1) listado (1) literatura sucia (1) lo grotesco (1) lobos (1) londres (1) lores (1) los alfileres (1) los cuatro jinetes del apocalipsis (1) los despojos (1) los desterrados (1) los devoradores del espacio (1) los espadachines de varnis (1) los infortunios de la virtud (1) los primigenios (1) los secretos del corazon (1) los suicidios (1) los superjuguetes duran todo el verano (1) lovecrat (1) lover (1) luis cernuda (1) luis fernando verissimo (1) lullaby (1) lyrics (1) madame D (1) madre de serpiente (1) madres (1) maestros del terror (1) magacine (1) magia (1) magia blanca (1) magia eclesiastica (1) mal (1) maleficios (1) manera de vivir (1) manga (1) manifiesto subrealista (1) manuscrito (1) manuscritos del mar muerto (1) maria en distintas religiones (1) marques de sade (1) martir (1) marvel (1) mas alla del muro de los sueños (1) mas alla del muro del sueño (1) mas visitadas (1) matanzas de polonias (1) maters (1) matriarcado (1) matrimonio del brigadier (1) maupassant.gotico (1) maximo torralbo (1) meditacion (1) memoria (1) memorias (1) memorias de una princesa rusa (1) mentiras iglesia catolica (1) mi lamento (1) mi raza (1) midi (1) mil y una noche (1) minicuentos (1) miseria campesina (1) misiva (1) mistico (1) mitologia (1) modernizacion (1) moderno (1) moliere (1) moradas (1) moradores (1) morgana (1) morirse de amor (1) morphinoman (1) mortician corpse (1) moscu (1) movil (1) msn (1) muete roja (1) mundo muerto (1) mutante (1) nExTuz (1) narrativa completa (1) naturalista (1) necropolis (1) negocios (1) negra (1) negro (1) negromantico (1) neo (1) neo-historia-futurista (1) neo-nazi futurista (1) neoclasical (1) neon (1) nesbit (1) neuquen gaston (1) new york (1) nicolas maquiavelo (1) nikolaj vasilievic gogol (1) ninfos (1) niño (1) niñosfantasia (1) no tengo boca y debo gritar (1) noche ahogadora... (1) normal (1) nota;lectura (1) novelas cortas (1) nueva frontera (1) nueva jerusalem (1) nueve (1) o manual practico do vampirismo (1) obra ficticia. (1) obsesiones (1) obsesivo (1) odin (1) ohann L. Tieck (1) oinos (1) ola de violencia (1) olonoff (1) omega (1) opio (1) oracion a la diosa liliht (1) orden (1) oscura (1) oscuridad (1) oscuro.imagenes (1) otros (1) paciencia (1) pactos (1) paganos (1) paginas goticas (1) pandilleros (1) para componer el incienso de kzauba (1) para convocar a shub-niggurath (1) para el conjuro de las esferas (1) para erguir las piedras (1) para forjar la cimitarra de barzay (1) para hacer el polvo de ibn ghazi (1) para invocar a yog-sothoth (1) parabola (1) parabola de las prisiones (1) paracelso (1) paradoja (1) paradojico (1) paranormal (1) parodia (1) parte1 (1) pasajero (1) pasajeros (1) pasion (1) paul (1) pecado (1) pekiz (1) pendulo (1) pensamientos y meditaciones (1) pequeña antologia (1) pequeños mosnstruos (1) perder los nervios o la cabeza (1) perdida (1) perdon (1) perez (1) pero las nubes nos separan (1) personalidad multiple (1) personas (1) pespectivas paranoicas (1) picassa (1) piezas condenadas (1) pigmeos (1) pin-pon (1) plagas (1) plegaria (1) plumas etereas (1) poder policial (1) poema dolor (1) poema novel (1) poemario (1) poemas vampiricos (1) poesia completa (1) poesia popular rusa (1) poesia sucia (1) poeta (1) poetry (1) policia (1) policia 1999 (1) policia del pensamiento (1) polidori (1) pop (1) pop art (1) por fin se hace justicia (1) por ti (1) portugues (1) posguerras (1) postestades (1) pozo (1) practicas (1) pratchett (1) preambulos (1) premoditorio (1) primer temor (1) primeros tiempos (1) primigenios (1) primordiales (1) principados (1) principio (1) principio del mundo (1) prosapoema (1) prostibulo (1) prudencia (1) psiquicos (1) pubertad (1) pura y dura (1) pushkin (1) querubines (1) quien se ha llevado mi queso (1) quija (1) quimeras (1) quimica (1) quincalla (1) quiroga (1) raciocinio (1) racismo (1) radicalismo religioso pentecostal (1) radios (1) rafael lopez rivera (1) raices (1) rea silvia (1) realidad alternativa (1) realismo del subrealismo (1) realismo sucio (1) rebote (1) recopilaciones (1) recuerdos (1) red (1) redsatanica (1) referencias (1) registro (1) registro exoterico (1) rehabilitacion de marginados (1) rehabilitacion de toxicomanos (1) reino gótico (1) relato gotico (1) relato gotico de amor (1) relato negro (1) relato oscuro (1) relato.horror (1) relatos cortos (1) relicario de tinieblas (1) religioso (1) relojero (1) remar (1) renegado catolicamente (1) requien por un dios mortal (1) reseñas (1) residuos (1) restaurantes (1) retazo (1) retrato (1) robert e.howard (1) rocio (1) romance (1) romance de lobos (1) romeo y julieta (1) ropas viejas (1) rosaroja (1) ruinas (1) rumores blasfemos (1) rusos (1) sacher-masoch (1) sacramento (1) sacrilegium (1) sadman (1) salamandras (1) san juan (1) san petesburgo (1) santa compaña (1) santa parca (1) satanas vende objetos usados (1) satanica (1) satanicos (1) satanizarus (1) sbrealismo (1) sectario (1) seleccion de poemas (1) semilla negra (1) sentido (1) sephirotico (1) sepulveda (1) ser (1) seven (1) sexo (1) señales (1) shirley jackson (1) sigils (1) significado (1) silfos (1) simbolgia (1) simbolica (1) similitud (1) sin cortes (1) sin identidad (1) sindbab el marino (1) sinfonica (1) sion (1) sir Arthur Conan Doyle (1) sires (1) sistema (1) sistina (1) situacion (1) slideshow (1) snuff (1) snuff movie (1) socrates (1) soledad (1) soluciones (1) song (1) sordo.mudo y ciego (1) stan rice (1) stevenson (1) stocker (1) strange (1) subconciente (1) subcubo (1) submundo del terror (1) sueños de nombres muertos (1) sueños difusos (1) sueños fobicos (1) sumeris (1) sunis (1) supersticiones (1) surrealism (1) surrealista (1) suttas (1) szandor (1) tarot.vida (1) tatuaje (1) te degollare de nuevo kathleem (1) te quiero puta (1) te sientas bien (1) teem (1) telato (1) telequinesico (1) temas (1) temas varios (1) tematicos (1) temor (1) terror desconocido (1) terror supertiscioso (1) terror.gotico (1) testimonio (1) texas (1) texto de un comentario (1) texto satanico (1) thackeray (1) the black cat (1) the haunting (1) the number in the best (1) tiempo (1) tierra de vampiros (1) tiros de gracia (1) tisera martin (1) todo depende de un cabello (1) todocharlas (1) toledo (1) tolkien (1) tomo3 (1) tortura (1) trabajos (1) traduccion (1) trailer (1) trainspotting (1) transilvania (1) tres-fechas (1) tribunales rusticos (1) triste (1) trollope (1) ubbo-sathla (1) un adios (1) un asunto de otro tiempo (1) un beso (1) un dia de campo (1) un hijo (1) un hombre (1) un naufragio psicologico.laguna mental (1) un poco de lejia en polvo (1) un raton en el pasillo (1) una carta (1) una ejecucion espeluznante (1) una hija de ramses (1) una jaula para la muerte (1) una pequeña historia piadosa (1) una vez en la vida (1) una victima del espacio superior (1) unamuno (1) universo sin límites (1) vacuna vih/sida (1) valentine (1) valle inclan (1) valle o paraiso (1) vampira (1) vampirica (1) vampirismus (1) vampíricos.varios (1) van hellsing (1) varios. (1) vejez (1) velatorio (1) ven... (1) veneno del cielo (1) verdugos voluntarios (1) viajando (1) viaje nocturno (1) vida de un vagabundo (1) videoart (1) videopoema (1) villiers de l´isle-adam (1) violacion (1) vision del futuro remoto (1) visual (1) vittorio (1) voladores (1) vuelta (1) wallpapers (1) walpurgis (1) wasington (1) web`s oficiales (1) wells (1) william (1) winston sanders (1) within temptation (1) wmv (1) woody allen (1) wrong (1) y más lento (1) yhvh (1) yo andube con un zombie (1) ªparte (1) ¿De que escapaban nuestros dioses? (1) ¿QUIERE USTED ESPERAR? (1) ¿Tenian ombligo Adan y Eva? (1) ¿cantara el polvo tus alabanzas? (1) ¿quien mato a zebedee? (1) ÁNIMAS Y FANTASMAS. (1) Álvares de Azevedo (1) Época de siembra (1) ÍNDICE DE VARIAS HISTORIAS (1) ΩMEGΛ (1) अल अजिफ (1)

.