BLOOD

william hill

Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta rostros de calabera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rostros de calabera. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de noviembre de 2010

La Piedra Negra



La Piedra Negra
 
Se dice que los repugnantes seres de los Antiguos Tiempos
aún acechan
En los oscuros rincones olvidados del mundo,
y que ciertas noches aún se abren las puertas que liberan
A unas formas encerradas en el infierno.
justin geoffrey
 
Fue en el extraño libro de Von Junzt donde por vez primera leí algo acerca de esta cuestión. Von Junzt era un extravagante alemán que vivió de manera singular y que murió en extrañas y terribles circunstancias. Para mí fue una suerte que pudiera tener acceso a la edición original de su obra Cultos sin nombre, conocida también como el Libro Negro, publicada en Dusseldorf en 1839, poco antes de que al autor le sorprendiera su terrible destino. Los coleccionistas de libros raros conocen Cultos sin nombre principalmente por la edición barata y de traducción deficiente que Bridewall pirateó en Londres en 1845, o por la edición cuidadosamente expurgada que la Golden Goblin Press publicó en Nueva York en 1909. Pero el ejemplar que cayó en mis manos era uno de la edición alemana sin expurgar, con pesadas tapas de piel y cierres de hierro oxidados. Tengo mis dudas respecto a que actualmente existan más de media docena de ejemplares de este libro en todo el mundo, ya que no se imprimieron muchos, y cuando se divulgó la forma en que su autor había hallado la muerte, muchos de los que poseían un ejemplar lo quemaron aterrados.
Von Junzt dedicó toda su vida (1795-1840) a escudriñar en los temas prohibidos. Viajó por todo el mundo, ingresó en innumerables sociedades secretas, y llegó a leer infinidad de libros y manuscritos esotéricos y muy poco conocidos. En los densos capítulos del Libro Negro, que oscilan entre una sobrecogedora claridad de exposición y la oscuridad más ambigua, se encuentran detalles y alusiones que harían helarse la sangre del hombre más equilibrado. Leer lo que Von Junzt se atrevió a imprimir, suscita conjeturas inquietantes sobre lo que no se atrevió a decir. Por ejemplo, ¿de qué tenebrosas cuestiones trataban aquellas páginas, escritas con apretada letra, del manuscrito en el que estaba trabajando de modo infatigable pocos meses antes de morir, y que fue hallado destrozado y esparcido por el suelo de su habitación cerrada bajo llave, donde se encontró el cuerpo de Von Junzt, ya muerto, con señales de garras en el cuello? Nunca llegará a saberse porque el amigo más allegado del autor, el francés Alexis Landeau, tras pasar una noche recomponiendo los fragmentos y leer el contenido, lo quemó todo y se cortó el cuello con una navaja de afeitar.
Incluso admitiendo la opinión general de que solamente representa una serie de desvaríos de un enajenado, el contenido del volumen publicado es verdaderamente estremecedor. Entre gran cantidad de cosas extrañas encontré una alusión a la Piedra Negra, ese siniestro monolito que tiene su cobijo en las montañas de Hungría y en torno al cual tantas leyendas tenebrosas giran. Von Junzt no le dedicó demasiado espacio. Una gran parte de su horrendo trabajo refiere cultos y objetos de adoración satánica que, según él, todavía existen; siendo esa Piedra Negra la representante de algún orden o algún ser perdido, olvidado hace ya cientos de años. A pesar de ello, al mencionarla, se refiere a ella como a una de las claves. Esta expresión, que se repite muchas veces en su obra, en diversos pasajes, constituye uno de los elementos oscuros de su trabajo. Con brevedad, insinúa haber visto escenas singulares ocurridas en torno a un monolito durante la noche del 24 de junio. Menciona la teoría de Otto Dostmann, según la cual este monolito sería un vestigio de la invasión de los hunos, que fue erigido como conmemoración de una victoria de Atila sobre los godos. Aunque Von Junzt rechaza esta hipótesis, no expone ningún argumento que la rebata; se limita a advertir que atribuir el origen de la Piedra Negra a los hunos resulta tan lógico como suponer que Stonehenge fue erigido por Guillermo el Conquistador.
Mi interés se excitó sobremanera ante la enorme antigüedad que esto daba a entender y, tras salvar algunas dificultades, conseguí localizar un ejemplar, roído de ratas, de Los restos arqueológicos de los Imperios Perdidos (Berlín, 1809; Edit. «Der Drachen-haus»), de Dostmann. Me decepcionó al comprobar que la referencia que hacía Dostmann sobre la Piedra Negra era más breve que la de Von Junzt, me sentí decepcionado. Dostmann la despachaba en pocas líneas, refiriéndose a ella como monumento relativamente moderno en comparación con las ruinas greco-romanas de Asia Menor, que era en el fondo su tema favorito. Se veía obligado a admitir su incapacidad para descifrar los deteriorados caracteres grabados en el monolito, aunque declaraba con rotundidad que eran, sin lugar a dudas, mongólicos. Sin embargo, entre los pocos datos de interés que Dostmann suministraba, se hacía una referencia al pueblo vecino a la Piedra Negra: Stregoicavar, nombre nefasto que viene a significar Pueblo Embrujado. A pesar de la concienzuda revisión de guías y artículos de viaje que llevé a cabo, no conseguí más información: Stregoicavar, que no constaba en ninguno de los mapas que revisé, está situado en una región agreste, poco frecuentada, alejada de la ruta de cualquier viajero casual. No ocurrió lo mismo en las Tradiciones y costumbres pop-lares de los magiares, de Dornly, donde encontré motivo de meditación. En el capítulo que se refiere a Mitos sobre los Sueños, cita la Piedra Negra y cuenta extrañas supersticiones al respecto. Una de ellas se refiere a la creencia de que, si alguien duerme en un lugar cercano al monolito, se verá perseguido para siempre por monstruosas pesadillas; y menciona relatos de aldeanos que hablaban de gentes demasiado curiosas que se aventuraban a visitar la Piedra Negra en la noche del 24 de junio, tras lo cual morían víctimas de un loco desvarío a causa de algo que habían visto allí.
De los escritos de Dornly eso fue todo lo que saqué en claro, al presentir que en torno a esa Piedra había algo claramente siniestro, mi interés había aumentado muchísimo. La idea de una antigüedad tenebrosa, las repetidas alusiones a acontecimientos monstruosos en la noche del 24 de junio, consiguieron despertar en mi ser algún instinto dormido, igual que se siente, más que se oye, la corriente de algún oscuro río subterráneo en la noche.
De pronto, tuve constancia de que existía una relación entre la Piedra y cierto poema fantástico y terrible escrito por el loco poeta Justin Geoffrey: El Pueblo del Monolito. Las indagaciones que seguidamente realicé me confirmaron que, efectivamente, durante un viaje por Hungría Geoffrey había escrito este poema; así pues, no cabía duda de que el monolito que refería en sus extraños versos era la misma Piedra Negra. Tras releer sus estrofas sentí, nuevamente, las extrañas y confusas agitaciones de los mandatos del subconsciente que había experimentado la primera vez que tuve conocimiento de la Piedra.
Tras pensar en qué lugar pasaría unas breves vacaciones, finalmente me decidí. Me fui a Stregoicavar. En un anticuado tren llegué hasta Temesvar, una distancia todavía respetable de mi punto de destino; luego, tras viajar durante tres días en un traqueteante coche, llegué al pueblecito, situado en un fértil valle encajonado entre montañas repletas de abetos. Durante el viaje no hubo ninguna incidencia. El primer día pasamos por el viejo campo de batalla de Schomvaal, donde el conde Boris Vladinoff, un bravo caballero polaco-húngaro, presentara una valerosa e inútil resistencia frente a las victoriosas huestes de Solimán el Magnífico cuando el Gran Turco se lanzó a la invasión de la Europa oriental en 1526.
El cochero me indicó una colina próxima en la que había un gran túmulo de piedras desmoronadas, y añadió que bajo él descansaban los huesos del tan valeroso conde. Fue entonces cuando recordé un pasaje de las Guerras turcas, de Larson: «Tras la escaramuza (en la que el conde consiguió rechazar la vanguardia de los turcos con un reducido ejército), el conde permaneció al pie de la muralla del viejo castillo de la colina para disponer el orden de sus fuerzas. Uno de sus ayudantes le entregó una cajita laqueada que había hallado en el cuerpo del famoso escriba e historiógrafo Selim Bahadur, caído en la lucha. De ella el conde sacó un rollo de pergamino y comenzó a leer. No había terminado aún de leer las primeras líneas, cuando palideció intensamente y, sin mediar palabra alguna, guardó el documento en la caja y se la guardó bajo su capa. En ese preciso momento abría fuego un cañón turco, dando sus proyectiles contra el viejo castillo provocando el espanto de los húngaros que veían cómo las murallas se derrumbaban sobre el esforzado conde. Con la falta de un caudillo, el valiente ejército se desbarató, y en los siguientes años de asoladora guerra, no llegaron a recuperarse los restos mortales del noble caballero. Hoy, los naturales del país muestran un inmenso montón de ruinas cerca de Schomvaal, bajo las cuales, según dicen, todavía descansa lo que los siglos hayan respetado del conde Boris Vladinoff.»
La sensación que tuve de Stregoicavar fue la de un pueblecito dormido que desmentía su nombre siniestro, un remanso de paz respetado por el progreso. Sus edificios singulares, los trajes y las costumbres resultaban todavía más extraños que sus gentes, pertenecían a otra época. Eran gentes amables, algo curiosos, sin ser preguntones, a pesar de que resultaban escasos los visitantes extranjeros.
Hace unos diez años que llegó otro americano. Se quedó pocos días en el pueblo —dijo el dueño de la taberna donde me había hospedado—. Era un muchacho bastante raro —murmuró para sí—; me parece que era poeta.
Comprendí que debía referirse a Justin Geoffrey.
Sí, era poeta —contesté—; y escribió un poema sobre un paraje próximo a este mismo pueblo.
¿De veras? —dijo mi patrón con cierto interés—. Entonces, siendo así, que todos los grandes poetas son raros en su manera de hablar y de comportarse, él debe haber alcanzado gran fama, porque las cosas que hacía y las conversaciones suyas eran lo más extraño que he visto en ningún hombre.
Es algo que les sucede a casi todos los artistas —contesté—. La mayor parte de su mérito se le ha reconocido después de muerto.
Entonces, ¿ha muerto?
Murió gritando en un manicomio, hace ya cinco años.
Lástima, lástima —dijo con simpatía—. Pobre muchacho... Miró demasiado la Piedra Negra.
El corazón me dio un vuelco. Disimulando mi gran interés, dije como por casualidad:
He oído algo sobre esa Piedra Negra. Creo que está por ahí cerca, ¿no?
Más cerca de lo que la gente cristiana desea —contestó—. ¡Mire! Me condujo hasta una ventana enrejada y me indicó las laderas, pobladas de abetos, de las acogedoras montañas azules.
Allá, al otro lado de la gran cara desnuda de ese risco tan saliente que ve usted, es donde se alza esa Piedra maldita. ¡Ojalá se convirtiese en polvo, y el polvo se lo llevara el Danubio hasta lo más profundo del océano! Una vez, los hombres quisieron destruirla, pero todo aquel que levantaba el pico o el martillo contra ella moría de una manera espantosa. Ahora la rehuyen.
¿Qué maldición hay en ella? —pregunté con interés.
El demonio, el demonio que siempre la está rondando —contestó con un estremecimiento—. En mi niñez conocí a un hombre que subió de allá abajo y se reía de nuestras tradiciones... tuvo la osadía de visitar la Piedra durante la noche del veinticuatro de junio, y al amanecer regresó al pueblo como borracho, enajenado, sin habla. Algo le había destrozado el cerebro y le había sellado los labios, pues hasta que murió, lo cual no tardó en ocurrir, solamente abrió la boca para blasfemar o babear una jerigonza incomprensible.
»Cuando era pequeño, mi sobrino se perdió en las montañas y se vio obligado a dormir en los bosques próximos a la Piedra, y ahora, en su madurez, se ve atormentado por sueños enloquecedores, de tal manera que algunas veces te hace pasar una noche espantosa con sus alaridos, despertando después empapado de un sudor frío.
»Pero cambiemos de tema, Herr. Lo mejor es no insistir en esas cosas.
Le comenté algo sobre la manifiesta antigüedad de la taberna, y con orgullo me contestó:
Los cimientos tienen más de cuatrocientos años. El edificio primitivo fue la única casa del pueblo que no destruyó el incendio, cuando los demonios de Solimán cruzaron las montañas. Se dice que aquí en la casa que había sobre estos mismos cimientos, el escriba Selim Bahadur tenía su cuartel general durante la guerra que asoló toda esta comarca.
Más adelante pude saber que los habitantes de Stregoicavar no son los descendientes de aquellos que vivieron allí antes de la invasión turca de 1526. Ningún ser humano quedó con vida —ni en el pueblo ni en sus contornos— cuando los victoriosos musulmanes atravesaron este territorio. Hombres, mujeres y niños fueron exterminados en un rojo holocausto, quedando una vasta extensión del país silenciosa y desierta. Los actuales habitantes de Stregoicavar son descendientes de los duros colonizadores llegados de las tierras bajas y que, una vez que los turcos fueron expulsados, reconstruyeron el pueblo en ruinas.
El dueño de la taberna donde me había hospedado habló sin resentimiento de la matanza de los primitivos habitantes. Pude enterarme de que sus antecesores de las tierras bajas miraban a los montañeses incluso con más odio y aversión que a los propios turcos. Habló con vaguedad respecto a las causas de esta enemistad, aunque dijo que entre los anteriores vecinos de Stregoicavar existía la costumbre de hacer furtivas excursiones en las tierras bajas, donde robaban muchachas y niños. Además, contó que no eran exactamente de la misma sangre que su pueblo; el original y vigoroso tronco eslavo-magiar se había mezclado, cruzándose con la degradada raza aborigen hasta fundirse en la descendencia y dar lugar a una infame amalgama. Él no tenía la más mínima idea de quiénes fueron esos aborígenes; lo único que sostenía era que se trataba de «paganos» y que, antes de la llegada de los pueblos conquistadores, ya habitaban en las montañas.
En el fondo le di poca importancia a esta historia. En ella sólo veía una leyenda semejante a la que dieron origen la fusión de las tribus celtas y los aborígenes mediterráneos de las montañas de Escocia, y las razas mestizas resultantes que, como los pictos, tanta importancia tienen en las leyendas escocesas. El tiempo produce en el folklore un curioso efecto de perspectiva. Los relatos de los pictos se entremezclaron con ciertas leyendas referidas a una raza mongólica anterior, hasta tal punto que con el tiempo se llegó a atribuir a los pictos los repulsivos caracteres del achaparrado hombre primitivo, la individualidad del cual fue absorbida por las leyendas pictas, hasta perderse en ellas. Igualmente, pensaba yo, se podría seguir la pista de los supuestos rasgos inhumanos de los primeros pobladores de Stregoicavar hasta sus orígenes en los más viejos y gastados mitos de mongoles y hunos, los pueblos invasores.
Al día siguiente de llegar, pedí instrucciones a mi patrón —que me las dio de muy mala gana—, y me encaminé en la búsqueda de la Piedra Negra. Tras caminar varias horas cuesta arriba, por entre los abetos de las laderas, llegué a la cara abrupta de la escarpa que sobresalía con mucho del costado de la montaña. De allí ascendía un estrecho sendero que separaba hasta coronarla. Subí por él, y una vez arriba pude contemplar el tranquilo valle de Stregoicavar, que parecía dormitar protegido a ambos lados por las grandes montañas azules. Entre el lugar en el que yo me encontraba y el pueblo no se veían ni cabañas ni signo alguno de vida humana. Aunque había bastantes granjas desperdigadas por el valle, todas se hallaban situadas al otro lado de Stregoicavar. Parecía como si el pueblo mismo intentase huir de los ásperos riscos que ocultaban la Piedra Negra.
La cima de las escarpas formaba algo parecido a una meseta cubierta de espeso bosque. Caminé por la espesura y en seguida llegué a un claro muy grande, en el centro del cual se alzaba un descarnado monolito de piedra negra.
Aproximadamente tendría unos cuatro o cinco metros de altura y medio metro de espesor era de sección octogonal. Podía verse con claridad que en su tiempo había sido perfectamente pulimentado, aunque ahora la superficie de la piedra mostraba numerosas mellas, como si hubieran llevado a cabo salvajes esfuerzos por demolerla. Pero apenas si los picos habían conseguido descascarillarla y mutilar los caracteres que la ornaban en espiral hasta arriba, en torno del fuste. Hasta una altura de poco más o menos dos metros y medio, los caracteres estaban casi en su totalidad destruidos, con lo cual resultaba francamente difícil averiguar sus características. Más arriba se podían ver mucho mejor conservados; así que me las ingenié para trepar por la columna y examinarlos de cerca. En mayor o menor grado todos los caracteres estaban deteriorados, pero era evidente que no pertenecían a ninguna lengua que yo pudiera recordar en ese momento sobre la faz de la tierra. De todo lo que había visto en mi vida, lo que más llegaba a parecérsele eran unos toscos garabatos trazados sobre cierta roca gigantesca, extrañamente simétrica, de un valle perdido del Yucatán. Recuerdo que cuando le señalé aquellos trazos a mi compañero, un arqueólogo, él dijo que se trataba del efecto natural de la erosión, o el inútil garabateo de un indio. Yo le expuse mi teoría de que la roca era realmente la base de una columna desaparecida, pero él se limitó a reír, y me dijo que reparase en las proporciones que suponía; suponiendo que se hubiese levantado una columna allí, de acuerdo con las normas ordinarias e la simetría arquitectónica habría tenido por lo menos trescientos metros de altura. Pero no me quedé convencido.
Lo que intento decir no es que los caracteres grabados sobre la Piedra Negra y los de la descomunal roca del Yucatán fueran semejantes, sino que me los sugerían. En cuanto a la materia del monolito, también me desconcertó. La piedra que habían empleado para tallarla era de un color negro matizado en su brillo, y en su superficie, allí donde no había sido raspada o desconchada, producía un curioso efecto de semitransparencia.
La mayor parte de la mañana la pasé en aquel lugar y regresé perplejo. La Piedra no me sugería ninguna relación con ningún otro monumento del mundo. Parecía como si el monolito hubiese sido erigido en una edad remota por manos extrañas y ajenas a la humanidad.
De regreso al pueblo, mi interés no había disminuido de ninguna manera. Después de haber visto aquella piedra tan singular, sentía más apremiante el deseo de investigar el asunto con mayor amplitud e intentar descubrir qué extrañas manos y con qué extraño propósito en lejanos tiempos, fue levantada la Piedra Negra. Fui en busca del sobrino del tabernero y le pregunté sobre sus sueños; a pesar de que hizo lo posible por complacerme, estuvo muy confuso. No le importaba hablar de ellos, pero era incapaz de describirlos con la más mínima claridad. Aunque se repetían siempre los mismos sueños, y a pesar de que se le presentaban espantosamente vividos, no le dejaban huellas claras en la conciencia. Lograba recordarlos como un caos de pesadillas en las que inmensos remolinos de fuego arrojaban tremendas llamaradas y retumbaba incesantemente un tambor. Con claridad sólo recordaba que una noche había visto la Piedra Negra en sueños, no en la falda de la montaña, sino rematando la cima de un castillo negro y gigantesco.
Pude observar que al resto de los vecinos no les gustaba hablar de la Piedra. La excepción era el maestro, hombre de una instrucción sorprendente, que había pasado mucho más tiempo fuera, por el mundo, que ningún otro de sus convecinos.
Le conté las observaciones de Von Junzt relativas a la Piedra Negra y se interesó muchísimo en ello, y manifestó vivamente su acuerdo con el autor alemán en cuanto a la edad atribuida al monolito. Estaba convencido de que en las proximidades alguna vez existió una sociedad satánica, y que era posible que todos los antiguos vecinos hubieran sido miembros de ese culto a la fertilidad que amenazó con socavar la civilización europea y fue fuente de origen para tantas historias de brujería. Citó el mismo nombre del pueblo para probar su punto de vista. Según dijo, originalmente no se llamaba Stregoicavar; de acuerdo con las leyendas, los que fundaron el pueblo lo llamaron Xuthltan, primitivo nombre del lugar sobre el que hace ya muchos siglos, asentaron sus casas.
De nuevo, el conocimiento de este hecho me produjo un indescriptible sentimiento de desazón. El nombre bárbaro no me sugería ninguna relación con las razas escitas, eslavas o mongolas a las que deberían haber pertenecido los habitantes de estas montañas.
Según las creencias de los magiares y los eslavos de las tierras bajas, los primitivos habitantes del pueblo eran miembros de un maléfico culto. A juicio del maestro, esto se demostraba por el nombre dado al pueblo que, incluso después de ser aniquilados por los turcos los antiguos pobladores y haberlo reconstruido una raza más pura, siguieron utilizando.
Aunque opinaba que lo utilizaron como centro de sus actividades, no creía que fueran los iniciados en ese culto los que se encargasen de erigir ese monolito; y, basándose en vagas leyendas que se venían transmitiendo desde antes de la invasión turca, expuso una teoría según la cual los degenerados pobladores antiguos lo habían hecho servir como altar, sobre el cual ofrecer sacrificios humanos, siendo las víctimas las muchachas y los niños robados a los propios antepasados de los actuales pobladores, que a la sazón vivían en las tierras bajas.
En cuanto a los horripilantes sucesos de la noche del 24 de junio, rechazaba ese mito, así como la leyenda de una extraña deidad que el pueblo hechicero invocaba a través de cantos salvajes, rituales de flagelación y sadismo, como se decía.
Aunque no había visitado la Piedra en la noche del 24 de junio, confesó que no le daría miedo hacerlo; lo que había existido o lo que sucedió allí en otra época, fuera lo que fuese, estaba ya sumido en la niebla del tiempo y del olvido. La Piedra Negra había perdido su significado, sólo le quedaba el hecho de ser el nexo de unión con un pasado muerto y polvoriento.
Una noche, cuando hada casi una semana que estaba ya en Stregoicavar, al regresar de una visita al maestro, de pronto me quedé impresionado al recordar que... ¡estábamos a 24 de junio! Era, pues, la noche en que, según las leyendas, sucedían cosas misteriosas en relación con la Piedra Negra. En lugar de dirigirme a la taberna, crucé el pueblo a paso ligero. Como los vecinos solían retirarse temprano, Stregoicavar estaba en silencio. No vi a nadie en mi camino. Entre una susurrante oscuridad me interné entre los abetos que ocultaban las laderas de las montañas. Una gran luna plateada parecía suspendida sobre el valle, inundando los peñascos y pendientes con una inquietante luz que perfilaba negras sombras en el suelo. Aunque no soplaba aire por entre los abetos, se percibía un murmullo fantasmal y misterioso. Mi fantasía evocaba quimeras. Seguramente, hacía siglos, en una noche como aquella volaban por el valle las brujas desnudas, a horcajadas en sus escobas, perseguidas por sus burlescos demonios familiares. Me encaminé hacia las escarpas. Me sentía algo inquieto al notar que la engañosa luz de la luna les daba un aspecto artificioso que antes no había notado: bajo aquella luz fantástica, su apariencia de escarpas naturales se había perdido y transformado ahora en ruinas de gigantescas murallas que sobresalían de la ladera.
Con esfuerzos intenté apartar de mí esa extraña ilusión, subí hasta la meseta y, antes de sumergirme en la tremenda oscuridad de los bosques, dudé un momento. Una especie de tensión mortal se cernía sobre las sombras, como si un monstruo invisible contuviera su aliento para no ahuyentar a su presa.
A pesar de ser un sentimiento perfectamente natural, máxime considerando el carácter imponente del lugar y su infame reputación, lo deseché y me abrí paso a través del bosque, teniendo la desagradable sensación de que era seguido. Tuve que detenerme una vez, convencido de que algo pegajoso y vacilante me había rozado en la cara, en la oscuridad.
Cuando salí al claro pude ver el alto monolito que alzaba su desnuda silueta sobre la hierba. En la linde del bosque, en dirección a la escarpa, había una piedra que formaba como una especie de asiento natural. Tomé asiento en ella, pensando que fue allí donde probablemente el poeta loco, Justin Geoffrey, escribiera su fantástico Pueblo del Monolito. El tabernero estaba convencido de que era la Piedra lo que había provocado la locura de Geoffrey, pero lo cierto es que la semilla de la locura ya estaba sembrada en el cerebro del poeta mucho antes de haber visitado Stregoicavar.
Al mirar el reloj, vi que eran casi las doce. Me recosté a la espera de cualquier manifestación espectral que pudiese aparecer. Entre las ramas de los abetos comenzaba a levantarse una suave brisa y su música me recordó la de unas gaitas invisibles y lánguidas susurrando una melodía pavorosa y maligna. La monotonía del sonido y mi mirada, de modo invariable fija en el monolito, me produjeron una especie de auto hipnosis; me estaba quedando amodorrado. Aunque luché contra esta sensación, el sueño pudo conmigo. El monolito parecía ladearse, danzar extrañamente, retorcerse. Entonces me dormí.
Cuando abrí los ojos y traté de levantarme, me di cuenta de que me era imposible, era como si estuviera agarrado por una mano helada y me inmovilizara. Un frío terror se apoderó de mí. El claro del bosque ya no estaba desierto. Una silenciosa multitud de gentes extrañas lo atestaba. Mis ojos dilatados repararon en los raros y bárbaros detalles de sus atuendos. Mi entendimiento me decía que eran remotísimos, olvidados incluso en esta atrasada tierra. Pensé que seguramente se trataba de gente del pueblo que había venido a aquel lugar para celebrar algún cónclave grotesco... Pero al mirar de nuevo comprendí que aquellas gentes no eran de Stregoicavar. Eran más bajos de estatura, más rechonchos, tenían la frente más deprimida, la cara más ancha y abotagada. Algunos poseían rasgos eslavos y magiares, pero esos rasgos estaban claramente degradados por la mezcla con alguna raza extranjera más baja que me era imposible de clasificar. Muchos de ellos vestían con pieles de bestias feroces, y todo su aspecto, tanto el de los hombres como el de las mujeres, era de una brutal sensualidad. Aunque no me prestasen atención alguna aquellas gentes me horrorizaban y me repugnaban. Habían formado un inmenso semicírculo delante del monolito. Iniciaron una especie de canto, extendiendo los brazos al unísono y balanceando la parte superior de sus cuerpos rítmicamente. Todos los ojos estaban fijos en la cúspide de la Piedra, a la que parecían estar invocando. Lo que resultaba más extraño de todo era el tono apagado de sus voces; a menos de cincuenta metros de donde yo me encontraba, centenares de hombres y mujeres levantaban sus voces en una melodía salvaje, y, sin embargo, aquellas voces me llegaban como un débil murmullo, confuso, como si viniera de muy lejos, a través del espacio... o del tiempo.
Justo delante del monolito había una especie de brasero, del que alzaban vaharadas de un repugnante y nauseabundo humo amarillo, que se enroscaba dibujando una extraña espiral, cual serpiente inmensa y borrosa, en torno al monumento.
Dos figuras yacían a un lado de este brasero: una muchacha, completamente desnuda, atada de pies y manos, y un niño que tendría tan sólo unos meses. Una vieja hechicera con un extraño tambor en su regazo se acuclillaba al otro lado. Tocaba con las manos abiertas, con golpes pausados y leves; pero yo no lo oía.
El ritmo de los balanceantes cuerpos empezó a adquirir mayor rapidez. Entonces, una mujer desnuda saltó al espacio que quedaba libre entre la multitud y el monolito; sus ojos llameaban, su larga cabellera flotaba alborotada mientras danzaba vertiginosamente sobre la punta de los pies, dando vueltas por todo el espacio libre, hasta que por fin cayó prosternada ante la Piedra, quedando allí inmóvil. De inmediato la siguió una figura fantástica, un hombre cuyo cuerpo tan sólo cubría una piel de macho cabrío colgando de la cintura; una máscara fabricada con una enorme cabeza de lobo ocultaba totalmente sus facciones, de tal manera que daba la impresión de tratarse de un ser monstruoso, pesadillesco, mezcla horrible de elementos humanos y bestiales. Sostenía en la mano un haz de varas de abeto, atado por los extremos más gruesos. La luz de la luna brillaba en una pesada cadena de oro que llevaba enlazada en el cuello. Prendida a esta cadena, llevaba otra de cuyo extremo debería haber colgado algún objeto que, sin embargo, faltaba.
Mientras esa grotesca criatura galopaba por el espacio abierto dando muchos saltos y cabriolas, la multitud agitaba los brazos con violencia y redoblaba sus gritos. Se acercó a la mujer que yacía al pie del monolito y comenzó a azotarla con las varas; de un salto, ella se levantó y se entregó a la danza más salvaje e increíble que jamás había visto. Su atormentador bailó con ella manteniendo el mismo ritmo, colocándose a su altura en cada giro y cada salto, al tiempo que descargaba unos golpes despiadados sobre su desnudo cuerpo. Y a cada golpe que le daba gritaba una palabra extraña; y así una y otra vez, y toda la gente le coreaba. Podía verles mover los labios. Aunque ahora el débil murmullo de sus voces se fundió y se hizo un solo grito, distante y lejano, repetido continuamente en un éxtasis frenético; no logré entender lo que gritaban.
Mientras los espectadores, de pie todavía en sus sitios, seguían el ritmo de la danza con el balanceo de sus cuerpos y los brazos entrelazados, los danzantes giraban en vertiginosas vueltas. En los ojos de la mujer que cumplía aquel rito violento la locura iba en aumento, y se reflejaba en la mirada de los demás. El frenético girar de aquella danza enloquecedora se hizo más salvaje y extravagante... Se convirtió en un cuadro bestial y obsceno, en tanto que la vieja hechicera aullaba y batía el tambor como una enajenada, y las varas componían una canción demoníaca.
Aunque la sangre le corría goteante por los miembros, ella parecía no sentir la flagelación sino como un acicate para continuar el salvajismo de sus movimientos desenfrenados. Al saltar en medio del humo amarillento que empezaba a extender sus tenues tentáculos para abrazar a las dos figuras danzantes, se hundió en aquella niebla hedionda y desapareció. Apareció de nuevo, seguida inmediatamente de aquel individuo bestial que la había flagelado, y prorrumpió en un indescriptible furor de movimientos enloquecedores hasta que, en el colmo del delirio, cayó de pronto sobre la hierba, temblando y jadeando, completamente vencida por el frenético esfuerzo. Siguió la flagelación con inalterable violencia, y ella comenzó a gatear en dirección al monolito. El sacerdote —por llamarlo así— continuó azotando su cuerpo indefenso con todas sus fuerzas, mientras ella se retorcía dejando un pegajoso rastro de sangre sobre la tierra pisoteada. Por fin, llegó al monolito y, boqueando, sin resuello, lo abrazó y cubrió la fría piedra de besos feroces, como en una adoración delirante y profana.
Tras arrojar las varas salpicadas de sangre, el grotesco sacerdote continuaba saltando en el aire. Los adoradores comenzaron a aullar mientras echaban espuma por la boca, y de pronto se volvieron unos contra otros y se atacaron con uñas y dientes, desgarrándose las vestiduras y la carne en una ciega pasión de bestialidad. El sacerdote se acercó al pequeñuelo que lloraba desconsolado, lo levantó con su largo brazo y, profiriendo una vez más ese Nombre, lo hizo girar en el aire y lo estrelló contra el monolito, en cuya superficie quedó una espantosa mancha. Muerto de terror, vi cómo abría en canal el cuerpecillo con sus dedos brutales y arrojaba sobre la columna la sangre que recogía en el hueco de sus manos. Luego arrojó el cuerpo rojo y desgarrado al brasero extinguiendo las llamas y el humo en una lluvia de chispas, en tanto que detrás los brutos enloquecidos aullaban una y otra vez ese nombre. Al tiempo que el sacerdote extendía sus manos con gesto amplio y triunfal, de pronto, todo el mundo cayó prosternado sin dejar de retorcerse. Abrí la boca para gritar mi horror, pero tan sólo pude articular un ruido seco. ¡Un animal enorme, monstruoso, como un sapo, se hallaba agazapado en la cima del monolito!
Pude contemplar su hinchada y repulsiva silueta recortada contra la luz de la luna, y en el lugar en que una criatura normal hubiera tenido el rostro, vi sus tremendos ojos parpadeantes, en los que se reflejaba toda la lujuria, toda la insondable concupiscencia, la obscena crueldad y la perversidad monstruosa que ha atemorizado a los hijos de los hombres desde que sus antepasados se ocultaban, ciegos y sin pelo, en la copa de los árboles. Aquellos ojos espantosos eran el reflejo de todas las cosas sacrílegas y todos los malignos secretos que duermen en las ciudades sumergidas, que en las tinieblas de las cavernas primordiales se ocultan de la luz. Y así, aquella cosa repulsiva que el sacrílego ritual de crueldad, de sadismo y de sangre había despertado del silencio de los cerros, parpadeaba y miraba de soslayo a sus brutales adoradores, que se arrastraban ante él en una repugnante humillación.
Ahora, el sacerdote disfrazado de bestia se dispuso a levantar a la débil y maniatada muchacha, manteniéndola levantada con sus brutales manos ante el monolito. Y cuando aquella lujuriosa y babeante monstruosidad comenzó a succionar en su pecho, algo estalló en mi cerebro y me hundí en un piadoso desvanecimiento.
Cuando abrí los ojos sobre una claridad lechosa, todos los acontecimientos de la noche me vinieron de golpe a la memoria y me incorporé de un salto. Miré a mi alrededor con asombro. El monolito se alzaba, descarnado y mudo, sobre la hierba ondulante, verde, intacta bajo la brisa matinal. Con paso rápido atravesé el claro. Aquí habían saltado y brincado tantas veces que la hierba debería haber desaparecido; y aquí la mujer del ritual se arrastró en su doloroso camino hacia la Piedra, derramando su sangre sobre la tierra. Sin embargo, el césped estaba intacto, no se veía ni una gota de sangre en él. Miré, temblando de horror, la cara del monolito contra la que el brutal sacerdote estampó a la criatura robada..., pero nada, no había ninguna mancha.
¡Un sueño! Había sido una espantosa pesadilla... o qué sé yo... Me encogí de hombros. ¡Qué intensa claridad para ser un sueño! Con tranquilidad regresé al pueblo y entré en la posada sin ser visto. Una vez allí, me senté a meditar sobre los acontecimientos de la noche. Cada vez estaba más inclinado a descartar la teoría de un sueño. Era evidente que lo que había visto era una ilusión inconsistente. Pero estaba convencido de que aquello era la sombra, el reflejo de un acto espantoso perpetrado realmente en tiempos lejanos. Pero, ¿cómo podía saberse? ¿Qué prueba podría confirmar que había sido la visión de una asamblea de espectros, más que una mera pesadilla forjada por mi propio cerebro?
Como respuesta a todas estas dudas, un nombre me vino a la cabeza: ¡Selim Bahadur! Según la leyenda, este hombre que había sido tanto soldado como cronista, fue el que estuvo al mando del ejército de Solimán que había devastado Stregoicavar. Parecía lógico; y si era así, había marchado directamente de este lugar arrasado al sangriento campo de Schomvaal y a su destino final. No pude contener una exclamación de sorpresa: aquel manuscrito que encontraron en el cuerpo del turco y que hizo temblar al conde Boris... ¿no podría contener algún indicio de los hallazgos de los conquistadores turcos en Stregoicavar? ¿Qué otra cosa pudo hacer temblar los nervios de hierro del poderoso guerrero? Y, puesto que los restos mortales del conde no fueron rescatados jamás, ¿qué duda cabía, sino que el estuche de laca y su misterioso contenido todavía permanecían bajo las ruinas que cubrían a Boris Vladinoff? Con agitada precipitación, empecé a recoger mis cosas.
Al cabo de tres días me hallaba en una aldea situada a poca distancia del viejo campo de batalla. Cuando salió la luna, ya estaba yo trabajando febrilmente en el gran túmulo de piedras desmoronadas que coronaban la colina. Fue un trabajo agotador... Pensándolo bien, no comprendo cómo pude llevar a cabo esa tarea; y no obstante, trabajé sin descanso desde la salida de la luna hasta que empezó a clarear el día. Cuando el sol asomó por el horizonte, estaba yo apartando las últimas piedras. Allí estaba todo lo que había quedado del conde Boris Vladinoff —unos pocos fragmentos de huesos— y entre los restos, totalmente aplastado, el estuche cuya superficie de laca había preservado el contenido a través de los siglos.
Lo recogí con ansiedad y, tras apilar unas piedras sobre aquellos huesos, me marché precipitadamente. No quería que ningún viajero suspicaz me descubriese en aquella acción aparentemente profanadora.
Una vez en mi cuarto de la taberna, abrí el estuche y hallé, relativamente intacto, el pergamino. Y había algo más: un objeto pequeño y chato, envuelto en un trozo de seda. Estaba ansioso por descifrar los secretos de aquellas hojas amarillentas, pero el cansancio me podía. Desde que salí de Stregoicavar apenas había dormido, y los terribles esfuerzos de la noche anterior acabaron de vencerme. A pesar de mi excitación, no tuve más remedio que echarme un poco, y desperté cuando empezaba a anochecer. Tras cenar rápidamente, me senté, a la luz de una vela, a leer los limpios caracteres turcos que cubrían el pergamino. El trabajo era algo penoso para mí ya que mis nociones de turco no son ni mucho menos profundas, y el estilo arcaico del texto me desorientaba. Pero tras una afanosa lucha, conseguí descifrar una palabra aquí, otra allá, encontrar sentido en alguna frase, y una vaga impresión de horror me oprimió el corazón. Con todas mis fuerzas me apliqué a la tarea de traducir, y una vez el relato se hizo más claro y asequible, la sangre se me heló en las venas, se me pusieron los pelos de punta, y hasta la lengua se me endureció. Era como si todas las cosas externas participaran de la espantosa locura de aquel manuscrito infernal; incluso los ruidos de los insectos nocturnos y de los animales del bosque se transformaron en murmullos horribles y pisadas furtivas de seres espantosos, y los quejidos del viento en la noche se tornaron en la risa obscena y perversa de las fuerzas del mal que dominan el espíritu de los hombres.
Cuando la claridad gris se filtraba ya entre las rejas de la ventana, dejé a un lado el manuscrito. La cosa envuelta en el trapo de seda estaba allí, alargué la mano y la desenvolví. Me quedé petrificado, al comprender que, incluso poniendo en duda la veracidad de lo que decía el manuscrito, aquello era la prueba más veraz de que todo había sido real.
Metí de nuevo esas dos cosas repulsivas en el estuche, y no descansé ni probé bocado hasta haberlo arrojado, lastrándolo con una piedra, en lo más profundo de la corriente del Danubio, el cual —quiera Dios que así sea— se lo llevó al Infierno, de donde debió haber venido.
Lo que tuve la noche del 24 de junio en los montes de Stregoicavar no fue un sueño. De haber presenciado el horrible ceremonial, Justin Geoffrey, que sólo estuvo allí a la luz del sol y después siguió su camino, habría enloquecido mucho antes. Por lo que a mí respecta, no sé cómo no llegué a perder el juicio.
No... no fue un sueño... Yo fui testigo del rito inmundo de unos adoradores desaparecidos hace siglos, surgidos del Infierno para celebrar sus ceremonias como lo hicieron en otro tiempo; yo vi a unos espectros postrarse ante otro espectro. Porque hace tiempo que el Infierno reclamó a ese dios horrendo. Hace muchos, muchísimos años, habitó entre las montañas como reliquia viva de una edad ya extinguida; pero sus garras asquerosas ya no atrapan a los espíritus de los seres humanos de este mundo, y su reino es un reino muerto, en el que sólo habitan los fantasmas de aquellos que le sirvieron en vida.
No sé por qué alquimia perversa, por qué impío sortilegio se abren las Puertas del Infierno en esa noche pavorosa; pero mis propios ojos lo han visto. Yo sé que aquella noche no vieron ningún ser viviente, pues en el manuscrito que redactó la cuidadosa mano de Selim Bahadur se explica detalladamente lo que él y sus compañeros de armas descubrieron en el valle de Stregoicavar. Y leí las abominables obscenidades que la tortura arrancaba de los labios de los aullantes adoradores y que estaban descritas con todo detalle, y también leí lo que contaba sobre cierta caverna perdida, tenebrosa, arriba en las montañas, donde los turcos, horrorizados, habían encerrado un ser monstruoso, hinchado, viscoso como un sapo, dándole muerte con el fuego y el acero antiguo, bendecido siglos antes por Mahoma, y mediante conjuros que ya eran viejos cuando Arabia era joven. Incluso así, la mano firme del anciano Selim temblaba al evocar el cataclismo, las sacudidas de tierra, los agónicos aullidos de aquella monstruosidad que no murió sola, pues hizo perecer consigo —en forma que Selim no quiso o no pudo describir— a diez de los hombres encargados de darle muerte.
Aquel ídolo chato, fundido en oro y envuelto en seda, era la imagen de ese mismo ser que Selim había arrancado de la cadena que rodeaba el cuello del cadáver del gran sacerdote-lobo.
¡Bien está que los turcos barrieran ese valle impuro con el fuego y con la espada! Visiones como las contempladas por estas desoladas montañas deben pertenecer a las tinieblas y a los abismos de épocas perdidas. No, no hay que temer que esa especie de sapo me haga temblar de horror en la noche, pues está encadenado en el Infierno, junto con su horda nauseabunda, y sólo es liberado con ellos una hora, en la noche más espantosa que he visto jamás. En cuanto a sus adoradores, ninguno queda ya en este mundo.
Un sudor frío me invade sólo de pensar que tales cosas dominaron una vez el espíritu de los hombres. Tengo miedo de leer las abominables páginas de Von Junzt, porque ahora comprendo lo que significa esa expresión que tanto repite: ¡Las llaves! ¡Ah! Las llaves de las Puertas Exteriores, enlaces con un pasado aborrecible y, quién sabe, con aborrecibles esferas del presente. Y comprendo por qué las escarpas parecían murallas almenadas bajo la luz de la luna, y por qué el sobrino
del tabernero, acosado por las pesadillas, vio en sueños la Piedra Negra surgiendo como remate de un castillo negro y gigantesco. Es posible que si los hombres excavaran esas montañas hallaran cosas increíbles bajo las laderas que los enmascaran. En cuanto a la caverna donde los turcos encerraron aquella... bestia, no era propiamente una caverna. Me estremecí al imaginar el insondable abismo de tiempo que se abre entre el presente y aquella época en que la tierra se estremeció, levantando como una ola aquellas montañas azules que cubrieron cosas inconcebibles. ¡Ojalá ningún hombre cave al pie de ese remate horrible que se llama Piedra Negra!
¡Una llave! ¡Ah, es una Llave, símbolo de un horror olvidado! Ese horror se ha diluido en el limbo del que surgió, como una pesadilla, durante el oscuro amanecer de la Tierra. Pero, ¿qué hay de las otras posibilidades diabólicas que insinúa Von Junzt? ¿De quién era esa mano monstruosa que estranguló su vida? Desde que leí lo que Selim Bahadur escribió, se me disiparon todas las dudas sobre la Piedra Negra. El hombre no ha sido siempre señor de la tierra... ¿Lo es ahora?
Y un pensamiento me asalta: si un ser monstruoso como el Señor del Monolito hubiera sobrevivido de algún modo a su propia era indescriptiblemente lejana, ¿qué formas sin nombre podrían incluso ahora acechar en los lugares oscuros del mundo?

El horror del montículo

El horror del montículo
 
Steve Brill no creía en fantasmas ni demonios. Juan López sí. Pero ni la cautela de uno ni el inconmovible escepticismo del otro iban a escudarles del horror que cayó sobre ellos, el horror que los hombres habían olvidado durante más de trescientos años, la espantable criatura monstruosamente resucitada de eras negras y perdidas.
Y, sin embargo, mientras aquella tarde Steve Brill se hallaba sentado en la algo desvencijada escalera de su casa, sus pensamientos estaban tan lejos de amenazas sobrenaturales como puedan llegar a estarlo los de hombre alguno. Lo que tenía en mente era amargo, pero de orden material. Examinaba con la vista su granja y maldecía. Brill era alto, enjuto y duro como el cordobán, un auténtico hijo de los pioneros de cuerpos férreos que le arrancaron el oeste de Texas a la naturaleza salvaje. Tenía la piel atezada por el sol y era fuerte como un cornilargo. Sus esbeltas piernas calzadas con botas mostraban sus instintos de cowboy y, en esos momentos, se maldecía por haber dejado la silla de montar de su resabiado mustang convirtiéndose en granjero. No tenía madera de granjero, admitió con un juramento el combativo joven.
Con todo, la culpa no era del todo suya. Un invierno de lluvias abundantes, cosa tan rara en el oeste de Texas, había prometido buenas cosechas. Pero, como de costumbre, habían ocurrido cosas imprevistas. Un temporal tardío había destruido todos los frutos en sazón. El cereal, que había tenido un aspecto tan prometedor, había sido hecho pedazos y aplastado por granizadas terroríficas justo cuando empezaba a volverse de color amarillo. Un periodo de intensa sequía, seguido de otro temporal, había acabado con el maíz.
Y luego el algodón que, de algún modo, había logrado resistirlo todo, cayó ante una plaga de saltamontes que dejó desnudo el campo de Brill en apenas una noche. Así fue como Brill llegó a su actual situación, sentado, jurándose que no renovaría su arriendo, agradeciendo fervorosamente que la tierra en la que había malgastado sus sudores no fuese suya, y que hubiese aún grandes extensiones hacia el oeste donde un hombre joven y fuerte podía ganarse la vida cabalgando y cazando las reses a lazo.
Sentado, entregado a sus lúgubres pensamientos, Brill vio acercarse a su vecino Juan López, un viejo y taciturno mexicano que vivía en una choza justo al otro lado de la colina, cruzando el arroyo, y que apenas si lograba ganarse la vida. En los últimos tiempos estaba roturando una porción de tierra en una granja adyacente y, al volver a su choza, cruzaba una de las esquinas del prado de Brill.
Brill, distraído, le vio franquear la valla de alambre de espino y seguir el sendero que sus viajes anteriores habían trazado entre la hierba rala y reseca. Llevaba ya un mes entregado a su actual quehacer, derribando los retorcidos troncos de los mezquites y cavando hasta extraer sus raíces, increíblemente largas. Brill sabía que siempre seguía el mismo camino para volver a su hogar. Y, observándole, Brill se percató de que se desviaba a un lado, aparentemente para evitar un pequeño montículo redondeado que se alzaba por encima del nivel de los pastos. López dio un amplio rodeo alrededor de ese punto y Brill recordó que el viejo mexicano siempre ponía una buena distancia entre él y el lugar. Y otra cosa pasó por la distraída mente de Brill: que López siempre apretaba el paso cuando cruzaba junto al montículo, y que siempre se las arreglaba para hacerlo antes de la puesta del sol, aunque los aparceros mexicanos acostumbraban a trabajar desde la primera luz del alba hasta el último destello del crepúsculo, especialmente en aquellos trabajos de limpieza de terrenos, en los que cobraban por acres y no por días. A Brill se le despertó la curiosidad.
Se puso en pie y bajó a saltos la no muy pronunciada ladera sobre la que se alzaba su vivienda, llamando al mexicano que se alejaba con paso cansino.
Eh, López, espera un minuto.
López se detuvo, mirando a su alrededor, y permaneció inmóvil, sin dar muestras de interés alguno, mientras el hombre blanco se le aproximaba.
López —dijo Brill, arrastrando las palabras—, no es que sea asunto mío, pero quería hacerte una pregunta, ¿cómo es que siempre das tanta vuelta alrededor de ese viejo montículo indio?
No sabe —gruñó lacónicamente López.
Eres un mentiroso —respondió jovialmente Brill—. Ya lo creo que sabe; hablas el inglés igual de bien que yo. ¿Qué pasa, crees que ese montículo está encantado o algo parecido?
Brill podía hablar y leer castellano pero, como la mayoría de los anglosajones, prefería hablar en su propia lengua. López se encogió de hombros.
No es un buen lugar, no bueno —musitó, evitando mirar directamente a Brill a los ojos—. Hay que dejar que las cosas escondidas descansen.
Apuesto a que estás asustado de los fantasmas —se burló Brill—. Cuernos, si eso es un montículo indio, los indios deben llevar tanto tiempo muertos que sus fantasmas se habrán gastado del todo.
Brill sabía que los mexicanos analfabetos sentían una aversión supersticiosa hacia los montículos que podían hallarse esparcidos por todo el suroeste..., reliquias de una era perdida y olvidada, conteniendo los huesos polvorientos de los jefes y guerreros de una raza perdida.
Es mejor no molestar a lo que se esconde en la tierra —gruñó López.
¡Tonterías! —repuso Brill—. Yo y unos cuantos más nos metimos en uno de esos montículos, en la comarca de Palo Pinto, y sacamos trozos de esqueletos con algunas cuentas y puntas de flecha de pedernal, y cosas parecidas. Conservé algunos dientes durante algún tiempo hasta que los perdí, y nunca me persiguieron los fantasmas por eso.
¿Indios? —resopló inesperadamente López—. ¿Quién ha hablado de indios? En esta tierra hubo otros que no eran indios. En los viejos tiempos aquí sucedieron cosas extrañas. He oído las historias de mi gente, transmitidas de generación en generación. Y mi gente ha estado aquí desde mucho antes que la suya, señor Brill.
Sí, tienes razón —admitió Steve—. Los primeros hombres blancos que llegaron a este país fueron españoles, por supuesto. He oído decir que Coronado pasó a no mucha distancia de aquí, y la expedición de Hernando de Estrada cruzó esta zona hace..., hace mucho tiempo..., no sé cuánto.
En mil quinientos cuarenta y cinco —dijo López—. Montaron su campamento aquí donde ahora se alza su corral.
Brill se volvió para mirar el cercado de su corral, donde se alojaban una vaca macilenta, dos caballos de tiro y su montura.
¿Cómo es que sabes tanto de eso? —preguntó lleno de curiosidad.
Uno de mis antepasados estuvo con Estrada —contestó López—. Un soldado, Porfirio López, le habló a su hijo de esa expedición, y éste le habló a su hijo, y así fue pasando por el linaje fa-
miliar hasta llegar a mí, que carezco de hijo al que contarle la historia.
No sabía que fueras de tan buena cuna —dijo Brill—. Puede que sepas algo sobre el oro que se suponía que Estrada ocultó en algún lugar de por aquí.
No había oro —gruñó López—. Los soldados de Estrada no llevaban más que sus armas, y se abrieron paso combatiendo a través de una comarca hostil..., muchos dejaron sus huesos a lo largo del camino. Luego, muchos años después, una caravana de muías de Santa Fe fue atacada por los comanches a pocos kilómetros de aquí y esos escondieron su oro y escaparon; de modo que las leyendas acabaron por mezclarse. Pero ahora ni siquiera su oro está aquí, porque los cazadores de búfalos gringos lo encontraron y cavaron hasta dar con él.
Bill asintió, abstraído, sin apenas escuchar. No hay otra parte en todo el continente norteamericano tan repleta de historias sobre tesoros perdidos o escondidos como el suroeste. Riquezas incontables atravesaron las llanuras y los montes de Texas y Nuevo México en los viejos tiempos, cuando España poseía las minas de oro y plata del Nuevo Mundo y controlaba el rico comercio de pieles del Oeste, y los ecos de esa riqueza perduran en las historias de tesoros ocultos. Un sueño huidizo, nacido del fracaso y la pobreza acuciante, tomó forma en la mente de Brill.
Bien —dijo, alzando la voz—, como de todos modos no tengo nada más que hacer, creo que excavaré ese viejo montículo y veré lo que puedo encontrar.
El efecto de esa simple frase en López fue asombroso. Retrocedió y su rostro, tosco y atezado, cobró el color de la ceniza; sus ojos negros relampaguearon y alzó los brazos al cielo en un gesto de protesta.
¡Dios, no! —gritó—. ¡No haga eso, señor Brill! Hay una maldición..., mi abuelo me lo contó...
¿Qué es lo que te contó? —preguntó Brill. López se sumió en un hosco mutismo.
No puedo decirlo —murmuró—. He jurado guardar silencio. Sólo podría abrirle el corazón a mi primogénito. Pero créame cuando le digo que más le valdría cortarse el cuello antes que entrar en ese montículo maldito.
Bien —dijo Brill, impacientándose ante las supersticiones mexicanas—, si es algo tan malo, ¿por qué no me lo cuentas? Dame una razón lógica para no entrar ahí.
¡No puedo decirlo! —exclamó desesperadamente el mexicano—. ¡La conozco!..., pero he jurado guardar silencio sobre el Santo Crucifijo, como lo ha jurado cada hombre de mi familia. ¡Es algo tan espantoso que hasta el hablar de ello supone arriesgarse a la perdición! Si se lo contara, su alma quedaría destruida dentro de su cuerpo. Pero lo he jurado..., y no tengo hijos, de modo que mis labios están sellados para siempre.
Bueno —dijo Brill con sarcasmo—, ¿y por qué no lo escribes? López se quedó mirándole, sobresaltado y, para sorpresa de Steve, aceptó la sugerencia.
¡Lo haré! Alabado sea Dios por haber hecho que el buen sacerdote me enseñase a escribir de niño. Mi juramento no decía nada de .escribir. Juré solamente no hablar. Se lo pondré todo por escrito, si jura que no hablará de ello después y que destruirá el papel tan pronto como lo haya leído.
Claro —dijo Brill, para seguirle la corriente, y el viejo mexicano pareció sentirse muy aliviado.
¡Bueno! Iré en seguida y lo escribiré. ¡Mañana, cuando vaya a trabajar, le traeré el papel y entonces entenderá por qué nadie debe abrir ese montículo maldito!
Y López se fue a toda prisa por el sendero que llevaba hasta su casa, sus hombros encorvados balanceándose a causa del esfuerzo de su inusitada premura. Steve le vio marcharse, sonrió y, encogiéndose de hombros, se dirigió hacia su casa. Luego se detuvo, volviendo la mirada hacia el pequeño montículo redondeado con los costados cubiertos de hierba. Debía de ser una tumba india, pensó, dada su simetría y su parecido a los demás montículos indios que había visto. Frunció el ceño mientras intentaba imaginar la relación que podía haber entre el misterioso otero y el marcial antepasado de Juan López.
Brill miró la distante figura del viejo mexicano. Un pequeño valle atravesado por un arroyo medio seco, bordeado por árboles y maleza, se extendía entre los pastos de Brill y la colina más allá de la cual se hallaba la vivienda de López. El mexicano estaba a punto de desaparecer entre los árboles de la orilla del arroyo, cuando Brill tomó una decisión repentina.
Subió a toda prisa la ladera y cogió un pico y una pala del cobertizo que había en la parte trasera de su casa. El sol no se había puesto aún y Brill creía poder excavar lo suficiente del montículo como para determinar su naturaleza antes de que oscureciese. De lo contrario, podía trabajar a la luz de una linterna. Steve, como la mayoría de los hombres de su clase, vivía básicamente según le dictaban sus impulsos y su afán actual era abrir ese montículo misterioso y ver lo que ocultaba, si es que ocultaba algo. La idea del tesoro volvió a su mente, estimulada por la actitud evasiva de López.
¿Y si, después de todo, ese saliente de hierba y tierra amarronada escondía riquezas..., metales preciosos de minas olvidadas, o monedas acuñadas en la vieja España? ¿Acaso no era posible que los mismos mosqueteros de Estrada hubiesen alzado ese túmulo por encima de un tesoro que no podían llevarse, dándole la forma de un montículo indio para engañar a los buscadores de tesoros? ¿Sabía eso el viejo López? No sería nada extraño que, aún conociendo que allí había un tesoro, el viejo mexicano se abstuviera de buscarlo. Dominado por lúgubres y supersticiosos temores, bien podía llevar una vida de labor estéril antes que arriesgarse a incurrir en la ira de los fantasmas o los diablos que estuviesen allí acechando..., pues los mexicanos dicen que el oro escondido está siempre maldito y, seguramente, alguna maldición especial debía de cernirse sobre el montículo. Bien, meditó Brill, los diablos de los latinos y los indios carecían de terrores con que asustar a un anglosajón atormentado por los demonios de la sequía, las tormentas y las malas cosechas.
Steve empezó a trabajar con la energía salvaje típica de su raza. La tarea no era fácil; el suelo, requemado ferozmente por el sol, era duro como el hierro y estaba lleno de rocas y guijarros. Brill sudaba abundantemente y gruñía a causa de sus esfuerzos, pero el fuego del cazador de tesoros le dominaba. Con brusquedad, se quitó el sudor de los ojos y clavó el pico con potentes golpes que desgarraban los terrones, convirtiéndolos en polvo.
El sol se ocultó y él siguió trabajando bajo el largo y soñoliento crepúsculo veraniego, olvidando casi por completo el tiempo y el espacio. Al hallar rastros de carbón de leña en el suelo, empezó a convencerse de que el montículo era una auténtica tumba india. El antiguo pueblo que había erigido aquellos sepulcros había mantenido fuegos ardiendo sobre ellos durante días, en algún momento de la construcción. Todos los montículos que Steve había llegado a abrir contenían un grueso estrato de carbón de leña a escasa distancia de la superficie. Pero los rastros de carbón de leña que estaba encontrando ahora se hallaban esparcidos a través de todo el suelo.
Aunque su idea de un escondrijo de tesoros españoles se desvaneció, continuó excavando. ¿Quién sabe? Quizás aquel pueblo extraño al que los hombres llamaban ahora los Constructores de Montículos tenía sus propios secretos y los guardaba junto a sus muertos.
De pronto, el pico de Steve resonó sobre una superficie metálica y él lanzó un grito de júbilo. Cogió el trozo de metal y se lo acercó a los ojos, intentando distinguir mejor lo que era mientras la luz se iba debilitando. Estaba cubierto de una sólida capa de óxido que lo había desgastado hasta volverlo casi tan delgado como el papel, pero reconoció el objeto como lo que era: la rueda de una espuela, inconfundiblemente española, con sus puntas aguzadas y crueles. Y se detuvo, confundido por completo. No habían sido los españoles los constructores del montículo, mostraba indicios inconfundibles de ser obra de aborígenes. Y, con todo, ¿cómo había llegado aquella reliquia de los caballeros españoles a quedar tan profundamente escondida en el suelo?
Brill meneó la cabeza y reemprendió el trabajo. Sabía que en el centro del montículo, si éste era en realidad una tumba aborigen, hallaría una pequeña cámara construida con piedras muy pesadas, conteniendo los huesos del jefe para quien había sido erigido el montículo y, por encima de él, las víctimas sacrificadas. Y, bajo la creciente oscuridad, sintió como su pico golpeaba ruidosamente sobre una superficie resistente, parecida al granito. El examen, realizado tanto mediante el tacto como con la vista, demostró que era un bloque sólido de piedra toscamente tallada. Formaba, indudablemente, una de las esquinas de la cámara mortuoria. Intentar abrirla era inútil. Brill fue escarbando a su alrededor, quitando la tierra y los guijarros de las esquinas, hasta notar que el sacarla de su sitio no iba a requerir sino deslizar bajo el bloque la punta del pico y levantarlo haciendo palanca.
Mas, repentinamente, se dio cuenta de que la oscuridad era ya completa. La luna nueva recortaba tenuemente las cosas entre la penumbra. En el corral, desde donde llegaba el tranquilizador ruido de los cansados animales masticando el grano, su mustang relinchó. Desde las sombras oscuras del retorcido arroyuelo, un chotacabras lanzó su extraño graznido. Brill se estiró, poniéndose en pie a regañadientes. Sería mejor conseguir una linterna y proseguir sus exploraciones alumbrado por su luz.
Rebuscó en su bolsillo, con la vaga idea de levantar la piedra y explorar la cavidad ayudado por cerillas. De pronto, todo su cuerpo se puso rígido. ¿Era su imaginación la que le hacía oír aquel leve y siniestro arrastrarse que parecía venir de más allá de la piedra que bloqueaba la entrada? ¡Serpientes! Indudablemente, en algún lugar alrededor de la base del montículo se hallaban sus cubiles y quizás una docena de víboras cola de diamante aguardaban, enroscadas en el interior de la caverna, a que él metiese la mano entre ellas. Se estremeció ligeramente ante esa idea y se apartó de la excavación que había realizado.
No serviría de nada tantear a ciegas en esos cubiles. Y se dio cuenta de que durante los últimos minutos había tenido una vaga conciencia de que un olor débil pero repulsivo exudaba de los intersticios de la piedra que cerraba la entrada..., aunque admitió que el olor no sugería la existencia de reptiles más de lo que podría hacerlo cualquier otro olor amenazador. Había en él algo que recordaba a la pestilencia de los mataderos..., los gases formados en la cámara mortuoria, sin duda, altamente peligrosos para los seres vivos.
Steve dejó su pico en el suelo y volvió a la casa, impaciente ante aquel obligado retraso. Entró en la oscura vivienda, encendió una cerilla y encontró su linterna de queroseno colgada de un clavo en la pared. Agitándola, se aseguró de que estaba casi llena de aceite y la encendió. Luego volvió a marcharse, pues su impaciencia no le permitía detenerse para comer algo. Abrir el montículo le intrigaba, como debe sucederle siempre a un hombre imaginativo, y el descubrimiento de la espuela española había aguzado su curiosidad.
Se apresuró a salir de casa, la linterna oscilante arrojando sombras largas y distorsionadas que le precedían y le seguían. Rió entre dientes al ver mentalmente las ideas y los actos de López cuando se enterase, por la mañana, de que el montículo prohibido había sido abierto. Brill pensó que sería bueno abrirlo esa misma noche; de haberse enterado, López podría incluso haber intentado impedirle que husmease en la tumba.
Envuelto por el soñoliento murmullo de la noche veraniega, Brill llegó al montículo, alzó su linterna..., y profirió un asombrado juramento. La linterna revelaba su excavación, sus herramientas tiradas con descuido allí donde él las había dejado caer... ¡Y la negra boca de una abertura! La gran piedra que cerraba la entrada descansaba en el fondo de la excavación que él había hecho, como si la hubiesen arrojado despreocupadamente a un lado. Precavidamente, introdujo la linterna en el agujero y escudriñó con la mirada la pequeña cámara, semejante a una caverna, sin saber muy bien lo que esperaba ver. Nada hallaron sus ojos salvo los costados de una celda larga y estrecha, tallada en la desnuda piedra, lo bastante grande como para acoger el cuerpo de un hombre, que aparentemente había sido construida con bloques de piedra cuadrada, toscamente labrada, unidos de modo resistente y habilidoso.
¡López! —exclamó Steve con furia—. ¡Sucio coyote! Seguro que ha estado viendo cómo trabajaba..., y cuando fui a buscar la linterna, se acercó con sigilo y sacó la roca..., y apuesto a que cogió lo que había dentro, fuese lo que fuese. ¡Yo lo arreglaré, maldito sea su grasiento pellejo!
Con brusco ademán apagó la linterna y miró ferozmente hacia el otro extremo del vallecito repleto de maleza. Y, al mirar, se puso rígido. En una ladera de la colina, al otro lado de la cual se alzaba la choza de López, se movía una sombra. El delgado creciente de la luna nueva se estaba ocultando y el juego de luz y sombras hacía difícil ver con claridad. Pero los ojos de Steve habían sido aguzados por el sol y los vientos de las tierras salvajes, y sabía que lo que ahora desaparecía por el otro extremo de la colina cubierta de mesquites era alguna criatura provista de dos piernas.
Llevándoselo a su choza —gruñó Brill—. Seguro que ha encontrado algo, de lo contrario no correría de ese modo.
Brill tragó saliva, preguntándose la razón de que, de pronto, le hubiese dominado un temblor tan peculiar. ¿Acaso había algo extraño en un mexicanito ladrón corriendo hacia su casa con su botín? Brill trató de ahogar la sensación de que había algo peculiar en la zancada de esa tenue sombra, que le había parecido moverse con una especie de furtivo cojeo. La velocidad debía ser necesaria cuando el viejo y fornido Juan López había decidido viajar con un paso tan extraño.
Lo que haya encontrado es tan mío como suyo —se dijo Brill, intentando alejar de su mente el aspecto anormal que había en la huida de la figura—. He arrendado esta tierra y he hecho todo el trabajo de excavar. ¿Una maldición? ¡Y un cuerno! No me extraña que me contase todas esas tonterías. Quería que dejara el lugar en paz para que pudiese cogerlo todo él. Es raro que no lo sacara hace mucho, pero nunca se sabe con esos mexicanitos.
Brill, mientras meditaba de tal modo, bajaba a grandes zancadas por la suave ladera cubierta de pasto que conducía hasta el lecho del arroyo. Se mezcló entre las sombras de los árboles y los espesos matorrales y cruzó el seco cauce del arroyuelo, percibiendo ausentemente que ni el graznido de los chotacabras ni las llamadas de las lechuzas turbaban la oscuridad. Había un tenso sentimiento de espera en la noche que no le gustaba. Las sombras en el cauce del arroyo parecían demasiado espesas, como si contuviesen el aliento. Deseó por un momento no haber apagado la linterna, que seguía llevando, y se alegró de haber cogido el pico, que su mano derecha aferraba como si fuese un hacha. Sintió el impulso de silbar para romper el silencio y luego, con un juramento, rechazó la idea. Con todo, se alegró una vez hubo trepado a la pequeña elevación de la orilla opuesta y emergió a la claridad de las estrellas.
. Ascendió la cuesta y luego la colina y, desde allí, bajó la vista hacia el llano cubierto de mesquites donde se alzaba la miserable choza de López. En una ventana ardía una luz solitaria.
Apuesto a que está recogiendo sus cosas para largarse corriendo —gruñó Steve—. Eh, qué...
Se apartó tambaleándose, como si hubiese recibido un golpe físico, cuando un espantoso alarido desgarró la calma, como si se tratase de un cuchillo. Sintió el impulso de taparse los oídos con las manos para no escuchar el horror de aquel grito, que subió insoportablemente de tono hasta quebrarse en un aborrecible gorgoteo.
¡Santo Dios! —Steve notó que un sudor frío le cubría todo el cuerpo—. López... o alguien...
Mientras pronunciaba en un susurro tales palabras, corría por la ladera con toda la rapidez que sus piernas eran capaces. Algún horror indecible estaba sucediendo en aquella choza solitaria, pero él iba a investigar de qué se trataba aunque ello le supusiese enfrentarse con el diablo en persona. Mientras corría, apretó con más fuerza el mango del pico. Vagabundos asesinando al viejo López para apoderarse de lo que él se había llevado del montículo, pensó Steve, y olvidó su ira. Las cosas se pondrían feas para quien estuviese molestando al viejo bribón, por muy ladrón que pudiese ser.
Corriendo velozmente, llegó por fin a terreno llano. Y entonces la luz de la choza se extinguió y Steve, lanzado a la carrera, vaciló y tropezó con un mesquite con un golpe tal que le arrancó un gruñido, arañándose las manos con los espinos del tronco. Rebotando con una maldición entrecortada, se lanzó hacia la cabaña, preparándose para lo que podía presentarse ante sus ojos..., el vello erizado ante lo que ya había visto.
Brill probó a abrir la única puerta de la cabaña, pero se dio cuenta de que tenía echado el cerrojo. Llamó a gritos a López y no recibió respuesta alguna. Sin embargo, desde el interior llegaba un extraño sonido ahogado, algo que parecía un sollozo, el cual cesó tan pronto como Brill, haciendo girar su pico, lo estrelló contra la puerta. La débil madera se astilló y Brill penetró de un salto en el interior de la choza en tinieblas, los ojos llameantes, blandiendo el pico para un ataque desesperado. Pero ningún sonido turbó el lúgubre silencio y nada se agitó en la oscuridad, pese a que la caótica imaginación de Brill poblaba los ensombrecidos rincones de la choza con formas horripilantes.
Con una mano empapada de sudor, buscó a tientas un fósforo y lo prendió. Aparte de él mismo, la única persona que había en la choza era López..., el viejo López, muerto a todas luces, tendido sobre el suelo de tierra apisonada, los brazos abiertos como si le hubiesen clavado en una cruz, la boca fláccidamente abierta dándole el aspecto de un idiota, los ojos muy abiertos, llenos de un terror que a Brill le pareció intolerable. La única ventana que había en la choza estaba abierta, mostrando por dónde había huido el asesino y, posiblemente, por dónde había entrado. Brill se acercó a la ventana y lanzó una cautelosa mirada al exterior. No vio más que la ladera de la colina a un extremo y el llano cubierto de mesquites al otro. De pronto, se sobresaltó... ¿Era un movimiento lo que le había parecido ver entre las retorcidas sombras de los mesquites y los chaparrales? ¿O, simplemente, había imaginado ver una figura que se agazapaba entre los árboles?
El fósforo le quemó los dedos y él se giró en redondo. Encendió la vieja lámpara de aceite colocada sobre la tosca mesa, lanzando una maldición al quemarse la mano. El globo de la lámpara estaba muy caliente, como si hubiese estado encendida durante horas.
De mala gana, se dirigió hacia el cadáver tendido en el suelo. Cualquiera que hubiese sido la causa de la muerte de López, había sido horrible; pero Brill, examinando aprensivamente el cuerpo sin vida, no halló herida alguna, ninguna marca de cuchillada o golpe. ¡Un momento! Había un leve rastro de sangre en la mano con la que Brill le había estado examinando. Buscando con más atención halló la fuente: tres o cuatro diminutas heridas en la garganta de López, de las que la sangre había rezumado lentamente. Primero creyó que se las habían infligido con un estilete (una daga muy delgada carente de filo), pero luego meneó la cabeza. Había visto heridas de estilete, llevaba la cicatriz de una en su propio cuerpo. Estas heridas se parecían más al mordisco de algún animal..., parecían las marcas de unos colmillos puntiagudos.
Con todo, Brill no creyó que fuesen lo bastante hondas como para haber causado la muerte, y tampoco había fluido mucha sangre de ellas. Una idea abominable, junto con espantosas especulaciones, se alzó en los rincones más oscuros de su mente..., que López había muerto de miedo, y que las heridas le habían sido infligidas ya en el mismo instante de su muerte, ya un momento después.
Y Steve notó algo más; esparcidas en el suelo había un montón de mugrientas hojas de papel, garabateadas por la mano insegura del viejo mexicano... Había dicho que iba a escribir sobre la maldición del montículo. Además de las hojas sobre las que había escrito y un trozo de lápiz en el suelo, también estaba el globo caliente de la lámpara, todos mudos testigos de que el viejo mexicano había permanecido sentado y escribiendo durante horas ante la mesa de madera toscamente tallada. Entonces, no era él quien había abierto la cámara del montículo y robado lo que contuviese... pero, ¡en el nombre de Dios!, ¿quién era? ¿Quién o qué era lo que Brill había visto fugazmente cojeando en la estribación de la colina?
Bien, no quedaba sino una cosa por hacer..., ensillar su mustang y cabalgar los dieciséis kilómetros que había hasta Coyote Wells, la ciudad más cercana, e informar al sheriff del asesinato.
Brill recogió los papeles. La última hoja estaba aún entre los dedos del viejo y Brill tuvo cierta dificultad en sacarla de allí. Luego, al volverse para apagar la luz, vaciló un momento y se maldijo por el miedo que seguía acechando en lo más hondo de su mente..., miedo a la sombría criatura que había visto a través de la ventana un instante antes de que la luz se apagase en la cabaña. El largo brazo del asesino, pensó, tendiéndose para apagar la lámpara, no cabía duda. ¿Qué había de anormal e inhumano en esa imagen, distorsionada como debía estarlo a causa de la tenue luz de la lámpara y las sombras? Al igual que un hombre lucha por recordar los detalles de una pesadilla, Steve intentó definir en su mente alguna razón clara que pudiese explicar el que ese huidizo vistazo le hubiese trastornado hasta el punto de haberse dado de bruces con un árbol, y el porqué el simple y vago recuerdo de esa imagen hacía que todo su cuerpo volviese a cubrirse de un sudor frío.
Maldiciéndose a sí mismo para así conservar el valor, encendió su linterna y apagó de un soplido la que se hallaba sobre la tosca mesa y, lleno de decisión, emprendió el camino, aferrando su pico como si fuese un arma. Después de todo, ¿por qué ciertos aspectos aparentemente anormales de un crimen tan sórdido debían trastornarle así? Crímenes tales eran aborrecibles, cierto, pero también eran lo bastante corrientes, especialmente entre los mexicanos, a los que les encantaban los pleitos familiares más increíbles.
Y entonces, cuando ya había penetrado en la silenciosa noche tachonada de estrellas, se detuvo en seco. Desde más allá del arroyuelo resonaba el repentino y estremecedor alarido de un caballo empavorecido..., y luego un enloquecido estruendo de cascos que se desvaneció en la lejanía. Y Brill lanzó una blasfemia llena de rabia y desánimo. ¿Acaso había un puma acechando en las colinas..., había sido un gato monstruoso el que había matado al viejo López? Entonces, ¿por qué la víctima no llevaba las marcas de las crueles y ganchudas garras? ¿ Y quién había apagado la luz en la choza?
Mientras se interrogaba de tal modo, Brill corría velozmente hacia el oscuro arroyo. No está en el alma del ganadero contemplar ocioso cómo su ganado se lanza a la estampida. Mientras se internaba en la oscuridad de los matorrales a lo largo del arroyo seco, Brill descubrió que tenía la lengua extrañamente reseca. Siguió, tragando saliva y manteniendo bien alta la linterna. No alumbraba demasiado en la oscuridad pero parecía acentuar la negrura de las sombras que se acumulaban a su alrededor. Por alguna extraña razón, en la caótica mente de Brill penetró la idea de que aunque aquel país fuese nuevo para los anglosajones, en realidad era muy viejo. Aquella tumba rota y profanada era la muda prueba de que la tierra era mucho más antigua que el hombre y, de pronto, la noche, las colinas y las sombras parecieron aplastar a Brill con un sentimiento de horrible antigüedad. Antes de que los ancestros de Brill hubiesen oído hablar de ella, largas generaciones de hombres habían vivido y muerto en aquella tierra. En la noche, entre las sombras de aquel mismo arroyo, los hombres, sin duda alguna, habían lanzado su último suspiro de mil maneras espantosas. Con tales reflexiones, Brill corrió a través de las espesas sombras de la arboleda.
Lanzó un hondo suspiro de alivio cuando salió de entre los árboles a un lado de la colina. Ascendiendo apresuradamente la poca empinada ladera, sostuvo en alto su linterna, investigando. El corral estaba vacío; ni tan siquiera la apática res estaba a la vista. Y la empalizada había sido derribada. Eso indicaba algún agente humano, y todo el asunto cobró un nuevo y más siniestro aspecto. Alguien pretendía que Brill no cabalgase hasta Coyote Wells esa noche. Eso significaba que el asesino pretendía asegurar su huida y deseaba una buena ventaja sobre la ley, o sobre quien fuese... Brill sonrió.
A lo lejos, entre los mesquites que cubrían el llano, creyó distinguir el débil y distante ruido de caballos al galope. ¡En el nombre de Dios! ¿Qué era lo que les había asustado de aquel modo? El gélido dedo del terror hizo estremecerse la columna vertebral de Brill.
Steve se dirigió hacia la casa. No entró sin tomar precauciones. Se deslizó a una buena distancia de la vivienda, lanzando miradas estremecidas por las oscuras ventanas, buscando, con tal intensidad que los oídos acabaron doliéndole, el posible sonido que traicionase la presencia del asesino al acecho. Por fin, se arriesgó a abrir una puerta y entrar. De una patada, empujó la puerta contra la pared por si alguien se ocultaba detrás de ella, alzó bien la linterna y entró, el corazón galopante, aferrando ferozmente el pico, con los sentimientos convertidos en una mezcla de miedo y rabia. Pero ningún asesino oculto saltó sobre él, y una cuidadosa exploración de la vivienda no reveló nada.
Con un suspiro de alivio, Brill cerró las puertas, aseguró las ventanas y encendió su vieja lámpara de aceite. La imagen del viejo López tendido, un solitario cadáver con los ojos vidriosos, en la choza más allá del arroyo, le hizo estremecerse levemente, pero no entraba en sus planes el dirigirse a pie, de noche, a la ciudad.
Sacó de su escondite su viejo y seguro Colt del 45, hizo girar el cilindro de acero azulado y sonrió hoscamente. Quizás el asesino tenía la intención de no dejar con vida a ningún testigo de sus crímenes. ¡Pues bueno, que viniese! Él, o ellos, se encontrarían a un joven vaquero con un seis tiros y descubrirían que no era una presa tan fácil como había sido el viejo y desarmado mexicano. Y eso le recordó a Brill los papeles que había traído consigo de la cabaña. Asegurándose de no estar en la dirección desde la que una bala repentina pudiese atravesar una ventana, se dispuso a leer, manteniendo una oreja al acecho de cualquier ruido por leve que fuese.
Y a medida que iba descifrando aquella escritura tosca y laboriosa, un lento y frío horror crecía en su alma. Lo que el viejo mexicano había garabateado era una historia espantosa..., una historia que había pasado de generación a generación..., una historia que procedía de tiempos muy antiguos.
Y Brill leyó sobre las andanzas del caballero Hernando de Estrada y sus hombres, provistos de picas y armaduras, que se aventuraron en los desiertos del sudoeste cuando todo era extraño e ignoto. En el principio, decía el manuscrito, había unos cuarenta soldados, amos y criados. Estaba el capitán, Estrada, y el sacerdote, y el joven Juan Zavilla, y don Santiago de Valdez (un noble misterioso que había sido rescatado de un navío a la deriva en el Mar Caribe)..., el resto de la tripulación y los pasajeros habían muerto a causa de una plaga, había dicho, y él había arrojado sus cuerpos por encima de la borda. Así pues, Estrada le había acogido a bordo del navío que había llevado a la expedición desde España, y Valdez se unió a sus exploraciones.
Brill leyó algunas cosas acerca de sus andanzas, narradas en el tosco estilo del viejo López, del mismo modo que los antepasados del viejo mexicano habían ido transmitiendo la historia durante más de trescientos años. Las simples palabras eran un débil reflejo de las terroríficas penalidades que los exploradores habían ido encontrando: la aridez del país, la sed, las inundaciones, las tormentas de arena en el desierto, las lanzas de los pieles rojas hostiles. Pero el viejo López hablaba de otro peligro..., un horror al acecho que había caído sobre la solitaria caravana que vagaba por la inmensidad de las tierras desérticas. Hombre a hombre, fueron cayendo uno tras otro sin que nadie conociese al asesino. El miedo y la negra sospecha roían como un cáncer el ánimo de la expedición, y su líder no sabía qué actitud tomar. Todo lo que sabían era que entre ellos había un demonio con forma humana.
Los hombres empezaron a apartarse los unos de los otros, manteniendo amplias distancias entre ellos durante la marcha, y esta sospecha mutua, que buscaba la seguridad en la soledad, le puso las cosas más fáciles al demonio. El esqueleto de la expedición siguió tambaleándose a través del solitario desierto, perdido, confuso e indefenso, y el horror invisible seguía rondando sus flancos, cebándose en los rezagados, saciándose en los centinelas a los que rendía un momento el sueño y en los hombres dormidos. Y en el cuello de cada uno había las heridas de unos colmillos aguzados que desangraban completamente a la víctima; así fue como los vivos supieron con qué clase de horror tenían que vérselas. Los hombres siguieron avanzando a trompicones a través del desierto, invocando a los santos, o blasfemando, llenos de terror, luchando frenéticamente contra el sueño, hasta que caían exhaustos y el sueño se les acercaba a hurtadillas con el horror y la muerte.
La sospecha acabó centrándose en un negro enorme, un esclavo caníbal de Calaban Y lo encadenaron. Pero el joven Juan Zavilla siguió el destino de los demás, y luego le llegó el turno al sacerdote. Mas el clérigo luchó con su demoníaco asaltante y vivió lo bastante para susurrar en los oídos de Estrada el nombre del demonio. Y Brill, estremeciéndose, los ojos desorbitados, leyó:
«...Y ahora se le hizo evidente a Estrada que el buen sacerdote había dicho la verdad, y el asesino era don Santiago de Valdez, quien era un vampiro, un demonio no muerto, que subsistía de la sangre de los vivos. Y Estrada se acordó de cierto noble maligno que había acechado en las montañas de Castilla desde los días de los moros, alimentándose con la sangre de víctimas indefensas que le otorgaban una horrenda inmortalidad. Dicho noble había sido expulsado; nadie sabía adonde había huido pero era evidente que él y don Santiago eran e! mismo hombre. Había huido de España en barco, y Estrada supo que la gente de ese barco no había muerto a causa de la plaga, tal y como había mentido el demonio, sino bajo los colmillos del vampiro.
«Estrada, el negro y los pocos soldados que aún seguían con vida le buscaron y le encontraron, sumido en un sueño bestial entre los chaparrales y repleto con la sangre humana de su última víctima. Es bien sabido que los vampiros, como las grandes serpientes cuando están ahítas, caen en un sueño profundo y pueden ser eliminados sin peligro. Mas Estrada no tenía idea alguna de cómo disponer del monstruo, ya que ¿cómo se puede matar a los muertos? Pues en efecto un vampiro es un hombre que murió tiempo ha y que sin embargo rebulle con cierta espantosa no-vida.
»Los hombres le suplicaron al caballero que clavase una estaca en el corazón del demonio y que le cortase la cabeza, pronunciando las santas palabras que convertirían el cuerpo, durante largo tiempo muerto, en polvo, pero el sacerdote estaba muerto y Estrada temió que mientras así actuaba el monstruo pudiese despertar.
»Así pues, cogieron a don Santiago, alzándole con gran cuidado, y le llevaron hasta un viejo montículo indio cercano. Lo abrieron, sacando de él los huesos que allí encontraron, y colocaron al vampiro en su interior y sellaron el montículo..., ¡quiera Dios que hasta el Día del Juicio!
»Este lugar se halla maldito, y ojalá me hubiese muerto de hambre en algún otro sitio antes que venir hasta aquí buscando trabajo..., pues yo sabía acerca de la tierra, el arroyo y el montículo, con su terrible secreto, desde que he sido niño; ya ve usted, señor Brill, la razón de que no deba abrir el montículo y despertar al demonio...»
Aquí terminaba el manuscrito con un garabato del lápiz que había roto la hoja de arrugado papel.
Brill se puso en pie, el corazón latiéndole al galope, el rostro lívido, la lengua pegada al paladar. Tragó saliva y, al fin, halló las palabras.
Por eso estaba la espuela en el montículo..., se le cayó a uno de los españoles mientras cavaba... Y bien podría haber sabido yo que había sido excavado con anterioridad, por el modo en que estaba esparcido el carbón de leña... Pero ¡santo Dios!
Retrocedió horrorizado ante aquellas negras imágenes: un monstruo no muerto que se removía en las tinieblas de su tumba, empujando desde el interior para echar a un lado la piedra aflojada por el pico de la ignorancia..., una forma sombría que se arrastraba cojeante sobre la colina hacia la luz que delataba a una presa humana..., un brazo espantosamente largo que cruzaba una ventana iluminada tenuemente...
¡Esto es una locura! —jadeó—. ¡López estaba como una cabra! ¡Los vampiros no existen! Si es un vampiro, ¿por qué no me cogió primero a mí, en vez de a López..., a menos que estuviese registrando los alrededores, asegurándose de las cosas antes de atacar? ¡Bah, al infierno! Todo esto es un mal sueño, una...
Las palabras se le helaron en la garganta. Un rostro le contemplaba desde la ventana, los rasgos contorsionados, sin emitir sonido alguno. Dos gélidos ojos le perforaron el alma. De la garganta le brotó un alarido y el espantoso rostro se desvaneció. Pero hasta el mismo aire estaba impregnado de la pestilencia que se había cernido sobre el viejo montículo. Y ahora era la puerta la que crujía..., combándose lentamente hacia el interior. Brill retrocedió hasta topar con la pared, la pistola temblándole en la mano. No se le ocurrió disparar a través de la puerta; en su cerebro, convertido en un caos, no había sino una idea: que sólo ese delgado panel de madera le separaba de algún horror nacido del útero de la noche, las tinieblas y el negro pasado. Los ojos se le abrieron como platos viendo cómo cedía la puerta, cómo rechinaban los hierros del cerrojo.
La puerta estalló, hecha pedazos. Brill no gritó. Tenía la lengua como de hielo, pegada al paladar. Sus ojos vidriados por el miedo contemplaron la alta figura semejante a un buitre..., los gélidos ojos, las largas y negras uñas de los dedos..., su harapiento atavío, espantosamente antiguo..., las botas con sus largas espuelas..., el chambergo con su pluma a punto de convertirse en polvo..., la capa flotante que se hacía lentamente pedazos. La forma aborrecible surgida del pasado se agazapó, recortándose en el umbral oscuro, y el cerebro de Brill pareció vacilar. De la figura irradiaba un frío salvaje..., el olor de la arcilla encharcada y los despojos del osario. Y entonces el no muerto saltó sobre él como un buitre que se lanza en picado sobre su presa.
Brill disparó a quemarropa y vio cómo un pedazo de tela de algodón saltaba del pecho de la Cosa. El vampiro se tambaleó bajo el impacto del pesado proyectil y luego, enderezándose, se lanzó hacia adelante a espantosa velocidad. Brill se apoyó en la pared con un grito ahogado, la pistola cayendo de su mano fláccida. Entonces, las negras leyendas eran ciertas..., las armas humanas carecían de todo poder, pues ¿acaso puede un hombre matar a alguien que ya lleva muerto largos siglos, del modo en que mueren los mortales?
Y entonces, las manos parecidas a garras que le rodeaban el cuello enloquecieron al joven vaquero. Al igual que sus antepasados pioneros lucharon mano a mano contra enemigos abrumadores, Steve Brill luchó con la fría y muerta criatura que se arrastraba buscando su vida y su alma.
Brill jamás recordaría gran cosa de esa espantosa batalla. Fue un caos ciego en el que gritó como una bestia, desgarró, dio golpes y puñetazos, en el que uñas largas y negras como garras de pantera le hirieron, en tanto que dientes puntiagudos se cerraban una y otra vez buscando su cuello. Rodando y dando tumbos por la habitación, ambos medio envueltos por los mohosos pliegues de esa vieja capa medio podrida, se golpearon y se hirieron mutuamente entre los restos del mobiliario destrozado, y la furia del vampiro no era más terrible que la desesperación de su víctima enloquecida por el miedo.
Se derrumbaron sobre la mesa, haciéndola caer de lado, y la lámpara de aceite se rajó en el suelo, rociando los muros con repentinas llamaradas. Brill sintió la mordedura del aceite ardiente que le salpicó, pero en el rojo furor de la pelea no le prestó atención. Las negras garras le desgarraban, los ojos inhumanos ardían gélidos clavándose en su alma; entre sus dedos frenéticos la carne marchita del monstruo era tan dura como la madera reseca. Y una ola tras otra de ciega locura dominó a Steve Brill. Gritó y golpeó como un hombre que lucha con una pesadilla, mientras que a su alrededor el fuego se hacía cada vez más alto, prendiendo en las paredes y el tejado.
A través de los chorros candentes y las lenguas de fuego, rodaron y se tambalearon como un demonio y un mortal trabados en combate sobre las ígneas lanzas que cubren los suelos del infierno. Y entre el tumulto creciente de las llamas, Brill hizo acopio de todas sus fuerzas para una última y volcánica erupción de frenético esfuerzo. Logró separarse y, vacilante, se puso en pie, jadeante, ensangrentado, y se lanzó a ciegas sobre la forma repugnante y la atrapó con una presa que ni tan siquiera el vampiro pudo romper. Y haciendo girar en redondo a su demoníaco asaltante por encima de él, le estrelló contra el borde de la mesa caída al igual que un hombre podría romper un palo sobre su rodilla. Algo se quebró como si fuese una rama y el vampiro cayó, libre de la presa de Brill, para retorcerse sobre el suelo ardiente, su cuerpo convulso en una extraña y rota postura. Pero no estaba muerto, pues sus ojos llameantes seguían ardiendo, fijos en Brill con un hambre horrible y, con la columna rota, luchó por arrastrarse hasta Brill, como se arrastra una serpiente moribunda.
Brill, jadeando, tambaleante, se quitó la sangre de los ojos y salió, a ciegas, cruzando la puerta destrozada. Y como un hombre cruza a la carrera las puertas del infierno, corrió tropezando a través de los mesquites y los chaparrales hasta caer, totalmente agotado. Mirando hacia atrás, vio las llamas de la casa que ardía y le agradeció a Dios el que fuese a arder hasta que los huesos de don Santiago de Valdez hubiesen sido totalmente consumidos y borrados del conocimiento humano.



-

INTERESANTES

¿QUIERES SALIR AQUI? ; ENLAZAME

-

Twitter

.

Etiquetas

h. p. lovecraft (122) relato (114) cuento (76) Stephen King (63) gotico (60) GIBRÁN KHALIL GIBRÁN (57) Robert Bloch (50) terror (48) lovecraft (46) guy de maupassant (44) Lord Dunsany (43) anne rice (39) horror (37) maupassant (37) scifi (35) Edgar Allan Poe (31) cuentos (28) ambrose bierce (27) Jorge Luis Borges (26) oscar wilde (26) los mitos de cthulhu (24) algernon blackwood (23) poema (23) ray bradbury (23) blood gothic (22) august derleth (21) dark (21) enlaces (21) 1ªparte (20) bloodgothic.blogspot.com (20) demonios (19) imagenes (19) poemas (19) 2ªparte (18) mario benedetti (18) vampiros (18) capitulo del necronomicon (17) h.p. lovecraft (17) poesia (17) relatos (16) Clark Ashton Smith (15) Horacio Quiroga (15) amanecer vudú (15) musica (15) alejandro dumas (14) becquer (13) blood (13) gothic (13) underground (13) Philip K. Dick (12) amor (12) charles dickens (12) fantasia (12) fredric brown (12) pulp (12) poe (11) EL BAR DEL INFIERNO (10) Howard Phillips Lovecraft (10) el vampiro (10) las mil y una noche (10) necronomicon (10) vampiro (10) Charles Bukowski (9) el hombre ilustrado (9) friedrich nietzsche (9) gibran khalil gibran (9) lilith (9) onirico (9) paul auster (9) subrealismo (9) terror onirico (9) victoriano (9) 2 (8) Andrés Díaz Sánchez (8) Fantasmagoría (8) Isaac Asimov (8) Lewis Carroll (8) Yukio Mishima (8) arte (8) cuento de amor (8) cuento gotico (8) diccionario (8) el extraño (8) fantasmas (8) franz kafka (8) king (8) psicodelicos (8) realidad (8) vamp (8) varios (8) videos (8) Bram Stoker (7) El Castillo de Otranto (7) Selección (7) autor novel (7) cthulhu (7) cuento corto (7) cuento onirico (7) demonologia (7) entrevista con el vampiro (7) guy (7) julio cortazar (7) mitos (7) novel (7) novela (7) oscuro (7) psi-ci (7) recopilacion (7) seleccion (7) sentimientos (7) shelley (7) tatuajes parlantes (7) un mundo feliz (7) 2ª parte (6) ALFRED BESTER (6) ANTON CHEJOV (6) Bestiario (6) Douglas Adams (6) LA VOZ DEL DIABLO (6) LAS BRUJAS DE MAYFAIR (6) RESIDENT EVIL (6) Rubén Darío (6) Selecciones (6) bukowsky (6) clive barker (6) crepusculo (6) cuento victoriano de amor (6) darknes (6) el paraiso perdido (6) el pasillo de la muerte (6) ficcion (6) john milton (6) la metamorfosis (6) mary (6) meyer stephenie (6) pandora (6) rammstein (6) ramsey campbell (6) realidad sucia (6) stephen (6) vampirismo (6) 3ªparte (5) ALEXANDRE DUMAS (5) ANGELES (5) ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA (5) Charles Nodier (5) En busca de la ciudad del sol poniente (5) Flores de las Tinieblas (5) Lord des Morte (5) Marqués de Sade (5) aire frio (5) al azif (5) angel oscuro (5) aventuras (5) charles bukowsky (5) dioses (5) el cazador de sueños (5) el ceremonial (5) el demonio de la peste (5) el horla (5) gotica (5) henry kuttner (5) la casa del pasado (5) la hermandad negra (5) lavey (5) leyendas (5) libros (5) links (5) relato corto (5) wikipedia (5) Aldous Huxley (4) BRIAN W. ALDISS (4) CUESTION DE ETIQUETA (4) Drácula (4) Dylan Thomas (4) EL BESO SINIESTRO (4) EL RUISEÑOR Y LA ROSA (4) EL templo (4) ENTRADAS (4) Edmond Hamilton (4) Federico García Lorca (4) Historias de fantasmas (4) LIBROS DE LA UNIDAD (4) LOS MISERABLES (4) Las Mil y Una Noches (4) Los Fantasmas (4) Los Versos Satánicos (4) Poemas vampíricos (4) Poul Anderson (4) Richard Matheson (4) Robert E. Howard (4) Rudyard Kipling (4) Una Voz En La Noche (4) William Hope Hodgson (4) allan (4) anime (4) anonimo (4) avatars (4) chuck palahniuk (4) citas (4) colleen gleason (4) comentario (4) cuento gotico-victoriano (4) cyberia (4) de lo mejor de paul auster (4) diablos (4) donde cruzan los brujos (4) edgar (4) el diablo (4) el retrato de dorian gray (4) el sabueso (4) el wendigo (4) espiritus (4) fantastico (4) frankestein (4) frases (4) galeria (4) goticos (4) hechizos (4) historias (4) infierno (4) jorge fondebrider (4) la ciudad sin nombre (4) la hermosa vampirizada (4) letra (4) licantropia (4) los amados muertos (4) mito (4) muerte (4) saga vampiros (4) salman rushdie (4) schahrazada (4) twilight (4) victor hugo (4) voces de oscuridad (4) 1984 (3) 3 (3) 666 (3) A n n e R i c e (3) A r m a n d (3) AL ABISMO DE CHICAGO (3) ALGO LLAMADO ENOCH (3) Al otro lado del umbral (3) Alejandro Dolina (3) Apariciones de un Ángel (3) Arthur Machen (3) BOB SHAW (3) Brian Lumley (3) CRONICAS VAMPIRICAS 2 (3) Corto de Animación (3) Dan Brown (3) Días de ocio en el Yann (3) E. Hoffmann Price (3) E. T. A. Hoffmann (3) EL DESAFÍO DEL MAS ALLÁ (3) EL FANTASMA DE CANTERVILLE (3) EL HORROR OCULTO (3) EL LADRON DE CUERPOS (3) EL TEMPLO DEL DESEO DE SATÁN (3) EL TIEMPO ES EL TRAIDOR (3) El Espectro (3) El Libro Negro (3) El espectro de madam Crowl (3) El morador de las tinieblas (3) El príncipe feliz (3) Emisario Errante (3) En la cripta (3) Frank Kafka (3) Fritz Leiber (3) Ghost in the Shell (3) Giovanni Papini (3) Gitanjali (3) Hombre con manías (3) J. Ramsey Campbell (3) JOSEPH PAYNE BRENNAN (3) John Stagg (3) Jr. (3) LA BIBLIOTECA DE BABEL (3) LA CONFESIÓN (3) LA EXTRAÑA CASA EN LA NIEBLA (3) LA IGLESIA DE HIGH STREET (3) LA MARCA DE LA BESTIA (3) LA RISA DEL VAMPIRO (3) LAS RUINAS CIRCULARES (3) La Jaula (3) La Trilogía de Nueva York (3) Mercenarios del Infierno (3) Miguel Hernández (3) Palomos Del Infierno (3) Pío Baroja (3) Rafael Alberti (3) Thanatopia (3) Théophile Gautier (3) Tomás Moro (3) Un Sueño en un Sueño (3) abraham merrit (3) alas rotas (3) alien (3) alquimia (3) amuletos (3) angeologia (3) antiguas brujerias (3) antologia (3) apocalipsis (3) biografia (3) cain (3) carrie (3) charles baudelaire (3) cronicas vampiricas (3) cuento victoriano (3) cuentos del siglo XIX (3) danza macabra (3) dark . gotico (3) david langford (3) de profundis (3) definicion (3) el abismo en el tiempo (3) el alquimista (3) el demonio en la tierra (3) el exorcista II (3) el libro negro de alsophocus (3) el loco (3) el mono (3) el sacrifico (3) el superviviente (3) el vampiro estelar (3) ensayo (3) escritor novel (3) exorcismo (3) fabula (3) fabulas (3) filosofia (3) frank b. long (3) goth (3) gotic (3) guion (3) helena petrovna blabatsky (3) himno al dolor (3) historias de terror (3) inquisicion (3) introduccion (3) john baines (3) john william polidori (3) justine (3) la casa maldita (3) la casa tellier (3) la ciudad de los muertos (3) la llamada de cthulhu (3) la sombra fuera del espacio (3) la tumba (3) las flores del mal (3) legion (3) leyenda (3) lisa tuttle (3) lo innombrable (3) locura (3) lord byron (3) los brujos hablan (3) los gatos de ulthar (3) luna sangrienta (3) mail (3) martín s. warnes (3) maturin (3) mein teil (3) melmoth el errabundo (3) milowishmasterfox (3) neorealismo (3) nombres (3) nombres demoniacos (3) oscuros (3) pacto de sangre (3) pensamientos (3) poemas en prosa (3) poesias (3) polaris (3) que viene el lobo (3) rabindranat tagore (3) ratas (3) rimas (3) roald dahl (3) robert silverberg (3) rosenrot (3) rostros de calabera (3) satanismo (3) snake (3) sueño (3) suicidas (3) teatro (3) vida (3) vudu (3) yveline samoris (3) Ángeles y demonios (3) 1 (2) 4ªparte (2) A. Bertram Chandler (2) ABANDONADO (2) ALBERT FISH (2) Akira (2) Alfonso Linares (2) Algunos Poemas a Lesbia (2) Antonio Gala (2) Aparicion (2) Astrophobos (2) Ayer... hace tanto tiempo (2) BETHMOORA (2) Blade Runner (2) Brad Steiger (2) C. M. EDDY (2) CELEPHAÏS (2) CHICKAMAUGA (2) CONFESIONES DE UN ARTISTA DE MIERDA (2) CORAZONADA (2) Carrera Inconclusa (2) Charon (2) Christian Jacq (2) Clarimonda (2) Cowboy Bebop (2) Cyberpunk (2) Cómo Ocurrió (2) E D G A R A L L A N P O E (2) E. F. Benson (2) EL ASESINO (2) EL BAUTISMO (2) EL BESO (2) EL CABALLERO (2) EL CENTRO DEL INFIERNO (2) EL DESIERTO (2) EL DIABLO EN EL CAMPANARIO (2) EL EXORCISTA (2) EL FANTASMA Y EL ENSALMADOR (2) EL GOLEM (2) EL GRITO DEL MUERTO (2) EL JARDÍN DEL PROFETA (2) EL OTRO YO (2) EL PISO DE CRISTAL (2) EL PRESUPUESTO (2) EL RETRATO DE ROSE MADDER (2) EL SÉPTIMO CONJURO (2) EL VAGABUNDO (2) EL ÁRBOL (2) Ecos (2) El Conde de Montecristo (2) El Cuerno Del Horror (2) El Dr. Jekyll y Mr. Hyde (2) El Funeral de John Mortonson (2) El Hombre De Arena (2) El Monte de las Ánimas (2) El Puñal (2) El Que Cierra El Camino (2) El Sacrificio (2) El Tulipán Negro (2) El Valle Perdido (2) El Visitante Y Otras Historias (2) El artista del hambre (2) El ciclo del hombre lobo (2) El clérigo malvado (2) El gato del infierno (2) El gato negro (2) El homúnculo (2) El legado (2) El miedo (2) El rapto de la Bella Durmiente (2) El saber mágico en el Antiguo Egipto (2) El árbol de la colina (2) Elogio de la locura (2) En la noche de los tiempos (2) Estirpe de la cripta (2) Fuera de Aquí (2) GUARDIANES DEL TIEMPO (2) GUSTAVO ADOLFO BECQUER (2) Gustav Meyrink (2) H. Barlow (2) H.P.Lovecraft (2) HERMANN HESSE (2) Harlan Ellison (2) Hasta en los Mares (2) Historia (2) Historia Del Necronomicon (2) Historia de fantasmas (2) Hocus Pocus (2) ICARO DE LAS TINIEBLAS (2) INTERNET (2) JUANA INES DE LA CRUZ (2) Jack Vance (2) John Sheridan Le Fanu (2) José Luis Velarde (2) Kurt Vonnegut (2) LA BIBLIA SATANICA (2) LA BÚSQUEDA (2) LA CAIDA DE BABBULKUND (2) LA DECLARACIÓN DE RANDOLPH CARTER (2) LA FARSA (2) LA LOTERÍA DE BABILONIA (2) LA MUERTA ENAMORADA (2) LA MUERTE (2) LA MUSA DE HYPERBOREA (2) LA PERLA (2) LAS LEGIONES DE LA TUMBA (2) LESTAT EL VAMPIRO (2) LOS VERSOS SATANICOS (2) La Bestia en la Cueva (2) La Calle (2) La Casa de la Pesadilla (2) La Habitación Cerrada (2) La Monja Sangrienta (2) La Tortura de la Esperanza (2) La Verdad (2) La chica más guapa de la ciudad (2) La conspiración Umbrella (2) La marquesa de Gange (2) La noche de los feos (2) La pasión turca (2) Letras (2) Los Sueños de la Casa de la Bruja (2) Los crímenes que conmovieron al mundo (2) Los ojos de la momia (2) Los reyes malditos (2) Los tres mosqueteros (2) MAGOS (2) MARIO BENEDETTI - LA MUERTE (2) MINORITY REPORT (2) MOBY DICK (2) MUJERES (2) Mark Twain (2) Morella (2) Narrativa gótica (2) No hay camino al paraíso (2) PABLO NERUDA (2) POPSY (2) PUNTERO IZQUIERDO (2) R. L. Stevenson (2) RADIO FUTURA (2) ROSTRO DE CALAVERA (2) Rabindranath Tagore (2) Retornos de una sombra maldita (2) Robert A. Heinlein (2) SAMAEL AUN WEOR (2) SATANAS (2) SU VIDA YA NO ES COMO ANTES (2) SUPERVIVIENTE (2) Sherry Hansen Steiger (2) The Last Vampire (2) Thomas M. Disch (2) UN DÍA DE CAMPO (2) UTOPIA (2) Un habitante de Carcosa (2) Un juguete para Juliette (2) Una mujer sin importancia (2) Una tienda en Go-by Street (2) V.O. (2) VELANDO EL CADÁVER (2) Vida después de la Muerte (2) Vida y Muerte (2) Villiers de L'Isle-Adam (2) Vinum Sabbati (2) YO CRISTINA F. (2) a la puta que se llevó mis poemas (2) a las aguas (2) a un general (2) agonico (2) al amor de mi vida (2) aladino (2) alaide floppa (2) alas nocturnas (2) albunes (2) alexandre (2) amistad (2) andres diaz sanchez (2) angel de la muerte (2) animas y fantasmas (2) anime-blood (2) antonio machado (2) apocaliptico (2) arena y espuma (2) arthur c. clarke (2) asesinato (2) baudelaire (2) bequer (2) blancanieves (2) brujas (2) busqueda (2) c. m. eddy jr. (2) cabala (2) capitulo suelto (2) caronte (2) castigo (2) catolico (2) cementerios (2) ciberespacio (2) ciberpunk (2) cielo (2) ciudad de cristal (2) ciudad vampiro (2) coleccion (2) colette gothic darknes (2) comics (2) computadora (2) conjuros (2) cortos (2) costazar (2) creepwar.gotico (2) cria cuervos (2) cruelmente romantica (2) cuento amor (2) cuentos coliniales de terror (2) cuentos cortos (2) cuentos de canterbury (2) cuentos de un soñador (2) cumbres borrascosas (2) dagon (2) death (2) demonio (2) depeche mode (2) diagnostico de muerte (2) dios (2) disciplinas de vampiro (2) dolor (2) don juan (2) dracula (2) e l v a m p i r o (2) ecce homo (2) el (2) el abismo (2) el anticristo (2) el arbol de la vida (2) el caballero de la maison rouge (2) el canibal de rotenburgo (2) el caos reptante (2) el club de la lucha (2) el club de los suicidas (2) el coche del diablo (2) el disco (2) el dueño de rampling gate (2) el elixir de larga vida (2) el entierro (2) el espectro del novio (2) el evangelio de los vampiros (2) el fabricante de ataúdes (2) el fantasma de la opera (2) el gran inquisidor (2) el hijo (2) el jinete en el cielo (2) el joven lovecraft (2) el palacio de la luna (2) el pantano de la luna (2) el profeta (2) el signo (2) ellinson (2) elogio de tu cuerpo (2) emily bronte (2) entendimiento (2) entre sueños (2) epistola (2) escritor (2) espacio (2) esperanza (2) esquizofrenia (2) eva (2) fin (2) fiodor dostoiesvski (2) fobia (2) fragmentos del necronomicon (2) frankenstein (2) g. a. becquer (2) gabriel garcia marquez (2) genesis (2) gothic darknes (2) gracia torres (2) guerra (2) guillotina (2) h. (2) hada (2) harry harrison (2) hazel heald (2) hechizo (2) herman hesse (2) historia / ficcion (2) historia real (2) hombre-lobo (2) honore de balzac (2) horror en el museo (2) indice (2) ingles (2) intriga (2) introductoria (2) italo calvino (2) juego (2) juguemos a los venenos (2) kafka (2) kir fenix (2) la carta robada (2) la catedra de lucifer (2) la cosa en el dormitorio (2) la creacion (2) la cruz del diablo (2) la dama de las camelias (2) la habitacion cerrada (2) la hoya de las brujas (2) la imagen de la muerte (2) la maquina de follar (2) la muerte y la condesa (2) la noche boca arriba (2) la novia del hombre caballo (2) la piedra negra (2) la torre oscura (2) lacrimosa (2) leyes (2) lhiliht (2) libro (2) literatura (2) los habitantes del pozo (2) los otros dioses (2) los perros de tindalos (2) los zuecos (2) m. r. james (2) milady (2) miskatonic (2) misterio (2) morfina (2) morgue (2) mp3 (2) music (2) mª. covadonga mendoza (2) narracion ocultista (2) nobel (2) noir (2) nota (2) notas (2) nuestros primos lejanos (2) nuevas cronicas vampiricas (2) occidente (2) ocultismo (2) on-line (2) oriente (2) orson scott card (2) p. (2) paris (2) paulo coelho (2) pecados (2) peter blatty (2) poderes (2) primigenio (2) prometeo (2) prosas luciferinas (2) psico (2) r.l. stevenson (2) reglas (2) relato amor (2) religion-ficcion (2) reliquia de un mundo olvidado (2) revelacion (2) revolucion francesa (2) ritual (2) rituales (2) robert a. lowndes (2) robert louis stevensont (2) roger zelazny (2) roll (2) romancero gitano (2) romanticismo (2) rpg (2) saki (2) sangre (2) serie cronicas vampiricas gardella (2) simbolismo (2) suicidio (2) sumario (2) surrealismo (2) taisha abelar (2) tetrico (2) the best (2) the cure (2) tragedia (2) traidor (2) un dia en el confin del mundo (2) una cruz de siglos (2) varios autores (2) varios cuentos (2) vaticano (2) video (2) violin (2) vistoriano (2) washington irving (2) willian blatty (2) ¿QUO VADIS? (2) ÁNGELES IGNORANTES (2) Ángela (2) "Vivo sin vivir en mí" (1) (1515-1582) (1) (1816) (1) (1934) (1) + y - (1) -- ANONIMO (1) -- EL HORROR DE DUNWICH (1) . EL PROFETA ERMITAÑO (1) . LA SANTA COMPAÑA . (1) . La locura del mar (1) . Luis Cernuda (1) . VENOM (1) .El Club del Ataúd. (1) .ecunemico (1) .rar (1) 100 (1) 13 fantasmas (1) 17THIS SECRET HAS TO BE KEPT by you from anyone else (1) 1809-1849 (1) 1810 (1) 1812 (1) 1862 (1) 1918/19 (1) 1939-1941? (1) 1ª parte (1) 1ªmujer (1) (1) 26 CUENTOS PARA PENSAR (1) 2parte (1) 2ª Serie (1) (1) 2ºlibro (1) 2ºlibro de nuevas cronicas vampiricas (1) 334 (1) 360º (1) 3:47 a.m. (1) 4 (1) 5 (1) 6 (1) 7 pecados capitales (1) 84 de charing cross road (1) (1) 9000 años (1) A LA ESPERA (1) A M B R O S E B I E R C E (1) A imagen y semejanza (1) A restos.. de ti (1) A través de la puerta de la llave de plata (1) A través de las puertas de la llave de plata (1) A. E. VAN VOGT (1) A. MERRIT (1) A. Merritt (1) A.R. Ammons (1) A: lord Alfred Douglas (1) ABAJO (1) ABONO PARA EL JARDÍN (1) ABUELITO (1) ACERO -- Richard Matheson (1) ADEFESIA (1) AGENTE DEL CAOS (1) AL MAGNIFICO LORENZO DE MÉDECIS (1) AL OTRO LADO (1) ALGUIEN ME APRECIA AHÍ ARRIBA (1) ALGÚN QUE OTRO ANIMAL (1) ALMAS EN PENA (1) AMADEO KNODLSEDER (1) AMANECER EN MERCURIO (1) AMANECER VUDU (1) AMBROSE GWINET BIERCE (1) AMERICAN ZOMBIE (1) AMOR Y ODIO (1) ANDREA SOL (1) ANGEL DE LUZ (1) ANIUTA (1) ANTES DEL ESPECTÁCULO (1) APARECIÓ CAÍN (1) APRENDED GEOMETRIA (1) AQUEL VIEJO (1) ARMAGEDON Fredric Brown (1) ARTHUR JERMYN (1) ASESINOS SATÁNICOS (1) AYER (1) Abraham Merritt (1) Abraza la oscuridad (1) Acorralado (1) Ad Lucem (1) Adam Kadmon (1) Adan (1) Adiós al siglo XX (1) Adolf Hitler (1) Afuera (1) Agatha Christie (1) Ahmad Ibn Ata'Illah (1) Alan Barclay (1) Albertina desaparecida (1) Alejandro Pushkin (1) Alejo Carpentier (1) Aleksandr Nikoalevich Afanasiev (1) Aleksandr Pushkin (1) Alfred E. Van Vogt (1) Alfred Elton van Vogt (1) Algernoon Blackwood (1) Alien earth (1) Amityville (1) Ana María Matute (1) Anatoli Dneprov (1) Andrei Chikatilo (1) Andrógino (1) Animismo (1) Anne Brontë (1) Another Google Bot (1) Antiguas brujerías (1) Antipoemas (1) Antología (1) Anubis (1) Anónimo (1) Appleseed (1) Aramis (1) Arcipreste de Hita (1) Armand (1) Asesinado Al Pie De Un Altar Vudú (1) Asimov (1) Atentamente suyo Jack el Destripador (1) Atentamente suyo. Jack el Destripador (1) Athos (1) August W. Derleth (1) Auguste Villiers de l'lsle‑Adam (1) Augusto Monterroso (1) Augustus Hare (1) Autobiografía (1) Auténtico Amor (1) Ayuda Alienígena (1) BAJO LAS PIRÁMIDES H. P. LOVECRAFT (1) BARBA AZUL (1) BERTA (1) BLANCO Y AZUL (1) BOCCACCIO (1) BOITELLE (1) BOLA DE SEBO (1) Bacarat (1) Balada nupcial (1) Barry Longyear (1) Battle Angel Alita (1) Bibliografía (1) Biblioteca (1) Boogiepop Phamtom (1) Breve comentario sobre la esquizofrenia (1) Bruce Sterling (1) Bubblegum Crisis (1) C. L. MOORE (1) C. S. Lewis (1) C.L. Moore (1) CABEZA DE CONO (1) CANCIÓN DE AMOR (1) CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA (1) CARTA A UN FÉNIX (1) CARTA DE UN LOCO (1) CARTAS (1) CASTIGOS (1) CEREMONIAL (1) CHARLES PERRAULT (1) CHERTOGON (1) CIBER-DARK (1) COCAINA (1) COCO.COCO. COCO FRESCO (1) COMO PARA CONFUNDIRSE (1) COMPLICIDAD PREVIA AL HECHO (1) CON DIOS (1) CONFESIONES DE UNA MUJER (1) CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978 (1) CONVERSIONES (1) COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE (1) CORTÁZAR (1) COTO DE CAZA (1) CRONICAS VAMPÍRICAS 2 (1) CRÍTICA AL CRISTIANISMO Y A LA SOCIEDAD (1) CUADERNO HALLADO EN UNA CASA DESHABITADA (1) CUENTOS DE AMOR. DE LOCURA Y DE MUERTE (1) CUERPO Y ALMA (1) Cabeza de Lobo (1) Camilo José Cela (1) Canaan negro (1) Canción del pirata (1) Cannibal Corpse (1) Canon Pali (1) Carmilla (1) Carolina (1) Cartas Desde La Tierra (1) Casi Extinguidos (1) Catastrofe Aerea (1) Catherine Crowe (1) Catulo (1) Charles Dickens El guardavías (1) Charles Grant (1) Charles Nightingale (1) Chaugnar Faugn (1) Chica gótica (1) Chitterton House (1) Chris Chesley (1) Christopher Marlowe (1) Ciencia Ficción (1) Cine (1) Claudia (1) Colección (1) Conan (1) Conoce la Ciudad Gótica en 3D (1) Conología de la caza de hackers (1) Conquístate a ti mismo y conquistarás al mundo (1) Conversación (1) Corazones Perdidos (1) Corman (1) Cosas Zenna Henderson (1) Crom (1) Crumtuar y la Diosa (1) Cría cuervos (1) Cuando los cementerios son una atracción (1) Cuarta parte (1) Cynthia Asquith (1) CÁTULO (1) Cómo mueren los mitos (1) D'Artagnan (1) DAGÓN (1) DANTE ALIGHIERI (1) DE COMO EL Dr. JOB PAUPERSUM LE TRAJO ROSAS ROJAS A SU HIJA (1) DE COMO LLEGO EL ENEMIGO A THULNRANA (1) DE SADE (1) DECAMERON (1) DEL MÁS ALLÁ (1) DELENDA EST... (1) DESPERTARES (1) DIABLO (1) DICCIONARIO DE ÁNGELES (1) DICCIONARIO DEL DIABLO (1) DIÁLOGO SOBRE LA PENA CAPITAL (1) DOBLE CREER (1) DOS POEMAS (1) DOS SERES IGUALES (1) Dan Brown Ángeles y demonios (1) Dark Gotico (1) Dark Icarus (1) David F. Bischoff (1) De guardia (1) Death Fails (1) Del toro (1) Demonios babilónicos (1) Demoníacos (1) Dennis Etchison (1) Dentro de mí (1) Deportacion (1) Depresión (1) Der Vampir (1) Derek Rutherford (1) Descargo de responsabilidad (1) Desde Lugares Sombríos (1) Desert Punk (1) Diagnóstico de Muerte (1) Diccionario De Relaciones Y Sexo (1) Diccionario de Símbología (1) Donde habite el olvido XII (1) Douglas Rushkoff (1) Dr. Bloodmoney (1) Duelo (1) Dulces para esa dulzura (1) E L E N T I E R R O P R E M A T U R O (1) E L E N T I E R R O P R E M A T U R O (1) E L A N T I C R I S T O (1) E-volution (1) E. M. Johnson (1) E.F.Benson (1) E.T.A. Hoffmann (1) EL ABONADO (1) EL ABUELO ASESINO (1) EL ALEPH (1) EL ALEPH ficcion (1) EL ALMOHADON DE PLUMAS (1) EL ARISTÓCRATA SOLTERÓN (1) EL ARMARIO (1) EL ARO (1) EL ASESINATO DE DIOS (1) EL BARON DE GROGZWIG (1) EL BARRILITO (1) EL BICHO DE BELHOMME (1) EL BIGOTE (1) EL CARDENAL NAPELLUS (1) EL CETRO (1) EL CLUB DE LUCHA (1) EL CONDE DE MONTECRISTO II (1) EL CONDE DE MOTECRISTO (1) EL CONDUCTOR DEL RAPIDO (1) EL COTTAGE DE LANDOR (1) EL CRIMEN DE LORD ARTHUR SAVILLE (1) EL CRIMINAL Y EL DETECTIVE (1) EL CUENTO FINAL DE TODOS LOS CUENTOS (1) EL DEMONIO DE LA PERVERSIDAD (1) EL DIENTE DE BALLENA (1) EL DIOS SIN CARA (1) EL DUEÑO DE RAMPLING GATE (1) EL ERMITAÑO (1) EL FINAL (1) EL FLASH (1) EL FRUTO DE LA TUMBA (1) EL GATO Y EL RATÓN (1) EL GRABADO EN LA CASA H. P. LOVECRAFT (1) EL GRAN GRIMORIO (1) EL HOMBRE DE LA CALAVERA (1) EL HURKLE ES UN ANIMAL FELIZ (1) EL INCORREGIBLE BUITRE DE LOS ALPES (1) EL JOVEN GOODMAN BROWN (1) EL JUEGO DE LOS GRILLOS (1) EL JUEGO DE PELOTA EN RAMTAPUR (1) EL LIBRO DE LO INCREÍBLE (1) EL LIBRO DE LOS SERES IMAGINARIOS (1) EL MATRIMONIO DEL CIELO Y EL INFIERNO (1) EL MESMERISMO (1) EL METRONOMO (1) EL MUNDO AVATAR: ANDY WARHOL (1) EL NECRONOMICON (1) EL NUMERO QUE SE HA ALCANZADO (1) EL OJO SIN PARPADO (1) EL ORACULO DE SADOQUA (1) EL ORINAL FLORIDO (1) EL ORO (1) EL OTRO VAGABUNDO (1) EL PESCADOR DEL CABO DEL HALCON (1) EL PRECURSOR (1) EL REGRESO (1) EL RELÁMPAGO (1) EL REY (1) EL REY DE HIERRO (1) EL ROBLE HA CAÍDO (1) EL RÍO (1) EL SEXO FRIO (1) EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO (1) EL SUEÑO DEL REY KARNA-VOOTRA (1) EL SUSURRADOR EN LA OSCURIDAD (1) EL TRUEQUE (1) EL USURPADOR DE CADAVERES (1) EL VALLE DE LOS DIOSES (1) EL VAMPIRO ARMAND (1) EL VAMPIRO ARMAND (1) EL VENGADOR DE PERDONDARIS (1) EL VIUDO TURMORE (1) EL ZOPILOTE (1) EL _ ALEPH (1) EL cantar del exangel (1) EL ÚLTIMO EXPERTO (1) ELIGE TU DESTINO (1) ELISA BROWN (1) EN EL BOSQUE DE VILLEFERE (1) EN EL CREPUSCULO (1) EN ESTADO LATENTE (1) EN LA FERIA (1) EN ZOTHIQUE (1) Eco (1) Edad Media (1) Edgar Allan Poe El Cuervo (1) Edward Bulwer-Lytton (1) Edward Lucas White (1) El Almohadón de Plumas (1) El Arte de la Estrategia (1) El Asirio (1) El BAR II (1) El Barril de Amontillado (1) El Boogie Del Cementerio (1) El Borametz (1) El Buque Fantasma (1) El Carbunclo Azul (1) El Caso de los Niños Deshidratados (1) El Centinela (1) El Clan De Los Parricidas (1) El Club del Ataúd (1) El Corsario (1) El Crimen Invisible (1) El Cuarto en la Torre (1) El Dios de los Brujos (1) El Dios-Monstruo De Mamurth (1) El Dragón (1) El Eclipse (1) El Espejo De Nitocris (1) El Gigante Egoista (1) El Gris Gris En El Escalón De Su Puerta Le Volvió Loco (1) El Haschich (1) El Hombre Del Haschisch (1) El Hombre que Soñó (1) El Hueco (1) El Mago de Oz (1) El Mensajero de la Muerte (1) El Misterio del Mary Celeste (1) El Nuevo Acelerador (1) El Nuevo Acelerador Herbert George Wells. (1) El Príncipe (1) El Regalo de los Terrestres (1) El Rey Estelar (1) El Ritual (1) El Ruido de un Trueno (1) El Sacerdote Y Su Amor (1) El Signo Amarillo (1) El Underground digital (1) El Vengador de Perdóndaris (1) El Violador de la Moto (1) El Visitante Y Otras Historias Dylan Thomas (1) El Yoga (1) El amor de mi vida (1) El aprendiz de brujo. (1) El armonizador (1) El cadillac de Dolan (1) El camaleón (1) El campamento del perro (1) El cartero del rey (1) El caso de Charles Dexter Ward (1) El cuarto de goma (1) El demonio en Ceirno (1) El duque de L'Omelette (1) El espejo de Ko Hung (1) El extraño vuelo de Richard Clayton (1) El francotirador cazado (1) El grimorio del papa Honorio (1) El guardián entre el centeno (1) El horror del montículo (1) El informe del inspector Legrasse (1) El jardín de Adompha (1) El jardín del tiempo (1) El judío errante (1) El judío errante.Thomas M. Disch (1) El mal de la muerte (1) El muchacho que escribia poesia (1) El mundo que ella deseaba (1) El pararrayos (1) El pecado de Hyacinth Peuch (1) El perfume (1) El pescador del Cabo del Halcón (1) El pescador y su alma (1) El puñal del godo (1) El que acecha en la oscuridad (1) El que susurraba en las tinieblas (1) El roble de Bill (1) El sexo y yo (1) El soldado y la muerte (1) El telar (1) El terror volvió a Hollywood (1) El Árbol de las Brujas (1) El árbol de la buena muerte (1) El árbol de oro (1) El último sueño del viejo roble (Cuento de Navidad) (1) Eliphas Lévi (1) Ellen Schreiber (1) Empirismo (1) En donde suben y bajan las mareas (1) En el Calor de la Noche (1) En persona (1) Ensayo al viejo estilo (1) Erasmo de Rotterdam (1) Erecciones (1) Eres tan bella como una flor (1) Ergo Proxy (1) Eric Frank Russell (1) Eric Lavín (1) Escéptico (1) Ese Gran simulacro (1) Esoterismo (1) Esta noche se rebelan las estrellas (1) Estilo gótico (1) Exhibiciones (1) Eyaculaciones (1) F R I E D R I C H N I E T Z S C H E (1) FABULAS Y SIMBOLOS (1) FBI (1) FEMINISTAS (1) FESTIVAL DEL TESTÍCULO (1) FICCIONES (1) FLUYAN MIS LÁGRIMAS DIJO EL POLICÍA (1) FRANCIS MARION CRAWFORD (1) FRANK BELKNAP L. (1) FRASES DE POLÍTICOS (1) FREDIE MERCURY (1) FUERA DE ESTE MUNDO (1) Factotum (1) Fahrenheit 451 (1) Farenheit 451 (1) Feuerräder (1) Fiel amigo (1) Flautistas en el bosque (1) Fondo Monetario (1) Frank Belknap Long (1) Frankenstein o el moderno Prometeo (1) Franz Harttmann (1) Fred Saberhagen (1) Frederick Marryat (1) Frederick pohl (1) Freud (1) Fruto negro (1) Fuego Brillante (1) Fuego infernal (1) G. A. BEQUER (1) GENTE REUNIDA (1) GIBRÁN KHALIL GIBRÁN LADY RUTH (1) GIGANTE (1) GITANO (1) GOTHICPUNK (1) GUARDIANES DEL TIEMPO EXTRAÑOS TERRÍCOLAS ORBITA ILIMITADA ONDA CEREBRAL UN MUNDO EN EL CREPUSCULO (1) GUERRA DE ALADOS (1) GUIA DEL AUTOESTOPISTA GALACTICO (1) Gardner F. Fox (1) Gastón (1) Gauguin (1) Geoffrey Chaucer (1) George Berkeley (1) George Gordon Byron (1) George Langelaan (1) George Orwell (1) Ghost lover (1) Gilbert Thomas (1) Gordon Leigh Bromley (1) Gottfried Benn (1) Greg Egan (1) Grimoires (1) Guión para Alíen III (1) Gustave Flaubert (1) Génesis (1) Gómez (1) H. G. WELLS (1) H. P. Lovecraft LA BÚSQUEDA DE IRANON (1) H. P. Lovercraft (1) H.P.Lovecraft y E. Hoffmann Price (1) HAN CAIDO LOS DOS (1) HECHIZOS DE AMOR (1) HERBERT WEST (1) HIJO DE LA LUNA (1) HIPNOS (1) HISTORIA DE MAR Y TIERRA (1) HISTORIA DEL ENDEMONIADO PACHECO (1) HISTORIA DEL JOVEN DE LAS TARTAS DE CREMA (1) HISTORIA DEL MANDADERO (1) HISTORIA GÓTICA (1) HISTORIA PRODIGIOSA DE LA CIUDAD DE BRONCE (1) HOMBRES y DRAGONES (1) HOY Y MAÑANA (1) Hasta donde mueran los sentimientos (1) Hay Tigres (1) Hector G. Oesterheld (1) Heinrich August Ossenfelder (1) Hell-fire 1956 (1) Herbert George Wells. (1) Herman Melville (1) Hierba gatera (1) Historia Del Necronomicon H. P. Lovecraft (1) Historia de un muerto contada por él mismo (1) Historia de una demonización. (1) Horace Walpole (1) Howard Fast (1) Howard P. Lovecraft (1) Howard Philip Lovecraft (1) Héctor Álvarez (1) Híbrido (1) II parte (1) III (1) III parte (1) IMAGEN DE TU HUELLA (1) IMAGINE (1) IMÁGENES MALDITAS (1) INDICE MIO CID (1) Ideas (1) Ilusionismo (1) Inanna (1) Intento (1) Investigador De Lo Oculto (1) Isthar (1) Iván A. Efrémov (1) Iván Turguéniev (1) J. G. Ballard (1) J. J. Van der Leeuw (1) J.D. Salinger (1) JACK LONDON (1) JON WIENER (1) JORGE ADOUM (1) JUAN SALVADOR GAVIOTA (1) JUEGO DE SOMBRAS (1) JUNTO A UN MUERTO (1) Jaime Bayly (1) James H. Schmitz (1) James Montague RhodesCORAZONES PERDIDOS (1) Javi (1) Jean Lorrain (1) Jean Ray (1) Jim Morrison (1) John Lennon (1) John Silence (1) John Stagg - El Vampiro (1) John W. Campbell (1) John Wyndham (1) John/Yoko (1) Jorge Bucay (1) Jorge Manrique (1) Jose Antonio Rodriguez Vega (1) Joseph Sheridan Le Fanu (1) José Luis Garci (1) José Luis Zárate Herrera (1) José Manuel Fernández Argüelles (1) José María Aroca (1) José de Esponceda (1) Juan C. "REX" García Q. (1) Juan Darién (1) Juan Ruiz (1) Juan de la Cruz (1) Juan-Jacobo Bajarlía (1) Kabbalah (1) Keith Laumer (1) Khnum (1) Kit Reed (1) L a Muerte De Halpin Frayser A mbrose Bierce (1) L a Mujer Loba (1) LA ALQUIMIA COMO CIENCIA DEL ARTE HERMETICO (1) LA AVENTURA DEL ASESINO METALICO (1) LA BAILARINA (1) LA BALLENA DIOS (1) LA BALLENA Y LA MARIPOSA (1) LA BARONESA (1) LA BECADA (1) LA BELLEZA INÚTIL (1) LA BELLEZA INÚTILguy de maupassant (1) LA BODA DEL LUGARTENIENTE LARÉ (1) LA CABELLERA (1) LA CASA (1) LA COMPAÑERA DE JUEGO (1) LA CONFESIÓN DE TEODULIO SABOT (1) LA CRIBA (1) LA ESCUELA DE LA PIEDRA DE LOYANG (1) LA ESPADA DE WELLERAN (1) LA ESTATUA (1) LA EXTRAÑA CABALGADA DE MOROWBIE JUKES Rudyard Kipling (1) LA FERIA DE LAS TINIEBLAS (1) LA INVASIÓN DIVINA (1) LA LUNA LLENA (1) LA MAGIA NEGRA (1) LA MALDICIÓN (1) LA MAQUINA DEL SONIDO (1) LA MASCARA DE LA MUERTE ROJA (1) LA MOSCA (1) LA MÚSICA DE ERICH ZANN (1) LA NARIZ (1) LA PARENTELA DE LOS ELFOS (1) LA PARÁBOLA CHINA (1) LA PIMPINELA ESCALATA (1) LA QUE ERA SORDA (1) LA RAÍZ CUADRADA DE CEREBRO (1) LA SEGUNDA LEY (1) LA SENDA (1) LA SOMBRA. (1) LA TEMPESTAD (1) LA TEORIA DE LAS MASCOTAS DE L.T. (1) LA TIERRA DE ZAAD (1) LA TIERRA ROJA (1) LA TRAMA CELESTE (1) LA TRÁGICA HISTORIA DEL DOCTOR FAUSTO (1) LA VENTANA ABIERTA (1) LA VENUS DE ILLE (1) LA VISITA QUE J. H. OBERHEIT HACE A LAS TEMPIJUELAS (1) LAGARTIJA (1) LAGRIMAS Y RISAS (1) LAGRIMAS Y SONRISAS (1) LAS BECADAS (1) LAS DOS PRINCESAS (1) LAS GRANADAS (1) LAS HOJAS SECAS (1) LAS LEYES (1) LAS PERVERSAS CRIATURAS DE SERGIO LAIGNELET (1) LAS RANAS (1) LAS RATAS DEL CEMENTERIO (1) LAS REVELACIONES DE BECKA PAULSON (1) LAS TUMBAS DE TIEMPO (1) LEOPOLDO LUGONES (1) LEYENDA DE LA CALLE DE NIÑO PERDIDO (1) LEYES DE DROGAS (1) LIBRO DE LA DUALIDAD (1) LIBRO DE LA IGNORANCIA (1) LIBRO DEL AMOR (1) LILIHT (1) LOS AGUJEROS DE LA MASCARA (1) LOS CANGREJOS CAMINAN SOBRE LA ISLA (1) LOS CLANES DE LA LUNA ALFANA (1) LOS CONSTRUCTORES (1) LOS CUATRO HERMANOS LUNARES (1) LOS DOS CAZADORES (1) LOS DOS HERMANOS (1) LOS DOS POLÍTICOS (1) LOS DOS ÁNGELES (1) LOS HOMBRES QUE ASESINARON A MAHOMA (1) LOS HOMBRES QUE BAILAN CON LOS MUERTOS (1) LOS HUÉSPEDES -- SAKI (1) LOS IMPOSTORES (1) LOS SIETE PUENTES (1) LOS VEINTICINCO FRANCOS DE LA SUPERIORA (1) LOS ÁRBOLES DEL AZUL (1) LSD (1) LUZIFER (1) La Acacia (1) La Aureola Equivocada (1) La Callejuela Tenebrosa (1) La Campaña (1) La Casa Croglin (1) La Casa De Los Espíritus (1) La Caza de Hackers (1) La Ciudad (1) La Cámara De Los Horrores (1) La Cámara de los Tapices (1) La Entrada Del Monstuo (1) La Estatua de Sal (1) La Extraña Cabalgada De Morowbie Jukes (1) La Fiera Y La Bella (1) La Leyenda De San Julian El Hospitalario (1) La Liberación de la Bella Durmiente (1) La Luna Nueva (1) La Magia (1) La Mandrágora (1) La Mascarada (1) La Muerte Enamorada (1) La Máscara de la Muerte Roja (1) La Palida Esposa De Toussel (1) La Pradera Verde (1) La Pócima Vudú De Amor Comprada Con Sangre (1) La Torre del Elefante (1) La Tregua (1) La Vérité (1) La bahía de las corrientes irisadas (1) La capa (1) La casa de Cthulhu (1) La casa del hacha (1) La casa hechizada (1) La catacumba (1) La condena (1) La cultura del miedo (1) La dama de compañía (1) La familia de Pascual Duarte (1) La guadaña (1) La hija del árbol (1) La llave de plata (1) La lucha por la vida I (1) La lucha por la vida II (1) La lucha por la vida III (1) La mansión de las rosas (1) La mañana verde (1) La muerte del borracho (1) La mujer de Dennis Haggarty (1) La mujer del bosque (1) La máquina del sonido (1) La novia del ahorcado (1) La parra (1) La pregunta (1) La reina estrangulada (1) La soledad del escritor en el siglo XXI (1) La sombra de Eva (1) La sombra que huyó del capitel (1) La sombra que huyó del capitel. los mitos de cthulhu (1) La sombra que huyó del chapitel (1) La vampiro española (1) La ventana en la buhardilla (1) La vida de la muerte (1) La vida en las trincheras del Hiperespacio (1) La vida nueva (1) Lain (1) Las botas mágicas (1) Las figurillas de barro (1) Las imprudentes plegarias de Pombo el idólatra (1) Las mandrágoras (1) Las once mil vergas -- Guillaume Apollinaire -- Advertencia (1) Las palabras mágicas (1) Las puertas del Valhalla (1) Lawrence C.Conolly (1) Leigh Brackett (1) Lestat (1) Ley y Orden (1) León Tolstoi (1) Libro de Buen Amor (1) Libro de Eibon (1) Lilitú (1) Lista de los demonios en el Ars Goetia (1) Llegado desde el infierno (1) Lluvia Negra (1) Lord of the Flies (1) Los Crímenes de la Rue Morgue (1) Los Elementales (1) Los Nueve Pecados Satánicos (1) Los Poemas Ocultos (1) Los cazadores de cabezas (1) Los colmillos de los árboles (1) Los comedores de lotos (1) Los gatos de Père Lachaise (1) Los hijos de Babel (1) Los príncipes demonio I (1) Los reploides (1) Los árboles parlantes (1) Lotófagos (1) Luana (1) Luis Enrique Délano (1) Luisa Axpe (1) Lydia Cabrera (1) Lyman Frank Baum (1) M .R. James (1) MACHISTAS (1) MAESE LEONHARD (1) MAGICO (1) MANUSCRITO ENCONTRADO EN UNA BOTELLA DE CHAMPAGNE (1) MAQUIAVELO (1) MARIDOS (1) MARIO VARGAS LLOSA (1) MARY W. SHELL (1) MAS ALLÁ DEL MURO DEL SUEÑO (1) MAUPASSANT. AHOGADO (1) MAUPASSANT. ADIOS (1) MAUPASSANT.EL AFEMINADO (1) MAUPASSANT.EL ALBERGUE (1) MEN IN BLACK (1) METAMORFOSIS (1) MI MONSTRUO DE OJOS SALTONES (1) MI RESPETADO SUELO DURMIENTE (1) MINICUENTOS ESCALOFRÍO (1) MULTIPLICACIÓN. (1) Mage La (1) Magia menor (1) Manual de zoología fantástica (1) Manuel González Noriega (1) Mao (1) Marcel Proust (1) Margaret A. Murray (1) Margarita Guerrero (1) Margaritas Fredric Brown Daisies (1) Marguerite Duras (1) Mario Benedetti - La noche de los feos (1) Mario Benedetti - Ni Cinicos Ni Oportunistas (1) Mario Flecha (1) Marx (1) Mary Shelley. (1) Mary Wolfman (1) Marzo Negro (1) Matrix (1) Maxim Jakubowski (1) Maximiliano Ferzzola (1) Me siento sola (1) Memnoch El Diablo (1) Memoria de Crímenes (1) Memorias de un moribundo (1) Mentalismo (1) Metadona (1) Metzengerstein (1) Mi Querida Muerte (1) Miguel de Cervantes Saavedra . NOVELA (1) Miguel de Cervantes Saavedra . NOVELA LA GITANILLA (1) Mitología hebrea (1) Monopolio (1) Montado en la bala (1) Mujer de pie (1) MundoDisco (1) My buddy (1) MÁSCARAS (1) Más allá de los confines del mundo (1) Más vasto que los imperios (1) Máximo Torralbo (1) Música (1) NARRACIONES OCULTISTAS (1) NEGLIGENCIA (1) NO MIRES ATRÁS (1) NOTICIAS (1) NOTICIAS DEL MAS ALLA (1) NUL-O (1) Nathaniel Hawthorne (1) Necrológica (1) Neil Olonoff (1) Nelly Kaplan (1) Neuromancer (1) Ni Cinicos Ni Oportunistas (1) Ni Corruptos Ni Contentos (1) Nicolás Maquiavelo (1) Nieto de un verdugo (1) Nightmares and dreamscapes (1) Nikolàj Semënovic Leskov (1) No Despertéis a los Muertos (1) No Tengo Boca. Y Debo Gritar (1) No a la censura (1) No te Salves (1) No tocarte (1) Nona (1) Novela de terror (1) Nyarlathotep (1) Nyarlathotep el Terrible (1) O V I D I O (1) OLIVER ONIONS (1) ORGIAS (1) ORISHAS (1) OSCURA Y FRIA NOCHE (1) Opinion Personal (1) Otros mundos. otros dioses (1) PACIENTE BERLIN (1) PACTO (1) PACTOS DIABOLICOS EN FLORES PACTOS DIABOLICOS EN FLORES (1) PALABRAS (1) PAPÁ BENJAMIN (1) PARANOYAS (1) PARCAS (1) PARTE 1 (1) PATTI SMITH (1) PAZ CONTAGIOSA (1) PAZ Y GUERRA (1) PELIGROS DEL SATANISMO (1) PINOSANGUINOCHETBURUNDA (1) PLURIEMPLEO (1) POBRE (1) POE Y OTROS (1) POEMA INDIO (1) POEMA VAMP (1) POEMAS ÚLTIMOS (1) POEMÊ (1) POIROT INFRINGE LA LEY (1) POQUITA COSA (1) POR LA SANGRE ES LA VIDA (1) PRELUDIOS (1) PREMIOS (1) PROCESO (1) PRÍNCIPE Y MENDIGO (1) PUERTA AL INFIERNO SANGRE EN EL CIELO (1) PUNK (1) PUNTO DE PARTIDA (1) PUTA (1) Padma Sambava (1) Padre fundador (1) Para las seis cuerdas (1) Parricidios (1) Patakí De Ofún (1) Patrick Süskind (1) Paulo Navas (1) Pecados capitales (1) Pedro Pastor (1) Pelotón D (1) Pequeña Antología (1) Pesadilla (1) Pete Adams (1) Peter Shilston (1) Peter Valentine Timlett (1) Peter Wake (1) Philaréte Chasles (1) Poema de amor a una chica que hacía striptease (1) Poemas Completos (1) Poemas Malditos (1) Poemas de Gilgamesh (1) Poemas de amor (1) Porthos (1) Primer amor (1) Primera parte (1) Primera parte 2 (1) Prosper Mérimée (1) Protesta Anonima General (1) Proyección (1) Príncipe (1) Príncipe de las tinieblas (1) Próxima Centauri (1) Pseudomonarchia Daemonum (1) Psiquismo (1) Punch Drunk (1) QUE DIFÍCIL ES SER DIOS (1) R. E. HOWARD (1) R. W. Chambers (1) R.E.3 (1) RAMÓN GOMEZ DE LA SERNA (1) REANIMADOR (1) REGIONES APARTADAS (1) RELATOS DE TERROR (1) RENZO (1) RETRANSMISION ETERNA (1) RIMA VII (1) RIMA XXXVIII (1) RITUALES SATANICOS (1) ROBERT LOUIS STEVENSON (1) ROBOT CITY (1) ROLL AND ROLL (1) ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE (1) Raymond J. Martínez (1) Reaper (1) Recetas (1) Respuesta del Forastero (1) Reto (1) Retoños (1) Reventando el sistema (1) Rhea (1) Richard Bellush (1) Richard Calder (1) Richard Shrout (1) Richelieu (1) Ritos (1) Rituales con los ángeles (1) Robert Ervin Howard (1) Robert Ervin Howard: Un Recuerdo (1) Rochefort (1) Rockefeller (1) R’Iyeh (1) S. SV - XVIII (1) SALIDA DEL EDEN (1) SALVAME (1) SATANICo (1) SATÁN (1) SECTAS SATÁNICAS (1) SECUESTRO HOCHSCHILD (1) SEHNSUCHT (1) SETENTA (1) SIDDHARTA (1) SIN TON NI SON (1) SLAN (1) SOBRE LA ARENA (1) SORTEOS (1) SORTILEGIO DE OTOÑO (1) STANLEY CEPILLO DE DIENTES (1) STÉPHANE MALLARMÉ (1) SUEÑOS (1) Sandy Lopez Juarez (1) Santa Teresa de Ávila (1) Saquitos (1) Segador (1) Segunda parte (1) Serial Experiments Lain (1) Sharon N. Farber (1) Si Viene Damon (1) Siembra de Marte (1) Siglo XV (1) Silent Möbius (1) Simbiótica (1) Skull and Bones (1) Sobre Todo Madrid (1) Sociedad Thule (1) Sociedad Vril (1) Soy Leyenda (1) Soy la Puerta (1) Stalin (1) Stanley G. Weinbaum (1) Stanley Weinbaum (1) Stephen Vincent Benet (1) Supieras... (1) SÍMBOLO DE BALPHOMET (1) TALENTO (1) TOBERMORY (1) TOMBUCTÚ (1) TONTOS (1) TRAGEDIAS (1) TRATADO ESOTÉRICO DE TEURGIA (1) TRES DIOSES Y NINGUNO (1) TRES REGALOS (1) TRINITY BLOOD (1) TROPAS DEL ESPACIO (1) TU FRIALDAD (1) Tanith Lee (1) Taveret (1) Teatro de Crueldad (1) Templarios (1) Tercera parte (1) Tercera parte 2 (1) Terror en el espacio (1) Terry Carr (1) Terry Pratchett (1) Tetas (1) The Green Meadow (1) The Lilim (1) The Matrix (1) The Reward (1) The dead beat (1) The garden of time (1) The green morning (1) Theodore Sturgeon (1) Thomas Burnett Swann (1) Théàtre des Vampires (1) Tierra extraña (1) Tokio (1) Totemismo (1) Transmisión (1) Transmutación Transferencia Misticismo Desarrollismo (1) Trigun (1) Tsathoggua (1) Términos (1) U N C A M I N O A L A L U Z D E L A L U N A (1) UN AS DEL AJEDREZ (1) UN ASESINATO (1) UN COMPENDIO DE SECTAS (1) UN DIA EN EL REFLEJO DEL ESPEJO (1) UN LUGAR DE LOS DIOSES (1) UN MENSAJE IMPERIAL (1) UN OLOR A MUNDO (1) UN SEÑOR MUY VIEJO CON UNAS ALAS ENORMES (1) UN SUEÑO (1) UNA CONFLAGRACION IMPERFECTA (1) UNA ISLA (1) UNA ODISEA MARCIANA (1) UNA PEQUEÑA FABULA (1) UNA TARDE EN LO DE DIOS (1) UNA TUMBA SIN FONDO (1) URSULA K. LEGUIN (1) USA (1) USURPACIÓN DE DERECHOS DE AUTOR (1) Un crimen fuera de lo corriente (1) Un día en el confín del Mundo (1) Un escándalo en Bohemia (1) Un escándalo en Bohemia sir Arthur Conan Doyle (1) Un manifiesto Cyberpunk (1) Un marido ideal (1) Una carta abierta a H. P. Lovecraft (1) Una confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II (1) Una cuestión de identidad (1) Universo desierto (1) Ursula K. Le Guin (1) Utopía (1) V I N C E N T V A N G O G H (1) VENGANZAS (1) VESTIDURAS (1) VIEJO VINO (1) VIH-SIDA (1) VINTAGE (1) VITTORIO EL VAMPIRO (1) VIVIDOR A SU PESAR (1) VIVOS (1) VOLUMEN 1 (1) VOLUMEN 1parte 2 (1) Valencia (1) Valencia nocturno (1) Venganzas Y Castigos De Los Orishas (1) Viaje a la semilla (1) Viktor Saparin (1) Villiers de L'Isle (1) Villiers de L'Isle Adam (1) Vivian Meik (1) Voces de la Oscuridad (1) Von Junzt (1) Vuelto a nacer (1) Víctor Hugo (1) W.W. Jacobs (1) WHITE (1) WHITE ZOMBIE (1) Walter Scott (1) WannaFlock (1) Ward Moore (1) Weird Tales (1) Wendigo (1) Wilfred Blanch Talman (1) William Golding (1) William H. Hogdson (1) William Irish (1) William Shakespeare (1) Winifred Jackson (1) Wlliam Shakespeare (1) Wood'stown (1) Y cada día nos cuesta más soñar. (1) YERMA (1) YING-YANG (1) YO OS SALUDO (1) YVETTE (1) Yasutaka Tsutsui (1) Yra Reybel (1) YulyLizardi (1) ZOMBIE (1) ZOTHIQUE (1) Zenna Henderson (1) Zuzana_dt666(arrova)hotmail.com (1) a dreamer`s tales (1) a la caza (1) abducciones (1) abortivo (1) abstractos (1) aceite de perro (1) acerca de nyarlatoted (1) acido (1) actual (1) actualizacion 4.0 (1) adicción (1) adios (1) adolfo (1) agathos (1) aguelles (1) ahogado (1) al pueblo hebreo (1) alcacer (1) aldoux huxley (1) aleksandr (1) alfa (1) algo sobre los gatos (1) algunas formas de amar (1) ali-baba y los cuarenta ladrones (1) almas (1) alto (1) amante fantasma (1) amateur (1) ambiente (1) amor . i love... (1) amy foster (1) analogia (1) anarko-undergroud (1) anarquía (1) anecdota (1) angel (1) angela (1) angeles guardianes (1) angelustor (1) animales racionales (1) animas (1) ann (1) anonimos (1) antes del espectaculo (1) antifona (1) antiguos (1) anton (1) antropologia de la muerte (1) apariciones (1) apocalipsis 2012 (1) apocalipsis-ficcion (1) apocapocalipsis (1) apocrifos (1) aqui hay tigres (1) aqui vive el horror (1) arcangel negro (1) archivos (1) arde (1) arfego (1) arkham (1) armagedon (1) armando (1) armas (1) arqueologia (1) arquetipo (1) arquitectura (1) arrebatado (1) articulo (1) articulos (1) artista gotica (1) asesino (1) asesino en serie (1) asesinos (1) asfódelo (1) ashkin (1) atlantida (1) auto de fe (1) autobiografia carcelaria (1) autores (1) avalon (1) avatar (1) ayuda alienigena (1) bajo (1) bajo la piramide (1) barrilamontillado (1) bdsm (1) berenice (1) berkeley (1) berlin (1) bert-sellers (1) biblia (1) bibliografia (1) bien (1) biotecnologia (1) blanco y negro (1) blog (1) blogs (1) blood canticle (1) bloods (1) boemios (1) boix (1) books of bloods (1) bram (1) brenda (1) breve (1) bruja (1) brujas y ovnis (1) bublegum (1) budhismo (1) budismo (1) bukoski (1) cabalista (1) cabalistico (1) caballeros de Jerusalén (1) caballeros de tabla redonda (1) campbell (1) cancion (1) canciones (1) canibal (1) canto (1) canto vii (1) cantos (1) caotico (1) capilla (1) capitulos eliminados (1) capuletos montescos (1) carl sagan (1) carlo frabetti (1) carta a colin wilson (1) casa tomada (1) catacumbas (1) causas (1) cd (1) celebres (1) celta (1) cementerio (1) cenizas (1) censura (1) centinela (1) cesar vallejo (1) charles (1) charles fort (1) charlotte mew (1) chulhut (1) ciber (1) cibercultura (1) ciencias de la educación (1) cinico (1) circulo (1) claro de luna (1) cocaína (1) coeficiente intelectual (1) coelho (1) coleccion relatos de terror (1) collins (1) color (1) comentarios (1) como ser un gran escritor (1) completo (1) compramos gente (1) concepto gotico (1) concilio de rivendel (1) condecorado (1) confesion (1) conocer (1) contemporaneo.1863 (1) control de las informaciones (1) conversacion (1) correspondencias sephirothicas (1) corrupcion (1) costumbre (1) crackanthorpe (1) creador (1) creencias (1) crimenesdelamor (1) cripta (1) cristiana (1) cristiano (1) cronicas marcianas (1) cronopios (1) cubres borrascosas (1) cuento clásico de terror (1) cuento extraño (1) cuento macabro (1) cuento terror (1) culto secreto. algernon lackwood (1) cultura (1) curita (1) cyberglosario (1) cyborg (1) cíclopes (1) dactilo (1) dalia negra (1) damon knight (1) daniel defoe (1) darex (1) darex vampire (1) darg (1) dark art (1) darks (1) data desde el siglo X hasta el XV (1) david lake (1) de kadath el desconocido (1) de leng en el frio yelmo (1) de los antiguos y su simiente (1) de los diversos signos (1) de los tiempos y las epocas que deben observarse (1) debilidades (1) definiciones (1) delicioso dolor (1) demonios sin cuernos (1) demons (1) demons et merveilles (1) dendrofilia (1) dependencia (1) dependencia de las computadoras (1) depresion (1) derleht (1) derleth (1) desamparado en el infierno (1) desaparición (1) descanso (1) desconocido (1) descubrimiento (1) desintoxicación (1) desmembramiento (1) desolacion (1) devil doll (1) diablos internos (1) diabolico (1) diabolos (1) diccionario de los infiernos (1) dicho (1) dickens (1) dictadores (1) dictionarie infernal (1) dikens (1) diligencias (1) dinero (1) diosa (1) diosas madres (1) discipulos (1) disculpas (1) dolor-fiel amigo (1) dominio publico (1) dorian gray (1) down (1) dowson (1) doyle (1) dragones (1) dramaturgo (1) droga (1) duende (1) e l v a m p i r o (1) e-mails (1) e.a.poe (1) e.t.a. hoffman (1) eclipse (1) ecuador (1) eddy (1) edicion fria (1) el ahogado mas hermoso del mundo (1) el alberge (1) el alfabeto de nug-soth (1) el amo de moxon (1) el angel (1) el arbol (1) el arbol de la bruja (1) el arma (1) el arpa (1) el artista (1) el auxiliar de la parroquia (1) el avaro (1) el ayunador (1) el barbero de bagdad (1) el coco (1) el cohete (1) el conde dracula (1) el contejo de anthony garstin (1) el corazon de la señorita winchelsea (1) el dia de los trifidos (1) el diablo en la botella (1) el dios caballo (1) el duende (1) el enamorado y la muerte (1) el engendro maldito (1) el entierro de las ratas (1) el estatuto de las limitaciones (1) el fantasma (1) el grabado de la casa (1) el gran dios pan (1) el hechizo mas fuerte (1) el hombre (1) el hombre del cohete (1) el horror de dunwich (1) el horror de salem (1) el huesped de dracula (1) el huracan (1) el intruso (1) el ladron de cadaveres (1) el libro de los condenados (1) el manuscrito (1) el manuscrito de un loco (1) el martillo de vulcano (1) el mercado de niños (1) el milagro secreto (1) el misterio de las catedrales (1) el monte de las animas (1) el mortal inmortal (1) el mundo (1) el mundo avatar (1) el mundo poseido (1) el negro (1) el otro pie (1) el padre escrupuloso (1) el poder de las palabras (1) el pozo y el pendulo (1) el principe (1) el principe feliz (1) el puente del troll (1) el que se enterro (1) el que tenia alas (1) el rayo que no cesa (1) el regreso del brujo (1) el retrato oval (1) el saber del sueño (1) el secreto del barranco de macarger (1) el sello de yog-sothoth (1) el señor de las moscas (1) el señor de los anillos (1) el temple (1) el tenorio (1) el ungüento de khephens el egipcio (1) el veto del hijo . thomas hardy (1) el viejo terrible (1) el visitante (1) el visitante del cementerio (1) el zorro y el bosque (1) elias (1) elizabeth gaskell (1) email (1) emisarios (1) en las montañas alucinantes (1) en las montañas de la locura (1) encantamientos (1) enfermedad (1) engaño (1) enrique andersont imbert (1) ente (1) entrad a mi reino (1) enviados (1) epilogo (1) equivocado (1) eric lavin (1) escapar (1) escrito (1) escrito 1514 (1) escritura (1) escuela (1) esoterico (1) espacio-tiempo (1) españolito que vienes al mundo (1) especial (1) espiritus rebeldes (1) essex (1) esteban echeverria (1) estetica (1) etchinson (1) evangelion (1) evangelista (1) excluidos (1) experimental (1) extractos (1) extraño (1) fantasticas (1) favole (1) feeds (1) felicidad (1) filtros (1) fin del mundo (1) final (1) fondos (1) foro (1) fosas comunes (1) fracmento (1) fragmento (1) fragmentos .las mil y una noche (1) frances (1) francisco (1) francisco umbral (1) frases celebres (1) fredo (1) free (1) fructuoso de castro (1) fulcanelli (1) funciones (1) futurista (1) fuy un profanador de tumbas adolescente (1) gabriela mistral (1) gai (1) galsworthy (1) gaston leroux (1) geirtrair-la desmembradora (1) geometria euclediana (1) george gissing (1) georgie porgie (1) ghost (1) gor­gonas (1) goth darknes (1) gothh (1) gothico (1) gothnight (1) goticas (1) gotico-victoriano (1) grimorio (1) guerraarte (1) guerras (1) guerras espirituales (1) guillermo (1) gusana_0520(arrova)hotmail.com (1) gustavo adolfo bequer (1) gótica (1) gótico (1) hambre (1) hara-kiri (1) harian (1) hay que aguantar a los niños (1) hebrea (1) hechiceria (1) hecho real (1) helena (1) helene hannf (1) henry james un dia unico (1) herlink harland (1) heroina (1) hilanderas (1) hill house (1) hipertexto (1) historia de amor (1) historia de vampiros (1) historia desconocida del cannabis (1) historia gotica (1) historia gotica cañi (1) historia terror (1) historias vampiricas (1) hombre oscuro (1) horacio (1) houdini (1) howard p.lovecraft (1) http://www.youtube.com/watch?v=qGuF-_SIYnc (1) huellas (1) hugo mujica (1) ian watson (1) ibañez (1) identidades (1) ignacio almada (1) imagenes . art (1) imagenes de culto (1) imagenes malditas (1) imagenes.blogdiario.com (1) inconvencional (1) ineditos (1) inez wallace (1) infiledidades (1) inhumano (1) instrucciones (1) intolerancia (1) inusual (1) invocacion (1) invocacion satanica (1) invocaciones (1) iq (1) irreal (1) isabel allende (1) isidro marin gutierrez (1) j.w. goethe (1) jack womack (1) japan/spain (1) jay anson (1) jazz (1) jinetes del apocalipsis (1) joan aiken (1) john marks (1) johnathan y las brujas (1) johnson spencer (1) jose maria aroca (1) jose martin (1) joseph conrad (1) juan g. atienza (1) juan marino (1) judeo-mesopotamica (1) juez (1) justicia (1) juventud (1) kabala (1) kamasutra (1) kipling (1) klein (1) kons (1) la abjuracion del gran cthulhu (1) la aventura de los coches de punto (1) la boda de john charrington (1) la busqueda de iranon (1) la caida de la casa usher (1) la casa vacia (1) la cisterna (1) la cueva de los ecos (1) la cueva de malachi (1) la dama de las sombras (1) la demanda de las lagrimas de la reina (1) la desolacion de soom (1) la divina comedia (1) la durmiente (1) la encina (1) la esfinge sin secreto (1) la flor del membrillo (1) la formula de dho-hna (1) la futura difunta (1) la gran ramera (1) la gran ramera : ICCRA (1) la guarida (1) la hija de ramses (1) la hija del tratante de caballos (1) la historia de moises y aone (1) la hora final de coffey (1) la invencion de la soledad (1) la ironía (1) la lampara de alhazred (1) la larva (1) la leyenda de esteban (1) la llamada de chylhu (1) la luns nueva (1) la mano (1) la mano disecada (1) la mezcladora de cemento (1) la misa del ateo (1) la montaña de la locura (1) la nave blanca (1) la noche de los tiempos (1) la playa (1) la playa y la muerte (1) la politica del cuerpo (1) la pradera (1) la prueba del amor (1) la puerta del señor de maletroit (1) la rabia (1) la resurreccion de los muertos (1) la rosa del vampiro (1) la sal de la tierra (1) la siesta de un fauno (1) la sombra del desvan (1) la sombra del lago (1) la tos (1) la vela carmesi (1) la venta de los gatos (1) la venus de las pieles (1) la voz de hastur (1) lady (1) las 3.47 de la madrugada (1) las almas de animales muertos (1) las gemelas asesinadas (1) las islas voladoras (1) las joyas (1) las manos de coffey (1) las niñas de alcacer (1) las parcas (1) las piedras magicas (1) latin (1) lawrence (1) lectura (1) lecturas para el baño (1) leonora (1) lesli_paloma_estrella(arroba)hotmail.com (1) letanias de satan (1) levi (1) leviatan (1) leyenda del valle dormido (1) lhiliht-La novia de Corinto (1) li po (1) libre (1) libro cuarto (1) libro de la vida (1) libro de los vampiros (1) libro de poemas (1) libro decimo (1) libro septimo (1) ligeia (1) lilit (1) limpio (1) linkmesh.com (1) lirics (1) listado (1) literatura sucia (1) lo grotesco (1) lobos (1) londres (1) lores (1) los alfileres (1) los cuatro jinetes del apocalipsis (1) los despojos (1) los desterrados (1) los devoradores del espacio (1) los espadachines de varnis (1) los infortunios de la virtud (1) los primigenios (1) los secretos del corazon (1) los suicidios (1) los superjuguetes duran todo el verano (1) lovecrat (1) lover (1) luis cernuda (1) luis fernando verissimo (1) lullaby (1) lyrics (1) madame D (1) madre de serpiente (1) madres (1) maestros del terror (1) magacine (1) magia (1) magia blanca (1) magia eclesiastica (1) mal (1) maleficios (1) manera de vivir (1) manga (1) manifiesto subrealista (1) manuscrito (1) manuscritos del mar muerto (1) maria en distintas religiones (1) marques de sade (1) martir (1) marvel (1) mas alla del muro de los sueños (1) mas alla del muro del sueño (1) mas visitadas (1) matanzas de polonias (1) maters (1) matriarcado (1) matrimonio del brigadier (1) maupassant.gotico (1) maximo torralbo (1) meditacion (1) memoria (1) memorias (1) memorias de una princesa rusa (1) mentiras iglesia catolica (1) mi lamento (1) mi raza (1) midi (1) mil y una noche (1) minicuentos (1) miseria campesina (1) misiva (1) mistico (1) mitologia (1) modernizacion (1) moderno (1) moliere (1) moradas (1) moradores (1) morgana (1) morirse de amor (1) morphinoman (1) mortician corpse (1) moscu (1) movil (1) msn (1) muete roja (1) mundo muerto (1) mutante (1) nExTuz (1) narrativa completa (1) naturalista (1) necropolis (1) negocios (1) negra (1) negro (1) negromantico (1) neo (1) neo-historia-futurista (1) neo-nazi futurista (1) neoclasical (1) neon (1) nesbit (1) neuquen gaston (1) new york (1) nicolas maquiavelo (1) nikolaj vasilievic gogol (1) ninfos (1) niño (1) niñosfantasia (1) no tengo boca y debo gritar (1) noche ahogadora... (1) normal (1) nota;lectura (1) novelas cortas (1) nueva frontera (1) nueva jerusalem (1) nueve (1) o manual practico do vampirismo (1) obra ficticia. (1) obsesiones (1) obsesivo (1) odin (1) ohann L. Tieck (1) oinos (1) ola de violencia (1) olonoff (1) omega (1) opio (1) oracion a la diosa liliht (1) orden (1) oscura (1) oscuridad (1) oscuro.imagenes (1) otros (1) paciencia (1) pactos (1) paganos (1) paginas goticas (1) pandilleros (1) para componer el incienso de kzauba (1) para convocar a shub-niggurath (1) para el conjuro de las esferas (1) para erguir las piedras (1) para forjar la cimitarra de barzay (1) para hacer el polvo de ibn ghazi (1) para invocar a yog-sothoth (1) parabola (1) parabola de las prisiones (1) paracelso (1) paradoja (1) paradojico (1) paranormal (1) parodia (1) parte1 (1) pasajero (1) pasajeros (1) pasion (1) paul (1) pecado (1) pekiz (1) pendulo (1) pensamientos y meditaciones (1) pequeña antologia (1) pequeños mosnstruos (1) perder los nervios o la cabeza (1) perdida (1) perdon (1) perez (1) pero las nubes nos separan (1) personalidad multiple (1) personas (1) pespectivas paranoicas (1) picassa (1) piezas condenadas (1) pigmeos (1) pin-pon (1) plagas (1) plegaria (1) plumas etereas (1) poder policial (1) poema dolor (1) poema novel (1) poemario (1) poemas vampiricos (1) poesia completa (1) poesia popular rusa (1) poesia sucia (1) poeta (1) poetry (1) policia (1) policia 1999 (1) policia del pensamiento (1) polidori (1) pop (1) pop art (1) por fin se hace justicia (1) por ti (1) portugues (1) posguerras (1) postestades (1) pozo (1) practicas (1) pratchett (1) preambulos (1) premoditorio (1) primer temor (1) primeros tiempos (1) primigenios (1) primordiales (1) principados (1) principio (1) principio del mundo (1) prosapoema (1) prostibulo (1) prudencia (1) psiquicos (1) pubertad (1) pura y dura (1) pushkin (1) querubines (1) quien se ha llevado mi queso (1) quija (1) quimeras (1) quimica (1) quincalla (1) quiroga (1) raciocinio (1) racismo (1) radicalismo religioso pentecostal (1) radios (1) rafael lopez rivera (1) raices (1) rea silvia (1) realidad alternativa (1) realismo del subrealismo (1) realismo sucio (1) rebote (1) recopilaciones (1) recuerdos (1) red (1) redsatanica (1) referencias (1) registro (1) registro exoterico (1) rehabilitacion de marginados (1) rehabilitacion de toxicomanos (1) reino gótico (1) relato gotico (1) relato gotico de amor (1) relato negro (1) relato oscuro (1) relato.horror (1) relatos cortos (1) relicario de tinieblas (1) religioso (1) relojero (1) remar (1) renegado catolicamente (1) requien por un dios mortal (1) reseñas (1) residuos (1) restaurantes (1) retazo (1) retrato (1) robert e.howard (1) rocio (1) romance (1) romance de lobos (1) romeo y julieta (1) ropas viejas (1) rosaroja (1) ruinas (1) rumores blasfemos (1) rusos (1) sacher-masoch (1) sacramento (1) sacrilegium (1) sadman (1) salamandras (1) san juan (1) san petesburgo (1) santa compaña (1) santa parca (1) satanas vende objetos usados (1) satanica (1) satanicos (1) satanizarus (1) sbrealismo (1) sectario (1) seleccion de poemas (1) semilla negra (1) sentido (1) sephirotico (1) sepulveda (1) ser (1) seven (1) sexo (1) señales (1) shirley jackson (1) sigils (1) significado (1) silfos (1) simbolgia (1) simbolica (1) similitud (1) sin cortes (1) sin identidad (1) sindbab el marino (1) sinfonica (1) sion (1) sir Arthur Conan Doyle (1) sires (1) sistema (1) sistina (1) situacion (1) slideshow (1) snuff (1) snuff movie (1) socrates (1) soledad (1) soluciones (1) song (1) sordo.mudo y ciego (1) stan rice (1) stevenson (1) stocker (1) strange (1) subconciente (1) subcubo (1) submundo del terror (1) sueños de nombres muertos (1) sueños difusos (1) sueños fobicos (1) sumeris (1) sunis (1) supersticiones (1) surrealism (1) surrealista (1) suttas (1) szandor (1) tarot.vida (1) tatuaje (1) te degollare de nuevo kathleem (1) te quiero puta (1) te sientas bien (1) teem (1) telato (1) telequinesico (1) temas (1) temas varios (1) tematicos (1) temor (1) terror desconocido (1) terror supertiscioso (1) terror.gotico (1) testimonio (1) texas (1) texto de un comentario (1) texto satanico (1) thackeray (1) the black cat (1) the haunting (1) the number in the best (1) tiempo (1) tierra de vampiros (1) tiros de gracia (1) tisera martin (1) todo depende de un cabello (1) todocharlas (1) toledo (1) tolkien (1) tomo3 (1) tortura (1) trabajos (1) traduccion (1) trailer (1) trainspotting (1) transilvania (1) tres-fechas (1) tribunales rusticos (1) triste (1) trollope (1) ubbo-sathla (1) un adios (1) un asunto de otro tiempo (1) un beso (1) un dia de campo (1) un hijo (1) un hombre (1) un naufragio psicologico.laguna mental (1) un poco de lejia en polvo (1) un raton en el pasillo (1) una carta (1) una ejecucion espeluznante (1) una hija de ramses (1) una jaula para la muerte (1) una pequeña historia piadosa (1) una vez en la vida (1) una victima del espacio superior (1) unamuno (1) universo sin límites (1) vacuna vih/sida (1) valentine (1) valle inclan (1) valle o paraiso (1) vampira (1) vampirica (1) vampirismus (1) vampíricos.varios (1) van hellsing (1) varios. (1) vejez (1) velatorio (1) ven... (1) veneno del cielo (1) verdugos voluntarios (1) viajando (1) viaje nocturno (1) vida de un vagabundo (1) videoart (1) videopoema (1) villiers de l´isle-adam (1) violacion (1) vision del futuro remoto (1) visual (1) vittorio (1) voladores (1) vuelta (1) wallpapers (1) walpurgis (1) wasington (1) web`s oficiales (1) wells (1) william (1) winston sanders (1) within temptation (1) wmv (1) woody allen (1) wrong (1) y más lento (1) yhvh (1) yo andube con un zombie (1) ªparte (1) ¿De que escapaban nuestros dioses? (1) ¿QUIERE USTED ESPERAR? (1) ¿Tenian ombligo Adan y Eva? (1) ¿cantara el polvo tus alabanzas? (1) ¿quien mato a zebedee? (1) ÁNIMAS Y FANTASMAS. (1) Álvares de Azevedo (1) Época de siembra (1) ÍNDICE DE VARIAS HISTORIAS (1) ΩMEGΛ (1) अल अजिफ (1)

.