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william hill

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viernes, 29 de enero de 2010

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA -- 3ª PARTE

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA
FRIEDRICH NIETZSCHE


Tercera parte de

Así habló Zaratustra

Vosotros miráis hacia arriba cuando deseáis

elevación. Y yo miro hacia abajo, porque estoy

elevado.

¿Quién de vosotros puede a la vez reír y estar

elevado?

Quien asciende a las montañas más altas se

ríe de todas las tragedias, de las del teatro y de las

de la vida.

Zaratustra,

Del leer y el escribir, I.

El caminante

Fue alrededor de la medianoche cuando Zaratustra emprendió su camino sobre la cresta

de la isla para llegar de madrugada a la otra orilla: pues en aquel lugar quería embarcarse.

Había allí, en efecto, una buena rada, en la cual gustaban echar el ancla incluso barcos

extranjeros; éstos recogían a algunos que querían dejar las islas afortunadas y atravesar el

mar. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en las muchas caminatas solitarias

que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas

a que ha había ascendido.

Yo soy un caminente yun escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las

llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo.

Y sea cual sea mi destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar,

- siempre habrá en ello un caminar y un escalar montañas: en última instancia

uno no tiene vivencias más que de sí mismo

277

.

Pasó ya el tiempo en que era lícito que a mí me sobrevinieran acontecimientos casuales;

¡y qué

podría

ocurrirme todavía que no fuera ya algo mío!

Lo único que hace es retornar, por fin vuelve a casa - mi propio sí-mismo y cuanto de él

estuvo largo tiempo en tierra extraña y disperso entre todas las cosas y acontecimientos

casuales.

Y

una

cosa más sé: me encuentro ahora ante mi última cumbre y ante aquello que durante

más largo tiempo me ha sido ahorrado. ¡Ay, mi más duro camino es el que tengo

que subir! ¡Ay, he comenzado mi caminata más solitaria!

Pero quien es de mi especie no se libra de semejante hora: de la hora que le dice: «¡Sólo

en este instante recorres tu camino de grandeza! ¡Cumbre y abismo - ahora eso está fundido

en

una sola cosa!

Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora se ha convertido en tu último refugio lo que

hasta el momento se llamó tu último peligro!

Recorres tu camino de grandeza: ¡ahora es necesario que tu mejor valor consista en que

no quede ya ningún camino a tus espaldas!

Recorres el camino de tu grandeza: ¡nadie debe seguirte aquí a escondidas! Tu mismo

pie ha borrado detrás de ti el camino, y sobre él está escrito: Imposibilidad.

Y si en adelante te faltan todas las escaleras, tienes que saber subir incluso por encima

de tu propia cabeza: ¿cómo querrías, de otro modo, caminar hacia arriba?

¡Por encima de tu propia cabeza y más allá de tu propio corazón! Ahora lo más suave

de ti tiene aún que convertirse en lo más duro.

Quien siempre se ha tratado a sí mismo con mucha indulgencia acaba por enfermar a

causa de ello. ¡Alabado sea lo que endurece! ¡Yo no alabo el país donde corren - manteca

y miel

278

Es necesario aprender a

apartar la mirada
de sí para ver muchas cosas: -

esa dureza

necesítala todo aquel que escala montañas.

Mas quien tiene ojos importunos como hombre del conocimiento, ¡cómo iba a ver ése

en todas las cosas algo más que los motivos superficiales de ellas!

Tú, sin embargo, oh Zaratustra, has querido ver el fondo y el trasfondo de todas las cosas:

por ello tienes que subir por encima de ti mismo, - ¡arriba, cada vez más alto, hasta

que incluso tus estrellas las veas

por debajo

de ti!

¡Sí! Bajar la vista hacia mí mismo e incluso hacia mis estrellas: ¡sólo esto significaría

mi

cumbre, esto es lo que me ha quedado aún como mi última

cumbre! -

Así iba diciéndose Zaratustra a sí mismo al ascender, consolando su corazón con duras

sentenzuelas: pues tenía el corazón herido como nunca antes. Y cuando llegó a la cima de

la cresta de la montaña, he aquí que el otro mar yacía allí extendido ante su vista: entonces

se detuvo y calló largo rato. La noche era fría en aquella cumbre, y clara y estrellada.

Conozco mi suerte, se dijo por fin con pesadumbre. ¡Bien! Estoy dispuesto. Acaba de

empezar mi última soledad.

¡Ay, ese mar triste y negro a mis pies! ¡Ay, esa grávida desazón nocturna! ¡Ay, destino

y mar! ¡Hacia vosotros tengo ahora que

descender!

Me encuentro ante mi montaña más alta y ante mi más larga caminata: por eso tengo

primero que descender más bajo de lo que nunca descendí:

- ¡Descender al dolor más de lo que nunca descendí, hasta su más negro oleaje! Así lo

quiere mi destino: ¡Bien! Estoy dispuesto.

¿De dónde vienen las montañas más altas?, pregunté en otro tiempo. Entonces aprendí

que vienen del mar.

Este testimonio está escrito en sus rocas y en las paredes de sus cumbres. Lo más alto

tiene que llegar a su altura desde lo más profundo. - Así dijo Zaratustra en la cima del

monte, donde hacía frío; mas cuando se acercó al mar y se encontró por fin únicamente

entre los escollos, el camino lo había cansado y vuelto aún más anheloso que antes.

Todo continúa aún dormido, dijo; también el mar duerme. Ebrios de sueño y extraños

miran sus ojos hacia mí.

Pero su aliento es cálido, lo siento. Y siento también que sueña. Y soñando se retuerce

sobre duras almohadas.

¡Escucha! ¡Escucha! ¡Cómo gime el mar a causa de recuerdos malvados! ¿O tal vez a

causa de expectativas malvadas?

Ay, triste estoy contigo, oscuro monstruo, y enojado conmigo mismo por tu causa.

¡Ay, por qué no tendrá mi mano bastante fortaleza! ¡En verdad, me gustaría redimirte

de sueños malvados! –

Y mientras Zaratustra hablaba así, se reía de sí mismo con melancolía y amargura.

«¡Cómo! ¡Zaratustra!, dijo, ¿quieres consolar todavía al mar cantando?

¡Ay, Zaratustra, necio rico en amor, sobrebienaventurado de confianza! Pero así has sido

siempre: siempre te has acercado confiado a todo lo horrible.

Has querido incluso acariciar a todos los monstruos. Un vaho de cálida respiración, un

poco de suave vello en las garras -: y enseguida estabas dispuesto a amar y a atraer.

El

amor
es el peligro del más solitario, el amor a todas las cosas,

¡con tal de que vivan!

¡De risa son, en verdad, mi necedad y mi modestia en el amor!» -

Así habló Zaratustra, y rió por segunda vez: entonces pensó en sus amigos abandonados

-, y como si los hubiera ofendido con sus pensamientos, enojóse consigo mismo a causa

de éstos. Y pronto ocurrió que el que reía se puso a llorar: - de cólera y de anhelo lloró

Zaratustra amargamente

279

.

277

Véase Más allá del bien y del mal,
aforismo 70:

«Si uno tiene carácter, tiene también una vivencia típica

y propia, que retorna siempre.»

278

Cita de Éxodo,

3, 8, donde de la Tierra Prometida se dice que en ella «corren leche y miel.»

279

Véase la nota 71.

De la visión y enigma

280

Cuando se corrió entre los marineros la voz de que Zaratustra se encontraba en el barco,

- pues al mismo tiempo que él había subido a bordo un hombre que venía de las islas

afortunadas - prodújose una gran curiosidad y expectación. Mas Zaratustra estuvo callado

durante dos días, frío y sordo de tristeza, de modo que no respondía ni a las miradas ni a

las preguntas. Al atardecer del segundo día, sin embargo, aunque todavía guardaba silencio,

volvió a abrir sus oídos: pues había muchas cosas extrañas y peligrosas que oír en

aquel barco, que venía de lejos y que quería ir aún más lejos. Zaratustra era amigo, en

efecto, de todos aquellos que realizan largos viajes y no les gusta vivir sin peligro. Y he

aquí que, por fin, a fuerza de escuchar, su propia lengua se soltó y el hielo de su corazón

se rompió: - entonces comenzó a hablar así:

A vosotros los audaces buscadores e indagadores, y a quienquiera que alguna vez se

haya lanzado con astutas velas a mares terribles, -

a vosotros los ebrios de enigmas, que gozáis con la luz del crepúsculo, cuyas almas son

atraídas con flautas a todos los abismos laberínticos:

- pues no queréis, con mano cobarde, seguir a tientas un hilo; y allí donde podéis

adivinar,

odiáis el

deducir -

a vosotros solos os cuento el enigma que

he visto, -

la visión del más solitario -

Sombrío

281

caminaba yo hace poco a través del crepúsculo de color de cadáver, - sombrío

y duro, con los labios apretados. Pues

más de un

sol se había hundido en su ocaso

para mí.

Un sendero que ascendía obstinado a través de pedregales, un sendero maligno, solitario,

al que ya no alentaban ni hierbas ni matorrales: un sendero de montaña crujía bajo la

obstinación de mi pie.

Avanzando mudo sobre el burlón crujido de los guijarros, aplastando la piedra que lo

hacía resbalar: así se abría paso mi pie hacia arriba.

Hacia arriba: - a pesar del espíritu que de él tiraba hacia abajo, hacia el abismo, el espíritu

de la pesadez, mi demonio y enemigo capital.

Hacia arriba: - aunque sobre mí iba sentado ese espíritu, mitad enano, mitad topo; paralítico;

paralizante; dejando caer plomo en mi oído

282

, pensamientos-gotas de plomo en mi

cerebro.

«Oh Zaratustra, me susurraba burlonamente, silabeando las palabras, ¡tú piedra de la

sabiduría! Te has arrojado a ti mismo hacia arriba, mas toda piedra arrojada - ¡tiene que

caer!

¡Oh Zaratustra, tú piedra de la sabiduría, tú piedra de honda, tú destructor de estrellas!

A ti mismo te has arrojado muy alto, - mas toda piedra arrojada - ¡tiene que caer!

Condenado a ti mismo, y a tu propia lapidación: oh Zaratustra, sí, lejos has lanzado la

piedra, - ¡mas sobre ti caerá de nuevo!»

Calló aquí el enano; y esto duró largo tiempo. Mas su silencio me oprimía; ¡y cuando se

está así entre dos, se está, en verdad, más solitario que cuando se está solo!

Yo subía, subía, soñaba, pensaba, - mas todo me oprimía. Me asemejaba a un enfermo

al que su terrible tormento lo deja rendido, y a quien un sueño más terrible todavía vuelve

a despertarlo cuando acaba de dormirse. -

Pero hay algo en mí que yo llamo valor: hasta ahora éste ha matado en mí todo desaliento.

Ese valor me hizo al fin detenerme y decir: «¡Enano! ¡Tú! ¡O yo!» -

El valor es, en efecto, el mejor matador, - el valor que

ataca:

pues todo ataque se hace a

tambor batiente.

Pero el hombre es el animal más valeroso: por ello ha vencido a todos los animales. A

tambor batiente ha vencido incluso todos los dolores; pero el dolor por el hombre es el

dolor más profundo.

El valor mata incluso el vértigo junto a los abismos: ¡y en qué lugar no estaría el hombre

junto a abismos! ¿El simple mirar no es - mirar abismos?

El valor es el mejor matador: el valor mata incluso la compasión. Pero la compasión es

el abismo más profundo: cuanto el hombre hunde su mirada en la vida, otro tanto la hunde

en el sufrimiento.

Pero el valor es el mejor matador, el valor que ataca: éste mata la muerte misma, pues

dice: «¿Era

esto la vida? ¡Bien! ¡Otra vez! »283

.

En estas palabras, sin embargo, hay mucho sonido de tambor batiente. Quien tenga oídos,

oiga. -

2

«¡Alto! ¡Enano!, dije. ¡Yo! ¡O tú! Pero yo soy el más fuerte de los dos -: ¡tú no conoces

mi pensamiento abismal!

¡Ése

- no podrías soportarlo!» -

Entonces ocurrió algo que me dejó más ligero: ¡pues el enano saltó de mi hombro, el

curioso! Y se puso en cuclillas sobre una piedra delante de mí. Cabalmente allí donde nos

habíamos detenido había un portón.

«¡Mira ese portón! ¡Enano!, seguí diciendo: tiene dos caras. Dos caminos convergen

aquí: nadie los ha recorrido aún hasta su final.

Esa larga calle hacia atrás: dura una eternidad. Y esa larga calle hacia adelante - es otra

eternidad.

Se contraponen esos caminos; chocan derechamente de cabeza: -y aquí, en este portón,

es donde convergen. El nombre del portón está escrito arriba: ‘Instante’.

Pero si alguien recorriese uno de ellos - cada vez y cada vez más lejos: ¿crees tú, enano,

que esos caminos se contradicen eternamente?”

«Todas las cosas derechas mienten, murmuró con desprecio el enano. Toda verdad es

curva, el tiempo mismo es un círculo.» «Tú, espíritu de la pesadez, dije encolerizándome,

¡no tomes las cosas tan a la ligera! O te dejo en cuclillas ahí donde te encuentras, cojitranco,

- ¡y yo te he

subido

hasta aquí!

¡Mira, continué diciendo, este instante! Desde este portón llamado Instante corre

hacia

atrás

una calle larga, eterna: a nuestras espaldas yace una eternidad.

Cada una de las cosas que

pueden

correr, ¿no tendrá que haber recorrido ya alguna vez

esa calle? Cada una de las cosas que

pueden

ocurrir, ¿no tendrá que haber ocurrido, haber

sido hecha, haber transcurrido ya alguna vez?

Y si todo ha existido ya: ¿qué piensas tú, enano, de este instante? ¿No tendrá también

este portón que - haber existido ya?

¿Y no están todas las cosas anudadas con fuerza, de modo que este instante arrastra tras

todas las cosas venideras? ¿Por lo tanto - -

incluso a sí mismo?

Pues cada una de las cosas que

pueden correr: ¡también por esa larga calle

hacia adelante

- tiene que

volver a correr una vez más! -

Y esa araña que se arrastra con lentitud a la luz de la luna, y esa misma luz de la luna, y

yo y tú, cuchicheando ambos junto a este portón, cuchicheando de cosas eternas - ¿no

tenemos todos nosotros que haber existido ya?

- y venir de nuevo y correr por aquella otra calle, hacia adelante, delante de nosotros,

por esa larga, horrenda calle - ¿no tenemos que retornar eternamente?» -

Así dije, con voz cada vez más queda: pues tenía miedo de mis propios pensamientos y

de sus trasfondos. Entonces, de repente, oí

aullar

a un perro cerca.

¿Había oído yo alguna vez aullar así a un perro? Mi pensamiento corrió hacia atrás. ¡Sí!

Cuando era niño, en remota infancia

284

:

- entonces oí aullar así a un perro. Y también lo vi con el pelo erizado, la cabeza levantada,

temblando, en la más silenciosa medianoche, cuando incluso los perros creen en

fantasmas:

- de tal modo que me dio lástima. Pues justo en aquel momento la luna llena, con un silencio

de muerte, apareció por encima de la casa, justo en aquel momento se había detenido,

un disco incandescente, - detenido sobre el techo plano, como sobre propiedad ajena:

-

esto exasperó entonces al perro: pues los perros creen en ladrones y fantasmas. Y cuando

de nuevo volví a oírle aullar, de nuevo volvió a darme lástima.

¿Adónde se había ido ahora el enano? ¿Y el portón? ¿Y la araña? ¿Y todo el cuchicheo?

¿Había yo soñado, pues? ¿Me había despertado?

De repente

me encontré entre

peñascos salvajes, solo, abandonado, en el más desierto claro de luna.

¡Pero allí yacía por tierra un hombre!

¡Y allí! El perro saltando, con el pelo erizado,

gimiendo, - ahora él me veía venir - y entonces aulló de nuevo,

gritó: -

¿había yo oído

alguna vez a un perro gritar así pidiendo socorro?

Y, en verdad, lo que vi no lo había visto nunca. Vi a un joven pastor retorciéndose,

ahogándose, convulso, con el rostro descompuesto, de cuya boca colgaba una pesada

serpiente negra

285

.

¿Había visto yo alguna vez tanto asco y tanto lívido espanto en

un solo

rostro? Sin duda

se había dormido. Y entonces la serpiente se deslizó en su garganta y se aferraba a ella

mordiendo.

Mi mano tiró de la serpiente, tiró y tiró: - ¡en vano! No conseguí arrancarla de allí. Entonces

se me escapó un grito: «¡Muerde! ¡Muerde!

¡Arráncale la cabeza! ¡Muerde!» - éste fue el grito que de mí se escapó, mi horror, mi

odio, mi náusea, mi lástima, todas mis cosas buenas y malas gritaban en mí con

un solo

grito. -

¡Vosotros, hombres audaces que me rodeáis! ¡Vosotros, buscadores, indagadores, y

quienquiera de vosotros que se haya lanzado con velas astutas a mares inexplorados!

¡Vosotros, que gozáis con enigmas!

¡Resolvedme, pues, el enigma que yo contemplé entonces, interpretadme la visión del

más solitario!

286

.

Pues fue una visión y una previsión: -

¿qué
vi yo entonces en símbolo? ¿Y quién

es el

que algún día tiene que venir aún?

287

¿Quién

es el pastor a quien la serpiente se le introdujo en la garganta? ¿Quién

es el

hombre a quien todas las cosas más pesadas, más negras, se le introducirán así en la garganta?

- Pero el pastor mordió, tal como se lo aconsejó mi grito; ¡dio un buen mordisco! Lejos

de sí escupió la cabeza de la serpiente -: y se puso en pie de un salto

288

. -

Ya no pastor, ya no hombre, - ¡un transfigurado, iluminado, que

reía!

¡Nunca antes en

la tierra había reído hombre alguno como

él

rió!

Oh hermanos míos, oí una risa que no era risa de hombre, - - y ahora me devora una

sed, un anhelo que nunca se aplaca.

Mi anhelo de esa risa me devora: ¡oh, cómo soporto el vivir aún! ¡Y cómo soportaría el

morir ahora! -

Así habló Zaratustra.

280

Otro título para este apartado, anotado por Nietzsche en sus manuscritos, fue

La visión del más solitario

de los hombres.

Es la primera exposición de la idea del eterno retorno.

281

La descripción del ascenso de Zaratustra por el sendero pedregoso, llevando sobre sus hombros «el

espíritu de la pesadez», guarda un extraordinario parecido con lo que, según

Las mil y una noches,

le ocurrió

a Sindbad el marino en el quinto de sus viajes: también Sindbad carga sobre sus hombros a un anciano

que luego se niega a bajar de allí y martiriza a su portador. Sindbad se libera de él emborrachándolo.

282

Reminiscencia de Hamlet, I, 5 (palabras de la Sombra a Hamlet): «Durmiendo, pues, en mi jardín según

mi costumbre, después del mediodía, en esa hora de quietud, entró tu tío furtiva mente con un pomo de

maldito veneno en las manos y lo vertió en mi oído».

283

En la cuarta parte, La canción del noctámbulo,

1, «el más feo de los hombres» repitirá esta frase. Ortega

puso estas palabras como

motto

al frente del apartado VII (titulado «Las valoraciones de la vida») de

su obra

El tema de nuestro tiempo (Obras Completas,

volumen III).

284

Una vivencia profundamente grabada en Nietzsche fue la del traslado de su familia, tras la muerte de

su padre, desde Röcken, donde Nietzsche había nacido, a Naumburgo. El traslado se hizo un día de abril de

1850, mucho antes del amanecer. Mientras los carros cargados esperaban en el patio, un perro empezó a

ladrar tristemente a la luna. Véase la descripción de esta escena en los escritos autobiográficos recogidos

por K. Schlechta en el tomo III de su edición de las

Obras
de Nietzsche

.

285

Una escena similar aparece en Las mil y una noches
en el séptimo viaje de Sindbad el marino. En

Las

mil y una noches

es la serpiente la que «llevaba en la boca a un hombre, al que se había tragado hasta el

ombligo». Sindbad golpea la cabeza de la serpiente con su vara de oro y la serpiente vomita al hombre.

286

Recuérdese lo dicho en la nota 280 sobre el proyectado título de este capítulo.

287

«El que ha de venir», «el que viene detrás de mí» es expresión evangélica aplicada por Juan el Bautista

a Jesús; véase

Evangelio de Mateo,

3, 11: «El que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y yo no merezco

ni quitarle las sandalias».

288

Véase, en esta tercera parte, El convaleciente,

2.

De la bienaventuranza no querida

289

Con tales enigmas y amarguras en el corazón cruzó Zaratustra el mar. Mas cuando estuvo

a cuatro días de viaje de las islas afortunadas y de sus amigos, había superado todo

su dolor -: victorioso y con pies firmes se hallaba erguido de nuevo sobre su destino. Y

entonces Zaratustra habló así a su conciencia jubilosa:

Solo estoy de nuevo, y quiero estarlo, solo con el cielo puro y el mar libre; y de nuevo

me rodea la tarde.

En una tarde encontré por vez primera en otro tiempo a mis amigos, en una tarde también

la vez segunda

290

: - en la hora en que toda luz se vuelve más silenciosa.

Pues lo que de felicidad se encuentra aún en camino entre el cielo y la tierra, eso búscase

como asilo un alma luminosa:

a causa de la felicidad

se ha vuelto toda luz más silenciosa

ahora.

¡Oh tarde de mi vida! En otro tiempo también mi felicidad descendió al valle para buscarse

un asilo: allí encontró esas almas abiertas y hospitalarias

¡Oh tarde de mi vida! ¡Qué no he entregado yo a cambio de tener

una sola cosa:

este

viviente plantel de mis pensamientos y esta luz matinal de mi más alta esperanza!

Compañeros de viaje buscó en otro tiempo el creador, e hijos de su esperanza: y ocurrió

que no pudo encontrarlos, a no ser que él mismo los crease.

Así estoy en medio de mi obra, yendo hacia mis hijos y volviendo de ellos: por amor a

sus hijos tiene Zaratustra que consumarse a sí mismo.

Pues radicalmente se ama tan sólo al propio hijo

291

y a la propia obra; y donde existe

gran amor a sí mismo, allí hay señal de embarazo: esto es lo que he encontrado.

Todavía verdean mis hijos en su primera primavera, unos junto a otros y agitados por

vientos comunes, árboles de mi jardín y de mi mejor tierra.

¡Y en verdad!, ¡donde se apiñan tales árboles, allí

existen

islas afortunadas!

Pero alguna vez quiero trasplantarlos y ponerlos separados unos de otros: para que cada

uno aprenda soledad, y tenacidad, y cautela.

Nudoso y retorcido y con flexible dureza deberá estar entonces para mí junto al mar, faro

viviente de vida invencible.

Allí donde las tempestades se precipitan en el mar y la trompa de las montañas bebe

agua, allí debe realizar cada uno alguna vez sus guardias de día y de noche, para su examen

y conocimiento.

Conocido y examinado debe ser, para que se sepa si es de mi especie y de mi procedencia,

- si es señor de una voluntad larga, callado aun cuando habla, y de tal modo dispuesto

a dar, que al dar

tome.

-

- para que algún día llegue a ser mi compañero de viaje y concree y concelebre las fiestas

junto con Zaratustra

292

-: alguien que me escriba mi voluntad en mis tablas: para más

plena consumación de todas las cosas.

Y por amor a él y a su igual tengo yo mismo que consumarme

a mí:

por ello me aparto

ahora de mi felicidad y me ofrezco a toda infelicidad - para mi último examen y mi último

conocimiento.

Y en verdad era llegado el tiempo de irme; y la sombra del caminante y el instante más

largo y la hora más silenciosa - todos me decían: «¡Ya ha llegado la hora!»

293

El viento me soplaba por el agujero de la cerradura y decía: «¡Ven!» La puerta se me

abría arteramente y decía: «¡Ve!»

Mas yo yacía encadenado al amor de mis hijos: el ansia me tendía esos lazos, el ansia

de amor, de llegar a ser presa de mis hijos y perderme en ellos.

Ansiar - esto significa ya para mí: haberme perdido.

¡Yo os tengo, hijos míos!

En este

tener, todo tiene que ser seguridad y nada tiene que ser ansiar.

Pero encobándome yacía sobre mí el sol de mi amor, en su propio jugo cocíase Zaratustra,

- entonces sombras y dudas se alejaron volando por encima de mí.

De frío e invierno sentía yo ya deseos: «¡Oh, que el frío y el invierno vuelvan a hacerme

crujir y chirriar!», suspiraba yo: - entonces se levantaron de mí nieblas glaciales.

Mi pasado rompió sus sepulcros, más de un dolor enterrado vivo se despertó -: tan sólo

se había adormecido, oculto en sudarios.

Así me gritaron todas las cosas por signos: «¡Ya es tiempo!» Mas yo - no oía: hasta que

por fin mi abismo se movió y mi pensamiento me mordió.

¡Ay, pensamiento abismal, que eres

mi

pensamiento! ¿Cuándo encontraré la fuerza para

oírte cavar, y no temblar yo ya?

¡Hasta el cuello me suben los latidos del corazón cuando te oigo cavar! ¡Tu silencio

quiere estrangularme, tú abismalmente silencioso!

Todavía no me he atrevido nunca a llamarte

arriba:

¡ya es bastante que conmigo - te

haya yo llevado! Aún no era yo bastante fuerte para la última arrogancia y petulancia del

león.

Bastante terrible ha sida ya siempre para mí tu pesadez: ¡mas alguna vez debo encontrar

la fuerza y la voz del león, que te llame arriba!

Cuando yo haya superado esto, entonces quiero superar algo todavía mayor; ¡y una

victoria

será el sello de mi consumación! -

Entretanto vago todavía por mares inciertos; el azar me adula, el azar de lengua lisa;

hacia adelante y hacia atrás miro -, aún no veo final alguno.

Todavía no me ha llegado la hora de mi última lucha -, ¿o acaso me llega en este momento?

¡En verdad, con pérfida belleza me contemplan el mar y la vida que me rodean!

¡Oh tarde de mi vida! ¡Oh felicidad antes del anochecer! ¡Oh puerto en alta mar! ¡Oh

paz en la incertidumbre! ¡Cómo desconfío de todos vosotros!

¡En verdad, desconfío de vuestra pérfida belleza! Me parezco al amante, que desconfía

de la sonrisa demasiado aterciopelada.

Así como el celoso rechaza lejos de sí a la más amada, siendo tierno incluso en su dureza

-, así rechazo yo lejos de mí esta hora bienaventurada.

¡Aléjate, hora bienaventurada! ¡Contigo me llegó una bienaventuranza no querida! Dispuesto

a mi dolor más profundo me encuentro aquí: - ¡a destiempo has venido!

¡Aléjate, hora bienaventurada! Es mejor que busques asilo allí -¡entre mis hijos! ¡Apresúrate!,

¡y bendícelos con mi felicidad antes del anochecer!

Ya se aproxima el anochecer: el sol se pone. ¡Vete - felicidad mía! -

Así habló Zaratustra, y aguardó a su infelicidad durante toda la noche: mas aguardó en

vano. La noche permaneció clara y silenciosa, y la felicidad misma se le fue acercando

cada vez más. Hacia la mañana Zaratustra rió a su corazón y dijo burlonamente: «La felicidad

corre detrás de mí. Esto se debe a que yo no corro detrás de las mujeres. Pero la

felicidad es una mujer».

289

Otro título previsto por Nietzsche, en sus manuscritos para este apartado era

Hacia alta mar.

290

Véase, en la primera parte, Del arbol de la montaña,
y

De la virtud que hace regalos.

291

Primera alusión a los que Zaratustra llama «sus hijos» y que serán el objeto de su gran anhelo en la

cuarta parte. Véase

El saludo.

292

En el Prólogo de Zaratustra, 9,

aparecen idénticas calificaciones aplicadas a los hombres deseados

por Zaratustra como compañeros.

293

Esta expresión ya ha aparecido en la segunda parte, De grandes acontecimientos,

y volverá a aparecer

en la cuarta parte,

El grito de socorro, y

A mediodía.

Antes de la salida del sol

294

Oh cielo por encima de mí, tú puro! ¡Profundo! ¡Abismo de luz! Contemplándote me

estremezco de ansias divinas.

Arrojarme a tu altura - ¡ésa es

mi

profundidad! Cobijarme en tu pureza - ¡ésa es mi inocencia!

Al dios su belleza lo encubre: así me ocultas tú tus estrellas No hablas:

así

me anuncias

tu sabiduría.

Mudo sobre el mar rugiente has salido hoy para mí, tu amor y tu pudor dicen revelación

a mi rugiente alma.

El que hayas venido bello a mí, encubierto en tu belleza, el que mudo me hables, manifiesto

en tu sabiduría:

¡Oh, cómo no iba yo a adivinar todos los pudores de tu alma!

¡Antes

del sol has venido

a mí tú, el más solitario de todos!

Somos amigos desde el comienzo: comunes nos son la tristura y la pavura y la hondura

295

;

hasta el sol nos es común.

No hablamos entre nosotros, pues sabemos demasiadas cosas -: callamos juntos, sonreímos

juntos a nuestro saber.

¿No eres tú acaso la luz para mi fuego? ¿No tienes tú el alma gemela de mi conocimiento?

Juntos aprendimos todo; juntos aprendimos a ascender por encima de nosotros hacia

nosotros mismos, y a sonreír sin nubes: -

- a sonreír sin nubes hacia abajo, desde ojos luminosos y desde una remota lejanía,

mientras debajo de nosotros la coacción y la finalidad y la culpa exhalan vapores como si

fuesen lluvia.

Y cuando yo caminaba solo:

¿de quién

tenía hambre mi alma por las noches y en los

senderos errados? Y cuando yo subía montañas,

¿a quién

buscaba siempre en las montañas

sino a ti?

Y todo mi caminar y subir montañas: una necesidad era tan sólo, y un recurso del desvalido:

-

¡volar es lo único que mi entera voluntad quiere, volar dentro de

ti!

¿Y a quién odiaba yo más que a las nubes pasajeras y a todas las cosas que te manchan?

¡Y hasta a mi propio odio odiaba yo, porque te manchaba!

Estoy enojado con las nubes pasajeras, con esos gatos de presa que furtivamente se deslizan:

nos quitan a ti y a mí lo que nos es común, - el inmenso e ilimitado decir sí y amén.

Estamos enojados con esas mediadoras y entrometidas, las nubes pasajeras: mitad de

esto mitad de aquello, que no han aprendido a bendecir ni a maldecir a fondo.

¡Prefiero estar sentado en el tonel bajo un cielo cubierto, prefiero estar sentado sin cielo

en el abismo, que verte a ti, cielo de luz, manchado con nubes pasajeras!

Y a menudo he sentido deseos de sujetarlas con los dentados alambres áureos del rayo,

y golpear los timbales, como el trueno, sobre su panza de caldera: -

- ser un encolerizado timbalero, porque me roban tu ¡sí! y ¡amén!, ¡cielo por encima de

mí, tú puro! ¡Luminoso! ¡Abismo de luz! - porque te roban

mi

¡sí! y ¡amén!

Pues prefiero el ruido y el trueno y las maldiciones del mal tiempo a esta circunspecta y

dubitante quietud gatuna; y también entre los hombres, a los que más odio es a todos los

que andan sin ruido, y a todos los medias tintas, y a los que son como dubitantes e indecisas

nubes pasajeras.

¡Y «el que no pueda bendecir, debe

aprender a maldecir»!296

. - esta luminosa enseñanza

me cayó de un cielo luminoso, esta estrella brilla en mi cielo hasta en las noches negras.

Mas yo soy uno que bendice y que dice sí, con tal de que tú estés a mi alrededor, ¡tú puro!,

¡luminoso!, ¡tú abismo de luz! - a todos los abismos llevo yo entonces, como una

bendición, mi decir sí.

Me he convertido en uno que bendice y que dice sí, y he luchado durante largo tiempo,

y fui un luchador, a fin de tener un día las manos libres para bendecir.

Pero ésta es mi bendición: estar yo sobre cada cosa como su cielo propio, como su techo

redondo, su campana azur y su eterna seguridad: ¡bienaventurado quien así bendice!

Pues todas las cosas están bautizadas en el manantial de la eternidad y más allá del bien

y del mal; el bien y el mal mismos no son más que sombras intermedias y húmedas tribulaciones

y nubes pasajeras.

En verdad, una bendición es, y no una blasfemia, el que yo enseñe: «Sobre todas las cosas

está el cielo Azar, el cielo Inocencia, el cielo Casualidad y el cielo Arrogancia».

«De casualidad» - ésta es la más vieja aristocracia del mundo

297

, yo se la he restituido a

todas las cosas, yo la he redimido de la servidumbre a la finalidad.

Esta libertad y esta celestial serenidad yo las he puesto como campana azur sobre todas

las cosas al enseñar que por encima de ellas y a través de ellas no hay ninguna «voluntad

eterna» que - quiera.

Esta arrogancia y esta necedad púselas yo en lugar de aquella voluntad cuando enseñé:

«En todas las cosas sólo

una

es imposible - ¡racionalidad!»

Un poco de razón, ciertamente, una semilla de sabiduría, esparcida entre estrella y estrella,

- esa levadura está mezclada en todas las cosas

298

: ¡por amor a la necedad hay

mezclada sabiduría en todas las cosas!

Un poco de sabiduría sí es posible; mas ésta fue la bienaventurada seguridad que encontré

en todas las cosas: que prefieren -

bailar

sobre los pies del azar.

Oh cielo por encima de mí, ¡tú puro!, ¡elevado! Ésta es para mí tu pureza, ¡que no existe

ninguna eterna araña y ninguna eterna telaraña de la razón: -

- que tú eres para mí una pista de baile para azares divinos, que tú eres para mí una mesa

de dioses para dados y jugadores divinos!

299

-

Pero ¿te sonrojas? ¿He dicho tal vez cosas que no pueden decirse? ¿He blasfemado

queriendo bendecirte?

¿O acaso es el pudor compartido el que te ha hecho enrojecer? - ¿Acaso me ordenas irme

y callar porque ahora - viene el

día?

El mundo es profundo -: y más profundo de lo que nunca ha pensado el día

300

. No a todas

las cosas les es lícito tener palabras antes del día. Pero el día viene: ¡por eso ahora

nos separamos!

Oh cielo por encima de mí, ¡tú pudoroso!, ¡ardiente! ¡Oh tú felicidad mía antes de la salida

del sol! El día viene: ¡por eso ahora nos separamos! -

Así habló Zaratustra.

294

Respecto a este capítulo quizá tenga interés citar el siguiente texto de Freud: «No puede hacérseme

responsable de la monotonía de las soluciones psicoanalíticas si ahora afirmo que el sol no es, nuevamente,

más que un símbolo sublimado del padre. El simbolismo se sobrepone aquí al género gramatical, por lo

menos en alemán, pues en la mayoría de los demás idiomas el sol es de género masculino. Su compañera en

este reflejo de la pareja parental es la generalmente llamada “madre tierra”. En la solución psicoanalítica de

las fantasías patógenas de sujetos neuróticos hallamos constantemente comprobada esta interpretación.

Sólo una observación dedicaremos a su relación con los mitos cósmicos. Uno de mis pacientes, que había

perdido tempranamente a su padre e intentaba volver a encontrarlo en todos los elementos grandes y sublimes

de la naturaleza, me hizo vislumbrar que el himno de Nietzsche

Antes de la salida del sol

daba expresión

a igual nostalgia.» Y Freud añade en nota: «Tampoco Nietzsche conoció de niño a su padre.» Véase

Freud, «Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia

(dementia paranoides)

autobiográficamente

descrito», en

Obras Completas

(Biblioteca Nueva, Madrid, 1968, 11, p. 772).

295

La traducción «la tristura y la pavura y la hondura» pretende reflejar de alguna manera la aliteración

existente en el original alemán:

Gram und Grauen und Grund.

296

Véase el aforismo 181 de Más allá del bien y del mal:

«Es inhumano bendecir cuando se nos ha maldecido

».

297

De casualidad: Von Ohngefähr,
en alemán. La partícula von,

significativa de ascendencia aristocrática

cuando precede al apellido, permite a Nietzsche decir que ésta (la casualidad, el azar) es la más vieja aristocracia

del mundo.

298

El
tema de la levadura es de procedencia evangélica. Véase el Evangelio de Mateo,

13, 33 (parábola

de la levadura): «Semejante es el reino de Dios a la levadura que metió una mujer en medio quintal de

harina; todo acabó por fermentar».

299

Aquí es el cielo la mesa sobre la que Zaratustra juega a los dados con los dioses; más adelante lo será

la tierra; véase, en esta tercera parte,

Los siete sellos,
3

.

300

Aquí emergen aislados dos versos pertenecientes a la poesía que aparecerá luego en

La otra canción

del baile,

y que será glosada en la cuarta parte,

La canción del noctámbulo.

De la virtud empequeñecedora

301

1

Cuando Zaratustra estuvo de nuevo en tierra firme no marchó derechamente a su montaña

y a su caverna, sino que hizo muchos caminos y preguntas y se informó de esto y de

lo otro, de modo que, bromeando, decía de sí mismo: «¡He aquí un río que con numerosas

curvas refluye hacia la fuente!» Pues quería enterarse de lo que entretanto había ocurrido

con el hombre:

si se había vuelto más grande o más pequeño. Y en una ocasión vio

una fila de casas nuevas; entonces se maravilló y dijo:

¿Qué significan esas casas? ¡En verdad, ningún alma grande las ha colocado ahí como

símbolo de sí misma!

¿Las sacó acaso un niño idiota de su caja de juguetes? ¡Ojalá otro niño vuelva a meterlas

en su caja!

Y esas habitaciones y cuartos: ¿pueden salir y entrar ahí

varones?

Parécenme hechas

para muñecas de seda; o para gatos golosos, que también permiten sin duda que se los

golosinee a ellos.

Y Zaratustra se detuvo y reflexionó. Finalmente dijo turbado:

«¡Todo

se ha vuelto más

pequeño!

Por todas partes veo puertas más bajas: quien es de mi especie puede pasar todavía por

ellas sin duda - ¡pero tiene que agacharse!

Oh, cuándo regresaré a mi patria, donde ya no tengo que agacharme - ¡dónde ya no tengo

que agacharme

ante los pequeños!» -

Y Zaratustra suspiró y miró a la lejanía. -

Y aquel mismo día pronunció su discurso sobre la virtud empequeñecedora.

2

Yo camino a través de este pueblo y mantengo abiertos mis ojos: no me perdonan que

no esté envidioso de sus virtudes.

Tratan de morderme porque les digo: para gentes pequeñas son necesarias virtudes pequeñas

- ¡y porque me resulta duro que sean

necesarias

gentes pequeñas!

Todavía me parezco aquí al gallo caído en corral ajeno, al que picotean incluso las gallinas;

sin embargo, no por ello me enfado yo con estas gallinas.

Soy cortés con ellas, como con toda molestia pequeña; ser espinoso con lo pequeño paréceme

una sabiduría de erizos.

Todos ellos hablan de mí cuando por las noches están sentados en torno al fuego -

hablan de mí, mas nadie piensa - ¡en mí!

Éste es el nuevo silencio que he aprendido: su ruido a mi alrededor extiende un manto

sobre mis pensamientos.

Meten ruido entre ellos: «¿Qué quiere de nosotros esa nube sombría? ¡Cuidemos de que

no nos traiga una peste!»

Y hace poco una mujer atrajo a sí violentamente a su hijo, que quería venir a mí: «¡Llevaos

los niños!», gritó; «esos ojos chamuscan las almas infantiles»

302

.

Tosen cuando yo hablo: creen que toser es un argumento contra vientos poderosos - ¡no

adivinan nada del rugir de mi felicidad!

«Todavía no tenemos tiempo para Zaratustra» - esto es lo que objetan; pero ¿qué importa

un tiempo que «no tiene tiempo» para Zaratustra?

Y hasta cuando me alaban: ¿cómo podría yo adormecerme sobre su alabanza? Un cinturón

de espinas es para mí su alabanza: me araña todavía después de haberlo apartado de

mí.

Y también he aprendido esto entre ellos: el que alaba se imagina que restituye algo, ¡pero

en verdad quiere recibir más regalos!

¡Preguntad a mi pie si le agrada la forma de alabar y de atraer de ellos! En verdad, a ese

ritmo y a ese tictac no le gusta a mi pie ni bailar ni estar quieto.

Hacia la virtud pequeña quisieran atraerme y elogiármela; hacia el tictac de la felicidad

pequeña quisieran persuadir a mi pie.

Camino a través de este pueblo y mantengo abiertos los ojos: se han vuelto

más pequeños

y

se vuelven cada vez más pequeños: -

y esto se debe a su doctrina acerca de la felicidad

y la virtud.

En efecto, también en la virtud son modestos - pues quieren comodidad. Pero con la

comodidad no se aviene más que la virtud modesta.

Sin duda ellos aprenden también, a su manera, a caminar y a marchar hacia adelante: a

esto lo llamo yo su

renquear -.

Con ello se convierten en obstáculos para todo el que tiene

prisa.

Y algunos de ellos marchan hacia adelante y, al hacerlo, miran hacia atrás, con la nuca

rígida

303

: a éstos me gusta atropellarlos.

Pies y ojos no deben mentirse ni desmentirse mutuamente. Pero hay demasiada mentira

entre las gentes pequeñas. Algunos de ellos quieren, pero la mayor parte únicamente son

queridos

304

. Algunos de ellos son auténticos, pero la mayoría son malos comediantes.

Hay entre ellos comediantes sin saberlo y comediantes sin quererlo -, los auténticos son

siempre raros, y en especial los comediantes auténticos.

Hay aquí pocos varones: por ello se masculinizan sus mujeres. Pues sólo quien es bastante

varón -

redimirá en la mujer - a

la mujer.

Y la hipocresía que peor me pareció entre ellos fue ésta: que también los que mandan

fingen hipócritamente tener las virtudes de quienes sirven.

«Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos» - así reza aquí también la hipocresía de los que

dominan, - ¡y ay cuando el primer señor es

tan sólo
el primer servidorl

305

Ay, también en sus hipocresías se extravió volando la curiosidad de mis ojos; y bien

adiviné yo toda su felicidad de moscas y su zumbar en torno a soleados cristales de ventanas.

Cuanta bondad veo, esa misma debilidad veo. Cuanta justicia y compasión veo, esa

misma debilidad veo.

Redondos, justos y bondadosos son unos con otros, así como son redondos, justos y

bondadosos los granitos de arena con los granitos de arena.

Abrazar modestamente una pequeña felicidad - ¡a esto lo llaman ellos «resignación»!

Y, al hacerlo, ya bizquean con modestia hacia una pequeña felicidad nueva.

En el fondo lo que más quieren es simplemente

una

cosa: que nadie les haga daño. Así

son deferentes con todo el mundo y le hacen bien.

Pero esto es

cobardía:

aunque se llame «virtud». -

Y cuando alguna vez estas pequeñas gentes hablan con aspereza: yo escucho allí tan sólo

su ronquera, - cualquier corriente de aire, en efecto, los pone roncos.

Son listos, sus virtudes tienen dedos listos. Pero les faltan los puños, sus dedos no saben

esconderse detrás de puños.

Virtud es para ellos lo que vuelve modesto y manso: con ello han convertido al lobo en

perro, y al hombre mismo en el mejor animal doméstico del hombre.

«Nosotros ponemos nuestra silla en el

medio -

esto me dice su sonrisa complacida - y a

igual distancia de los gladiadores moribundos que de las cerdas satisfechas.»

Pero esto es -

mediocridad:

aunque se llame moderación. -

3

Yo camino a través de este pueblo y dejo caer algunas palabras: mas ellos no saben ni

tomar ni conservar.

Se extrañan de que yo no haya venido a

306

censurar placeres ni vicios; ¡y en verdad,

tampoco he venido a poner en guardia contra los carteristas!

Se extrañan de que no esté dispuesto a hacer aún más avisada y aguda su listeza: ¡como

si ellos no tuvieran ya suficiente número de listos, cuya voz rechina a mis oídos igual que

los pizarrines!

Y cuando yo clamo: «Maldecid a todos los demonios cobardes que hay en vosotros, a

los que les gustaría gimotear y juntar las manos y adorar»

307

: entonces ellos claman: «Zaratustra

es ateo»

308

.

Y en especial claman así sus maestros de resignación -; mas precisamente a éstos me

gusta gritarles al oído: ¡Sí! ¡Yo

soy

Zaratustra el ateo!

¡Estos maestros de resignación! En todas partes en donde hay algo pequeño y enfermo

y tiñoso se deslizan ellos, igual que piojos; y sólo mi asco me impide aplastarlos.

¡Bien! Éste es mi sermón para

sus

oídos: yo soy Zaratustra el ateo, el que dice «¿quién

es más ateo que yo, para disfrutar de su enseñanza?»

309

.

Yo soy Zaratustra el ateo: ¿dónde encuentro a mis iguales? Y mis iguales son todos

aquellos que se dan a sí mismos su propia voluntad y apartan de sí toda resignación

310

.

Yo soy Zaratustra el ateo: yo me cuezo en

mi

puchero cualquier azar. Y sólo cuando está

allí completamente cocido, le doy la bienvenida, como alimento

mío.

Y en verdad, más de un azar llegó hasta mí con aire señorial: pero más señorialmente

aún le habló mi

voluntad, - y

entonces se puso de rodillas implorando -

- implorando para encontrar en mí un asilo y un corazón, y diciendo halagadoramente:

«¡Mira, oh Zaratustra, cómo sólo el amigo viene al amigo!» -

Sin embargo, ¡para qué hablar si nadie tiene

mis

oídos! Y por eso quiero clamar a todos

los vientos:

¡Vosotros os volvéis cada vez más pequeños, gentes pequeñas! ¡Vosotros os hacéis migajas,

oh cómodos! ¡Vosotros vais a la ruina -

- a causa de vuestras muchas pequeñas virtudes, a causa de vuestras muchas pequeñas

omisiones, a causa de vuestras muchas pequeñas resignaciones!

Demasiado indulgente, demasiado condescendiente: ¡así es vuestro terreno! ¡Mas para

volverse

grande,

un árbol ha de echar duras raíces en torno a rocas duras!

También lo que vosotros omitís teje en el tejido de todo el futuro humano; también

vuestra nada es una telaraña y una araña que vive de sangre del futuro.

Y cuando vosotros tomáis algo, eso es como un hurto, vosotros pequeños virtuosos;

mas incluso entre bribones dice el

honor:

«Se debe hurtar tan sólo cuando no se puede

robar».

«Se da» - ésta es también una doctrina de la resignación. Pero yo os digo a vosotros los

cómodos:

¡se toma, y

se tomará cada vez más de vosotros!

¡Ay, ojalá alejaseis de vosotros todo querer

a medias y os

volvieseis decididos tanto para

la pereza como para la acción!

Ay, ojalá entendieseis mi palabra: «¡Haced siempre lo que queráis, - pero sed primero

de aquellos que

pueden querer!»

«¡Amad siempre a vuestros prójimos igual que a vosotros,

- pero sed primero de aquellos que

a sí mismos se aman311

-

-

que aman con el gran amor, que aman con el gran desprecio!» Así habla Zaratustra el

ateo. -

¡Mas para qué hablar si nadie tiene

mis

oídos! Aquí es todavía una hora demasiado

temprana para mí.

Mi propio precursor soy yo en medio de este pueblo, mi propio canto del gallo a través

de oscuras callejuelas.

¡Pero la hora de

ellos

llega! ¡Y llega también la mía! De hora en hora se vuelven más

pequeños, más pobres, más estériles, - ¡pobre vegetación!, ¡pobre terreno!

Y pronto estarán ante mí como hierba seca y como rastrojo, y, en verdad, cansados de sí

mismos - ¡y, aún más que de agua, sedientos de

fuego!

¡Oh hora bendita del rayo! ¡Oh misterio antes del mediodía! - En fuegos que se propagan

voy a convertirlos todavía alguna vez, y en mensajeros con lenguas de fuego

312

: -

- ellos deben anunciar alguna vez con lenguas de fuego: ¡Llega, está próximo

el gran

mediodía!

313

.

Así habló Zaratustra.

301

Otro título anotado por Nietzsche para este apartado era

Del empequeñecimiento de sí mismo.

302

Alusión a la escena evangélica en que las madres acercan a Jesús unos niños para que les imponga las

manos y rece por ellos; véase

Evangelio de Mateo,

19, 13. Aquí, por el contrario, los apartan de Zaratustra

a fin de que éste no les cause daño.

303

Imagen bíblica de la mujer de Lot al huir del incendio de Sodoma; véase Génesis,

19, 26.

304

La expresión «son queridos» (werden gewollt)

no significa «son amados», sino: «son conducidos por

una voluntad ajena a la suya». Es decir: no son sujeto de una voluntad propia, sino objeto de una voluntad

ajena. Zaratustra repite este mismo pensamiento más tarde, en

De tablas viejas y nuevas,

16.

305

Alusión a la conocida frase de Federico II de Prusia: «Un príncipe es el primer servidor y el primer

magistrado del Estado.»

306

«Yo no he venido a...» es frase empleada por Jesús y repetida numerosas veces en los Evangelios.

307

Véase, en esta tercera parte, De los apóstatas,

2.

308

Véase la nota 28.

309

En la cuarta parte, Jubilado,

Zaratustra discutirá con el papa jubilado sobre cual de ellos dos es más

ateo.

310

Paráfrasis, con inversión del sentido, del Evangelio de Mateo,

12, 50: «Pues todo el que cumple la voluntad

de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

311

Paráfrasis de Evangelio de Mateo,

22, 39: «¡Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Según la Biblia,

éste es el «segundo» mandamiento. Y el «primero» es: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo co razón, con

toda tu alma y con toda su mente.» Zaratustra, conservando el «segundo» mandamiento, invierte el «primero

», que para él dice: «Te amarás a ti mismo.»

312

Reminiscencia bíblica: véase Isaías, 5,24: «Por eso, como la lengua de fuego devora un rastrojo, y la

hierba seca inflamada se desploma...»

313

Véase la nota 137.

En el monte de los olivos

314

El invierno, mal huésped, se ha asentado en mi casa; azuladas se han puesto mis manos

del apretón de manos de su amistad.

Yo honro a este mal huésped, pero me gusta dejarlo solo. Me gusta alejarme de él; ¡y si

uno corre

bien,

consigue escaparse de él!

Con pies calientes y pensamientos calientes corro yo hacia donde el viento está tranquilo,

- hacia el rincón soleado de mi monte de los olivos.

Allí me río de mi severo huésped, y hasta le estoy agradecido porque me expulsa de casa

las moscas y hace callar muchos pequeños ruidos.

Él no soporta, en efecto, que se ponga a cantar un solo mosquito, y mucho menos dos;

incluso a la calleja la deja tan solitaria que la luna tiene miedo de penetrar en ella por la

noche.

Es un huésped duro, - pero yo lo honro, y no rezo, como los delicados, al panzudo ídolo

del fuego.

¡Es preferible dar un poco diente con diente que adorar ídolos! - así lo quiere mi modo

de ser. Y soy especialmente hostil a todos los ardorosos, humeantes y enmohecidos ídolos

del fuego.

A quien yo amo, lo amo mejor en el invierno que en el verano; y ahora me burlo de mis

enemigos, y lo hago más cordialmente desde que el invierno se ha asentado en mi casa.

Cordialmente en verdad, incluso cuando

me arrastro

a la cama -: allí continúa riendo y

gallardeando mi encogida felicidad; incluso mis sueños embusteros se ríen.

¿Yo uno - que se arrastra? Jamás me he arrastrado en mi vida ante los poderosos; y si

alguna vez mentí, mentí por amor. Por ello estoy contento incluso en la cama de invierno.

Una cama sencilla me calienta más que una cama rica, pues estoy celoso de mi pobreza.

Y en invierno es cuando ella más fiel me es.

Con una maldad comienzo cada día, con un baño frío me burlo del invierno: eso hace

gruñir a mi severo amigo de casa. También me gusta hacerle cosquillas con una velita de

cera: para que permita por fin que el cielo salga de un crepúsculo ceniciento.

Especialmente maligno soy, ciertamente, por la mañana: a una hora temprana, cuando

el cubo rechina en el pozo y los caballos relinchan por las grises callejas: -

aguardo impaciente a que acabe de levantarse el cielo luminoso, el cielo invernal de

barbas de nieve, el anciano de blanca cabeza, -

- ¡el cielo invernal, callado, que a menudo guarda en secreto incluso su sol!

¿Acaso de él he aprendido yo el prolongado y luminoso callar? ¿O lo ha aprendido él

de mí? ¿O acaso cada uno de nosotros lo ha inventado por sí solo?

El origen de todas las cosas buenas es de mil formas diferentes, - todas las cosas buenas

y petulantes saltan de placer a la existencia: ¡cómo iban a hacerlo tan sólo -

una sola

vez!

Una cosa buena y petulante es también el largo silencio y el mirar, lo mismo que el cielo

invernal, desde un rostro luminoso de ojos redondos: -

- como él, guardar en secreto el propio sol y la propia indómita voluntad solar: ¡en verdad,

ese arte y esa invernal petulancia los he aprendido

bien!

Mi maldad y mi arte más queridos están en que mi silencio haya aprendido a no delatarse

por el callar.

Haciendo ruido con palabras y con dados consigo yo engañar a mis solemnes guardianes:

a todos esos severos espías deben escabullírseles mi voluntad y mi finalidad.

Para que nadie hunda su mirada en mi fondo y en mi voluntad última, - para ello me he

inventado el prolongado y luminoso callar.

Así he encontrado a más de una persona inteligente: se cubría el rostro con velos y enturbiaba

su agua para que nadie pudiera verla a través de aquéllos y hacia abajo de ésta.

Pero cabalmente a él acudían hombres desconfiados y cascanueces aún más inteligentes:

¡cabalmente a él le pescaban su pez más escondido!

Pero los luminosos, los bravos, los transparentes - ésos son para mí los más inteligentes

de todos los que callan: su fondo es tan

profundo

que ni siquiera el agua más clara - lo

traiciona. -

¡Tú silencioso cielo invernal de barbas de nieve, tú cabeza blanca de redondos ojos por

encima de mí! ¡Oh tú símbolo celeste de mi alma y de su petulancia!

¿Y no

tengo que

esconderme, como alguien que ha tragado oro, - para que no me abran

con un cuchillo el alma?

¿No

tengo que llevar zancos, para que no vean

mis largas piernas, - todos esos envidiosos

y apenados que me rodean?

Esas almas sahumadas, caldeadas, consumidas, verdinosas, amargadas - ¡cómo

podría

su envidia soportar mi felicidad!

Por ello les enseño tan sólo el hielo y el invierno sobre mis cumbres - ¡y

no

que mi

montaña se ciñe también en torno a sí todos los cinturones del sol!

Ellos oyen silbar tan sólo mis tempestades invernales: y

no

que yo navego también por

mares cálidos, como lo hacen los anhelosos, graves, ardientes vientos del sur.

Ellos continúan sintiendo lástima de mis reveses y de mis azares: - pero

mi

palabra dice:

«¡Dejad venir a mí el azar: es inocente, como un niño pequeño!»

315

.

¡Cómo

podrían

ellos soportar mi felicidad si yo no colocara en torno a ella reveses, y

miserias invernales, y gorras de oso blanco, y velos de cielo nevoso!

- ¡si yo no tuviera lástima aun de su

compasión:

de la compasión de esos envidiosos y

apenados!

- ¡si yo mismo no suspirase y temblase de frío ante ellos, y no me

dejase

envolver pacientemente

en su misericordia! Ésta es la sabia petulancia y la sabia benevolencia de mi

alma, el

no ocultar su

invierno ni sus tempestades de frío; tampoco oculta sus sabañones.

La soledad de uno es la huida propia del enfermo; la soledad de otro, la huida

de los

enfermos.

¡Que me

oigan

crujir y sollozar, a causa del frío del invierno, todos esos pobres y bizcos

bribones que me rodean! Con tales suspiros y crujidos huyo incluso de sus cuartos

caldeados.

Que me compadezcan y sollocen conmigo a causa de mis sabañones: «¡En el hielo del

conocimiento él nos

helará

incluso a nosotros!» - así se lamentan.

Entretanto yo corro con pies calientes de un lado para otro en mi monte de los olivos:

en el rincón soleado de mi monte de los olivos yo canto y me burlo de toda compasión. -

Así cantó Zaratustra.

314

Otro título anotado por Nietzsche en sus manuscritos para este apartado era

La canción del invierno.

El «monte de los olivos» es ciertamente expresión evangélica

(Evangelio

de Mateo, 26, 30). Mas aquí no

aparece la angustia de Jesús en la noche anterior a su pasión. Por el contrario, su monte de los olivos le

ofrece a Zaratustra un «rincón soleado» donde se ríe del invierno. La escena evangélica del monte de los

olivos tiene propiamente su correspondencia en el capítulo titulado

La más silenciosa de todas las horas.

315

Remedo del Evangelio de Mateo,

19,14: «Dejad que los niños vengan a mí».

Del pasar de largo

Así, atravesando lentamente muchos pueblos y muchas ciudades volvía Zatatustra,

dando rodeos, hacia sus montañas y su caverna. Y he aquí que también llegó, sin darse

cuenta, a la puerta de la

gran ciudad.

pero allí un necio cubierto de espumarajos saltó

hacia él con las manos extendidas y le cerró el paso. Y éste era el mismo necio que el

pueblo llamaba «el mono de Zaratustra»: pues había copiado algo de la construcción y

del tono de sus discursos y le gustaba también tomar en préstamo ciertas cosas del tesoro

de su sabiduría. Y el necio dijo así a Zaratustra:

«Oh, Zaratustra, aquí está la gran ciudad: aquí tú no tienes nada que buscar y todo que

perder.

¿Por qué querrías vadear este fango? ¡Ten compasión de tu piel! Es preferible que escupas

a la puerta de la ciudad - ¡y te des la vuelta!

316

.

Aquí está el infierno para los pensamientos de eremitas: aquí a los grandes pensamientos

se los cuece vivos y se los reduce a papilla.

Aquí se pudren todos los grandes sentimientos: ¡aquí sólo a los pequeños sentimientos

muy flacos les es lícito crujir!

¿No percibes ya el olor de los mataderos y de los figones del espíritu? ¿No exhala esta

ciudad el vaho del espíritu muerto en el matadero?

¿No ves pender las almas como pingajos desmadejados y sucios? - ¡Y hacen hasta periódicos

de esos pingajos!

317

.

¿No oyes cómo aquí el espíritu se ha transformado en un juego de palabras? ¡Una repugnante

enjuagadura de palabras vomita el espíritu! - ¡Y hacen hasta periódicos con esa

enjuagadura de palabras!

Se provocan unos a otros, y no saben a qué. Se acaloran unos con otros, y no saben para

qué. Cencerrean con su hojalata, tintinean con su oro.

Son fríos y buscan calor en los aguardientes; están acalorados y buscan frescura en espíritus

congelados; todos ellos están enfermizos y calenturientos de opiniones públicas.

Todos los placeres y todos los vicios tienen aquí su casa; pero también hay virtuosos

aquí, hay mucha virtud obsequiosa y asalariada: -

Mucha virtud obsequiosa, con dedos de escribano y con un trasero duro a fuerza de

aguardar, bendecida con pequeñas estrellas para el pecho y con hijitas rellenadas de paja

y carentes de culo.

También hay aquí mucha piedad, y mucho crédulo servilismo, y mucho adulador pasteleo

ante el dios de los ejércitos

318

.

«De arriba» es de donde gotean, en efecto, la estrella y el esputo benigno; hacia arriba

se levanta anheloso todo pecho sin estrellas

319

.

La luna tiene su corte, y la corte tiene sus imbéciles: mas a todo lo que viene de la corte

le imploran el pueblo de mendigos y toda obsequiosa virtud de pordioseros.

«Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos»

320

- así eleva sus plegarias al príncipe toda virtud

obsequiosa: ¡para que la merecida estrella se prenda por fin al estrecho tórax!

Mas la luna continúa girando en torno a todo lo terreno: así continúa girando también el

príncipe en torno a lo más terreno de todo -: y eso es el oro de los tenderos.

El dios de los ejércitos no es el dios de las barras de oro; el príncipe propone ¡pero el

tendero - dispone!

¡Por todo lo que en ti es luminoso, y fuerte, y bueno, oh Zaratustra! ¡Escupe a esta ciudad

de tenderos y date la vuelta!

Aquí toda sangre corre perezosa y floja y espumosa por todas las venas: ¡escupe a la

gran ciudad, que es el gran vertedero donde espumea junta toda la escoria!

Escupe a la ciudad de las almas aplastadas y de los pechos estrechos, de los ojos afilados,

de los dedos viscosos -

- a la ciudad de los importunos, de los desvergonzados, de los escritorzuelos y vocingleros,

de los ambiciosos sobrerecalentados: -

- en donde todo lo podrido, desacreditado, lascivo, sombrío, superputrefacto, ulcerado,

conjurado supura todo junto: -

- ¡escupe a la gran ciudad y date la vuelta!» - -

Pero aquí Zaratustra interrumpió al necio cubierto de espumarajos y le tapó la boca.

«¡Acaba de una vez!, gritó Zaratustra, ¡hace ya tiempo que tus palabras y tus modales

me producen náuseas!

¿Por qué has habitado durante tanto tiempo en la ciénaga, hasta el punto de que tú mismo

tuviste que convertirte en rana y en sapo?

¿No corre incluso por tus venas una perezosa y espumosa sangre de ciénaga, de modo

que también tú has aprendido a croar y a blasfemar así?

¿Por qué no te has marchado tú al bosque? ¿O has arado la tierra? ¿No está acaso el

mar lleno de verdes islas?

Yo desprecio tu despreciar; y puesto que me has advertido a mí, - ¿por qué no te advertiste

a ti?

Sólo del amor deben salir volando mi despreciar y mi pájaro amonestador: ¡pero no de

la ciénaga! -

Te llaman mi mono, necio cubierto de espumarajos: mas yo te llamo mi cerdo gruñón, -

con tu gruñido me estropeas incluso mi elogio de la necedad.

¿Qué fue, pues, lo que te llevó a gruñir? El que nadie te haya

adulado

bastante: - por

eso te pusiste junto a esta inmundicia, para tener motivo de gruñir mucho, -

- ¡para tener motivo de

vengarte

mucho! ¡Venganza, en efecto, necio vanidoso, es todo

tu echar espumarajos, yo te he adivinado bien!

¡Pero tu palabra de necio

me

perjudica incluso allí donde tienes razón! Y si la palabra

de Zaratustra

tuviese incluso cien veces razón: ¡con mi palabra siempre harías -

la sinrazón!

Asi habló Zaratustra; y contempló la gran ciudad; suspiró y calló durante largo tiempo

321

.

Finalmente, dijo así:

Me produce náuseas también esta gran ciudad, y no sólo este necio. Ni en una ni en otro

hay nada que mejorar, nada que empeorar.

¡Ay de esta gran ciudad!

322

. - ¡Yo quisiera ver ya la columna de fuego que ha de consumirla!

Pues tales columnas de fuego deben preceder al gran mediodía

323

. Mas éste tiene su

tiempo y su propio destino.

Esta enseñanza te doy a ti, necio, como despedida: donde no se puede continuar amando

se debe -

¡pasar de largo! –

Así habló Zaratustra y pasó de largo junto al necio y la gran ciudad.

316

Remedo del Evangelio de Mateo,

10, 14-15: «Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa

o del pueblo sacudíos el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma

y Gomorra que a aquel pueblo».

317

Véase, en la primera parte, Del nuevo ídolo,

donde Zaratustra emplea una expresión similar para referirse

a los periódicos.

318

Expresión de origen bíblico. Véase el Salmo

103, 21: «Bendecid al Señor, ejércitos suyos, servidores

que cumplís sus deseos».

319

Un desarrollo de estas ideas puede verse en el 199 de Más allá del bien y del mal.

«Arriba» significa

aquí el soberano, pero también el cielo; y el «pecho sin estrellas» es aquel en el que no lucen todavía las

condecoraciones.

320

Zaratustra repite aquí lo mismo que ya ha dicho poco antes en De la virtud empequeñecedora,

2.

321

En el Evangelio de Lucas,

19, 41, aparece una escena parecida, en la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén

sobre un pollino: «Así que Jesús estuvo cerca de Jerusalén, al ver la ciudad, lloró sobre ella y dijo: ¡Si

también tú comprendieras en este día lo que lleva a la paz! Pero no, no tienes ojos para verlo».

322

Cita de Apocalipsis,

18,16: «¡Ay, ay de la gran ciudad!»

323

Las «columnas de fuego» son imagen bíblica; véase Éxodo,

13, 21: «Iba Jahvé delante de ellos, de día

en una columna de nube, para guiarlos, de noche en una columna de fuego, para alumbrarlos».

De los apóstatas

1

Ay, ¿ya está marchito y gris todo lo que hace un momento estaba aún verde y multicolor

en este prado? ¡Y cuánta miel de esperanza he extraído yo de ahí para llevarla a mis

colmenas!

Todos estos corazones jóvenes se han vuelto ya viejos, - ¡y ni siquiera viejos!, sólo cansados,

vulgares, cómodos: - dicen «hemos vuelto a hacernos piadosos»

324

.

Hace todavía un momento los veía yo salir afuera a hora temprana para correr con pies

valientes: pero sus pies del conocimiento se han cansado, ¡y ahora calumnian incluso su

valentía matinal!

En verdad, algunos de ellos levantaron en otro tiempo las piernas como un bailarín, a

ellos hízoles señas la risa que hay en mi sabiduría: - entonces se pusieron a reflexionar. Y

acabo de verlos curvados - arrastrándose hacia la cruz

325

.

En torno a la luz y a la libertad revoloteaban en otro tiempo como mosquitos y jóvenes

poetas. Un poco más viejos, un poco más fríos: y ya son hombres oscuros, y refunfuñadores

y trashogueros.

¿Se acobardó acaso su corazón porque la soledad, como una ballena, me tragó?

326

¿Tal

vez sus oídos, anhelosos, estuvieran esperándome

en vano

largo tiempo a mí y a mis toques

de trompeta y a mis gritos de heraldo?

- ¡Ay! Pocos son siempre aquellos cuyo corazón tiene un largo valor y una larga arrogancia;

y en éstos tampoco el espíritu deja de ser paciente. Pero el resto es

cobarde.

El resto: son siempre los más, los triviales, los sobrantes, los demasiados - ¡todos ellos

son cobardes!

A quien es de mi especie le saldrán también al encuentro las vivencias de mi especie:

de modo que sus primeros compañeros tienen que ser cadáveres y bufones

327

.

Pero sus segundos compañeros - se llamarán sus

creyentes:

un enjambre animado, mucho

amor, mucha tontería, mucha veneración imberbe.

¡A estos creyentes no debe ligar su corazón el que entre los hombres sea de mi especie;

en estas primaveras y en estos multicolores prados no debe creer quien conoce la huidiza

y cobarde especie humana!

Si

pudiesen de otro modo, entonces querrían

también de otro modo. Las gentes de medias

tintas corrompen todo el conjunto. El que las hojas se marchiten, - ¡qué hay que lamentar

en ello!

¡Déjalas ir y caer, oh Zaratustra, y no te lamentes! Es preferible que soples entre ellas

con vientos veloces, -

- que soples entre las hojas, oh Zaratustra: ¡para que todo

lo marchito

se aleje de ti aún

más rápidamente! -

2

«Hemos vuelto a hacernos piadosos» - así confiesan estos apóstatas; y algunos de ellos

son incluso demasiado cobardes para confesarlo.

A éstos los miro a los ojos, - a éstos les digo a la cara y al rubor de sus mejillas: ¡vosotros

sois los que vuelven a rezar!

¡Pero rezar es una vergüenza! No para todos, pero sí para ti y para mí y para quien tiene

su conciencia también en la cabeza. ¡Para ti es una vergüenza rezar!

Lo sabes bien: el demonio cobarde que hay dentro de ti, a quien le gustaría juntar las

manos y cruzarse de brazos y sentirse más cómodo: - ese demonio cobarde te dice:

«¡Existe

Dios!»

Pero

con ello

formas parte de la oscurantista especie de aquellos a quienes la luz no les

deja nunca reposo; ¡ahora tienes que esconder cada día más hondo tu cabeza en la noche

y en la bruma!

Y en verdad, has escogido bien la hora: pues en este momento salen a volar de nuevo

las aves nocturnas. Ha llegado la hora de todo pueblo enemigo de la luz, ha llegado la

hora vespertina y de fiesta en que no - «se hace fiesta».

Lo oigo y lo huelo: ha llegado la hora de su caza y de su procesión: no, ciertamente, la

hora de una caza salvaje, sino de una caza mansa, tullida, husmeante y propia de gentes

que andan sin ruido y rezan sin ruido, -

- de una caza para cazar gentes mojigatas y de mucha alma: ¡todas las ratoneras de corazones

están ahora apostadas de nuevo! Y si levanto una cortina, allí se precipita fuera

una mariposita nocturna.

¿Es que acaso estaba acurrucada allí con otra mariposita nocturna? Pues por todas partes

siento el olor de pequeñas comunidades agazapadas; y donde existen conventículos,

allí dentro hay nuevos rezadores y vaho de rezadores.

Durante largas noches se sientan unos junto a otros y dicen: «¡Hagámonos de nuevo

como niños pequeños

328

y digamos “Dios mío”!» - con la cabeza y el estómago estropeados

por los piadosos confiteros.

O contemplan durante largas noches una astuta y acechante araña crucera

329

, que predica

también astucia a las arañas y enseña así: «¡Bajo las cruces es bueno tejer la tela!»

O se sientan durante el día, con cañas de pescar, junto a ciénagas, y con ello se creen

profundos;

¡mas a quien pesca allí donde no hay peces, yo ni siquiera lo llamo superficial!

O aprenden a tocar el arpa, con piadosa alegría, de un coplero que de muy buena gana

se insinuaría con el arpa en el corazón de las jovencillas: - pues se ha cansado de las viejecillas

y de sus alabanzas.

O aprenden a estremecerse de horror con un semiloco docto que aguarda en oscuras

habitaciones a que los espíritus se le aparezcan - ¡y el espíritu escapa de allí completamente!

330

.

O escuchan con atención a un ronroneante y gruñidor músico viejo y vagabundo que

aprendió de los vientos sombríos el tono sombrío de sus sonidos; ahora silba a la manera

del viento y predica tribulación con tonos atribulados.

Y algunos de ellos se han convertido incluso en vigilantes nocturnos: éstos entienden

ahora de soplar en cuernos y de rondar por la noche y de desvelar cosas viejas, que hace

ya mucho tiempo que se adormecieron.

Cinco frases sobre cosas viejas oí yo ayer por la noche junto al muro del jardín: venían

de tales viejos, atribulados y secos vigilantes nocturnos.

«Para ser un padre, no se preocupa bastante de sus hijos: ¡los padres-hombres lo hacen

mejor!» -

«¡Es demasiado viejo! Ya no se preocupa en absoluto de sus hijos» - respondió el otro

vigilante nocturno.

«Pero

¿tiene

hijos? ¡Nadie puede demostrarlo si él mismo no lo demuestra! Hace ya

mucho tiempo que yo quisiera que lo demostrase alguna vez de verdad.»

«¿Demostrar? ¡Como si él hubiera demostrado alguna vez algo! El demostrar le resulta

difícil; da mucha importancia a que se le crea.»

«¡Sí! ¡Sí! La fe le hace bienaventurado

331

, la fe en él. ¡Tal es el modo de ser de los viejos!

¡Así nos va también a nosotros!» -

- De este modo hablaron entre sí los dos viejos vigilantes nocturnos y los dos temerosos

de la luz, y después se pusieron, atribulados, a soplar en sus cuernos: esto ocurrió ayer

por la noche junto al muro del jardín.

Pero a mí el corazón se me retorcía de risa, y quería explotar, y no sabía hacia dónde, y

se hundió en el diafragma.

En verdad, ésta llegará a ser mi muerte, asfixiarme de risa al ver asnos ebrios y al oír a

vigilantes nocturnos dudar de Dios.

¿No

hace ya mucho

que pasó el tiempo de tales dudas? ¡A quién le es lícito seguir desvelando

tales cosas viejas y adormecidas, que temen la luz!

Los viejos dioses hace ya mucho tiempo, en efecto, que se acabaron: - ¡y en verdad, tuvieron

un buen y alegre final de dioses!

No encontraron la muerte en un «crepúsculo»

332

, - ¡ésa es la mentira que se dice! Antes

bien, encontraron su propia muerte -

¡riéndose!

Esto ocurrió cuando la palabra más atea de todas fue pronunciada por un dios mismo, -

la palabra: «¡Existe un

único
dios! ¡No tendrás otros dioses junto a mí!»333

-

- un viejo dios huraño, un dios celoso se sobrepasó de ese modo: -

Y todos los dioses rieron entonces, se bambolearon en sus asientos y gritaron: «¿No

consiste la divinidad precisamente en que existan dioses, pero no dios?»

334

El que tenga oídos, oiga. -

Así dijo Zaratustra en la ciudad que él amaba y que se denomina «La Vaca Multicolor».

Desde allí, en efecto, le faltaban tan sólo dos días de camino para retornar a su caverna y

a sus animales; y su alma se regocijaba continuamente por la proximidad de su retorno a

casa. -

324

En la cuarta parte, El despertar,
2, y La fiesta del asno, ,

se repiten como un estribillo estas palabras:

«Hemos vuelto a hacernos piadosos».

325

Si alguna vivencia personal de Nietzsche se transparenta aquí, sin duda estas palabras aluden al menos

a dos episodios de su vida: la conversión al catolicismo de su amigo Romundt, que en otro tiempo convivió

con él en Basilea; y el «arrodillarse» de Wagner ante la cruz, con su

Parsifal.
Sobre esto último, véase

Ecce

homo,

y sobre todo La genealogía de la moral.

Véase aquí la nota 51.

326

Reminiscencia del episodio bíblico de Jonás, al que tragó una ballena. Véase Jonás

, 2, 1. En la parte

cuarta,

Entre hijas del desierto,

2, aparece otra alusión al mismo episodio bíblico. Véase la nota 549.

327

Véase el Prólogo de Zaratustra, 6, donde los dos primeros compañeros de Zaratustra son el volatinero

que cae de la cuerda y al que Zaratustra entierra, y el bufón que hace caer al primero.

328

Alusión al Evangelio de

Mateo, 18, 3: «Si no os hicierais como niños no entraréis en el reino de los

cielos.»

329

El vocablo alemán Kreuzspinne

(araña con una cruz) subraya todavía con más fuerza esta irónica designación

de los sacerdotes.

330

Hay aquí una sarcástica alusión al espiritismo, tan de moda en Europa por la época en que Nietzsche

escribió esta obra. El propio Nietzsche asistió a una sesión de espiritismo en Leipzig. Véase su carta de

octubre de 1882 a P Gast, en la que le habla de ella.

331

Véase la nota 226

.

332

Sarcástica alusión a la ópera de Wagner Crepúsculo de los dioses,

título que luego el mismo Nietzsche

remedaría con su obra

Crepúsculo de los ídolos.

333

Cita de las palabras de Yahvé en Éxodo,

20, 3-4: «No tendrás otro Dios que a mí. No te harás escultura

ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos, ni lo que hay abajo sobre la tierra, ni lo que hay

en las aguas debajo de la tierra».

334

En esta tercera parte, De tablas viejas y nuevas,

11, se repite esta misma frase.

El retorno a casa

335

Oh soledad! ¡Tú

patria

mía, soledad! ¡Ha sido demasiado el tiempo que he vivido de

modo salvaje en salvajes países extraños como para que no retorne a ti con lágrimas en

los ojos!

Pero ahora amenázame tan sólo con el dedo, como amenazan las madres, ahora sonríeme

como sonríen las madres, ahora di únicamente: «iY quién fue el que, en otro tiempo,

como un viento tempestuoso se alejó de mí? -

- que al despedirse exclamó: ¡demasiado tiempo he estado sentado junto a la soledad,

allí he desaprendido a callar!

¿Esto -

lo has aprendido ahora acaso?

Oh Zaratustra, yo lo sé todo: ¡y que tú has estado más

abandonado

entre los muchos, tú

uno solo,

que jamás lo estuviste a mi lado!

Una cosa es abandono, y otra cosa distinta, soledad:

¡Esto -

lo has aprendido ahora! Y

que entre los hombres serás tú siempre salvaje y extraño:

- salvaje y extraño aun cuando te amen: ¡pues lo que ellos quieren ante todo es que se

los

trate con indulgencia!

Mas aquí, en tu casa, aquí te hallas en tu patria y en tu hogar; aquí puedes decirlo todo y

manifestar con franqueza todas tus razones, nada se avergüenza aquí de sentimientos escondidos,

empedernidos.

Aquí todas las cosas acuden acariciadoras a tu discurso y te halagan: pues quieren cabalgar

sobre tu espalda. Sobre todos los simbolos cabalgas tú aquí hacia todas las verdades

336

.

Con franqueza y sinceridad te es lícito hablar aquí a todas las cosas: y, en verdad, como

un elogio suena a sus oídos el que alguien hable con todas las cosas - ¡derechamente!

Pero otra cosa distinta es el estar abandonado. Pues ¿lo sabes aún, Zaratustra? Cuando

en otro tiempo tu pájaro lanzó un grito por encima de ti, hallándote tú en el bosque, sin

saber adónde ir, inexperto, cerca de un cadáver: -

- y tú dijiste: ¡que mis animales me guíen! He encontrado más peligros entre los hombres

que entre los animales

337 - ¡aquello

era abandono!

¿Y lo sabes aún, oh Zaratustra? Cuando estabas sentado en tu isla, siendo una fuente de

vino entre cántaros vacíos, dando y repartiendo, regalando y escanciando entre sedientos:

- hasta que por fin fuiste tú el único que allí se hallaba sediento entre borrachos, y por

las noches te lamentabas “¿tomar no es una cosa más dichosa que dar? ¿Y robar, una cosa

más dichosa que tornar?”

338 - ¡aquello

era abandono!

¿Y lo sabes todavía, oh Zaratustra? Cuando llegó tu hora más silenciosa y te arrastró lejos

de ti mismo, cuando ella dijo con un susurro malvado: “¡habla y hazte pedazos!”

339

-

- cuando ella te hizo penoso todo tu aguardar y todo tu callar, y desalentó tu humilde

valor:

¡aquello

era abandono!» - ¡Oh soledad! ¡Tú patria mía, soledad! ¡De qué modo tan

bienaventurado y delicado me habla tu voz!

No nos hacemos mutuas preguntas, no nos recriminamos el uno al otro, nosotros atravesamos,

abiertos uno para el otro, puertas abiertas.

Porque en ti todo es abierto y claro; y también las horas corren aquí con pies más ligeros.

En la oscuridad, en efecto, se hace más pesado el tiempo que en la luz.

Aquí se me abren de golpe las palabras y los armarios de palabras de todo ser: todo ser

quiere hacerse aquí palabra, todo devenir quiere aquí aprender a hablar de mí.

Pero allá abajo - ¡allá es vano todo hablar! Allá, olvidar y pasar de largo es la mejor sabiduría:

¡esto - lo he aprendido ahora!

Quien quisiera comprender todo entre los hombres, tendría que atacar todo

340

. Mas yo

tengo manos demasiado limpias para eso.

No me gusta respirar su aliento; ¡ay, que yo haya vivido tanto tiempo en medio de su

ruido y de su mal aliento!

¡Oh bienaventurado silencio a mi alrededor! ¡Oh puros aromas en torno a mí!

341

. ¡Oh

cómo estos silencios aspiran un aire puro desde un pecho profundo! ¡Oh cómo escucha

este bienaventurado silencio!

Pero allá abajo - allá todo habla, nada es escuchado. Aunque alguien anuncie su sabiduría

con tañidos de campanas: ¡los tenderos del mercado ahogarán su sonido con peniques!

Todo habla entre ellos, nadie sabe ya entender. Todo cae al agua, nada cae ya en pozos

profundos.

Todo habla entre ellos, nada se logra ya ni llega a su final. Todo cacarea, mas ¿quién

quiere aún sentarse callado en el nido y encobar huevos?

Todo habla entre ellos, todo queda triturado a fuerza de palabras. Y lo que todavía ayer

resultaba demasiado duro para el tiempo mismo y para su diente: hoy cuelga, raído y roído,

de los hocicos de los hombres de hoy.

Todo habla entre ellos, todo es divulgado. Y lo que en otro tiempo se llamó misterio y

secreto de almas profundas, hoy pertenece a los pregoneros de las callejas y a otras mariposas.

¡Oh ser del hombre, extraño ser! ¡Tú ruido en callejas oscuras! Ahora vuelves a yacer

por debajo de mí: - ¡mi máximo peligro yace a mis espaldas!

En ser indulgente y compasivo estuvo siempre mi máximo peligro

342

; y todo ser humano

quiere que se sea indulgente con él y se le sufra.

Reteniendo las verdades, garabateando cosas con mano de necio, con un corazón chiflado,

y echando numerosas mentirillas de compasión

343

: - así he vivido yo siempre entre

los hombres.

Disfrazado me sentaba entre ellos, dispuesto a conocerme mal a mí para soportarlos a

ellos,

y diciéndome gustoso: «¡tú, necio, tú no conoces a los hombres!»

Se desaprende a conocer a los hombres cuando se vive entre ellos: demasiado primer

plano hay en todos los hombres, - ¡qué tienen que hacer allí los ojos que ven lejos, que

buscan lejanías!

Y cuando ellos me conocían mal: yo, necio, los trataba por esto con más indulgencia

que a mí mismo: habituado a la dureza conmigo y a menudo vengando en mí mismo

aquella indulgencia.

Acribillado por moscas venenosas y excavado, cual la piedra, por la maldad de muchas

gotas, así me hallaba yo sentado entre ellos y me decía además a mí mismo: «¡inocente

de su pequeñez es todo lo pequeño!»

Especialmente aquellos que se llaman «los buenos», encontré que ellos eran las moscas

más venenosas de todas: clavan el aguijón con toda inocencia, mienten con toda inocencia;

¡cómo

serían capaces -

de ser justos conmigo!

A quien vive entre los buenos la compasión le enseña a mentir. La compasión vicia el

aire a todas las almas libres. La estupidez de los buenos es, en efecto, insondable

344

.

A ocultarme a mí mismo y a ocultar mi riqueza -

esto

aprendí allá abajo: pues a todos

los encontré todavía pobres de espíritu. Ésta fue la mentira de mi compasión, ¡el saber

acerca de todos,

- el ver y el oler en todos qué cantidad de espíritu les

bastaba

y qué cantidad de espíritu

les resultaba

demasiada!

A sus envarados sabios: yo los llamaba sabios, no envarados, - así aprendí a tragar palabras.

A sus sepultureros: yo los llamaba investigadores y escrutadores, - así aprendí a

sustituir unas palabras por otras.

Los sepultureros contraen enfermedades a fuerza de cavar. Bajo viejos escombros descansan

vapores malsanos. No se debe remover el lodo. Se debe vivir sobre las montañas.

¡Con bienaventuradas narices vuelvo a respirar libertad de montaña! ¡Redimida se halla

por fin mi nariz del olor de todo ser humano!

Cosquilleada por agudos vientos, como por vinos espumeantes, mi alma

estornuda, -

estornuda y grita jubilosa: ¡He sanado!

Así habló Zaratustra.

335

Un primer título pensado por Nietzsche para este capítulo era

De la soledad.

336

En Ecce homo,

Nietzsche cita este párrafo dentro de su famosa descripción de la «inspiración».

337

Véase el Prólogo de Zaratustra,

10.

338

Véase, en la segunda parte, La canción de la noche,

así como la nota 188.

339

Véase, en la segunda parte, La más silenciosa de todas las horas

.

340

Juego de palabras, en alemán, entre begreifen
(comprender) y angreifen

(atacar).

341

Más adelante, en la cuarta parte, La canción de la melancolía,

repite Zaratustra estas mismas expresiones

cuando, tras la Cena y los discursos sobre el hombre superior, sale un momento al aire libre.

342

Véase, en esta tercera parte, De tablas viejas y nuevas,
11, y en la cuarta parte,

El grito de socorro, El

más feo de los hombres,

y El signo

.

343

Véase antes, En el monte de los olivos:

«Si alguna vez mentí, fue por amor.»

344

Véase luego, De tablas viejas y nuevas,

26.

De los tres males

1

En el sueño, en el último sueño matinal, yo me encontraba hoy sobre un promontorio, -

más allá del mundo, sostenía una balanza y

pesaba

el mundo.

¡Oh, qué pronto me llegó la aurora: me despertó con su ardor, la celosa! Celosa está ella

siempre de los ardores de mi sueño matinal.

Mensurable para quien tiene tiempo, sopesable para un buen pesador, sobrevolable para

alas fuertes, adivinable para divinos cascanueces: así encontró mi sueño el mundo: -

Mi sueño, un navegante audaz, a medias barco, a medias borrasca, callado como las

mariposas, impaciente cual los halcones de cetrería: ¡cómo tenía hoy, sin embargo, paciencia

y tiempo para pesar el mundo!

¿Acaso le alentaba secretamente a ello mi sabiduría, mi riente y despierta sabiduría del

día, que se burla de todos los «mundos infinitos»? Pues ella dice: «donde hay fuerza, allí

también el

número

se convierte en dueño: pues tiene más fuerza».

Qué seguro contemplaba mi sueño este mundo finito, lo contemplaba no curioso, no indiscreto,

no temeroso, no suplicante: -

- como si una gran manzana se ofreciese a mi mano, una madura manzana de oro, de

piel aterciopelada, fresca y suave: - así se me ofrecía el mundo: -

- como si un árbol me hiciera señas, un árbol de amplio ramaje, de voluntad fuerte, torcido

como para ofrecer respaldo e incluso escabel al cansado del camino: así se erguía el

mundo sobre mi promontorio: -

- como si manos gráciles me tendiesen un cofre, - un cofre abierto, para éxtasis de ojos

pudorosos y reverentes: así se me tendía hoy el mundo: -

- no bastante enigma para espantar de él el amor de los hombres, no bastante solución

para adormecer la sabiduría de los hombres: - ¡una cosa humanamente buena era hoy para

mí el mundo, al que tantas cosas malas se le atribuyen!

¡Cuánto agradecí a mi sueño matinal el que yo pesase así hoy, al amanecer, el mundo!

¡Como una cosa humanamente buena vino a mí ese sueño y consolador del corazón!

Y para proceder durante el día como él, y para seguirlo e imitarlo en lo mejor de él:

quiero yo ahora poner en la balanza las tres cosas más malvadas que existen y sopesarlas

de un modo humanamente bueno. -

Quien aprendió aquí a bendecir aprendió también a maldecir: ¿cuáles son en el mundo

las tres cosas más maldecidas? Ésas son las que voy a poner en la balanza.

Voluptuosidad, ambición de dominio, egoísmo:

estas tres cosas han sido hasta ahora las

más maldecidas y de ellas se han dicho las peores calumnias y mentiras, - a estas tres voy

a sopesarlas de un modo humanamente bueno.

¡Adelante! Aquí está mi promontorio y ahí, el mar:

éste

se me acerca arrollándose velludo,

adulador, viejo y fiel monstruo canino de cien cabezas que yo amo.

¡Adelante! Aquí quiero yo sostener la balanza sobre el arrollado mar: y también elijo un

testigo para que mire, - ¡a ti, árbol solitario, de fuerte aroma, de ancha bóveda, que yo

amo! -

¿Por qué puente pasa el ahora hacia el futuro? ¿Cuál es la coacción que compele a lo alto

a descender a lo bajo? ¿Y qué es lo que manda también a lo más alto - que siga ascendiendo?

345

-

Ahora la balanza está equilibrada y quieta: tres difíciles preguntas he echado en ella,

tres difíciles respuestas lleva el otro platillo de la balanza.

2

Voluptuosidad: para todos los despreciadores del cuerpo vestidos con cilicios es ella su

aguijón y estaca, y, entre todos los trasmundanos, algo maldecido como «mundo»

346

:

pues ella se burla y se mofa de todos los maestros de la confusión y del error.

Voluptuosidad: para la chusma, el fuego lento en que se abrasa; para toda la madera

carcomida, para todos los pingajos hediondos, el preparado horno ardiente y llameante.

Voluptuosidad: para los corazones libres, algo inocente y libre, la felicidad del jardín

terrenal, el desborde de gratitud de todo futuro al ahora.

Voluptuosidad: sólo para el marchito es un veneno dulzón, para los de voluntad leonina,

en cambio, es el gran estimulante cordial, y el vino de los vinos respetuosamente tratado.

Voluptuosidad: la gran felicidad que sirve de símbolo a toda felicidad más alta y a la

suprema esperanza. A muchas cosas, en efecto, les está prometido el matrimonio y más

que el matrimonio, -

- a muchas cosas que son entre sí más extrañas que hombre y mujer: - ¡y quién ha comprendido

del todo

cuán extraños

son entre sí hombre y mujer!

Voluptuosidad: - mas basta, quiero tener vallas alrededor de mis pensamientos, también

de mis palabras: ¡para que no entren en mis jardines los cerdos y los exaltados! -

Ambición de dominio: el látigo de fuego para los más duros entre los duros de corazón;

el espantoso martirio reservado al más cruel; la sombría llama de piras encendidas.

Ambición de dominio: la maligna traba impuesta a los pueblos más vanidosos; algo que

se burla de toda virtud incierta; algo que cabalga sobre todos los corceles y sobre todos

los orgullos.

Ambición de dominio: el terremoto que rompe y destruye todo lo putrefacto y carcomido;

algo que, avanzando como una avalancha retumbante y castigadora, hace pedazos los

sepulcros blanqueados

347

; la interrogación fulminante puesta junto a respuestas prematuras.

Ambición de dominio: ante su mirada el hombre se arrastra y se agacha y se vuelve

servil y cae aún más bajo que la serpiente y el cerdo: - hasta que finalmente el gran desprecio

grita desde su boca -,

Ambición de dominio: la terrible maestra del gran desprecio, que predica a la cara de

ciudades y de imperios «¡fuera tú!» - hasta que de ellos mismos sale este grito «¡fuera

yo!»

Ambición de dominio: que, sin embargo, también asciende, con sus atractivos, hasta los

puros y solitarios y hasta las alturas que se bastan a sí mismas, ardiente como un amor

que pinta seductoramente purpúreas bienaventuranzas en el cielo de la tierra.

Ambición de dominio: ¡mas quién llamaría

ambición
348

a que lo alto se rebaje a desear

el poder! ¡En verdad, nada malsano ni codicioso hay en tales deseos y descensos! -

El que la solitaria altura no quiera permanecer eternamente solitaria y eternamente autosuficiente;

el que la montaña descienda al valle y los vientos de la altura a las hondonadas:

-

¡oh quién pudiera encontrar el nombre apropiado de una virtud para bautizar este anhelo!

«Virtud que hace regalos»

349

- este nombre dio Zaratustra en otro tiempo a lo innombrable.

Y entonces ócurrió también, - ¡y, en verdad, ocurrió por vez primera! - que su palabra

llamó bienaventurado al

egoísmo350

, al egoísmo saludable, sano, que brota de un alma

poderosa: -

- de un alma poderosa, a la que corresponde el cuerpo elevado, el cuerpo bello, victorioso,

reconfortante, en torno al cual toda cosa se transforma en espejo:

- el cuerpo flexible, persuasivo, el bailarín, del cual es símbolo y compendio el alma

gozosa de sí misma. El goce de tales cuerpos y de tales almas en sí mismos se da a sí este

nombre: «virtud».

Con sus palabras bueno y malo se resguarda tal egoísmo como con bosques sagrados;

con los nombres de su felicidad destierra de sí todo lo despreciable.

Lejos de sí destierra el egoísmo todo lo cobarde; dice: lo malo -

¡es

cobarde! Despreciable

le parece a él el hombre siempre preocupado, gimiente, quejumbroso, y quien recoge

del suelo incluso las más mínimas ventajas.

Él desprecia también toda sabiduría llorosa: pues, en verdad, existe también una sabiduría

que florece en lo oscuro, una sabiduría de las sombras nocturnas: la cual suspira siempre:

«¡Todo es vanidad!»

351

.

A la medrosa desconfianza la desdeña, así como a todo el que quiere juramentos en lugar

de miradas y de manos: y también desdeña toda sabiduría demasiado desconfiada, -

pues ésta es propia de almas cobardes.

Pero aún más desdeña al que se apresura a complacer a otros, al perruno, que en seguida

se echa panza arriba, al humilde; y hay también una sabiduría que es humilde y perruna

y piadosa y que se apresura a complacer.

Odioso es para el egoísmo, y nauseabundo, quien no quiere defenderse, quien se traga

salivazos venenosos y miradas malvadas, el demasiado paciente, el que todo lo tolera y

con todo se contenta: ésta es, en efecto, la especie servil.

Sobre quien es servil frente a los dioses y los puntapiés divinos, o frente a los hombres

y las estúpidas opiniones humanas: ¡sobre

toda

esa especie de siervos escupe él, ese bienaventurado

egoísmo!

Malo: así llama él a todo lo que dobla las rodillas y es servil y tacaño, a los ojos que

parpadean sin libertad, a los corazones oprimidos, y a aquella falsa especie indulgente

que besa con anchos labios cobardes.

Y pseudosabiduría: así llama él a todos los alardes de ingenio de los siervos y de los

ancianos y de los cansados; ¡y en especial, a toda la perversa, desatinada, demasiado ingeniosa

necedad de los sacerdotes!

Mas tanto la pseudosabiduría, como todos los sacerdotes, y los cansados del mundo, y

aquellos cuya alma es de la especie de las mujeres y de los siervos, - ¡oh, cómo su juego

ha jugado desde siempre malas partidas al egoísmo!

¡Y cabalmente debía ser virtud y llamarse virtud esto,

el que

se jugasen malas partidas

al egoísmo! ¡Y «no egoístas» - así deseaban ser ellos mismos, con buenas razones, todos

estos cobardes y arañas cruceras cansados del mundo!

Mas para todos ellos llega ahora el día, la transformación, la espada del juicio,

el gran

mediodía:

¡entonces se pondrán de manifiesto muchas cosas!352

.

Y quien llama sano y santo al yo, y bienaventurado al egoísmo, en verdad ése dice también

lo que sabe, es un profeta:

«¡He aquí que viene, que está cerca el gran mediodía!»

Así habló Zaratustra.

345

Estas tres preguntas aluden, respectivamente, a los «tres males» citados: voluptuosidad, ambición de

dominio, egoísmo.

346

Alusión al concepto cristiano de «mundo», considerado como uno de los tres enemigos del hombre:

mundo, demonio y carne.

347

«Sepulcros blanqueados» es expresión evangélica; véase el Evangelio de San Mateo,

232, 27: «¡Ay de

vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena

apariencia, pero por dentro están llenos de huesos muertos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera

parecéis honrados, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes».

348

Nietzsche ha venido usando la palabra compuesta alemana Herrschsucht

(ambición de dominio), que

ahora separa, para comentar su significado. El componente

Sucht

tiene también los significados de «codicia

» y «enfermedad». Para entender bien esta frase será preciso tener en cuenta estos otros sentidos de

Sucht.

349

Véase, en la primera parte, el capítulo titulado De la virtud que hace regalos

.

350

Véase, en la primera parte, De la virtud que hace regalos, 1

.

351

Véase la nota 248.

352

Véase el Evangelio de Lucas,

2, 34-35: «Y Simeón le dijo a María, su madre: “... y a ti una espada te

traspasará el corazón, para que quede de manifiesto lo que todos piensan”».

Del espíritu de la pesadez

1

Mi boca - es del pueblo: yo hablo de un modo demasiado grosero y franco para los conejos

de seda. Y aún más extraña les suena mi palabra a todos los calamares y plumíferos

353

.

Mi mano - es la mano de un necio: ¡ay de todas las mesas y paredes y de todo lo demás

que ofrezca espacio para las engalanaduras de un necio, para las emborronaduras de un

necio!

Mi pie - es un pie de caballo; con él pataleo y troto a campo traviesa de acá para allá, y

todo correr rápido me produce un placer del diablo.

Mi estómago - ¿es acaso el estómago de un águila? Pues lo que más le gusta es la carne

de cordero

354

. Con toda seguridad es el estómago de un pájaro.

Un ser que se alimenta con cosas inocentes, y con poco, dispuesto a volar e impaciente

de hacerlo, de alejarse volando - ése es mi modo de ser: ¡cómo no iba a haber en él algo

del modo de ser de los pájaros!

Y, sobre todo, el que yo sea enemigo del espíritu de la pesadez, eso es algo propio de la

especie de los pájaros: ¡y, en verdad, enemigo mortal, archienemigo, protoenemigo! ¡Oh,

adónde no voló ya y se extravió ya volando mi enemistad!

Sobre ello podría yo cantar una canción - -

y quiero

cantarla: aunque esté yo solo en la

casa vacía y tenga que cantar para mis propios oídos.

Otros cantores hay, ciertamente, a los cuales sólo la casa llena vuélveles suave su garganta,

elocuente su mano, expresivos sus ojos, despierto su corazón: - yo no me asemejo

a ellos. -

2

Quien algún día enseñe a los hombres a volar, ése habrá cambiado de sitio todos los

mojones

355

; para él los propios mojones volarán por el aire y él bautizará de nuevo a la

tierra, llamándola - «La Ligera».

El avestruz corre más rápido que el más rápido caballo, pero también esconde pesadamente

la cabeza en la pesada tierra: así hace también el hombre que aún no puede volar.

Pesadas son para él la tierra y la vida; ¡y así lo

quiere

el espíritu de la pesadez! Mas

quien quiera hacerse ligero y transformarse en un pájaro tiene que amarse a sí mismo: -

así enseño yo.

No, ciertamente, con el amor de los enfermos y calenturientos: ¡pues en ellos hasta el

amor propio exhala mal olor!

Hay que aprender a amarse a sí mismo - así enseño yo - con un amor saludable y sano:

a soportar estar consigo mismo y a no andar vagabundeando de un sitio para otro.

Semejante vagabundeo se bautiza a sí mismo con el nombre de «amor al prójimo»: con

esta expresión se han dicho hasta ahora las mayores mentiras y se han cometido las mayores

hipocresías, y en especial lo han hecho quienes caían pesados a todo el mundo.

Y en verdad, no es un mandamiento para hoy y para mañana el de

aprender

a amarse a

sí mismo. Antes bien, de todas las artes es ésta la más delicada, la más sagaz, la última y

la más paciente:

A quien tiene algo, en efecto, todo lo que él tiene suele estarle bien oculto; y de todos

los tesoros es el propio el último que se desentierra, - así lo procura el espíritu de la pesadez.

Ya casi en la cuna se nos dota de palabras y de valores pesados: «bueno» y «malvado» -

así se llama esa dote. Y en razón de ella se nos perdona que vivamos.

Y dejamos que los niños pequeños vengan a nosotros

356

para impedirles a tiempo que

se amen a sí mismos: así lo procura el espíritu de la pesadez

Y nosotros - ¡nosotros llevamos fielmente cargada la dote que nos dan, sobre duros

hombros y por ásperas montañas! Y si sudamos, se nos dice: «¡Sí, la vida es una carga

pesada!»

¡Pero sólo el hombre es para sí mismo una carga pesada! Y esto porque lleva cargadas

sobre sus hombros demasiadas cosas ajenas. Semejante al camello, se arrodilla y se deja

cargar bien

357

.

Sobre todo el hombre fuerte, de carga, en el que habita la veneración: demasiadas pesadas

palabras

ajenas y demasiados pesados valores ajenos

carga sobre sí, - ¡entonces la

vida le parece un desierto!

¡Y en verdad! ¡También algunas cosas

propias

son una carga pesada! ¡Y muchas de las

cosas que residen en el interior del hombre son semejantes a la ostra, es decir, nauseabundas

y viscosas y difíciles de agarrar -,

- de tal modo que tiene que intervenir en su favor una concha noble, con nobles adornos.

Y también hay que aprender este arte: ¡el de

tener

una concha, y una hermosa apariencia,

y una inteligente ceguera!

Una y otra vez nos engañamos acerca de algunas cosas humanas por el hecho de que

más de una concha es mezquina y triste y demasiado concha. Mucha bondad y mucha

fuerza ocultas no las adivinaremos jamás; ¡los más exquisitos bocados no encuentran

quien los sepa saborear!

Las mujeres saben esto, las más exquisitas: un poco más gruesas, un poco más delgadas

- ¡oh, cuánto destino depende de tan poca cosa!

El hombre es difícil de descubrir, y descubrirse uno a sí mismo es lo más difícil de todo;

a menudo el espíritu miente a propósito del alma. Así lo procura el espíritu de la pesadez.

Mas a sí mismo se ha descubierto quien dice: éste es mi bien y éste es mi mal: con ello

ha hecho callar al topo y enano que dice: «bueno para todos, malvado para todos».

En verdad, tampoco me agradan aquellos para quienes cualquier cosa es buena e incluso

este mundo es el mejor

358

. A éstos los llamo los omnicontentos.

Omnicontentamiento que sabe sacarle gusto a todo: ¡no es éste el mejor gusto! Yo honro

las lenguas y los estómagos rebeldes y selectivos, que aprendieron a decir «yo» y «sí»

y «no».

Pero masticar y digerir todo - ¡ésa es realmente cosa propia de cerdos! Decir siempre sí

- ¡esto lo ha aprendido únicamente el asno

359

y quien tiene su mismo espíritu! -

El amarillo intenso y el rojo ardiente: eso es lo que mi gusto quiere, - él mezcla sangre

con todos los colores. Mas quien blanquea su casa me delata un alma blanqueada

360

.

De momias se enamoran unos, otros, de fantasmas; y ambos son igualmente enemigos

de toda carne y de toda sangre

- ¡oh, cómo repugnan ambos a mi gusto! Pues yo amo la sangre.

Y no quiero habitar ni residir allí donde todo el mundo esputa y escupe: éste es

mi

gusto,

- preferiría vivir entre ladrones y perjuros. Nadie lleva oro en la boca.

Pero aún más repugnantes me resultan todos los que lamen servilmente los salivazos; y

el más repugnante bicho humano que he encontrado lo bauticé con el nombre de parásito

361

:

éste no ha querido amar, pero sí vivir del amor. Desventurados llamo yo a todos los

que sólo tienen

una

elección: la de convertirse en animales malvados o en malvados domadores

de animales: junto a ellos no levantaría yo mis tiendas

362

.

Desventurados llamo yo a todos aquellos que siempre tienen que aguardar, - repugnan a

mi gusto: todos los aduaneros y tenderos y reyes y otros guardianes de países y de comercios.

En verdad, también yo aprendí a aguardar, y a fondo, - pero sólo a aguardarme

a mí.

Y

aprendí a tenerme en pie y a caminar y a correr y a saltar y a trepar y a bailar por encima

de todas las cosas.

Y ésta es mi doctrina: quien quiera aprender alguna vez a volar tiene que aprender primero

a tenerse en pie y a caminar y a correr y a trepar y a bailar: - ¡el volar no se coge al

vuelo!

Con escalas de cuerda he aprendido yo a escalar más de una ventana, con ágiles piernas

he trepado a elevados mástiles: estar sentado sobre elevados mástiles del conocimiento no

me parecía bienaventuranza pequeña, -

- flamear como llamas pequeñas sobre elevados mástiles: siendo, ciertamente, una luz

pequeña, ¡pero un gran consuelo, sin embargo, para navegantes y náufragos extraviados!

-

Por muchos caminos diferentes y de múltiples modos llegué yo a mi verdad; no por una

única

escala ascendí hasta la altura desde donde mis ojos recorren el mundo.

Y nunca me ha gustado preguntar por caminos, - ¡esto repugna siempre a mi gusto! Prefería

preguntar y someter a prueba a los caminos mismos.

Un ensayar y un preguntar fue todo mi caminar: - ¡y en verdad, también hay que

aprender

a responder a tal preguntar! Éste - es mi gusto:

- no un buen gusto, no un mal gusto, pero sí

mi

gusto, del cual ya no me avergüenzo ni

lo oculto.

«Éste - es

mi

camino, - ¿dónde está el vuestro?», así respondía yo a quienes me preguntaban

«por el camino».

¡El

camino, en efecto, - no existe!

Así habló Zaratustra.

353

Juego de palabras en alemán con dos términos de sonido parecido: Tinten-Fische

(peces de tinta, calamares);

acaso, en castellano, «chupatintas» (para seguir el juego verbal), y

Feder-Füchse

(zorros de pluma).

La palabra alemana usual para decir «plumífero», «escritorzuelo», es

Federfuchser;

por semejanza de

sonido Nietzsche la transforma en

Feder-Fuchs (plural,

Feder-Füchse).

354

En la cuarta parte, La Cena,
y La canción de la melancolía,

2, volverá a aludirse al gusto del estómago

de Zaratustra por la carne de cordero.

355

«Cambiar de sitio los mojones» es frase clásica y muy antigua. Ya Solón dice (fragmento 24) que «en

una ocasión yo removí los mojones de la negra Tierra, fijos en muchas partes; antes ella era esclava, mas

ahora es libre». Teniendo en cuenta la inmediata alusión de Zaratustra a la tierra, es posible que Nietzsche

recordara aquí el citado fragmento de Solón.

356

Paráfrasis del Evangelio de Mateo,

19, 14: «Dejad que los niños vengan a mí.» Sin embargo, según

Nietzsche, esto lo hacemos para impedir que se amen a sí mismos. Véase también antes,

De la virtud empequeñecedora,

2, y la nota 302.

357

Véase, en la primera parte, De las tres transformaciones

.

358

«El mejor de los mundos»: alusión a Leibniz.

359

El rebuzno se expresa gráficamente en alemán con las letras I-A, que también significan «sí» (Ja)

. De

ahí la frase de Nietzsche. En la cuarta parte,

El despertar,

se hará amplio uso de esta posibilidad lingüística

alemana.

360

Véase la nota 347.

361

Más adelante, De tablas viejas y nuevas,

19, volverá Zaratustra a la figura del «parásito».

362

Alusión a la frase de Pedro cuando en el Tabor quiere «levantar tres tiendas»; véase

Evangelio de Mateo,

17, 4.

De tablas viejas y nuevas

363

1

Aquí estoy sentado y aguardo, teniendo a mi alrededor viejas tablas rotas y también tablas

nuevas a medio escribir. ¿Cuándo llegará mi hora?

- la hora de mi descenso, de mi ocaso:

una vez

más todavía quiero ir a los hombres.

Esto es lo que ahora aguardo: antes tienen que llegarme, en efecto, los signos de que es

mi hora, - a saber, el león riente con la bandada de palomas

364

.

Entretanto, como uno que tiene tiempo, me hablo a mí mismo. Nadie me cuenta cosas

nuevas: por eso yo me cuento a mí mismo

365

. -

2

Cuando fui a los hombres los encontré sentados sobre una vieja presunción: todos presumían

saber desde hacía ya mucho tiempo qué es lo bueno y lo malvado para el hombre.

Una cosa vieja y cansada les parecía a

ellos todo

hablar acerca de la virtud; y quien

quería dormir bien hablaba todavía, antes de irse a dormir, acerca del «bien» y del «mal»

366

.

Esta somnolencia la sobresalté yo cuando enseñé: lo que es bueno y lo que es malvado,

eso no lo sabe todavía nadie: -

¡excepto el creador!

- Mas éste es el que crea la meta del hombre y el que da a la tierra su sentido y su futuro:

sólo éste

crea
el hecho

de que algo sea bueno y malvado.

Y les mandé derribar sus viejas cátedras y todos los lugares en que aquella vieja presunción

se había asentado; les mandé reírse de sus grandes maestros de virtud y de sus

santos y poetas y redentores del mundo.

De sus sombríos sabios les mandé reírse, y de todo el que alguna vez se hubiera posado,

para hacer advertencias, sobre el árbol de la vida como un negro espantajo.

Me coloqué al lado de su gran calle de los sepulcros e incluso junto a la carroña y los

buitres

367

- y me reí de todo su pasado y del mustio y arruinado esplendor de ese pasado.

En verdad, semejante a los predicadores penitenciales y a los necios grité yo pidiendo

cólera y justicia sobre todas sus cosas grandes y pequeñas, - ¡es tan pequeño incluso lo

mejor de ellos!, ¡es tan pequeño incluso lo peor de ellos! - así me reía.

Así gritaba y se reía en mí mi sabio anhelo, el cual ha nacido en las montañas y es, ¡en

verdad!, una sabiduría salvaje - mi gran anhelo de ruidoso vuelo.

Y a menudo en medio de la risa ese anhelo me arrastraba lejos y hacia arriba y hacia

fuera: yo volaba, estremeciéndome ciertamente de espanto, como una flecha, a través de

un éxtasis embriagado de sol:

- hacia futuros remotos, que ningún sueño había visto aún, hacia sures más ardientes

que los que los artistas soñaron jamás: hacia allí donde los dioses, al bailar, se avergüenzan

de todos sus vestidos

368:

-

- yo hablo, en efecto, en parábolas, e, igual que los poetas, cojeo y balbuceo; ¡y en verdad,

me avergüenzo de tener que ser todavía poeta! -

Hacia allí donde todo devenir me pareció un baile de dioses y una petulancia de dioses,

y el mundo, algo suelto y travieso y que huye a cobijarse en sí mismo: -

- como un eterno huir-de-sí-mismos y volver-a-buscarse-así-mismos de muchos dioses,

como el bienaventurado contradecirse, oírse de nuevo, relacionarse de nuevo de muchos

dioses: -

hacia allí donde todo tiempo me pareció una bienaventurada burla de los instantes,

donde la necesidad era la libertad misma, que jugaba bienaventuradamente con el aguijón

de la libertad

369

: -

donde también yo volví a encontrar a mi antiguo demonio y archienemigo, el espíritu

de la pesadez y todo lo que él ha creado: coacción, ley, necesidad y consecuencia y finalidad

y voluntad y bien y mal: -

¿pues no tiene que haber cosas

sobre

las cuales y más allá de las cuales se pueda bailar?

¿No tiene que haber, para que existan los ligeros, los más ligeros de todos - topos y pesados

enanos? - -

3

Allí fue también donde yo recogí del camino la palabra «superhombre»

370

, y que el

hombre es algo que tiene que ser superado, - que el hombre es un puente y no una meta:

llamándose bienaventurado a sí mismo a causa de su mediodía y de su atardecer, como

camino hacia nuevas auroras:

- la palabra de Zaratustra acerca del gran mediodía, y todo lo demás que yo he suspendido

sobre los hombres, como segundas auroras purpúreas.

En verdad, también les he hecho ver nuevas estrellas junto con nuevas noches; y por

encima de las nubes y el día y la noche extendí yo además la risa como una tienda multicolor.

Les he enseñado todos

mis pensamientos y deseos: pensar y reunir en unidad

lo que en

el hombre es fragmento y enigma y horrendo azar, -

- como poeta, adivinador de enigmas y redentor del azar les he enseñado a trabajar

creadoramente en el porvenir y a redimir creadoramente - todo lo que

fue.

A redimir lo pasado en el hombre y a transformar mediante su creación todo «Fue»,

hasta que la voluntad diga: «¡Mas así lo quise yo! Así lo querré» -

- esto es lo que yo llamé redención para ellos, únicamente a esto les enseñé a llamar redención.

- -

Ahora aguardo

mi

redención, - el ir a ellos por última vez.

Pues todavía

una vez quiero ir a los hombres: ¡entre

ellos quiero hundirme en mi ocaso,

al morir quiero darles el más rico de mis dones!

Del sol he aprendido esto, cuando se hunde él, el inmensamente rico: entonces es cuando

derrama oro sobre el mar, sacándolo de riquezas inagotables, -

- ¡de tal manera que hasta el más pobre de los pescadores rema con remos

de oro!

Esto

fue, en efecto, lo que yo vi en otro tiempo, y no me sacié de llorar contemplándolo. -

Igual que el sol quiere también Zaratustra hundirse en su ocaso: mas ahora está sentado

aquí y aguarda, teniendo a su alrededor viejas tablas rotas, y también tablas nuevas, - a

medio escribir.

4

Mira, aquí hay una tabla nueva: pero ¿dónde están mis hermanos, que la lleven conmigo

al valle y la graben en corazones de carne?

371

.

Esto es lo que mi gran amor exige a los lejanos:

¡no seas indulgente con tu prójimo!

El

hombre es algo que tiene que ser superado.

Existen muchos caminos y muchos modos distintos de superación: ¡mira

ahí! Mas

sólo un bufón piensa: «el hombre es algo sobre lo que también se puede

saltar».

Supérate a ti mismo incluso en tu prójimo: ¡y un derecho que puedas robar no debes

permitir que te lo den!

Lo que tú haces, eso nadie puede hacértelo de nuevo a ti. Mira, no existe retribución.

El que no puede mandarse a sí mismo debe obedecer. ¡Y más de uno

pueda

mandarse a

sí mismo, pero falta todavía mucho para que también se obedezca a sí mismo!

5

Así lo quiere la especie de las almas nobles: no quieren tener nada de balde, y menos

que nada, la vida

372

.

Quien es de la plebe quiere vivir de balde; pero nosotros, distintos de ellos, a quienes la

vida se nos entregó a sí misma, - ¡nosotros reflexionamos siempre sobre

qué

es lo mejor

que daremos

a cambio!

Y en verdad, es un lenguaje aristocrático el que dice: «lo que la vida nos promete a

nosotros,

eso queremos

nosotros -

¡cumplírselo a la vida!»

No debemos querer gozar allí donde no damos a gozar. Y - ¡no debemos

querer

gozar!

Goce e inocencia son, en efecto, las cosas más púdicas que existen: ninguna de las dos

quiere ser buscada. Debemos

tenerlas -, ¡pero debemos buscar

más bien culpa y dolores!

6

Oh hermanos míos, quien es una primicia es siempre sacrificado. Ahora bien, nosotros

somos primicias

373

.

Todos nosotros derramamos nuestra sangre en altares secretos, todos nosotros nos

quemamos y nos asamos en honor de viejas imágenes de ídolos.

Lo mejor de nosotros es todavía joven: esto excita los viejos paladares. Nuestra carne es

tierna, nuestra piel es piel de cordero: - ¡cómo no íbamos nosotros a excitar a viejos sacerdotes

de ídolos!

Dentro de nosotros mismos

habita todavía él, el viejo sacerdote de ídolos, que asa, para

prepararse un banquete, lo mejor de nosotros. ¡Ay, hermanos míos, cómo no iban las

primicias a ser víctimas!

Pero así lo quiere nuestra especie; y yo amo a los que no quieren preservarse a sí mismos.

A quienes se hunden en su ocaso los amo con todo mi amor: pues pasan al otro lado.

-

7

Ser verdaderos - ¡pocos son

capaces

de esto! Y quien es capaz ¡no quiere todavía! Y

los menos capaces de todos son los buenos.

¡Oh esos buenos! -

Los hombres buenos no dicen nunca la verdad;

para el espíritu el

ser bueno de ese modo es una enfermedad.

Ceden, estos buenos, se resignan, su corazón repite lo dicho por otros, el fondo de ellos

obedece: ¡mas quien obedece

no se oye a sí mismo!374

.

Todo lo que los buenos llaman malvado tiene que reunirse para que nazca

una

verdad:

oh hermanos míos, ¿sois también vosotros bastante malvados para

esa

verdad?

La osadía temeraria, la larga desconfianza, el cruel no, el fastidio, el sajar en vivo - ¡qué

raras veces se reúne esto! Pero de tal semilla es de la que - ¡se engendra verdad!

¡Junto

a la conciencia malvada ha crecido hasta ahora todo saber!

¡Romped, rompedme,

hombres del conocimiento, las viejas tablas!

8

Cuando el agua tiene maderos para atravesarla, cuando puentecillos y pretiles saltan sobre

la corriente: en verdad, allí no se cree a nadie que diga: «Todo fluye»

375

.

Hasta los mismos imbéciles le contradicen. «¿Cómo?, dicen los imbéciles, ¿que todo

fluye? ¡Pero si hay puentecillos y pretiles

sobre

la corriente!

Sobre

la corriente todo es sólido, todos los valores de las cosas, los puentes, conceptos,

todo el ‘bien’ y el ‘mal’: ¡todo eso es

sólido!» -

Mas cuando llega el duro invierno, el domeñador de ríos: entonces incluso los más chistosos

aprenden desconfianza; y, en verdad, no sólo los imbéciles dicen entonces: «¿No

será que todo permanece -

inmóvil?»

«En el fondo todo permanece inmóvil» -, ésta es una auténtica doctrina de invierno, una

buena cosa para una época estéril, un buen consuelo para los que se aletargan durante el

invierno y para los trashogueros.

«En el fondo todo permanece inmóvil»: - ¡mas

contra esto

predica el viento del deshielo!

El viento del deshielo, un toro que no es un toro de arar, - ¡un toro furioso, un destructor,

que con astas coléricas rompe el hielo! Y el hielo - -

¡rompe los puentecillos!

Oh hermanos míos, ¿no

fluye
todo ahora?

¿No han caído al agua todos los pretiles y

puentecillos? ¿Quién se

aferraría

aún al «bien» y al «mal»?

«¡Ay de nosotros! ¡Afortunados de nosotros! ¡El viento del deshielo sopla!» - ¡Predicadme

esto, hermanos míos, por todas las callejas!

376

.

9

Existe una vieja ilusión que se llama bien y mal. En torno a adivinos y astrólogos ha girado

hasta ahora la rueda de esa ilusión.

En otro tiempo la gente

creía en adivinos y astrólogos: y por eso

creía «Todo es destino:

¡debes puesto que te ves forzado!»

Pero luego la gente desconfió de todos los adivinos y astrólogos: y

por eso

creyó «Todo

es libertad: ¡puedes puesto que quieres!»

Oh hermanos míos, acerca de lo que son las estrellas y el futuro ha habido hasta ahora

tan sólo ilusiones, pero no saber: y

por eso

acerca de lo que son el bien y el mal ha habido

hasta ahora tan sólo ilusiones, ¡pero no saber!

10

«¡No robarás! ¡No matarás!» - estas palabras fueron llamadas santas en todo tiempo;

ante ellas la gente doblaba la rodilla y las cabezas y se descalzaba

377

.

Pero yo os pregunto: ¿dónde ha habido nunca en el mundo peores ladrones y peores

asesinos que esas santas palabras?

¿No hay en toda vida misma - robo y asesinato? Y por el hecho de llamar santas a tales

palabras, ¿no se asesinó - a la

verdad

misma?

¿O fue una predicación de la muerte la que llamó santo a lo que hablaba en contra de

toda vida y la desaconsejaba? - ¡Oh hermanos míos, romped, rompedme las viejas tablas!

11

Ésta es mi compasión por todo lo pasado, el ver: que ha sido abandonado,

- ¡abandonado a la gracia, al espíritu, a la demencia de cada generación que llega y

reinterpreta como puente hacia ella todo lo que fue!

Un gran déspota podría venir, un diablo listo que con su benevolencia y su malevolencia

forzase y violentase todo lo pasado: hasta que esto se convirtiese en puente para él y

en presagio y heraldo y canto del gallo.

Y éste es el otro peligro y mi otra compasión: - la memoria de quien es de la plebe no

se remonta más que hasta el abuelo, - y con el abuelo acaba el tiempo.

Así está abandonado todo lo pasado: pues alguna vez podría ocurrir que la plebe se

convirtiese en el señor y ahogase todo tiempo en aguas sin profundidad.

Por eso, oh hermanos míos, necesítase una

nueva nobleza

que sea el antagonista de toda

plebe y de todo despotismo y escriba de nuevo en tablas nuevas la palabra «noble».

¡Pues se necesitan, en efecto, muchos nobles y muchas clases de nobles

para que exista

la nobleza!

O como dije yo en otro tiempo, en parábola: «¡Ésta es precisamente la divinidad,

que existan dioses, pero no Dios!»

378

.

12

Oh hermanos míos, yo os consagro a una nueva nobleza y os la señalo: vosotros debéis

ser para mí engendradores y criadores y sembradores del futuro, -

- en verdad, no una nobleza que vosotros pudierais comprar como la compran los tenderos,

y con oro de tenderos: pues poco valor tiene todo lo que tiene un precio.

¡Constituya de ahora en adelante vuestro honor no el lugar de dónde venís, sino el lugar

adonde vais! Vuestra voluntad y vuestro pie, que quieren ir más allá de vosotros mismos,

- ¡eso constituya vuestro nuevo honor!

En verdad, no el que hayáis servido a un príncipe - ¡qué importan ya los príncipes!

379

-

o el que os hayáis convertido en baluarte de lo que existe ¡para que esté aún más sólido!

No el que vuestra estirpe se haya hecho cortesana en las cortes, y vosotros hayáis

aprendido a estar de pie, vestidos con ropajes multicolores, como un flamenco

380

, durante

largas horas, dentro de estanques poco profundos.

- Pues

poder

estar de pie es un mérito entre los cortesanos: y todos los cortesanos creen

que de la bienaventuranza después de la muerte forma parte - ¡el que se

permita

estar

sentado! -

Ni tampoco el que un espíritu, que ellos llaman santo, condujese a vuestros antepasados

a tierras prometidas

381

, que yo no alabo: pues nada hay que alabar en la tierra donde creció

el más funesto de todos los árboles, - ¡la cruz! -

- y en verdad, a todos los sitios a que ese «espíritu santo» condujo sus caballeros, siempre

esas expediciones iban

precedidas - ¡de cabras y gansos y de cruzados mentecatos!

382

-

¡Oh hermanos míos, no hacia atrás debe dirigir la mirada vuestra nobleza, sino hacia

adelante!

¡Expulsados debéis estar vosotros de todos los países de los padres y de los

antepasados!

El

país de vuestros hijos

es el que debéis amar: sea ese amor vuestra nueva nobleza, -

¡el país no descubierto, situado en el mar más remoto! ¡A vuestras velas ordeno que partan

una y otra vez en su busca!

En vuestros hijos debéis

reparar el ser vosotros hijos de vuestros padres: ¡así

debéis

redimir todo lo pasado!

383

. ¡Esta nueva tabla coloco yo sobre vosotros!

13

«¿Para qué vivir? ¡Todo es vanidad!

384. Vivir es trillar paja385

; vivir - es quemarse a sí

mismo y, sin embargo, no calentarse.» -

Tales anticuados parloteos continúan siendo considerados como «sabiduría»; y por ser

viejos y oler a rancio,

por eso

se los respeta más. También el moho otorga nobleza. -

Así les era lícito hablar a los niños: ¡ellos

rehúyen

el fuego porque éste los ha quemado!

Hay mucho infantilismo en los viejos libros sapienciales.

Y a todo el que siempre «trilla paja», ¡cómo iba a serle lícito blasfemar del trillar! ¡A

tales necios habría que ponerles el bozal !

386

.

Éstos se sientan a la mesa y no traen nada consigo, ni siquiera el buen hambre: - y ahora

blasfeman diciendo «¡todo es vanidad!»

¡Pero comer y beber bien, oh hermanos míos, no es en verdad un arte vano! ¡Romped,

rompedme las tablas de los eternos descontentos!

14

«Para el puro todo es puro»

387

- así habla el pueblo. Pero yo os digo: ¡para los cerdos

todo se convierte en cerdo!

Por ello los fanáticos y los beatos de cabeza colgante, que también llevan colgando

hacia abajo el corazón, predican: «el mundo mismo es un monstruo merdoso».

Pues todos ellos son de espíritu sucio; y en especial aquellos que no tienen descanso ni

reposo si no ven el mundo

por detrás

, - ¡los trasmundanos!

A

éstos

les digo a la cara, aunque ello no suene de modo agradable: el mundo se asemeja

al hombre en que tiene un trasero, -

¡eso

es verdad!

Hay en el mundo mucha mierda:

¡eso

es verdad! ¡Mas no por ello es ya el mundo un

monstruo merdoso!

Hay sabiduría en el hecho de que muchas cosas en el mundo huelan mal: ¡la náusea

misma hace brotar alas y fuerzas que presienten manantiales!

Incluso en el mejor hay algo que produce náusea; ¡y el mejor es todavía algo que tiene

que ser superado! -

¡Oh hermanos míos, hay mucha sabiduría en el hecho de que exista mucha mierda en el

mundo! -

15

A los piadosos trasmundanos les he oído decir a su propia conciencia estas sentencias y,

en verdad, sin malicia ni falsía, - aunque nada hay en el mundo más falso ni más maligno.

«¡Deja que el mundo sea el mundo! ¡No muevas ni

un

dedo en contra de eso!»

«Deja que el que quiera estrangule y apuñale y saje y degüelle a la gente: ¡no muevas ni

un

dedo en contra de eso! Así aprenden ellos incluso a renunciar al mundo.»

«Y tu propia razón - a ésa tú mismo debes agarrarla del cuello y estrangularla; pues es

una razón de este mundo, - así aprendes tú mismo a renunciar al mundo.» -

- ¡Romped, rompedme, oh hermanos míos, estas viejas tablas de los piadosos! ¡Destruid

con vuestra sentencia las sentencias de los calumniadores del mundo!

16

«Quien aprende muchas cosas desaprende todos los deseos violentos» - esto es algo que

hoy las gentes se susurran unas a otras en todas las callejas oscuras.

«¡La sabiduría cansa, no vale la pena - nada; no debes tener deseos!» - esta nueva tabla

la he encontrado colgada incluso en mercados públicos.

¡Rompedme, oh hermanos míos, rompedme también esta

nueva

tabla! Los cansados del

mundo la han colgado de la pared, y los predicadores de la muerte, y también los carceleros:

¡pues mirad, también ella es una predicación en favor de la esclavitud! -

Ellos han aprendido mal, y no las mejores cosas, y todo de un modo demasiado prematuro,

y todo de un modo demasiado rápido: y han

comido

mal, y por ello se les ha indigestado

el estómago, -

- un estómago indigestado es, en efecto, su espíritu: ¡él es el que aconseja la muerte!

¡Pues, en verdad, hermanos míos, el espíritu es un estómago!

La vida es un manantial de placer

388

: mas para aquel en el cual habla un estómago indigestado,

padre de la tribulación, para ése todas las fuentes están envenenadas.

Conocer: ¡esto es

placer

para el hombre de voluntad leonina! Pero quien se ha cansado,

ése sólo es «querido»

389

, con él juegan todas las olas.

Y esto es lo que les ocurre siempre a los hombres débiles: se pierden a sí mismos en sus

caminos. Y al final, todavía su cansancio pregunta: «¡para qué hemos recorrido caminos!

¡Todo es igual!»

A los oídos de

éstos

les suena de manera agradable el que se predique: «¡Nada merece

la pena! ¡No debéis querer» Mas ésta es una predicación en favor de la esclavitud.

Oh hermanos míos, cual un viento fresco y rugiente viene Zaratustra para todos los cansados

del mundo; ¡a muchas narices hará aún estornudar!

También a través de los muros sopla mi aliento libre, ¡y penetra hasta las cárceles y los

espíritus encarcelados!

El querer hace libres: pues querer es crear: así enseño yo. ¡Y

sólo

para crear debéis

aprender!

¡Y también el aprender debéis

aprenderlo

de mí, el aprender bien! - ¡Quien tenga oídos,

oiga!

17

Ahí está la barca, - quizá navegando hacia la otra orilla se vaya a la gran nada. - ¿Quién

quiere embarcarse en ese «quizá»? ¡Ninguno de vosotros quiere embarcarse en la barca

de la muerte!

390. ¡Cómo pretendéis ser entonces hombres

cansados del mundo!

¡Cansados del mundo! ¡Y ni siquiera habéis llegado a estar desprendidos de la tierra!

¡Siempre os he encontrado ávidos todavía de tierra, enamorados todavía del propio estar

cansados de la tierra!

No en vano tenéis el labio colgante - ¡un pequeño deseo de tierra continúa asentado en

él! Y en el ojo - ¿no flota en él una nubecilla de inolvidado placer terrestre?

Hay en la tierra muchas buenas invenciones, las unas útiles, las otras agradables: por

causa de ellas resulta amable la tierra.

Y muchas y distintas cosas están tan bien inventadas que, como el pecho de la mujer:

son útiles y agradables a la vez.

¡Mas vosotros los cansados del mundo! ¡Vosotros los perezosos de la tierra! ¡A vosotros

se os debe azotar! Al azotaros se os debe espabilar de nuevo las piernas.

Pues: si no sois enfermos y pillos decrépitos, de los que la tierra está cansada, sois astutos

perezosos, o golosos y agazapados gatos de placer. Y si no queréis volver a

correr

alegremente, entonces debéis - ¡iros al otro mundo!

No se debe querer ser médico de incurables: así lo enseña Zaratustra: - ¡por eso debéis

iros al otro mundo!

Pero se necesita más

valor

para poner fin que para escribir un nuevo verso: esto lo saben

todos los médicos y todos los poetas. -

18

Oh hermanos míos, hay tablas que las creó la fatiga, y tablas que las creó la pereza, tablas

perezosas: aunque hablan del mismo modo, quieren que se las oiga de modo distinto.

-

¡Mirad ahí ese hombre que desfallece! Se halla tan sólo a un palmo de su meta, mas a

causa de la fatiga se ha tendido ahí, obstinado, en el polvo: ¡ese valiente!

A causa de la fatiga bosteza del camino y de la tierra y de la meta y de sí mismo: no

quiere dar un solo paso más, -¡ese valiente!

Ahora el sol arde sobre él, y los perros lamen su sudor

391

: pero él yace ahí en su obstinación

y prefiere desfallecer: -

- ¡desfallecer a un palmo de su meta! En verdad, tendréis que llevarlo agarrado por los

cabellos incluso a su cielo

392

, - ¡a ese héroe!

Es mejor que lo dejéis tirado ahí donde él se ha echado, para que le llegue el sueño, el

consolador, con un chaparrón refrescante:

Dejadle yacer hasta que se despierte por sí mismo, - ¡hasta que se retracte por sí mismo

de toda fatiga y de lo que en él enseñaba fatiga!

Sólo, hermanos míos, ahuyentad de él a los perros, a los hipócritas perezosos y a todo el

enjambre de sabandijas: -

- a todo el enjambre de sabandijas de los «cultos», que con el sudor de todo héroe - ¡se

regala! -

19

Yo trazo en torno a mí círculos y fronteras sagradas; cada vez es menor el número de

quienes conmigo suben hacia montañas cada vez más altas, - yo construyo una cordillera

con montañas más santas cada vez. -

Pero adondequiera que conmigo subáis, oh hermanos míos: ¡cuidad de que no suba con

vosotros un

parásito!393

.

Parásito: es un gusano, un gusano que se arrastra, que se doblega, que quiere engordar a

costa de vuestros rincones enfermos y heridos.

Y su arte consiste en

esto,

en adivinar cuál es en las almas ascendentes el lugar en que

están cansadas: en vuestro disgusto y en vuestro mal humor, en vuestro delicado pudor

construye el parásito su nauseabundo nido.

En el lugar en que el fuerte es débil, y el noble, demasiado benigno, - allí dentro construyó

él su nauseabundo nido: el parásito habita allí donde el grande tiene pequeños rincones

heridos.

¿Cuál es la especie más alta de todo ser, y cuál la más baja? El parásito es la especie

más baja; pero quien forma parte de la especie más alta, ése alimenta a la mayor parte de

los parásitos.

El alma, en efecto, que posee la escala más larga y que más profundo puede descender:

¿cómo no iban a asentarse en ella la mayor parte de los parásitos? -

- el alma más vasta, la que más lejos puede correr y errar y vagar dentro de sí; la más

necesaria, que por placer se precipita en el azar: -

- el alma que es, y se sumerge en el devenir; la que posee, y

quiere

sumergirse en el

querer y desear: -

- la que huye de sí misma, que a sí misma se da alcance en los círculos más amplios; el

alma más sabia, a quien más dulcemente habla la necedad: -

- la que más se ama a sí misma, en la que todas las cosas tienen su corriente y su contracorriente,

su flujo y su reflujo

394: - oh, ¿cómo no iba el alma más elevada

a tener los

peores parásitos?

20

Oh hermanos míos, ¿acaso soy cruel? Pero yo digo: ¡a lo que está cayendo se le debe

incluso dar un empujón!

Todas estas cosas de hoy - están cayendo, decayendo: ¡quién querría sostenerlas! Pero

yo - ¡yo

quiero

darles además un empujón!

¿Conocéis vosotros la voluptuosidad que hace rodar las piedras en profundidades cortadas

a pico? - Estos hombres de hoy: ¡mirad cómo ruedan a mis profundidades!

¡Un preludio de jugadores mejores soy yo, oh hermanos míos! ¡Un ejemplo!

¡Obrad

según mi ejemplo !

395

.

Y a quien no le enseñéis a volar, enseñadle -

¡a caer más deprisa! -

21

Yo amo a los valientes: mas no basta ser un mandoble, - ¡hay que saber también

a

quién

se le dan los mandobles!

Y a menudo hay más valentía en contenerse y pasar de largo:

¡a fin

de reservarse para

un enemigo más digno!

Debéis tener sólo enemigos que haya que odiar, pero no enemigos que haya que despreciar:

es necesario que estéis orgullosos de vuestro enemigo: así lo he enseñado ya una

vez

396

.

Para un enemigo más digno, oh amigos míos, debéis reservaros: por ello tenéis que pasar

de largo junto a muchas cosas, -

- especialmente junto a mucha chusma, que os mete en los oídos ruido de pueblo y de

pueblos.

¡Mantened puros vuestros ojos de su pro y de su contra! En ellos hay mucha justicia,

mucha injusticia: quien se detiene a mirar se pone colérico.

Ver, golpear

397 - esto es aquí una sola cosa:

¡por ello, marchad a los bosques y dejad

dormir vuestra espada!

¡Seguid

vuestros

caminos! ¡Y dejad que el pueblo y los pueblos sigan los suyos! - ¡caminos

oscuros, en verdad, en los cuales no relampaguea ya ni

una

esperanza!

¡Que domine el tendero allí donde todo lo que brilla - es oro de tenderos! Ya no es

tiempo de reyes

398

: lo que hoy se llama a sí mismo pueblo no merece reyes.

Ved cómo estos pueblos actúan ahora, también ellos, igual que los tenderos: ¡rebuscan

las más mínimas ventajas incluso en todos los desperdicios!

Se acechan mutuamente, se espían unos a otros, - a esto lo llaman «buena vecindad».

Oh bienaventurado tiempo remoto en que un pueblo se decía a sí mismo: «¡yo quiero ser

-

señor

de otros pueblos!»

Pues, hermanos míos: ¡lo mejor debe dominar, lo mejor

quiere

también dominar! Y

donde se enseña otra cosa, allí -

falta lo

mejor.

22

Si ésos - tuviesen de balde el pan, ¡ay! ¿Tras de qué andarían ésos gritando? Su sustento

- es su verdadero entretenimiento; ¡y las cosas deben resultarles difíciles!

Animales de presa son: ¡en su «trabajar» - hay también robo, en su «merecer» - hay

también engaño! ¡Por eso las cosas deben resultarles difíciles!

Deben hacerse mejores animales de presa, más sutiles, más inteligentes,

más semejantes

al hombre:

el hombre es, en efecto, el mejor animal de presa.

A todos los animales les ha robado ya el hombre sus virtudes: por eso, de todos los

animales es el hombre el que ha tenido más difíciles las cosas.

Ya sólo los pájaros están por encima de él. Y cuando el hombre aprenda a volar, ¡ay!,

¡hasta qué altura -

volará su rapacidad!

23

Así quiero yo que sean el hombre y la mujer: el uno, apto para la guerra, la otra, apta

para el parto, mas ambos aptos para bailar con la cabeza y con las piernas.

¡Y demos por perdido el día en que no hayamos bailado al menos

una vez! ¡Y

sea falsa

para nosotros toda verdad en la que no haya habido

una

carcajada!

24

Vuestro enlace matrimonial: ¡Tened cuidado de que no sea una mala

conclusión!

Habéis soldado con demasiada rapidez: ¡por eso de ahí

se sigue -

el quebrantamiento del

matrimonio!

¡Y es mejor quebrantar el matrimonio que torcer el matrimonio, que mentir el matrimonio!

- Así me dijo una mujer: «Es verdad que yo he quebrantado el matrimonio, ¡pero

antes el matrimonio me había quebrantado a mí!»

399

.

Siempre he encontrado que los mal apareados eran los peores vengativos: hacen pagar a

todo el mundo el que ellos no puedan ya correr por separado.

Por ello quiero yo que los honestos se digan uno a otro: «Nosotros nos amamos:

¡veamos

si

podemos continuar amándonos! ¿O debe ser una equivocación nuestra promesa?

»

400

.

- «¡Dadnos un plazo y un pequeño matrimonio, para que veamos si somos capaces del

gran matrimonio! ¡Es una gran cosa estar dos siempre juntos!»

Así aconsejo yo a todos los honestos; ¡y qué sería mi amor al superhombre y a todo lo

que debe venir si yo aconsejase y hablase de otro modo!

No sólo a propagaros al mismo nivel, sino a propagaros

hacia arriba -

¡a eso, oh hermanos

míos, ayúdeos el jardín del matrimonio!

25

El que ha llegado a conocer los viejos orígenes acabará por buscar manantiales del futuro

y nuevos orígenes. -

Oh hermanos míos, de aquí a poco

401, nuevos pueblos

surgirán y nuevos manantiales se

precipitarán ruidosamente en nuevas profundidades.

El terremoto, en efecto, - ciega muchos pozos y provoca mucho desfallecimiento: y

también saca a luz energías y secretos ocultos.

El terremoto pone de manifiesto nuevos manantiales. En el terremoto de viejos pueblos

emergen manantiales nuevos.

Y en torno a quien entonces grita: «He ahí un pozo para muchos sedientos,

un

corazón

para muchos anhelosos,

una

voluntad para muchos instrumentos»: - en torno a ése se reúne

un

pueblo,

es decir: muchos experimentadores.

Quién puede mandar, quién tiene que obedecer -

¡eso es lo que aquí se experimenta!

¡Ay, con qué búsquedas y adivinaciones y fallos y aprendizajes y reexperimentos tan

prolongados!

La sociedad de los hombres: es un experimento, así lo enseño yo, una prolongada búsqueda:

¡y busca al hombre de mando! -

- un experimento, ¡oh hermanos míos! ¡Y

no
un «contrato»402

. ¡Romped, rompedme tales

palabras de los corazones débiles y de los amigos de componendas!

26

¡Oh hermanos míos! ¿En quiénes reside el mayor peligro para todo futuro de los hombres?

¿No es en los buenos y justos? -

- que dicen y sienten en su corazón: «nosotros sabemos ya lo que es bueno y justo, y

hasta lo tenemos; ¡ay de aquellos que continúan buscando aquí!»

Y sean cuales sean los daños que los malvados ocasionen: ¡el daño de los buenos es el

daño más dañino de todos!

Y sean cuales sean los daños que los calumniadores del mundo ocasionen: el daño de

los buenos es el daño más dañino de todos.

Oh hermanos míos, en cierta ocasión uno miró dentro del corazón de los buenos y justos,

y dijo: «Son fariseos». Pero no le entendieron

403

.

A los buenos y justos mismos no les fue lícito entenderle: su espíritu está prisionero de

su buena conciencia. La estupidez de los buenos es insondablemente inteligente.

Pero ésta es la verdad: los buenos

tienen que ser fariseos, - ¡no tienen opción!

404

¡Los buenos

tienen que
crucificar a aquel que se inventa su propia virtud! ¡Ésta es

la

verdad!

Mas el segundo

405

que descubrió su país, el país, el corazón y la tierra de los buenos y

justos: ése fue el que preguntó: «¿A quién es al que más odian éstos?»

Al creador

es al que más odian: a quien rompe tablas y viejos valores, al quebrantador -

llámanlo delincuente

406

.

Los buenos, en efecto, - no

pueden

crear: son siempre el comienzo del final: -

- crucifican a quien escribe nuevos valores sobre nuevas tablas, sacrifican el futuro

a sí

mismos, -

¡crucifican todo el futuro de los hombres!

Los buenos - han sido siempre el comienzo del final. -

27

Oh hermanos míos, ¿habéis entendido también esta palabra? ¿Y lo que en otro tiempo

dije acerca del «último hombre»?

407

- -

¿En quiénes reside el máximo peligro para todo el futuro de los hombres? ¿No es en los

buenos y justos?

¡Romped, destrozadme a los buenos y justos! -

Oh hermanos míos, ¿habéis entendido

también esta palabra?

28

¿Huís de mí? ¿Estáis espantados? ¿Tembláis ante esta palabra? Oh hermanos míos,

cuando os he mandado destrozar a los buenos y las tablas de los buenos: sólo entonces es

cuando yo he embarcado al hombre en su alta mar.

Y ahora es cuando llegan a él el gran espanto, el gran mirar a su alrededor, la gran enfermedad,

la gran náusea, el gran mareo. Falsas costas y falsas seguridades os han enseñado

los buenos; en mentiras de los buenos habéis nacido y habéis estado cobijados

408

.

Todo está falseado y deformado hasta el fondo por los buenos.

Pero quien ha descubierto el país «Hombre» ha descubierto también el país «Futuro de

los Hombres». ¡Ahora vosotros debéis ser mis marineros, marineros bravos, pacientes!

¡Caminad erguidos a tiempo, oh hermanos míos, aprended a caminar erguidos! El mar

está tempestuoso: muchos quieren servirse de vosotros para volver a erguirse.

El mar está tempestuoso: todo está en el mar. ¡Bien! ¡Adelante! ¡Viejos corazones de

marineros!

¡Qué importa el país de los padres! ¡Nuestro timón quiere

dirigirse

hacia donde está el

país de nuestros hijos!

¡Hacia allá lánzase tempestuoso, más tempestuoso que el propio

mar, nuestro gran anhelo! -

29

409

«¡Por qué tan duro! - dijo en otro tiempo el carbón de cocina al diamante; ¿no somos

parientes cercanos?» -

¿Por qué tan blandos? Oh hermanos míos, así os pregunto yo a vosotros: ¿no sois vosotros

- mis hermanos?

¿Por qué tan blandos, tan poco resistentes y tan dispuestos a ceder? ¿Por qué hay tanta

negación, tanta renegación en vuestro corazón? ¿Y tan poco destino en vuestra mirada?

Y si no queréis ser destinos ni inexorables: ¿cómo podríais - vencer conmigo?

Y si vuestra dureza no quiere levantar chispas y cortar y sajar: ¿cómo podríais algún día

- crear conmigo?

Los creadores son duros, en efecto. Y bienaventuranza tiene que pareceros el imprimir

vuestra mano sobre milenios como si fuesen cera, -

- bienaventuranza, escribir sobre la voluntad de milenios como sobre bronce, - más duros

que el bronce, más nobles que el bronce. Sólo lo totalmente duro es lo más noble de

todo.

Esta nueva tabla, oh hermanos míos, coloco yo sobre vosotros:

¡endureceos! -

410

30

¡Oh tú voluntad mía! ¡Tú viraje de toda necesidad, tú necesidad

mía!
411

¡Presérvame de

todas las victorias pequeñas!

¡Tú providencia de mi alma, que yo llamo destino! ¡Tú que estás dentro de mí! ¡Tú que

estás encima de mí! ¡Presérvame y resérvame para

un gran destino!

412

Y tu última grandeza, voluntad mía, resérvatela para tu último instante, - ¡para ser inexorable

en

tu victoria! ¡Ay, quién no ha sucumbido a su victoria!

¡Ay, a quién no se le oscurecieron los ojos en ese crepúsculo ebrio! ¡Ay, a quién no le

vaciló el pie y desaprendió, en la victoria, - a estar de pie! -

- Que yo esté preparado y maduro alguna vez en el gran mediodía: preparado y maduro

como bronce ardiente, como nube grávida de rayos y como ubre hinchada de leche: -

- preparado para mí mismo y para mi voluntad más oculta: un arco ansioso de su flecha,

una flecha ansiosa de su estrella: -

- una estrella preparada y madura en su mediodía, ardiente, perforada, bienaventurada

gracias a las aniquiladoras flechas solares: -

- un sol y una inexorable voluntad solar, ¡dispuesto a aniquilar en la victoria!

¡Oh voluntad, viraje de toda necesidad, tú necesidad

mía! ¡Resérvame para una

gran

victoria! - -

Así habló Zaratustra.

363

Todo este largo capítulo alude antitéticamente a las «tablas de la ley» del Antiguo Testamento. Véase

Éxodo,

24. El propio Moisés rompe las tablas más tarde: Éxodo, 32, 19. En Ecce homo

dice Nietzsche:

«Muchos escondidos rincones y alturas del paisaje de Nizza se hallan santificados para mí por instantes

inolvidables: aquel pasaje decisivo que lleva el título “De tablas viejas y nuevas” fue compuesto durante

una fatigosísima subida desde la estación al maravilloso y morisco nido de águilas que es Eza -la agilidad

muscular era siempre máxima en mí cuando la fuerza creadora fluía de manera más abundante.»

364

En la cuarta parte, El signo,

llegarán hasta Zaratustra la bandada de palomas y el león riente.

365

En Ecce homo

Nietzsche emplea casi idéntica expresión: «Y así me cuento mi vida a mí mismo.»

366

Véase, en la primera parte, De las cátedras de la virtud

.

367

Reminiscencia del Evangelio de Mateo,

24,28: «Donde quiera esté el cadáver, allá se juntarán los buitres.

»

368

Véase antes, en la segunda parte, De la cordura respecto a los hombres,

y la nota 76. Esta imagen

aparece por vez primera en el capítulo

Del amigo,

de la primera parte.

369

Véase la nota 121.

370

Véase la nota 14.

371

«Corazones de carne» es expresión bíblica que aparece en Ezequiel,

11, 19-20: «Les arrancaré el corazón

de piedra y les daré un corazón de carne, para que sigan mis leyes y pongan por obra mis mandatos».

También aparece en

2 Corintios,

3, 3: «Vosotros sois mi carta, escrita en vuestros corazones, carta abierta y

leída por todo el mundo. Se os nota que sois carta de Cristo y que yo fui el amanuense no está escrita con

tinta, sino con Espíritu de Dios vivo, no entablas de piedra, sino en tablas que son corazones de carne».

Aquí Zaratustra rememora probablemente el segundo de los pasajes citados.

372

Negación de lo que se dice en el Apocalipsis,

22,17: «Quien tenga sed, que se acerque; el que quiera,

que tome de balde el agua de la vida».

373

El sacrificio de las primicias es de origen bíblico. Véase Éxodo,

23, 19: «Llevarás a la casa del Señor,

tu Dios, las primicias de tus frutos».

374

Juego de palabras, en alemán, entre los verbos gehorchen
(obedecer) -en el que aparece horchen

(oír,

escuchar)-

y hóren

(oír).

375

Frase de Heraclito. En este 8 hace Nietzsche un uso muy peculiar de la contraposición entre Heraclito

y Parménides, según los viejos textos griegos. Por otra parte, todo el decorado figurativo se apoya en dos

frases populares alemanas que aparecen aquí textualmente:

das Wasser hat keine Balken

(literal: «el agua

no tiene maderos», pero que corresponde aproximadamente a la expresión castellana «el mar es muy traidor

»), e

ins Wasser fallen

(literal: «caer al agua», pero en el sentido de «irse al agua», «malograrse algo»).

376

Remedo de Jeremías,

16, 6: «El Señor me dijo: Predica estas palabras en los pueblos de Judá y en las

callejas de Jerusalén».

377

Cita de Éxodo,

20. Estas dos prohibiciones aparecen en las «tablas» viejas.

378

Véase antes, De los apóstatas,

2.

379

En la cuarta parte, Coloquio con los reyes,

el oír cómo uno de los reyes repite esta frase suya hará salir

a Zaratustra de su escondite.

380

«Flamencos»: este mordaz calificativo que Zaratustra da aquí a los cortesanos lo aplicará a los reyes

en la cuarta parte,

Coloquio con los reyes.

381

Alusión a la «tierra prometida» de los hebreos. Véase la nota 278.

382

Alusión a las cruzadas.

383

Véase, en la segunda parte, Del país de la cultura,

y la nota 218. La frase siguiente es perífrasis, con

cambio de sentido, de

Éxodo,

20, 5: «Yo Yahvé... castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta en la

tercera y la cuarta generación.»

384

Véase la nota 248.

385

Stroh dreschen

(«trillar paja») tiene un significado obvio: trabajar y no sacar nada. En alemán tiene

además el significado de «decir trivialidades». Así se entiende mejor la referencia a los «parloteos».

386

Das Maul verbinden

(amordazar el hocico, poner el bozal) es frase empleada por Lutero, en su traducción

de la Biblia; véase

Deuteronomio,

25, 4: «No le pondrás bozal al buey que trilla».

387

Cita literal de Tito,

1, 15: «Para el puro todo es puro; en cambio, para el sucio y falto de fe no hay nada

puro: hasta la mente y la conciencia las tiene sucias».

388

Con esta misma frase comienza también el capítulo de la segunda parte titulado De la chusma

.

389

Véase la nota 304.

390

«La barca de la muerte» es expresión que viene de la Antigüedad clásica: Caronte llevaba en su barca

los muertos al Hades.

391

Remedo del Evangelio de Lucas,

16, 21: «Hasta los perros venían y lamían sus úlceras» (aplicado al

mendigo Lázaro).

392

Paráfrasis irónica de lo narrado en el Antiguo Testamento, Ezequiel,

8, 3: «Y Yahvé alargó una a manera

de mano y me cogió por los cabellos y el espíritu me elevó entre la tierra y el cielo y me condujo a

Jerusalén en éxtasis.

393

Véase, en esta tercera parte, Del espíritu de la pesadez

.

394

En Ecce homo

cita Nietzsche el párrafo que va desde «el alma, en efecto, que posee la escala más alta...

» hasta aquí, y añade: «pero esto es el concepto mismo de Dioniso».

395

Cita del Evangelio de Juan,

13, 14: «Si yo, pues, os he lavado los pies, siendo vuestro Señor y Maestro,

también habéis de lavaros los pies unos a otros. Porque yo os he dado ejemplo vosotros obréis según mi

ejemplo».

396

Véase, en la primera parte, De la guerra y el pueblo guerrero

.

397

Los dos vocablos empleados por Nietzsche (dreinschaun, dreinhaun) explican mejor, con su sonido

similar, la afirmación de que «es una sola cosa».

398

«Ya no es tiempo de reyes»: cita de Hölderlin,

La muerte de Empédocles.

399

Para entender mejor los dos párrafos anteriores es necesario conocer los varios juegos de palabras a

que en ellos se entrega Nietzsche. Está en primer lugar, el verbo

schliessen,

que puede tener al menos tres

significados, empleados sucesivamente por Nietzsche:

(Ehe)schliessen:

casarse, enlace matrimonial;

schliessen:

sacar una conclusión; schliessen:

soldar.

Por eso dice Nietzsche: tened cuidado de que vuestro

schliessen

(enlace) matrimonial no sea un mal

schliessen

(conclusión precipitada), pues si vuestro schliessen

(soldar) ha sido muy rápido, puede romperse

(brechen)

. Aquí entra el segundo juego de palabras, ya que (Ehe)brechen

significa: cometer adulterio. En

síntesis: aquel casamiento que, por ser una conclusión precipitada, está mal soldado, se romperá con el

adulterio.

El juego de palabras continúa. Dice Nietzsche: es mejor

brechen

(romper) el matrimonio con el adulterio

que no

biegen

(torcerlo). En este momento Nietzsche introduce dos palabras inventadas por él, por analogía

con

Ehe-brechen, en las que se da además una aliteración: Ehe-biegen

(convertir el matrimonio en algo

torcido) y

Ehe-lügen

(convertir el matrimonio en una mentira). Y por fin, el último juego verbal. Dice una

mujer: yo he adulterado

([Ehe]brechen), pero antes el matrimonio me había roto (brechen)

a mí. Aquí

habría que añadir otro matiz, cuando Nietzsche dice que de un mal

schliessen

(sacar una conclusión, derivar,

seguirse una conclusión) se sigue

(folgt)

una ruptura de esa conclusión.

400

Nuevo juego de palabras: el verbo versprechen

significa «prometer» y también «equivocarse (al

hablar) »; Nietzsche lo enlaza con

versehen,

de formación similar, que significa «equivocarse (al mirar) ».

Es decir: tes que nuestra equivocación al hablar (o también nuestro prometer) es ya también una equivocación

al mirar?

401

Véase la nota 250.

402

Alusión á la teoría del «contrato social» de Rousseau.

403

Este «uno» aludido por Zaratustra es evidentemente jesús, lo que se corrobora con la posterior referencia

a la crucifixión.

404

Véase la nota 29.

405

Este «segundo» descubridor del fariseísmo de los buenos y justos es Zaratustra-Nietzsche.

406

Véase la nota 33.

407

Véase el Prólogo de Zaratustra,

5, y la nota 22.

408

«Nacer en la mentira» (en el pecado) es expresión bíblica. Véase el Salmo

51,7: «Mira, en culpa nací

y en pecado me engendró mi madre».

409

El texto de este 29 es reproducido por Nietzsche al final de su obra Crepúsculo de los ídolos,

como

epílogo de ella, con el título de «Habla el martillo».

410

Nietzsche comenta este precepto en Ecce homo
con las siguientes palabras: «El imperativo “¡endureceos

!”,

la más honda certeza de que

todos los creadores son duros,

es el auténtico indicio de una naturaleza

dionisiaca».

411

Véase la nota 129.

412

Juego de palabras, en alemán, entre Schickung
(providencia) y Schicksal

(destino), de idéntica raíz.

El convaleciente

413

1

Una mañana, no mucho tiempo después de su regreso a la caverna, Zaratustra saltó de

su lecho como un loco, gritó con voz terrible e hizo gestos como si en el lecho yaciese

todavía alguien que no quisiera levantarse de allí; y tanto resonó la voz de Zaratustra que

sus animales acudieron asustados, y de todas las cavernas y escondrijos que estaban

próximos a la caverna de Zaratustra escaparon todos los animales, - volando, revoloteando,

arrastrándose, saltando, según que les hubiesen tocado en suerte patas o alas. Y

Zaratustra dijo estas palabras:

¡Sube, pensamiento abismal, de mi profundidad! Yo soy tu gallo y tu crepúsculo matutino,

gusano adormilado: ¡arriba!, ¡arriba! ¡Mi voz debe desvelarte ya con su canto de

gallo!

¡Desátate las ataduras de tus oídos: escucha! ¡Pues yo quiero oírte! ¡Arriba! ¡Arriba!

¡Aquí hay truenos bastantes para que también los sepulcros aprendan a escuchar!

¡Y borra de tus ojos el sueño y toda imbecilidad, toda ceguera! óyeme también con tus

ojos: mi voz es una medicina incluso para ciegos de nacimiento.

Y una vez que te hayas despertado deberás permanecer eternamente despierto. No es

mi

hábito despertar del sueño a tatarabuelas para decirles - ¡que sigan durmiendo!

414

¿Te mueves, te desperezas, ronroneas? ¡Arriba! ¡Arriba! ¡No roncar - hablarme es lo

que debes! ¡Te llama Zaratustra el ateo!

¡Yo Zaratustra, el abogado de la vida, el abogado del sufrimiento, el abogado del círculo

415

- te llamo a ti, al más abismal de mis pensamientos!

¡Dichoso de mí! Vienes - ¡te oigo! ¡Mi abismo

habla,

he hecho girar a mi última profundidad

para que mire hacia la luz!

¡Dichoso de mí! ¡Ven! Dame la mano - - ¡ay! ¡deja!, ¡ay, ay! - - náusea, náusea, náusea

- - - ¡ay de mí!

2

Y apenas había dicho Zaratustra estas palabras cayó al suelo como un muerto y permaneció

largo tiempo como un muerto. Mas cuando volvió en sí estaba pálido y temblaba y

permaneció tendido y durante largo tiempo no quiso comer ni beber. Esto duró en él siete

días; mas sus animales no lo abandonaron ni de día ni de noche, excepto que el águila

volaba fuera a recoger comida. Y lo que recogía y robaba colocábalo en el lecho de Zaratustra:

de modo que éste acabó por yacer entre amarillas y rojas bayas, racimos de uvas,

manzanas de rosa

416, hierbas aromáticas y piñas. Y a sus pies estaban extendidos dos corderos

417

que el águila había arrebatado con gran esfuerzo a sus pastores.

Por fin, al cabo de siete días, Zaratustra se irguió en su lecho, tomó en la mano una

manzana de rosa, la olió y encontró agradable su olor. Entonces creyeron sus animales

que había llegado el tiempo de hablar con él.

«Oh Zaratustra, dijeron, hace ya siete días que estás así tendido, con pesadez en los

ojos: ¿no quieres por fin ponerte otra vez de pie?

Sal de tu caverna: el mundo te aguarda como un jardín. El viento juega con densos

aromas que quieren venir hasta ti; y todos los arroyos quisieran correr detrás de ti.

Todas las cosas sienten anhelo de ti, porque has permanecido solo siete días, - ¡sal fuera

de tu caverna! ¡Todas las cosas quieren ser tus médicos!

¿Es que ha venido a ti un nuevo conocimiento, un conocimiento ácido, pesado? Como

masa acedada yacías tú ahí, tu alma se hinchaba y rebosaba por todos sus bordes.» -

- ¡Oh animales míos, respondió Zaratustra, seguid parloteando así y dejad que os escuche!

Me reconforta que parloteéis: donde se parlotea, allí el mundo se extiende ante mí

como un jardín.

Qué agradable es que existan palabras y sonidos: ¿palabras y sonidos no son acaso arcos

iris y puentes ilusorios tendidos entre lo eternamente separado?

A cada alma le pertenece un mundo distinto; para cada alma es toda otra alma un trasmundo.

Entre las cosas más semejantes es precisamente donde la ilusión miente del modo más

hermoso; pues el abismo más pequeño es el más difícil de salvar

418

.

Para mí - ¿cómo podría haber un fuera-de-mí? ¡No existe ningún fuera! Mas esto lo olvidamos

tan pronto como vibran los sonidos; ¡qué agradable es olvidar esto!

¿No se les han regalado acaso a las cosas nombres y sonidos para que el hombre se reconforte

en las cosas? Una hermosa necedad es el hablar: al hablar, el hombre baila sobre

todas las cosas.

¡Qué agradables son todo hablar y todas las mentiras de los sonidos! Con sonidos baila

nuestro amor sobre multicolores arcos iris. -

- «Oh Zaratustra, dijeron a esto los animales, todas las cosas mismas bailan para quienes

piensan como nosotros: vienen y se tienden la mano, y ríen, y huyen - y vuelven.

Todo va, todo vuelve; eternamente rueda la rueda del ser. Todo muere, todo vuelve a

florecer, eternamente corre el año del ser.

Todo se rompe, todo se recompone; eternamente se construye a sí misma la misma casa

del ser. Todo se despide, todo vuelve a saludarse; eternamente permanece fiel a sí el anillo

del ser.

En cada instante comienza el ser; en torno a todo “Aquí” gira la esfera “Allá”. El centro

está en todas partes. Curvo es el sendero de la eternidad.» -

- ¡Oh truhanes y organillos de manubrio!, respondió Zaratustra y de nuevo sonrió, qué

bien sabéis lo que tuvo que cumplirse durante siete días: -

419

- ¡Y cómo aquel monstruo se deslizó en mi garganta y me estranguló! Pero yo le mordí

la cabeza y la escupí lejos de mí. Y vosotros, - ¿vosotros habéis hecho ya de ello una canción

de organillo? Mas ahora yo estoy aquí tendido, fatigado aún de ese morder y escupir

lejos, enfermo todavía de la propia redención.

¿Y vosotros habéis sido espectadores de todo esto?

Oh animales míos, ¿también vosotros

sois crueles? ¿Habéis querido contemplar mi gran dolor, como hacen los hombres?

El hombre es, en efecto, el más cruel de todos los animales.

Como más a gusto se ha sentido hasta ahora el hombre en la tierra ha sido asistiendo a

tragedias, corridas de toros y crucifixiones; y cuando inventó el infierno, he aquí que éste

fue su cielo en la tierra.

Cuando el gran hombre grita- : apresúrase el pequeño a acudir; y de avidez le cuelga la

lengua fuera del cuello. Mas él a esto lo llama su «compasión».

El hombre pequeño, sobre todo el poeta, - ¡con qué vehemencia acusa él a la vida con

palabras! ¡Escuchadle, pero no dejéis de oír el placer qué hay en todo acusar!

A esos acusadores de la vida: la vida los supera con un simple parpadeo. «¿Me amas?,

dice la descarada; espera un poco, aún no tengo tiempo para ti.»

El hombre es consigo el más cruel de los animales; y en todo lo que a sí mismo se llama

«pecador» y dice que «lleva la cruz» y que es un «penitente», ¡no dejéis de oír la voluptuosidad

que hay en ese lamentarse y acusar!

Yo mismo - ¿quiero ser con esto el acusador del hombre? Ay, animales míos, esto es lo

único que he aprendido hasta ahora, que el hombre necesita, para sus mejores cosas, de lo

peor que hay en él, -

- que todo lo peor es su mejor

fuerza y

la piedra más dura para el supremo creador; y

que el hombre tiene que hacerse más bueno y más malvado: -

El leño de martirio a que yo estaba sujeto no era

el que yo

supiese: el hombre es malvado,

- sino el que yo gritase como nadie ha gritado aún:

«¡Ay, qué pequeñas son incluso sus peores cosas! ¡Ay, qué pequeñas son incluso sus

mejores cosas!»

El gran hastío del hombre - él era el que me estrangulaba y el que se me había deslizado

en la garganta: y lo que el adivino había profetizado: «Todo es igual, nada merece la pena,

el saber estrangula»

420

.

Un gran crepúsculo iba cojeando delante de mí, una tristeza mortalmente cansada, ebria

de muerte, que hablaba con una boca bostezante.

«Eternamente retorna él, el hombre del que tú estás cansado, el hombre pequeño» - así

bostezaba mi tristeza y arrastraba el pie y no podía adormecerse.

En una oquedad se transformó para mí la tierra de los hombres, su pecho se hundió, todo

lo vivo convirtióse para mí en putrefacción humana y en huesos y en caduco pasado.

Mi suspirar estaba sentado sobre todos los sepulcros de los hombres y no podía ponerse

de pie; mi suspirar y mi preguntar lanzaban presagios siniestros y estrangulaban y roían y

se lamentaban día y noche:

- «¡Ay, el hombre retorna eternamente! ¡El hombre pequeño retorna eternamente!» -

Desnudos había visto yo en otro tiempo

421

a ambos, al hombre más grande y al hombre

más pequeño: demasiado semejantes entre sí, - ¡demasiado humano incluso el más grande!

¡Demasiado pequeño el más grande! - ¡Éste era mi hastío del hombre! ¡Y el eterno retorno

también del más pequeño! - ¡Éste era mi hastío de toda existencia!

Ay, ¡náusea! ¡náusea! ¡náusea! - - Así habló Zaratustra, y suspiró y tembló; pues se

acordaba de su enfermedad. Mas entonces sus animales no le dejaron seguir hablando.

«¡No sigas hablando, convaleciente! - así le respondieron sus animales, sino sal afuera,

adonde el mundo te aguarda como un jardín.

¡Sal afuera, a las rosas y a las abejas y a las bandadas de palomas! Y, sobre todo, a los

pájaros cantores: ¡para que de ellos aprendas a

cantar!

Cantar es, en efecto, cosa propia de convalecientes; al sano le gusta hablar. Y aun

cuando también el sano quiere canciones, quiere, sin embargo, distintas canciones que el

convaleciente.»

- «¡Oh truhanes y organillos de manubrio, callad! - respondió Zaratustra y se sonrió de

sus animales. ¡Qué bien sabéis el consuelo que inventé para mí durante siete días!

El tener que cantar de nuevo -

ése
fue el consuelo que me inventé, y ésa

mi curación:

¿queréis acaso vosotros hacer enseguida de ello una canción de organillo?»

- «No sigas hablando, volvieron a responderle sus animales; es preferible que tú, convaleciente,

te prepares primero una lira, ¡una lira nueva!

Pues mira, ¡oh Zaratustra! Para estas nuevas canciones se necesitan liras nuevas.

Canta y cubre los ruidos con tus bramidos, oh Zaratustra, cura tu alma con nuevas canciones:

¡para que puedas llevar tu gran destino, que no ha sido aún el destino de ningún

hombre!

Pues tus animales saben bien, oh Zaratustra, quién eres tú y quién tienes que llegar a

ser:

tú eres el maestro del eterno retorno422 -, ¡ése es tu

destino!

El que tengas que ser el primero en enseñar esta doctrina, - ¡cómo no iba a ser ese gran

destino también tu máximo peligro y tu máxima enfermedad!

Mira, nosotros sabemos lo que tú enseñas: que todas las cosas retornan eternamente, y

nosotros mismos con ellas, y que nosotros hemos existido ya infinitas veces, y todas las

cosas con nosotros.

Tú enseñas que hay un gran año del devenir, un monstruo de gran año: una y otra vez

tiene éste que darse la vuelta, lo mismo que un reloj de arena, para volver a transcurrir y a

vaciarse: -

- de modo que todos estos años son idénticos a sí mismos, en lo más grande y también

en lo más pequeño, - de modo que nosotros mismos somos idénticos a nosotros mismos

en cada gran año, en lo más grande y también en lo más pequeño.

Y si tú quisieras morir ahora, oh Zaratustra: mira, también sabemos cómo te hablarías

entonces a ti, mismo: - ¡mas tus animales te ruegan que no mueras todavía!

Hablarías sin temblar, antes bien dando un aliviador suspiro de bienaventuranza: ¡pues

una gran pesadez y un gran sofoco se te quitarían de encima a ti, el más paciente de todos

los hombres! -

“Ahora muero y desaparezco, dirías, y dentro de un instante seré nada. Las almas son

tan mortales como los cuerpos

423

.

Pero el nudo de las causas, en el cual yo estoy entrelazado, retorna, - ¡él me creará de

nuevo! Yo mismo formo parte de las causas del eterno retorno.

Vendré otra vez, con este sol, con esta tierra, con este águila, con esta serpiente -

no

a

una vida nueva o a una vida mejor o a una vida semejante:

- vendré eternamente de nuevo a esta misma e idéntica vida, en lo más grande y también

en lo más pequeño, para enseñar de nuevo el eterno retorno de todas las cosas, -

- para decir de nuevo la palabra del gran mediodía de la tierra y de los hombres, para

volver a anunciar el superhombre a los hombres.

He dicho mi palabra, quedo hecho pedazos a causa de ella: así lo quiere mi suerte eterna

- , ¡perezco como anunciador!

Ha llegado la hora de que el que se hunde en su ocaso se bendiga a sí mismo. Así -

acaba

el ocaso de Zaratustrd”».

424

Cuando los animales hubieron dicho estas palabras callaron y aguardaron a que Zaratustra

les dijese algo: mas Zaratustra no oyó que ellos callaban. Antes bien, yacía en silencio,

con los ojos cerrados, semejante a un durmiente, aunque ya no dormía: pues se

hallaba en conversación con su alma. Pero la serpiente y el águila, al encontrarlo tan silencioso,

honraron el gran silencio que lo rodeaba y se alejaron con cuidado.

413

Otro título pensado por Nietzsche para este capítulo fue La evocación.

El presente apartado desarrolla

la idea del «eterno retorno de lo idéntico», ya aparecida en

De la visión y enigma.

414

Alusión irónica al comienzo del acto tercero de la ópera Sigfrido, de Wagner, en que el dios Wotan

saca de su sueño a Erda, la Madre Primigenia, la cual vuelve a quedar dormida tras un breve coloquio.

415

La más completa autodefinición de Zaratustra y uno de los textos capitales de esta obra.

416

La «manzana de rosa» es fruto que aparece varias veces en Así habló Zaratustra

. Quizá sea un símbolo

del mundo. Esto puede quedar corroborado por el paralelismo entre la frase que viene poco después:

«Zaratustra... tomó en la mano una manzana de rosa, la olió y encontró agradable su olor», y la frase del

Génesis,

1, 31: «Entonces vio Dios todo cuanto había hecho, y encontró que estaba bien.»

417

Estos dos corderos son los que más tarde serán sacrificados para que Zaratustra y los «hombres superiores

» que han acudido a su caverna celebren la Cena. Véase, en la cuarta parte,

La Cena.

418

Véase, en la segunda parte,

La canción de la noche.

419

Véase, en la tercera parte, De la visión y enigma,

2.

420

Véase la nota 248.

421

Véase, en la segunda parte, De los sacerdotes,

146.

422

Remedo de la confesión de Pedro a Jesús: «Simón Pedro respondió: Tú eres el Mesías, el Hijo del

Dios viviente»; véase el

Evangelio de Mateo,

16, 16.

423

Véase lo que Zaratustra dice al volatinero al comienzo de la obra, Prólogo de Zaratustra,

6, y la nota

26.

424

Véase la nota 6.

Del gran anhelo

425

Oh alma mía

426

, yo te he enseñado a decir «Hoy» como se dice «Alguna vez» y «En

otro tiempo» y a bailar tu ronda por encima de todo Aquí y Ahí y Allá.

Oh alma mía, yo te he redimido de todos los rincones, yo he apartado de ti el polvo, las

arañas y la penumbra.

Oh alma mía, yo te he lavado del pequeño pudor y de la virtud de los rincones y te persuadí

a estar desnuda ante los ojos del sol.

Con la tempestad llamada «Espíritu» soplé sobre tu mar agitado; todas las nubes las expulsé

de él soplando, estrangulé incluso al estrangulador llamado «Pecado».

Oh alma mía, te he dado el derecho de decir no como la tempestad y de decir sí como

dice sí el cielo abierto: silenciosa como la luz te encuentras ahora, y caminas a través de

tempestades de negación.

Oh alma mía, te he devuelto la libertad sobre lo creado y lo increado: ¿y quién conoce

la voluptuosidad de lo futuro como tú la conoces?

Oh alma mía, te he enseñado el despreciar que no viene como una carcoma, el grande,

amoroso despreciar, que ama máximamente allí donde máximamente desprecia.

Oh alma mía, te he enseñado a persuadir de tal modo que persuades a venir a ti a los argumentos

mismos: semejante al sol, que persuade al mar a subir hasta su altura.

Oh alma mía, he apartado de ti todo obedecer, todo doblar la rodilla y todo llamar «señor

» a otro, te he dado a ti misma el nombre «Viraje de la necesidad»

427

y «Destino».

Oh alma mía, te he dado nuevos nombres y juguetes multicolores, te he llamado «Destino

» y «Contorno de los contornos» y «Ombligo del tiempo» y «Campana azur».

Oh alma mía, a tu terruño le he dado a beber toda sabiduría, todos los vinos nuevos y

también todos los vinos fuertes, inmemorialmente viejos, de la sabiduría.

Oh alma mía, todo sol lo he derramado sobre ti, y toda noche y todo callar y todo anhelo:

- así has crecido para mí cual una viña.

Oh alma mía, inmensamente rica y pesada te encuentras ahora, como una viña, con hinchadas

ubres y densos y dorados racimos de oro: -

- apretada y oprimida por tu felicidad, aguardando a causa de tu sobreabundancia, y

avergonzada incluso de tu aguardar.

¡Oh alma mía, en ninguna parte hay ahora un alma que sea más amorosa y más comprehensiva

y más amplia que tú! El futuro y el pasado ¿dónde estarían más próximos y

juntos que en ti?

Oh alma mía, te he dado todo, y todas mis manos se han vaciado por ti: - ¡y ahora!

Ahora me dices, sonriente y llena de melancolía: «¿Quién de nosotros tiene que dar las

gracias? -

- ¿el que da no tiene que agradecer que el que toma tome? ¿Hacer regalos no es una necesidad?

¿Tomar no es - un apiadarse?» -

Oh alma mía, comprendo la sonrisa de tu melancolía: ¡También tu inmensa riqueza extiende

ahora manos anhelantes!

¡Tu plenitud mira por encima de mares rugientes y busca y aguarda; el anhelo de la sobreplenitud

mira desde el cielo de tus ojos sonrientes!

¡Y, en verdad, oh alma mía! ¿Quién vería tu sonrisa y no se desharía en lágrimas? Los

ángeles mismos se deshacen en lágrimas a causa de la sobrebondad de tu sonrisa.

Tu bondad y tu sobrebondad son las que no quieren lamentarse y llorar: y, sin embargo,

oh alma mía, tu sonrisa anhela las lágrimas, y tu boca trémula, los sollozos.

«¿No es todo llorar un lamentarse? ¿Y no es todo lamentarse un acusar?» Así te hablas

a ti misma, y por ello, oh alma mía, prefieres sonreír a desahogar tu sufrimiento,

- ¡a desahogar en torrentes de lágrimas todo el sufrimiento que te causan tu plenitud y

todos los apremios de la viña para que vengan viñadores y podadores!

Pero tú no quieres llorar, no quieres desahogar en lágrimas tu purpúrea melancolía, ¡por

eso tienes que

cantar,

oh alma mía! - Mira, yo mismo sonrío, yo te predije estas cosas:

- cantar, con un canto rugiente, hasta que todos los mares se callen para escuchar tu anhelo,

-

- hasta que sobre silenciosos y anhelantes mares se balancee la barca, el áureo prodigio,

en torno a cuyo oro dan brincos todas las cosas malas y prodigiosas: -

- también muchos animales grandes y pequeños, y todo lo que tiene prodigiosos pies ligeros

para poder correr sobre senderos de color violeta, -

- hacia el áureo prodigio, hacia la barca voluntaria y su dueño: pero éste es el vendimiador,

que aguarda con una podadera de diamante

428

-

-

tu gran liberador, oh alma mía, el sin-nombre - - ¡al que sólo cantos futuros encontrarán

un nombre! Y, en verdad, tu aliento tiene ya el perfume de cantos futuros, -

- ¡ya tú ardes y sueñas, ya bebes tú, sedienta, de todos los consoladores pozos de sonoras

profundidades, ya descansa tu melancolía en la bienaventuranza de cantos futuros! - -

Oh alma mía, ahora te he dado todo, e incluso lo último que tenía, y todas mis manos se

han vaciado por ti: -

¡el mandarte cantar,

mira, esto era mi última cosa!

El mandarte cantar, y ahora habla, di:

¿quién

de nosotros tiene ahora - que dar las gracias?

- O mejor: ¡canta para mí, canta, oh alma mía! ¡Y déjame que sea yo el que dé las

gracias! -

Así habló Zaratustra.

425

Otro título anotado por Nietzsche en sus manuscritos para este apartado era el de Ariadna,

al que correspondía

más adelante otro apartado titulado

Dioniso (que ahora es

Los siete sellos).

426

«Oh alma mía» es invocación bíblica que aparece en los salmos. Véase, por ejemplo, el Salmo,

103, 1.

427

Sobre «viraje de la necesidad» véase la nota 129.

428

De manera encubierta hay en estas palabras una alusión a Dioniso. Este, en efecto, es representado en

ocasiones como un viñador que viene en barco con una podadera en la mano para podar sus vides (así está

representado en la copa de Exekias, del siglo VI, que se conserva en Munich). La vid, cargada de racimos,

que anhela la llegada del viñador, es Ariadna (alma de Zaratustra). El viñador con la podadera es imagen

que aparece también en el

Apocalipsis.
Véase Apocalipsis,

14, 18: «¡Echa tu afilada podadera y vendimia

los racimos de la viña de la tierra, pues llegaron a sazón sus uvas!» Es posible que en el ánimo de Nietzsche

se fundiesen ambas evocaciones.

La otra canción del baile

1

«En tus ojos he mirado hace un momento, oh vida

429

: oro he visto centellear en tus nocturnos

ojos, - mi corazón se quedó paralizado ante esa voluptuosidad:

- ¡una barca de oro he visto centellear sobre aguas nocturnas, una balanceante barca de

oro que se hundía, bebía agua, tornaba a hacer señas!

A mi pie, furioso de bailar, lanzaste una mirada, una balanceante mirada que reía, preguntaba,

derretía:

Sólo dos veces agitaste tus castañuelas con pequeñas manos - entonces se balanceó ya

mi pie con furia de bailar.

Mis talones se irguieron, los dedos de mis pies escuchaban para comprenderte: lleva, en

efecto, quien baila sus oídos - ¡en los dedos de sus pies!

Hacia ti di un salto: tú retrocediste huyendo de él; ¡y hacia mí lanzó llamas la lengua de

tus flotantes cabellos fugitivos!

Di un salto apartándome de ti y de tus serpientes: entonces tú te detuviste, medio vuelta,

los ojos llenos de deseo.

Con miradas sinuosas - me enseñas senderos sinuosos; en ellos mi pie aprende - ¡astucias!

Te temo cercana, te amo lejana; tu huida me atrae, tu buscar me hace detenerme: - yo

sufro, ¡mas qué no he sufrido con gusto por ti!

Cuya frialdad inflama, cuyo odio seduce, cuya huida ata, cuya burla - conmueve:

- ¡quién no te odiaría a ti, gran atadora, envolvedora, tentadora, buscadora, encontradora!

¡Quién no te amaría a ti, pecadora inocente, impaciente, rápida como el viento, de

ojos infantiles!

¿Hacia dónde me arrastras ahora, criatura prodigiosa y niña traviesa? ¡Y ahora vuelves

a huir de mí, dulce presa y niña ingrata!

Te sigo bailando, te sigo incluso sobre una pequeña huella. ¿Dónde estás? ¡Dame la

mano! ¡O un dedo tan sólo!

Aquí hay cavernas y espesas malezas: ¡nos extraviaremos! - ¡Alto! ¡Párate! ¿No ves revolotear

búhos y murciélagos?

¡Tú búho! ¡Tú murciélago! ¿Quieres burlarte de mí? ¿Dónde estamos? De los perros

has aprendido este aullar y ladrar.

¡Tú me gruñes cariñosamente con blancos dientecillos, tus malvados ojos saltan hacia

mí desde ensortijadas melenitas!

Éste es un baile a campo traviesa: yo soy el cazador - ¿tú quieres ser mi perro, o mi

gamuza?

¡Ahora, a mi lado! ¡Y rápido, maligna saltadora!

¡Ahora, arriba! ¡Y al otro lado! - ¡Ay! - ¡Me he caído yo mismo al saltar!

¡Oh, mírame yacer en el suelo, tú arrogancia, e implorar gracia! ¡Me gustaría recorrer

contigo - senderos más agradables!

- ¡senderos del amor, a través de silenciosos bosquecillos multicolores! O allí a lo largo

del lago: ¡allí nadan y bailan peces dorados!

¿Ahora estás cansada? Allá arriba hay ovejas y atardeceres: ¿no es hermoso dormir

cuando los pastores tocan la flauta?

¿Tan cansada estás? ¡Yo te llevo, deja tan sólo caer los brazos! Y si tienes sed, - yo

tendría sin duda algo, ¡mas tu boca no quiere beberlo! -

- ¡Oh esta maldita, ágil, flexible serpiente y bruja escurridiza! ¿Adónde has ido? ¡Mas

en la cara siento, de tu mano, dos huellas y manchas rojas!

¡Estoy en verdad cansado de ser siempre tu estúpido pastor! Tú bruja, hasta ahora he

cantado yo para ti, ahora tú debes - ¡gritar para mí!

¡Al compás de mi látigo debes bailar y gritar para mí! «Acaso he olvidado el látigo? -

¡No!

430

»

2

Entonces la vida me respondió así, y al hacerlo se tapaba los graciosos oídos:

«¡Oh Zaratustra! ¡No chasquees tan horriblemente el látigo! Tú lo sabes bien: el ruido

asesina los pensamientos - y ahora precisamente me vienen pensamientos tan gráciles.

Nosotros somos, ambos, dos haraganes que no hacemos ni bien ni mal. Más allá del

bien y del mal hemos encontrado nuestro islote y nuestro verde prado - ¡nosotros dos

solos! ¡Ya por ello tenemos que ser buenos el uno para el otro!

Y aunque no nos amemos a fondo -, ¿es necesario guardarse rencor si no se ama a fondo?

Y que yo soy buena contigo, y a menudo demasiado buena, eso lo sabes tú: y la razón

es que estoy celosa de tu sabiduría. ¡Ay, esa loca y vieja necia de la sabiduría!

Si alguna vez se apartase de ti tu sabiduría, ¡ay!, entonces se apartaría de ti rápidamente

también mi amor.» -

En este punto la vida miró pensativa detrás de sí y en torno a sí y dijo en voz baja: «¡Oh

Zaratustra, tú no me eres bastante fiel!

No me amas ni mucho menos tanto como dices, yo lo sé, tú piensas que pronto vas a

abandonarme.

Hay una vieja, pesada, pesada campana retumbante

431

: ella retumba por la noche y su

sonido asciende hasta tu caverna: -

- cuando a medianoche oyes dar la hora a esa campana, tú piensas en esto entre la una y

las doce -

- tú piensas en esto, oh Zaratustra, yo lo sé, ¡en que pronto vas a abandonarme!»

«Sí, contesté yo titubeante, pero tú sabes también esto.» - Y le dije algo al oído, por entre

los alborotados, amarillos, insensatos mechones de su cabello.

«¿Tú

sabes

eso, oh Zaratustra? Eso no lo sabe nadie.» - -

Y nos miramos uno a otro y contemplamos el verde prado, sobre el cual empezaba a correr

el fresco atardecer, y lloramos juntos. - Entonces, sin embargo, me fue la vida más

querida que lo que nunca me lo ha sido toda mi sabiduría. -

Así habló Zaratustra.

3

432

¡Una!

¡Oh hombre! ¡Presta atención!

¡Dos!

¿Qué dice la profunda medianoche?

¡Tres!

«Yo dormía, dormía -,

¡Cuatro!

De un profundo soñar me he despertado: -

¡Cinco!

El mundo es profundo,

¡Seis!

Y más profundo de lo que el día ha pensado.

¡Siete!

Profundo es su dolor -,

¡Ocho!

El placer - es aún más profundo que el sufrimiento:

¡Nueve!

El dolor dice: ¡Pasa!

¡Diez!

Mas todo placer quiere eternidad -,

¡Once!

-

¡quiere profunda, profunda eternidad!»

¡Doce!

429

Con estas mismas palabras comienza

La canción del baile.

430

Aquí reaparece el «látigo» al que se alude en la primera parte, al final del capítulo

De viejecillas y jovencillas.

431

Esta campana de medianoche reaparecerá en la cuarta parte,

La canción del noctámbulo.

432

Dos de los versos de esta poesía (el quinto y el sexto) han aparecido ya con anterioridad, aisladamente,

en

Antes de la salida del sol.
En la cuarta parte, La canción del noctámbulo,

Zaratustra ofrecerá un amplio

glosario, verso por verso, de esta poesía y al final invitará a su acompañante a cantarla con él

.

Allí la

califica de «canto de ronda», le da el título de

Otra vez

y dice que su sentido es «¡Por toda la eternidad!»

Los siete sellos (O: La canción «Sí y Amén »)

433

1

Si yo soy un adivino y estoy lleno de aquel espíritu vaticinador que camina sobre una

elevada cresta entre dos mares, -

que camina como una pesada nube entre lo pasado y lo futuro

434

, - hostil a las hondonadas

sofocantes y a todo lo que está cansado y no es capaz ni de vivir ni de morir:

dispuesta en su oscuro seno a lanzar el rayo y el redentor resplandor, grávida de rayos

que dicen ¡sí!, ríen ¡sí!, dispuesta a lanzar vaticinadores resplandores fulgurantes: -

- ¡bienaventurado el que está grávido de tales cosas! ¡Y, en verdad, mucho tiempo tiene

que estar suspendido de la montaña, cual una mala borrasca, quien alguna vez debe encender

la luz del futuro! -

Oh, cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos, - ¡el anillo

del retorno!

Nunca encontré todavía la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser esta mujer a

quien yo amo: ¡pues yo te amo, oh eternidad!

¡Pues yo te amo, oh eternidad!

2

Si alguna vez mi cólera destrozó sepulcros, desplazó mojones e hizo rodar viejas tablas,

ya rotas, a profundidades cortadas a pico:

Si alguna vez mi escarnio aventó palabras enmohecidas y yo vine como una escoba para

arañas cruceras y como viento que limpia viejas y sofocantes criptas funerarias:

Si alguna vez me senté jubiloso allí donde yacen enterrados viejos dioses, bendiciendo

al mundo, amando al mundo, junto a los monumentos de los viejos calumniadores del

mundo: -

- pues yo amo incluso las iglesias y los sepulcros de dioses, a condición de que el cielo

mire con su ojo puro a través de sus derruidos techos; me gusta sentarme, como hierba y

roja amapola, sobre derruidas iglesias -

435

Oh, ¿cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos, - el anillo

del retorno?

Nunca encontré todavía la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser esta mujer a

quien yo amo: ¡pues yo te amo, oh eternidad!

¡Pues yo te amo, oh eternidad!

3

Si alguna vez llegó hasta mí un soplo del soplo creador y de aquella celeste necesidad

que incluso a los azares obliga a bailar ronda de estrellas:

Si alguna vez reí con la risa del rayo creador, al que gruñendo, pero obediente, sigue el

prolongado trueno de la acción: Si alguna vez jugué a los dados con los dioses sobre la

divina mesa de la tierra, de tal manera que la tierra tembló y se resquebrajó y arrojó resoplando

ríos de fuego: -

pues una mesa de dioses es la tierra, que tiembla con nuevas palabras creadoras y con

divinas tiradas de dados: - Oh, ¿cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo

de los anillos, - el anillo del retorno?

Nunca encontré todavía la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser esta mujer a

quien yo amo: ¡pues yo te amo, oh eternidad!

¡Pues yo te amo, oh eternidad!

4

Si alguna vez bebí a grandes tragos de aquella espumeante y especiada jarra de mezclar

en la que se hallan bien mezcladas todas las cosas:

Si alguna vez mi mano derramó las cosas más remotas sobre las más próximas, y fuego

sobre el espíritu, y placer sobre el sufrimiento, y lo más inicuo sobre lo más bondadoso:

Si yo mismo soy un grano de aquella sal redentora que hace que todas las cosas se mezclen

bien en aquel jarro: -

- pues hay una sal que liga lo bueno con lo malvado; y hasta lo más malvado es digno

de servir de condimento y de última efusión: -

Oh, ¿cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos, - el anillo

del retorno?

Nunca encontré todavía la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser esta mujer a

quien yo amo: ¡pues yo te amo, oh eternidad!

¡Pues yo te amo, oh eternidad!

5

Si yo soy amigo del mar y de todo cuanto es de especie marina, y cuando más amigo

suyo soy es cuando, colérico, él me contradice:

Si en mí hay aquel placer indagador que empuja las velas hacia lo no descubierto, si en

mi placer hay un placer de navegante:

Si alguna vez mi júbilo gritó: «La costa ha desaparecido, - ahora ha caído mi última cadena

-

- lo ilimitado ruge en torno a mí, allá lejos brillan para mí el espacio y el tiempo, ¡bien!,

¡adelante!, ¡viejo corazón!» - Oh, ¿cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo

de los anillos, - el anillo del retorno?

Nunca encontré todavía la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser esta mujer a

quien yo amo: ¡pues yo te amo, oh eternidad!

¡Pues yo te amo, oh eternidad!

6

Si mi virtud es la virtud de un bailarín, y a menudo he saltado con ambos pies hacia un

éxtasis de oro y esmeralda:

Si mi maldad es una maldad riente, que habita entre colinas de rosas y setos de lirios:

- dentro de la risa, en efecto, se congrega todo lo malvado, pero santificado y absuelto

por su propia bienaventuranza: -

Y si mi alfa y mi omega

436

es que todo lo pesado se vuelva ligero, todo cuerpo, bailarín,

todo espíritu, pájaro: ¡y en verdad esto es mi alfa y mi omega! -

Oh, ¿cómo no iba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos, - el anillo

del retorno?

Nunca encontré.todavía la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser esta mujer a

quien yo amo: ¡pues yo te amo, oh eternidad!

¡Pues yo te amo, oh eternidad!

7

Si alguna vez extendí silenciosos cielos encima de mí, y con alas propias volé hacia cielos

propios:

Si yo nadé jugando en profundas lejanías de luz, y mi libertad alcanzó una sabiduría de

pájaro: -

- y así es como habla la sabiduría de pájaro: «¡Mira, no hay ni arriba ni abajo! ¡Lánzate

de acá para allá, hacia adelante, hacia atrás, tú ligero! ¡Canta!, ¡no sigas hablando!

- ¿Acaso todas las palabras no están hechas para los pesados? ¿No mienten, para quien

es ligero, todas las palabras? Canta, ¡no sigas hablando!»

Oh, ¿cómo no lba yo a anhelar la eternidad y el nupcial anillo de los anillos, - el anillo

del retorno?

Nunca encontré todavía la mujer de quien quisiera tener hijos, a no ser esta mujer a

quien yo amo: ¡pues yo te amo, oh eternidad!

¡Pues yo te amo, oh eternidad!

433

Tanto «Los siete sellos» como «Sí y amén» son expresiones tomadas del Apocalipsis.
Véase

Apocalipsis,

5, 1 y 1, 7, respectivamente.

434

Las cuatro líneas anteriores son paráfrasis de Apocalipsis,

10, 1-2: «Y vi otro ángel fuerte, que bajaba

del cielo, envuelto en una nube, y el arco iris por encima de su cabeza, y su semblante como el sol, y sus

piernas como columnas de fuego, y tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar,

y el izquierdo sobre la tierra, y clamó con voz potente, como cuando ruge el león». Estas cuatro líneas se

repetirán luego en

La canción del noctámbulo,

2.

435

Véase, en la segunda parte,

De los sacerdotes.

436

Expresión del Apocalipsis,

1, 8: «Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor Dios, el que es y era y ha de

venir, el soberano de todo».

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