BLOOD

william hill

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domingo, 14 de marzo de 2010

UNA VEZ EN LA VIDA



UNA VEZ EN LA VIDA.

Prólogo

Llena nuestra imaginación, no puedes huir, sabes que te alcanzará, en cualquier momento te dará caza, te virarás y lo verás, sus rojos ojos, clamando sangre, emanando maldad. ¿Quien es? o, ¿que es?, es el miedo, el terror, el pavor.... La esencia de la más pura maldad, sus rojos ojos, clamando sangre...

Desde tiempos inmemoriales, hemos rehuido a nuestros monstruos, primero los trasgos, mas tarde los demonios, luego la bruja, el hombre lobo, el vampiro... En nuestra era rehuimos la incomprensión, las drogas, el SIDA...

Terrores cultivados en el Romanticismo, sembrándolo en las mentes de los lectores por poetas como Lord Byron y muchos otros. Aunque el favorito lo es, y seguirá siendo el vampiro, monstruo cautivador... Romántico, plagado de sufrimiento, lujuria, y sed de sangre.

Pasado el Romanticismo, y bien entrados en la era moderna, desde allí hasta aquí, a lo largo del camino, se ha intentado extirpar de la mente popular a los monstruos, utilizando pretextos como: "¡El universo ya esta descubierto!, ¡baja de las nubes!, ¡los monstruos no existen!".

La era moderna, los avances, los descubrimientos, la mentalidad... Todos han olvidado a los monstruos, lo único que queda de ellos son películas y novelas. Todo este tiempo sin saber, que los monstruos, ¡están en nuestro interior!, ¡en nuestras mentes!, que por mucho que se luche contra ellos jamás desaparecerán... Son parte de nuestra esencia, de nuestro miedo.

M.D.D.

"Nadie me domina. Ningún hombre. Ningún Dios. Ningún Antiguo. Ningún Príncipe. ¿Que es una proclamación de edad para los que son inmortales?, ¿Que es una proclamación de poder para los que desafían la muerte?. Convoca tu detestable cazería. Ya veremos a quien arrastro gritando al Infierno conmigo".

Günter Dörn, das ungehuer darin.

Pero primero, sobre la tierra como

vampiro enviado,

Tu cadáver será arrastrado de su tumba;

Entonces, cadavérico, ronda tu lugar natal,

Y chupa la sangre de toda tu raza.

Lord Byron.

En la Sombra

Yo era soldado, pero no recuerdo quien era mi señor, hace tanto, tanto tiempo... Las penurias de la batalla me habían agotado hasta tal extremo que regresé al campamento justo después de inspeccionar los cuerpos de los caídos.

Estaba en un estado de ánimo apacible, dormía profundamente, muy profundamente. Soñaba con embelesantes doncellas y victoriosas batallas. Entonces empezó, el mortal Abrazo.

Mis sueños se tornaron de rojo, rojo sangre, sentía como si mi vida se esfumara, lenta, muy lentamente. Me desperté bruscamente, sentía una punzada en mi garganta, no podía gritar, era una sensación... Llena de paz, tranquila, sin dolor. Entonces lo vi, sus negros ojos, no mostraban expresión alguna, algo se derramó de mi cuello, sentía como me desvanecía, poco a poco, lentamente. Sentí frío, mucho frío, me agarré a él, como si se tratara de un anclaje para que mi vida no escapara. Si hay un cielo, rezo por ir allí pronto, si hay un infierno, sé que ahora estoy allí. Mis ojos se nublan, desaparece la visión de su negra pupila, el último grano cae del reloj de arena, la arena de mi vida.

Siento paz, mucha paz, estoy sólo, en una absoluta oscuridad, una luz me llama, veo un pasillo, me dejo llevar por la paz hacia la luz, siento que mi vida ha acabado... De pronto todo se desvanece, la oscuridad, la luz, la paz, como si me hubieran despertado de un bello sueño.

¡Calor!, ¡dolor!, ¡confusión!. El calor vuelve a mí, súbitamente, desgarrándome la carne, lo veo todo rojo... ¡No!, ¿como describirlo?. Sentía un intenso dolor, como si me clavaran agujas en todos los puntos de mi cuerpo, agitándolas después para que se clavara mejor en las entrañas de mi carne y añadiéndoles vinagre, multiplicados por mil, sumándole el calor abrasador que sentía. Grito, pero de mi reseca garganta no surge sonido alguno, en su lugar noto un cálido brebaje sobre mis labios, lo sorbo como si mi vida dependiera de ello, me reconforta, reduce mi dolor, los nervios que creía muertos vuelven a la vida.

Con los ojos cerrados me abalancé sobre la fuente del cálido brebaje, sorbía con gran afán, mis labios lo reclamaban como suyo, sin dejar que escapara una sola gota; la última punzada de dolor se desvanece.

Abrí mis ojos, rápidamente me separé de la fuente de vida, los ojos se salían de mis órbitas, era sangre, roja sangre, no podía creerlo. Trato de despertarme, una pesadilla, pensé, una horrible pesadilla. Nada sucedió, todo seguía igual, era imposible, no podía sucederme a mi, ¡a mí no!. Era real, una oscura realidad. Mi sire se perdió en la noche, un ruido de cristales rotos lo confirmaba. El vástago había huido.

 

En el Resplandor

Una difuminada figura surcaba las sombras de la tormentosa noche, Cristopher Levine, gotas de lluvia caían por sus mejillas, recorriendo su cuello y empapando sus ropas. El resplandor de los rayos iluminaba por breves instantes el entramado de callejones que seguía. La lluvia, los rayos, y los truenos parecían no molestarle, caminaba con paso firme, pero sin prisa... Hacía tiempo que la había perdido. Sus empapadas ropas parecían no producirle frío, su única concentración era llegar a su destino. Tampoco parecían atemorizarle los sucios callejones que atravesaba, atestados de basura, y con escasos vagabundos en sus esquinas, demasiada tranquilidad para ser los suburbios de Chicago.

Un ruido de cubos de basura perturbó su tranquilidad, se giró bruscamente hacia lo que parecían las puertas de un garaje, mostraba una faz intranquila, pero no de miedo... Hacia tiempo que lo había perdido. El garaje presentaba grandes cristaleras en la pared opuesta, fijó su vista en ellas, no veía nada en la intensa oscuridad. Un súbito resplandor iluminó la espaciosa estancia, se estremeció al ver una figura, la silueta estaba hincada de rodillas sobre lo que parecía un cuerpo, la silueta se había percatado de su presencia, sentía cómo lo miraba. El resplandor del rayo apago la iluminación, Crist Gritó:

- ¡Alto, seas vástago o mortal!, ¡te lo ordeno!. - Su bramido se mezcló con los truenos, haciéndolo casi inaudible.

Un ruido de cristales confirmó que la silueta había huido, el grito había sido inútil. La lluvia siguió cayendo, con más fuerza, como si el grito de Crist hubiera removido las nubes, ofendiéndolas. Algo tenía claro, la silueta era la de una mujer, la negrura de la silueta había destacado un largo cabello, sin desvelar su color, así como la inconfundible figura y movimientos de una mujer. Alguien estaba tendido en el suelo, gemía y se retorcía de dolor. Crist corrió hacia él, y con gran velocidad se arrodilló para socorrerlo. Notó un fluido, le mojaba las rodillas, no eran charcos producidos por la lluvia, el olor era inconfundible, olor a sangre.

Le tocó las mejillas, estaban gélidas, quería ayudarlo, pero no podía verlo. Un nuevo resplandor iluminó la estancia, se entrecruzaron pupila con pupila, Crist sintió un escalofrío, algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo, los ojos pedían piedad, pedían ayuda, pedían vida. Era una mirada tierna, a la vez temerosa. Crist no pudo soportarlo, desvió su vista, no puedo, pensaba, no puedo. El resplandor se desvaneció, el hombre expiró su último aliento de vida. Crist sentía como las cosas se agolpaban en su cabeza, no puedo, no puedo, repetía en su mente una y otra vez...

- ¡A la mierda!, -gritó con una súbita rabia-, ¡A la mierda con las Tradiciones!, - con más calma y cerrando los ojos susurró- perdóname, señor, perdóname por lo que voy a hacer.- Su semblante se sumió en las tinieblas.

Apresuradamente cogió un cristal, roto por la huida de la misteriosa mujer, y después de pensárselo dos veces se cortó la muñeca con el mismo. La sangre, la vida, manaba de su rasurada muñeca, con sumo cuidado acercó el cálido brebaje a los labios del moribundo, caía gota a gota. Crist, viendo como se convulsionaba y gritaba por el intenso dolor, recordó como le había pasado a él, nunca antes lo había visto desde esta perspectiva. Sus cavilaciones cesaron cuando se vió empujado hacia atrás, alguien le atenazaba la aún sangrante muñeca, sintió como se clavaban unos largos colmillos y acto seguido empezaba a lamer.

- "Tu primer Hambre" -pensó Crist para sus adentros- "El principio de una eterna tortura".

 

 

En la Luz

Los ojos del Chiquillo se tornaban hacia la insondable oscuridad, la noche. Clavó los ojos en Crist.

- ¿Que ha pasado?, ¡por que coño estoy cubierto de sangre!. - Dijo Jeremy, con un súbito nerviosismo, desgarrándose la garganta.

Crist veía como el chico, segundo a segundo se volvía más propenso al nerviosismo. El semblante de Crist era calmo, como si se tratara de rutina, pero no, era un vampiro muerto, un vástago que sería perseguido a muerte por el sacrilegio que había cometido, rompiendo las Tradiciones, las sagradas leyes vampíricas. La tercera Tradición: La Progenie, "Sólo engendrarás a otro con el permiso de tu antiguo. Si creares otro sin la aprobación de tu antiguo, tanto tú como tu progenie seréis ejecutados". Estas palabras martilleaban dolorosamente en su mente una y otra vez, y otra, y otra. Estaba condenado a muerte, convocarían la Caza de Sangre, todos los vástagos tras ellos...

- ¡Que está pasando!, ¡contesta!. - Lagrimas se asomaban a los ojos de Jer. Crist podía observar cómo el Chiquillo, empezaba a vislumbrar la horrenda realidad.

- ¿Como empezar?... ¡Bienvenido a vampirolandia!. - Estas palabras fueron las que se escaparon de los labios de Crist, el cual empezaba a perder la cordura, vió como el Chiquillo bajaba la cabeza ante tal respuesta, sumiendo su rostro en la oscuridad. - Te lo explicaré mejor - añadió. Díjole el señor: "No será así; antes bien, cualquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces". Y puso el Señor en Caín una señal, para que ninguno que le encontrase le matara. - ¿Ha sido lo bastante convincente?, ¡eres un cainita!, ¡un vástago!,... ¡Un vampiro!.

- No me lo creo- el rostro de Jer era insondable, carente de gestos-, esto no puede sucederme a ...

- ¡Eso mismo dije yo!, me ocurrió hace cientos de años, y es una de las pocas cosas que no he podido olvidar. - Dijo Crist.

Jer se cubrió el semblante con las manos, su cabeza daba vueltas, no podía hablar, no podía siquiera respirar... ¡No respiraba!, de un sobresalto se levantó del suelo.

- Lo se, es horrible el ver como no respiras, por lo menos la primera vez, cálmate, ya estas muerto, no morirás otra vez. El poco oxigeno que necesitas te lo proporciona la sangre, de otros, por supuesto. - Crist miró al chico a la cara.

- Ven, podremos hablar con más tranquilidad en mi Refugio.

- ¡No! - Gritó Jer mirando a Crist a la cara.

Acto seguido le dió la espalda y empezó a correr, el chico emprendió la huida. Jer sintió una gélida brisa a su espalda, no se viró ni un segundo, en lo único que pensaba era alejarse de aquel horripilante lugar. Hacía ya tiempo que había cruzado por lo menos cuatro recodos, entonces dejo de correr y emprendió una caminata a paso rápido, cinco, seis, siete esquinas, ya no tenía nada de lo que temer, había dejado a aquel loco tras de si, mas relajado aminoró la marcha.

Una gélida brisa, como la que hubiera sentido antes, lo atenazaba, esta vez, desde el frente. Cerró los ojos hasta solo esbozar unas pequeñas rendijas, una negra figura se acercaba desde el otro lado del callejón por el que se dirigía, haciéndose cada vez menos densa y cada vez más grande. La figura... Los nervios de Jer no respondían, era como si se hubieran congelado. "¿Como lo ha hecho?, ¿como ha conseguido...?", pensaba Jer.

- ¿¡Como has hecho eso!?. - Dijo Jer con una voz sepulcral.

- ¿El que?, - respondió Crist haciéndose el despistado y mirando a su alrededor- ¿aparecer aquí de repente?. Crist lo miró a los ojos y esbozó una ligera sonrisa.

- He tenido toda una eternidad, créeme. Acompáñame, y no intentes tonterías esta vez, no subestimes mi poder.

 

El Refugio

Alejados de los horribles suburbios de Chicago, Jer y Crist se encontraban en un desvencijado apartamento, más hacia el corazón del núcleo urbano.

Crist, quitándose la chaqueta negra empapada por la lluvia estudiaba con más calma al muchacho. Jer se dejó caer sobre un sillón, parecía frustrado. Crist se acercó una silla y se plantó enfrente de Jer. Estaban en silencio, nadie hablo, se estudiaban mutuamente.

Crist veía a un chico de unos 17 años. Su pelo largo, al estar mojado, se pegaba a la frente. Vestía de una manera desarreglada, con unos pantalones sumamente más grandes a su talla, cosa que lo hacía cómico, eran de color azul marino. "Debe ser una de sus modas, el mundo avanza, y yo ya no me entero de nada", pensaba Crist. La camisa, empapada, se le pegaba al cuerpo, que unida con la sangre, le daban un aspecto de asesino, la camisa era de color blanco. Por lo que había podido observar, el chico era más calmo de lo que en un principio pensó, era un chico endurecido por la sociedad, de los que no se dejarían insultar. Se preguntaba donde estarían sus padres, y por que estaría en tales suburbios.

Jer estudió a Crist, veía a un hombre de unos 25 o 30 años, sus rasgos parecían fríos como el hielo, como si hubieran pasado por él todas las penurias de este mundo. Su recortada barba y su largo pelo negro, le daban un aspecto abominable, sus ojos eran profundos, insondables, en ellos notaba una lucha interna. Sus ropas, unos pantalones vaqueros negros, y una camisa también negra estaban mojados, pero parecía no molestarle. Jer recordó en su persona a un "Heavy" de los 80, aunque era muy diferente. Vió a un loco, decrépito, que había montado un gran espectáculo, con muy buenos trucos. "Salsa de tomate", pensó Jer al mirarse la camisa.

- Dime chico, ¿como te llamas?.

- Jeremy, pero me llaman Jer, ¿que hacías en el callejón?.

- Eso a ti no te importa.

- ¿Y tú como te llamas?. - Añadió como si no hubiera oído la respuesta de Crist.

- Cristopher, pero me llaman Crist.- Añadió con las mismas palabras que Jer- ¿Que hacías en ese lugar?.

- Buscar un sitio donde dormir. - Jer, que había mantenido la cabeza baja desde el principio del interrogatorio, miró a Crist.

- ¿No tienes familia?.

- No. - Contesto secamente- Soy un abandonado, vivo en las calles.

- ¡Bien!, esto facilita las cosas, se supone que no existes. - Dijo Crist sin preocuparse de la desgracia de Jer.

- ¿Por que lo dices?. - La indiferencia de Crist ante su desgracia lo había molestado.

- Eres un vampiro, lo quieras o no, todavía no lo sabes, pero lo sabrás. Ya no saldrás a la luz del sol, vivirás en la sombra de la noche.

- ¿Otra vez con tus...?. - Jer calló, y abrió bien los ojos.

Mientras Jer había comenzado a hablar, Crist miraba su cortada muñeca, la herida empezó a curarse, tapando la carne y la sangre, la piel se reconstruyó por completo, no había quedado ni una simple cicatriz.

- ¿Ahora me crees?. Dijo Crist con su sarcástica sonrisa.

- S-Si, C-Creo q-que s-si. - Balbuceaba Jer ante tal espectáculo, "me temo que esto no son efectos especiales" pensó.

Crist se acercó a la pálida cara de Jer y dijo casi en susurros:
- Ahora presta atención a todo lo que te diga, o no serás un vampiro decente.
Jer asintió con su boca abierta de par en par, Crist ya no era el loco que había imaginado antes. Crist continuó: - Los vampiros también tenemos nuestras costumbres e historia. Escucha porque lo que oigas ha sido dicho a todo vampiro, a mi me lo dijo mi sire, mi padre vampírico. Seré lo más breve posible:

Caín, Caín fue el primer vástago sobre esta tierra, él ha sido el transmisor de la maldición. Después de matar a su hermano, Abel, fue castigado por Dios, arrastrándolo a esta vida eterna...

- ¡Y donde demonios se supone que está ahora!.

- No me interrumpas, escucha y calla. Caín, arrepentido por su crimen, vagó por el mundo. Después de mucho tiempo, decidió tener progenie, creó a cuatro poderosos vampiros, del mismo modo que yo he hecho contigo. Estos, a su vez engendraron a mas. Después de muchas generaciones, los vástagos se habían propagado por toda la tierra, llegando un punto en el que habían demasiados. Caín creó la Primera Ciudad, le siguió la Segunda Ciudad, conocida también como Babilonia. Pero pronto Caín cayó en la cuenta de lo que había hecho, muchos vampiros se dejaron llevar por las densas redes del mal, y pese a las Tradiciones, las leyes creadas por Caín, pronto cundió el caos. Los vástagos jóvenes se revelaron contra los antiguos, llegando a afectar incluso a Caín.

- ¿Que ocurrió entonces?.

- Hubo una horrible guerra entre vampiros, jóvenes contra viejos, viejos contra jóvenes. La Primera y la Segunda ciudad fueron destruidas por las numerosas batallas, siempre libradas por la noche. Murieron muchos vampiros, y también algunos mortales. Los cuales conocían de nuestra existencia en aquellos tiempos, no solían salir de noche.

- ¿Que ocurrió con Caín?, ¿y con su progenie?.

- Nadie supo del paradero de Caín, no creo que muriera, su poder era demasiado abrumador. En cuanto a su progenie, los cuatro vástagos se fundieron con la tierra, no se sabe cuando volverán a resurgir de ella.

- ¿A que te refieres con que se fundieron con la tierra?.

- Sabes, por si no te has dado cuenta tenemos ciertos poderes, las Disciplinas, los llamamos. Sí, se fundieron con la tierra, es una de las más poderosas Disciplinas, cuando despierten, no buscarán sangre de mortal, han vivido tanto tiempo en su no-vida que la sangre mortal les es inútil, no, necesitan sangre de vampiro. Pero eso es otro asunto.

- ¿Y que ocurrió después de las guerras?.

- Quedamos pocos, éramos una especie en extinción, había uno aquí, otro allá, muchos fueron cazados por los mortales. Ya entrados en la edad media, los vástagos habían empezado a duplicarse de nuevo. Cosa que ocasionó nuestra perdición.

- ¿Por qué?, ¿que ocurrió?.

- La Inquisición, eso fue lo que sucedió, la iglesia nos persiguió, fuimos quemados en las hogueras. Fue algo parecido al éxodo de los judíos en la Segunda Guerra Mundial, diezmados, casi hasta desaparecer. La Inquisición tomó mucho poder, demasiado...

- ¿Pero...Si vivimos eternamente...?, ¿por qué el fuego los acabó?.

- El fuego es nuestro gran enemigo, nuestro eterno terror, la simple vista de una colilla incandescente nos produciría incluso un daño psíquico, por no hablar del físico si fuera algo mayor. La luz artificial no nos afecta, pero el sol es igual que el fuego, nos reducimos a cenizas.

A raíz de la Inquisición, tomamos consciencia de lo que pasaba, todos los vampiros del mundo conocido se unieron en una asamblea extraordinaria, nunca vista.

- ¿De que se habló en la asamblea?.

- Se habló de crear la Camarilla, una secta vampírica en la que se respetarían de nuevo las Tradiciones dictadas por Caín. A parte de esto se pretendía ocultar de la mente popular a los odiados vampiros. Teníamos que conseguir que nos olvidaran.

- ¿Lo hicieron?.

- ¿Tu que crees?. - Sonreía Crist.

- Ops..

- La tarea fue ardua, pero acertada. Poco a poco, y a través de los siglos, conseguimos que la mente popular se fuera por el camino de la ciencia, olvidando lo irracional. Nos hicimos inventores, científicos, filósofos... Incluso Cristopholus Columbus era de los nuestros.

- ¿Quien?. - Dijo Jer juntando las cejas.

- ¡Cristóbal Colon!, ¿quien creías?.

- Lo siento, pero no suelo estudiar muy a menudo.

- Tranquilo, no todos los grandes investigadores eran vampiros.

- ¿Que ocurrió con la Camarilla?

- Se fundió en nuestras carnes hasta nuestros días, la Camarilla ha seguido actuando por la conservación de nuestro secreto. Nos reunimos periódicamente, evaluamos problemas y riñas entre nosotros, es el "Consejo Vampírico", las reuniones se las denomina el Cónclave y suelen hacerse en el Elíseo, que es un punto de reunión.

- ¿Y si se inflige una falta contra las Tradiciones?.
- Entonces el vampiro será sentenciado a muerte. Se convoca una cacería contra él, todos los vampiros contra él. - Esto recordó a Crist que él había infligido una.- Nuestros "policías" son llamados Arcontes y los "jueces" son llamados Justicars.

- ¿Quién convoca tal cacería?.

- ¿La cacería de sangre?, se supone que los Justicars, pero la verdadera decisión la tiene el Príncipe...

- ¿Quien es el Príncipe?.

- El gobernador de cada ciudad, el vampiro supremo, el regidor. Se encarga de que no ocurra nada fuera de lo normal. Es el jefe. El Príncipe de Chicago es Lodín. Sabes, hemos incumplido una de las Tradiciones. - El corazón de Jer le dió un vuelco.

- ¿¡Como!?.

- He fallado a una Tradición, se supone que tu no deberías estar vivo, te salvé el pellejo, es ahora cuando me arrepiento de lo que hice. Estamos condenados a morir en cuanto se enteren. No podía engendrarte sin el permiso del mismísimo Lodín, su furia contra nosotros será terrible.

- ¿Recién vampiro y ya voy a morir?. - Respondió Jer sin expresión alguna en su rostro.

- Olvida el tema y continuemos... ¿Por donde estaba?, ¡A si!.
Dentro de la Camarilla existen ciertos grupos llamados Clanes. Los Ventrue, Los Malkavian, Los Gangrel, Los Nosferatu, Los Tremere, Los Toreadores, y los más problemáticos, Los Brujah.

- Háblame de ellos.

- Los Ventrue, Alta sociedad vampírica, rigen los grandes puestos de la Camarilla, su ambición es infinita. No te harán un favor a cambio de nada, no subestimes sus Disciplinas, aunque "yupis" son peligrosos.

Los Gangrel, a este grupo pertenecemos tú y yo, amantes de la naturaleza y lo salvaje, nos llevamos muy bien con los peores enemigos de los vampiros, los ... Mejor olvídalo, muchos de los nuestros colaboran con Greenpeace, y aunque no lo creas, odiamos las ciudades. Nuestras Disciplinas, las tuyas, y las mías son de tipo natural y salvaje, he visto a algunos convertirse en lobo o incluso en el famoso murciélago. Tranquilo, ya descubrirás tus poderes, dentro de muy poco. Pero tenemos un fallo, si la Bestia de nuestro interior sale fuera, iremos teniendo, poco a poco, rasgos animales.

Los Nosferatu, las ratas de cloaca, son deformes, la Bestia que llevan dentro se muestra exteriormente, son hediondos y los menos vistos, suelen refugiarse entre vertederos y alcantarillas, renegando de la humanidad

- ¿ Que es eso de la Bestia?.

- Todo a su tiempo Jer, todo a su tiempo.

Los Tremere, los magos, tienen las mejores Disciplinas de todas, nunca te embronques contra uno, puedes acabar en China en un abrir y cerrar de ojos, y no precisamente de un puñetazo. Su punto flaco reside en que obedecen fielmente a sus superiores, no viven para nada más.

Los Toreador, los degenerados, los poetas, su vida es un bonito poema, el arte esta por encima de todo, son pintores, escultores, suelen ir muy a la moda... Sus Disciplinas van dirigidas sobre todo a sus obras, aguzando sus oídos o incluso su mente. Serían tan estúpidos como para contemplar la bonita aparición del sol a través del océano.

Los Brujah, los anarquistas, para ellos todo sistema político es una farsa, son los Skinheads, Heavys, rappers y toda esa bazofia de este tiempo, por ello son problemáticos, no respetan a sus mayores, incluso se revelarían contra la Camarilla si lo quisieran. Suelen ir de discotecas, en busca de víctimas o de diversión. Nunca te fíes, pueden clavarte una navaja en una sentada. Sus Disciplinas son de fuerza bruta, podrían saltar a un segundo piso si quisieran, o levantar un coche con una mano. Por esto pone en peligro a todos los vampiros, al darnos a conocer.

Los Malkavian, los locos, su transformación fue tan dolorosa que les afectó al cerebro, todos presentan algún tipo de locura, paranoia, un tic, o incluso tan locos como para matar sólo por gusto, auténticos dementes. Recuerda esto, no te fíes de ellos, bajo su inocente faz son muy peligrosos. No conozco muy bien sus Disciplinas pero la sola idea me aterroriza. Los clanes se transmiten de sire a sire, el sire de mi sire era Gangrel, al igual que tú ahora. Hablando de la Bestia...

- Un ruido irrumpió a Crist, alguien los había escuchado desde la alcoba.
Crist, con un rápido movimiento, y fijándose en la confusión de Jer, corrió tras el supuesto espía. Al llegar Crist al pie del balcón distinguió como una negra figura en la noche corría calle abajo. "Demasiado rápido para un mortal", pensó Crist. "Nadie saldría tan deprisa desde un segundo piso, me encuentro ante un Brujah".

- ¡Jer!, tengo que dejarte, volveré a por ti y continuaremos con nuestra pequeña charla, he dejado muchos cabos sueltos. - Jer observaba los rápidos movimientos de Crist.

Jer vió ensimismado desde el sillón como Crist, después de pronunciar sus palabras, saltaba desde el segundo piso a la calle, a la captura del espía.

 

La Brujah

El silencio se cernió sobre la habitación en la que Jer se encontraba, el ambiente era de una calma absoluta, ya no se oía el caer de la lluvia, la tormenta había cesado, pero el olor a humedad permanecía en el ambiente. Escudriñó la habitación, era muy seca, carente de adornos, pilas de antigüedades se arremolinaban a su alrededor, "muchas deben valer una auténtica fortuna", pensaba. Era claro que Crist no era un tipo de persona muy ordenada, lo demostraban los destrozados papeles de periódico que cubrían el suelo, así como sucios calcetines y ropas.

Mientras observaba detenidamente todo el apartamento, pero sin tocar nada, por su mente empezaron a arremolinarse extraños pensamientos, auténticas lagunas mentales. No recordaba nada de lo sucedido, no había sentido como le mordían, ni siquiera cuando bebía sangre, una oscura laguna, muy negra, perturbaba sus ideas. ¿Qué sería la Bestia?, ¿cómo es que Crist recordaba su Abrazo y yo no?, ¿cómo es que no me relató exactamente lo sucedido en el callejón?, no, lo único que recordaba era que buscaba un lugar donde pasar la noche, resguardado de la tormenta, y de repente se encontraba cubierto de sangre ante Crist, aún manando sangre por la comisura de sus labios, ¿como había ido a parar esa sangre a su boca?, aún notaba el hediondo sabor... "¡El magnífico sabor!", gritó, sin ni siquiera darse cuenta de lo que había dicho. ¿Por qué no sentía el impulso a matar por sangre?.

xxxx

El lobo atravesaba las despobladas calles nocturnas de Chicago, trotando en busca de su presa, momentos atrás la había perdido, pero ahora la sentía cerca, muy cerca, podía olerla. Dobló un callejón, ahí estaba, la negra silueta, saltó una valla metálica. Su presteza en el salto desvelaba que era una mujer la que huía, tras los ojos del enfurecido lobo se encontraba Crist, quien, con su forma lobuna, no tardó en driblar el obstáculo. Bajo su peluda figura, sus largos colmillos, y punzantes garras, Crist pensaba no sólo en dar caza a su presa, en diferentes ocasiones su mente volaba lejos, cosa que le perjudicó al perder a su presa de vista un par de veces. En sus cavilaciones veía la figura de Jer, la veía como un hijo, al fin y al cabo, se había convertido en sire y era su responsabilidad cuidarlo, empezaba a tener simpatía por el chico... Tanta, que ahora se arrepentía de haberlo arrastrado a esta horrible vida, "al principio le gustará ser vástago, pero cuando descubra a la Bestia... Le faltará valor, cuando vea que le falla la voluntad, puede que se vuelva mas loco que un Malkavian, es muy difícil controlar a la Bestia.", pensaba Crist. "Lo peor vendrá cuando empiece a recordar lo que le sucedió en el Abrazo, el poder de esa Brujah es poco poderosa, las tinieblas que posó sobre su mente se disolverán en un par de días, quizá tres."

Volviendo a la realidad, Crist, en su forma lobuna, babeando, se percató de que la había perdido de vista a su presa. "Ya está, es el fin, se lo comunicará todo a la Camarilla, Lodín se cogerá un buen cabreo cuando se entere de que su fiel servidor ha infligido una Tradición, convocará una Caza de Sangre. No hay escapatoria", pensaba Crist. En pocos segundos, sus colmillos, su largo pelaje, y sus afiladas garras, volvieron a ser humanas. El lobo había desaparecido. La magia se había evaporado.

Estaba en un lugar sucio, en su correría en forma de lobo había desembocado en un callejón sin salida, unos cuantos contenedores de basura se apiñaban en una esquina, la visibilidad era mínima, por la oscuridad de la noche. Dando la espalda a la pared que indicaba el fin del callejón, a paso lento, inició el camino de regreso. Inmerso en sus reflexiones no se percataba de lo que sucedía a su alrededor. De repente sus meditaciones se disolvieron bruscamente, un ruido proveniente de los contenedores a su espalda era el causante. Con un rápido movimiento se viró, fijándose mejor en las pilas de basura, los ojos de Crist se tornaron de rojo, un rojo brillante que destellaba en la oscuridad, como los ojos de un gato. Con su nueva visión vió las cosas más claras, más luminosas. Dió unos pasos hacia la pila, no había nada. "Un gato", pensó, "uno muy grande".

Sus ojos tornados de rojo, fueron perdiendo brillo, su visión volvió a ser la misma de antes. Una sombra cubrió parte de la pared, estaba justo detrás de el, Crist se había percatado de ello. Con un rápido gesto se viró, no vió nada, pero la sombra seguía en el mismo lugar, como salida de la nada. "Te tengo, gatita", pensó. Crist se Abalanzo brutalmente hacia el lugar de donde tenía que provenir la sombra, sintió como sus brazos se cerraban alrededor de un cuerpo que, por la velocidad con la que había arremetido, se precipitaron ambos al suelo.

 

La Promesa

La caída había sido brusca, produciéndole a Crist un dolor punzante en el hombro derecho, a ello se le sumaba el barro del suelo. Por la rudeza de la caída, la figura apareció ante Crist. Los ojos se le desorbitaron, ante él se mostraba una mujer de pelo negro, largo, con una faz ruda, y a la vez imperiosa, de rasgos finos. Vestía unas ropas negras, características puras de un Brujah, su camisa mostraba las letras "Sepultura", sin duda, era un Brujah heavy.

Ella lo miraba perpleja, impresionada con la rapidez con la que Crist había actuado. Intentó forcejear, pero Crist le aferraba de las muñecas. Hubo un extenso silencio, nadie habló, solo se observaban. Crist inesperadamente se alzó del fangoso suelo, y tirando de las muñecas de la Brujah, la alzó a ella también. Él la soltó, pero ella no huyó, mas bien se alzó imperiosa, como si lo que hubiera pasado no la afectara. Ambos, con el semblante ceñudo, se miraron a los ojos. Sus ojos eran verdes.

"Es hora de saber quien es más poderoso", pensó Crist. Ambos se alzaron en un duelo de miradas, en el cual dos vampiros miden su voluntad, se miraron a los ojos fijamente, sin apartar la vista. Quien apartara primero la vista, tenía una menor voluntad. Crist la observaba, su concentración estaba en aquellos ojos, sintió una gélida brisa en sus mejillas, pero no perdió su concentración, el silencio reinaba en ese solitario callejón. Ella también lo miraba, con una faz carente de gestos. Aquellos ojos verdes, empezaban a hacer mella en Crist, eran esplendorosos... Intentó reforzar su mirada, pero sentía como su voluntad se perdía, momento a momento. No pudo más, desvió su vista al suelo, había perdido, la Brujah había ganado. Crist se sentía indefenso, humillado.

- ¿Que pasa?, ¿me has cogido miedo?. - Sonreía ella sarcásticamente.

- Eres muy poderosa, demasiado para las nuevas generaciones, ¡eres una simple Neonato!, ¿como has conseguido tal poder?.

- Una se busca la vida, Antiguo. - Seguía sonriendo ella.

- La disciplina que has utilizado, la Ofuscación, no la aprenden los Brujah, a no ser que sean Antiguos.

- ¿De donde has salido?, ¿de la Edad de Piedra?. - Frunció ella el ceño.

- Casi, así que respeta a tus Antiguos, Neonata. -Ahora el que sonreía era Crist, con su siniestra sonrisa.- ¿Como te haces llamar?.

- Dana, pero tu puedes llamarme Pesadilla.

- Bien, Dana, ¿has oído todo, no es así?.

- Cierto, Sr....

- Crist, pero puedes llamarme Drácula. - Volvía a sonreír sarcásticamente.

- Que poco imaginativo eres, ¿no podías inventar algo mejor?. -

Crist, ignorando la pregunta contestó: - ¿Vas a decirlo?, ¿si o no?, sabes, no me gustan los rodeos. He roto una tradición.

- ¿Y si lo dijera?, ¿me matarás?, ¿cometerás Diablerie?. - Decía Dana sarcásticamente.

- No haré absolutamente nada, no huiré, no soy un cobarde, lo afrontaré como un vampiro que soy. - La faz de Crist era plácida y tranquila, mostraba el futuro inminente.- Además, no he matado a nadie desde hace mucho tiempo... Quiero decir yo, no la bestia. No me gusta matar.

- Sabes, a mi tampoco. - Dana bajó la cabeza- Das pena, tranquilo, no se lo diré a nadie.

- ¿Puedo confiar en ti?, - la faz de Crist empezaba a reflejar una esperanza.

- Confía en mi, soy Brujah, no un Nosferatu. Pero con una condición.

- ¿Cual?.

- Cuida al Chiquillo, edúcalo en su nueva no-vida, mi bestia lo iba a arrastrar al más allá, pero tú lo has salvado.

Crist empezaba a comprender, ¡Era ella!, la que había huido la primera vez que vió a Jer, la que rompió las cristaleras en su huida. Si, recordó su silueta, dibujada por el rayo. Crist sonrió amistosamente, ella lo correspondió con otra sonrisa: - Así lo haré, Dana. Volveremos a vernos, lo presiento.

- Yo también lo presiento.

Ambos tomaron diferentes direcciones, Crist tomó el camino de vuelta al apartamento, Dana... ¿quien sabe a donde se dirigía?. Crist empezó a pensar en Dana: "parece una mujer muy terca, pero al mismo tiempo poderosa, un vampiro tan joven y ya controla fuerzas de Antiguos. Debe haberlos conseguido con una gran lucha y persistencia, es tenaz, y aunque intente parecer imponente en su aura veo a una mujer asustada, más de lo que ella misma cree. Y aunque tenga sed de poder y gloria, aunque su meta es alzarse por encima de los mismísimos Príncipes, parece una chica agradable, esos ojos..., ni siquiera le pedí gracias por su eterno silencio, pero, ¿quien sabe?, Dana quiere poder, y para conseguirlo sería capaz de traicionarme para quedar bien ante Lodín. ¡Mi destino y el de Jer esta en sus manos!, pero confío en ella.".

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Dana empezó a pensar en Crist: " Los Antiguos son todos iguales, se creen más poderosos solo porque vengan del Antiguo Egipto o de la Antigua Roma. Si, yo no soy más que una neonato, soy de esta generación pero, ¿que importa?, ¡he conseguido demostrar a esos Antiguos lo que valgo!, cambiaré toda esa patrañada de las Tradiciones, la Camarilla... ¡Cuando llegue a Príncipe reinará la anarquía!.

Pero, ese Crist, no es como los demás Antiguos, no es un "político" de segundas de los que siempre están oliendo el trasero a Lodín, ni de los que tienen "paranoia" en romper las tradiciones. Crist es más que eso, en sus ojos veo tristeza y, al mismo tiempo, sabiduría, cosas que nunca había visto de un vampiro de tal calaña. Algo lo aflige, quizás la vida eterna, ha estado sobre esta tierra más tiempo del que creo, por lo menos, de antes de Egipto, ¿y si fuera un Matusalén, un Antiguo de Antiguos?, quizás de la segunda o tercera Generación... ¡Estas soñando Dana!.". Se dijo a si misma meneando la cabeza.

 

La Bestia

Jer dejó vagar su imaginación por el desordenado apartamento, sin preocuparse siquiera por el paradero de Crist. Abrió armarios, muebles, y trasteros. Todo estaba repleto de objetos de una antigüedad incalculable, se le ocurrió abrir la nevera pero no había nada, lógico. "Si un vampiro tuviera algo que ocultar, ¿donde lo escondería?.", se preguntó Jer. Sus ojos centellearon, rebuscó tras los cuadros, debajo de la alfombra y volvió a revisar los armarios, todo fue inútil. "¿Cual es el lugar de una casa que un vampiro menos utiliza?", una sonrisa de victoria cruzó el semblante de Jer.

La nevera, anteriormente revisada, era examinada por Jer con todo detalle, al fin halló lo que buscaba, un sobre, amarillento por su antigüedad. Deslizó el contenido del mismo sobre la mesa, con desesperada ansiedad, eran fotos, con una pequeña descripción en la cara posterior, algunas de ellas estaban marcadas con un circulo. Todas presentaban fotografías de personas, de las más diversas calañas. Una de las fotografías le llamó la atención el individuo llevaba una chaqueta gris y un gran sombrero negro que le cubría la cara, notaba algo en ella, esa figura le erizaba los pelos, pero sin motivo alguno, quiso desprenderse de la foto, la ignoró y siguió viendo el resto. Una larga lista de personas pasaba por las manos de Jer, era como si Crist hubiera sacado las fotos a escondidas, como un detective que tiene fichado a todos lo peces gordos de la droga.

Una de las fotos impresionó muchísimo a Jer, era totalmente a oscuras, pero una aberrante figura salía en primera plana, la foto era tan negra que no pudo distinguir los rasgos de la misma, parecía como si la foto hubiera salido movida, como si en el momento en que Crist había sacado la foto lo hubieran descubierto. Jer sentía algo extraño en esa figura, algo no iba bien. Giró la foto para ver los apuntes de Crist, cosa que no había hecho con ninguna otra foto, la intriga lo consumía, el la misma figuraba el nombre de Julius McEnzie. Jer notó como una sombra cruzaba la habitación tras de si, antes de que pudiera reaccionar unas manos le aferraron los hombros.

- ¿Qué demonios crees que estas haciendo?. - Crist empujó a Jer brutalmente contra la pared y lo aferró del pelo- Nunca, ¡nunca más vuelvas a meter las narices donde no te llaman!.

Jer sentía una punzada en el hombro, con el que había aterrizado en la pared. Crist soltándolo empezó a dar vueltas nerviosamente alrededor de la habitación. Jer se llevó la mano al dolorido hombro.

- Sabes, hay cosas que ni un vampiro debe saber, ¡y menos un Chiquillo!. - Vociferaba Crist. Se paró bruscamente en el centro de la estancia, echo una fulminante mirada a Jer.

- Perdona, Crist, no fue mi inten...

- ¡Cállate!. ¿Perdóname?, nunca, ¡nunca mas vuelvas a meterte en mi vida!.

Por primera vez Jer tenía miedo de Crist, Jer apretaba los labios en un intento de reducir el dolor. Crist, más calmado agregó: - Hay muchas cosas que aún no entiendes, no, todavía no. Todo a su tiempo. - Crist cogió la foto, lagrimas de sangre cruzaban sus ojos.

El semblante de Crist era calmo, y triste al mismo tiempo. Al notarse las rojas lagrimas rápidamente se las secó con la mano. Jer se había sobresaltado.

- Si Jer, los vampiros también lloramos, pero como no queda agua en nuestro cuerpo, lloramos sangre. Perdóname, no quise tratarte así, la Bestia se apoderó de mí.

- Crist..., ¿por qué lloras?.

- Tu también lo harás, cuando descubras el lado oscuro de ser un Vampiro. La bestia nos domina, y cuando se desata no podemos refrenarla.

- ¿Que es esa Bestia?.

- Alguna vez tendrías que preguntarlo, y creo que ha llegado el momento de que te conteste. El hombre, desde que llegó a este mundo, ha intentado prolongar su vida, retardar las garras de la muerte, en cierto modo lo han conseguido, pero su quimera es la inmortalidad, la inmortalidad a la que tanto aprecian. Ineptos, yo que he vivido siglos y siglos, se lo que pasa realmente cuando vives eternamente. Es horrible, ver pasar el tiempo, ver miles de guerras, millones de muertes, ver morir a tus amigos y familia... Créeme Jer, al principio te gustará esta vida, pero cuando pase el tiempo te darás cuenta de la auténtica tortura. He tenido que cambiar de hogar numerosas veces, para que los vecinos no se percataran de mi eterno aspecto...

- Creo que lo he entendido, pero... ¿Donde esta la Bestia en todo esto?.

- Ahora viene, calma Jer. La bestia es parte de ti Jer, aún no la notas pero puede que en el próximo anochecer se apodere de ti. Escucha el más famoso dicho de los vástagos con mucha atención Jer, no volveré a repetirla, me da escalofríos:
"Monstruos somos, para en monstruos no convertirnos". ¿Por que crees que en la literatura y en el cine somos siempre los niños malos?. Cuando te transformas en vampiro retienes pensamientos humanos, te comportas como humano y gesticulas como un humano. Tú más que yo, pero cuando pasa el tiempo la Bestia se apodera por completo de tu cuerpo, cuando te niegas a alimentarte de sangre usualmente la bestia se enfurece, y se vuelve más atroz de lo que crees. Pero, por el contrario, si te alimentas usualmente, la bestia permanecerá dormida. Cuando se desata la parte monstruosa de tu cuerpo y eclipsa a la humana, es mejor estar lejos, serias capaz de matar a tu mejor amigo, en contra de tu voluntad. ¡Tenemos que hacer pequeños males para evitar que vengan los graves!, muchos vampiros han luchado contra ella, la mayoría de nosotros nos volvemos locos en el intento de volver a controlar nuestro cuerpo. Y muy normalmente todos nos volveremos locos algún día dejando libre a la Bestia, de por vida, nos convertimos en monturas, dejamos de ser humanos, entonces tendrás pensamientos de Bestia, te comportarás como la Bestia, y gesticularás contra la Bestia. Yo, continuamente lucho contra ella, pero a veces suele dominarme, y mata, mata de verdad. - Las rojas lagrimas corrían por las mejillas de Crist, que cada vez sentía más pesadas sus palabras- Y no solo se desata cuando te niegas a hacer el mal o a alimentarte usualmente, también lo hace cuando te insultan, cuando te enfureces y cuando te sientes intensamente humillado.

Créeme, vivir con tal locura de por vida no es mi idea de la eternidad, Jer, cuando veas que la bestia me ronda, huye, ¡huye lejos!. ¿Sabes como me siento?, soy una persona, retengo humanidad pero noto como la Bestia me susurra: "Lucha, lucha todo lo que quieras. Tarde o temprano, - sonríe la Bestia-, serás mío.". Por eso la voluntad es muy importante para nosotros, o la controlas, o te conviertes en monstruo.
Un buen ejemplo de hundirse en las garras de la Bestia fue Jack el Destripador, un sádico Malkavian, que tuve el horrendo gusto de conocer.

- ¡Jack el Destripador era vampiro!..., ¿eso quiere decir que sigue vivo?.

- No, ahí quería llegar Jer, sabes, fue tan conocido por los humanos que la Mascarada podría haber sido desvelada, dejando al descubierto a los vampiros, la Inquisición habría vuelto a la tierra. ¿Por que crees que no lo encontraron?, lo eliminamos, había sucumbido al la voluntad de la Bestia y estaba cometiendo horribles crímenes, tales que a nosotros mismos se nos erizaban los pelos.- Crist desvió la cabeza al suelo- Yo lo maté, yo fui quien lo envió al infierno, todo es posible con una buena estaca y la luz del sol. - Alzó la cabeza y vió la sorprendida expresión de Jer - Si, soy un vampiro famoso y cojonudo,- Sonrió Crist, con lagrimas secas en sus mejillas- soy la mano derecha de Lodín, Príncipe de Chicago. Pero esa es otra historia, espero no acabar como Jack. - El silencio se cernió durante unos largos segundos, Jer rompió el silencio:

- ¿Y no hay manera de aplacar a la Bestia?, ¡seguro que tiene que haber algún modo!.

- No Jer, de aplacarla no. Pero sí existe la Golconda, es un estado que los vampiros ansiamos, tanto como los mortales el cielo. En esta especie de "letargo" Bestia y Hombre se equilibran. Lo que le quede al vampiro de humanidad se conserva, pero lo demás se ha perdido para siempre. Si se llega a la Golconda el vástago ya no necesita alimentarse periódicamente, tampoco es difícil controlar a la Bestia, si se desatara. La parte mala es que el vampiro ya no se comportará como un hombre... Ni como una Bestia.

- ¿Como se puede alcanzar la Golconda?.

- Realmente, no tengo ni idea. Muchos dicen que mediante tu sacrificio ante alguien al que amas, otros que no debes hacer mal alguno durante mucho tiempo, otros que el Inconnu te pone a prueba...

- ¿Que es el Inconnu?

- Otra secta vampírica, ¿que crees?, ¿que la Camarilla es la única?. No, el Inconnu es la secta más respetable, la totalidad de sus miembros son sabios vampiros, muchos de ellos han alcanzado la Golconda. Son pocos los que pertenecen a ella, y no son un grupo organizado, se han apartado de los asuntos de los mortales, si quieres conocer a uno, lo mejor es ir a la cabaña más apartada de la tierra. Sí, son tan sabios que hasta hablan en acertijos, nos ven como pobres vampiros que no hemos encontrado nuestra misión en la no-vida, son poderosos, y muchos han podido ver a Caín en persona.

La última y más mortal de las sectas es...- Jer notó como a Crist se le ponían los pelos de punta- El Sabbat, la secta adoradora del mal, rompen la mascarada y matan por puro placer, es nuestro gran rival, y el del Inconnu. Controlan gran parte de América y Europa, un buen ejemplo es la peligrosa Nueva York, plagada de "misteriosos asesinatos". Nunca te cruces en su camino Jer, son los chicos malos.

- Por cierto, ¿donde te metiste?, ¿nos han descubierto?. - Dijo Jer con aire de preocupación.

- Esteee...era...un gato..., nada importante, nuestro secreto esta bien guardado. Jer estoy cansado, hablaremos mañana, el sol esta a punto de aparecer.

- Es cierto, no se por que, pero tengo sueño.

- Ya empiezas a notar síntomas vampíricos Jer. - Y susurró: - Y pronto conocerás el Hambre y con el a la Bestia, si se tercia. Me arrepiento de haberte llevado a esta horrible vida, realmente me arrepiento. Una última cosa, - dijo Crist preocupado- ¿recuerdas algo del Abrazo?.

- No, no se por que pero no. - Dijo levantando los hombros.

- Pronto lo recordarás. Y no quiero que te alteres cuando eso ocurra.

- Crist, - dijo Jer bostezando- ¿se supone que debo dormir en un ataúd?.

- ¡Estos chiquillos!, tienes tantas cosas que aprender. Déjate de jilipolladas y acuéstate en la cama como todo el mundo, yo cerraré las ventanas.

- Ups. - Jer notó como si Crist se hubiera quitado un peso de encima, lo notaba más alegre.

- Deja esta foto junto con las demás. No vuelvas a hurgar en ellas. - Decía Crist mientras entregaba la foto que había tenido agarrada durante toda la conversación.
Jer miró la foto por última vez, esa figura... La silueta, algo en lo que no se había fijado detenidamente, presentaba pelo, era muy peludo. Otra cosa se había pasado por alto, algo blanco brillaba a la altura de la cara, eran dientes, no colmillos, sino dientes de un depredador... Entonces lo vió, una luz en la esquina superior de la foto, la luz de la luna, y estaba llena. Jer desvió la mirada hacia Crist, y este, al ver su semblante, respondió:

- No somos las únicas criaturas de la noche Jer. Hay otras, pero te lo contaré todo a su tiempo, patientia Jeremy, patientia.

 

El Vínculo

Los rayos de la luna ya traspasaban las ventanas de la pequeña habitación, Crist andaba de un lado a otro de la habitación. Rápidamente se dirigió a la cama donde se encontraba Jer, dormía profundamente, incluso le dio lástima despertarlo.

- Jer, Jer despierta, ya ha anochecido. - Dijo Crist agitando suavemente a Jer.

Jer abrió los ojos, por fin había salido de una desagradable pesadilla, en la que se había convertido en un vampiro. Suspiró en un gesto de alivio, pero saliendo más de su amodorramiento se enteró de la auténtica realidad, notó un blando colchón bajo su cuerpo y no los duros cartones en los que solía dormir, tampoco vió los vespertinos rayos del sol, sino los de la noche, y la prueba más importante, Crist no había sido un sueño, se encontraba ante él, con una ligera sonrisa en los labios.

- Buenos di... Buenas noches Crist. - Dijo Jer con una voz ronca.

- Vamos, levanta Jer, aún tengo unas cuantas cosas por contarte, seré breve.

- ¿Tan pronto y ya vas a enseñarme cosas?.

- Sí, es que hay cosas más importantes de las que te he contado, ayer se me pasaron por alto.

Jer, sin levantarse de la cama y apoyando el codo clavó su vista en Crist, atento a lo que le dijera. Crist se arrodilló en la cama y comenzó:

- Jer, en el cine y en las novelas se han dicho mucha cosas de los vampiros que no son ciertas. En parte se debe a que los mortales se olvidaron de que existíamos y han ido cambiándolo todo sobre nosotros, y en muchas ocasiones a su favor. Los cineastas, sedientos de dinero, han puesto al vampiro en una situación únicamente maligna, en las películas se pueden ver estupendos efectos especiales, pero que nada tienen que ver con la realidad, un buen ejemplo es que a los vampiros del celuloide, si se les clava una estaca, saltan en pedazos, o mueren súbitamente. Los cineastas también han utilizado el espejo, en el que según ellos no podemos reflejarnos. Las novelas también han inventado una amplia lista de patrañadas, en ellas salimos como fervientes amantes, auténticos románticos, siento decirte que no es así. La religión también ha influido mucho, esto se remonta a la edad media, las tradiciones populares decían que si tenías una buena cruz a mano o una ristra de ajos era suficiente para pararnos. Los vampiros somos bastante diferentes de los que los mortales creen.

- Crist, ¿quiere decir que todo lo que se sobre vampiros es falso?.

- En gran parte, te contaré la verdadera historia.

El funcionamiento y comportamiento de nuestro cuerpo es totalmente científico, y no supersticioso, incluso nos hemos catalogado como Homo Vampiricus. El primer ejemplo es el de la estaca, si se nos atraviesa el corazón con una estaca de madera no morimos, ni tampoco explotamos, simplemente se nos inmoviliza, y no se el porqué, científicamente no tiene sentido. En las películas, el vampiro, al ser expuesto a la luz del sol, se hace polvo. Desgraciadamente esto es verdad, al parecer nuestro cuerpo adquiere una gran sensibilidad ante el sol, y los primeros rayos bastan para matarnos. La Iglesia, por otro lado, ha sido el primer refugio para los mortales que se enfrentan a cosas que están más allá de su comprensión. Por eso es usual ver a vampiros aterrorizados ante las cruces o el agua bendita, en las películas claro. Pero no es así, las cruces no nos hacen el menor daño, incluso conozco a un par de vampiros dedicados al sacerdocio, el agua bendita tiene los mismos resultados ante nosotros, y sin hablar del ajo, no podemos comerlo, ese es nuestro único problema, aunque tampoco podemos comer otras cosas. Otras tonterías que han inventado los cineastas ha sido la patrañada de que no podemos reflejarnos ante el espejo, porque según ellos "los vampiros están muertos", en parte así es, pero ¿por que no reflejarnos?, seguimos teniendo cuerpo, ¿no es así?. Dicen exactamente lo mismo de salir en videos y fotografías, es otra tontería, conozco a un vampiro que es un excelente extra.

También se ha inventado que el vampiro puede cambiar a otras formas... No te lo creas, aunque he oído algo sobre que los antiguos pueden hacerlo, e incluso algunos vástagos del clan Gangrel, ¿quien sabe?, las Disciplinas son tan siniestras....

- Crist, ¿Y yo que Disciplinas tengo?.

- Eso no lo se Jer, has de descubrirlo tu solo, sin ayuda de nadie, saldrán... Como por arte de magia. ¿Por donde iba?.

Te hablaré de nuestra anatomía, como he dicho antes nos hemos catalogado como los Homo Vampíricus. Nuestro cuerpo sufre cambios, aunque no lo notes, puesto que los cambios en su mayoría son internos. Nuestros colmillos sólo salen a relucir en el momento de la caza, el resto del tiempo permanecen contraídos en sus alvéolos, aguantados por un tejido flexible en la base. Para alimentarse sólo necesitas morder y retirar los dientes de la herida, si lames la herida después de la alimentación conseguirás que se cure rápidamente y no quede rastro alguno. Por otro lado, las apetitosas comidas de los mortales ya no nos sirven para nada, no atraen nuestra atención, nuestra única obsesión es la sangre. Los órganos digestivos se atrofian, así como el corazón, porque la sangre podemos dirigirla a voluntad por el cuerpo, el cual se convierte en una especie de esponja gigante, por ello no entiendo el porqué de la estaca en el corazón. Tampoco respiramos como has podido comprobar, el oxígeno necesario para nuestra media-vida te la proporciona únicamente la sangre de las víctimas. Te podrías convertir en un perfecto buceador. Nuestra muerte es muy rápida, en caso de que muriésemos, el tiempo parece reclamar nuestro cuerpo, lo único que queda de nosotros es un montón de polvo. Por eso el estudio de nuestro cuerpo es algo complicado.

Un punto importante de nuestra conversación es la que sigue: Como vampiro, lo único que te pide el cuerpo es sangre, cuando la tomas es una sensación muy profunda, intensa... Cálida. Por eso recuerda, jamás te enamores, ya no sentirás el impulso de hacer el amor, puesto que beber sangre es una sensación tan intensa que esta es tu única obsesión. Si alguna vez te enamoraras, lo que querrás será beber de su sangre, así que por lo menos enamórate de otro vampiro si no quieres matar a un mortal amado. Créeme, lo se por experiencia, la Bestia es muy poderosa. - Crist parecía culparse a sí mismo.-

Otro punto muy, muy, muy importante es el siguiente: Nunca bebas la sangre de otro vampiro más de dos veces si no, será tu perdición al crearse un Vínculo de Sangre.

- ¿Que es eso?.- Dijo Jer arqueando una ceja, parecía no estar realmente interesado en la respuesta.

- Mejor que no lo sepas, recuerda, bajo ninguna circunstancia bebas más de dos veces, ni siquiera lo hagas si te enamoraras de otro vampiro, evítalo. El Vinculo es tan poderoso como la Bestia, incluso más.

- Así lo haré, Crist.

- Buen chico.- Contestó Crist dando una palmada en la espalda de Jer.

- Crist, algo me corroe la mente. ¿Que pasa con el SIDA?

- ¿El SIDA?, eres un vampiro, Jer, no un hombre. Tienes tus propias enfermedades. No nos afecta lo más mínimo.

 

El Hambre

Jer se vistió, el sueño aún le pesaba mientras se embutía en los pantalones. Se preguntaba:- "¿que efectos tendrá ese renombrado Vinculo de Sangre?, seguramente no sea nada del otro mundo, a veces creo que Crist exagera". Jer observaba los rápidos movimientos de Crist a través de la habitación, iba a salir del apartamento, Crist parecía nervioso. Jer pensó mirando a Crist:- "Parece increíble creer que los vampiros cambien totalmente la historia del hombre, ¡Jack el destripador un vampiro!, increíble, y me encuentro frente a su perdición, Crist, eres más poderoso de lo que tú mismo crees". Crist vió como Jer lo observaba mientras se ponía la chaqueta y las llaves, en la cara de Jer se dibujaba una misteriosa sonrisa. Jer seguía en sus deambulaciones:- "Por otro lado, la foto de ayer... Esa luna llena, ¿no sería aquel extraño individuo un...".

- Jer, debo marcharme, y creo que tú también, debes realizar tu primera caza, es algo en lo que no debo interponerme".

- ¿A donde demonios vas?. - Dijo sin sorpresa alguna.

- Tengo algunas cuentas pendientes con un viejo amigo, alguien a quien conocerás pronto. - Una sonrisa afloró de los labios de Crist.

- ¿De quien se trata?.

- Pronto lo sabrás, pero todo a su tiempo. Vamos, tu también tienes cosas que hacer.

Sin decir ni una sola palabra más Crist abandonó la estancia, no dijo adiós, Jer tampoco. Crist había dicho "debes realizar tu primera caza", Jer no había contado con ello. "Si no bebo, - pensó- la bestia se apoderará de mi. Es horrible, ¿como podré alimentarme de alguien?, es espantoso, - un escalofrío recorrió la columna vertebral de Jer- , con renovadas fuerzas Jer se dijo:- "Monstruos somos para en monstruos no convertirnos”, no tengo más remedio, he de cazar si quiero seguir reteniendo mi humanidad.

Jer abandono la estancia a paso rápido, fundiéndose con la insondable noche, se dirigió hacia los barrios bajos, donde antes durmiera y escudriñara la basura.

"Paso número uno: morder, paso número dos: chupar, paso número tres: sanar la herida con el paso de la lengua... Paso número cuatro: Arrepentirme". Jer pensaba una y otra vez en estas palabras, pero en su fuego interno, notaba, paso a paso, como un instinto cazador le envolvía el alma. La sola mención de la sangre le atraía cada vez más, lo ataba en una atracción intensa, como si se fundiera con ella. No podía evitarlo, la sola idea le aterrorizaba, pero el sentimiento fue cambiando por otro, la sangre le atraía, le embelesaba, y la conseguiría a cualquier precio, a cualquiera. Doblaba recodos de calles desérticas, de su miraba emanaban fuertes destellos, una furia incontenible. ¿Lo estaría dominando la bestia?, no lo sabía, pero lo descubriría pronto, la sangre le llamaba.

De su boca afloraron largos colmillos, que brillaron a la luz de las farolas. Nadie a la vista, suerte para ellos, porque Jer iba a por todas, lloraba interiormente, pero se regocijaba exteriormente. En su mente se cruzaron imágenes de roja sangre, brotando y brotando, hasta sus carnosos labios. En un recóndito lugar de su mente afloraba un sexto sentido, fue como si se fundiera con su esencia, como si se tratara de la vista o el olfato, las mágicas disciplinas habían nacido.

Oyó toses, y giró bruscamente el cuello, la mirada perdida en la lejanía. Vislumbró a un hombre decrépito, arrimado a un cubo de basura, con una indiscutible botella de whisky entre sus arrugados dedos. Estaba descuidado, pero era una suculenta víctima. "Ahí esta, la primera de muchas otras" dijo Jer con una ira contenida, al no poder controlar sus acciones. Su cuerpo no le respondía, tenía vida propia, pensaba. Jer gemía para sus adentros, iba a matar, pensar en ello solo le impulsaba más profundamente a tal tentación.

A paso rápido se dirigió hasta el aturdido vagabundo, una chispa saltó en su cerebro, la disciplina elegida surgió efecto. En su rápido avance hacia la despistada víctima se fue fundiendo con el viento, con el ambiente, con el suelo. Los rayos de la noche traspasaron su cuerpo, Jer se había vuelto invisible. "Es algo que has de descubrir solo" Jer recordaba las palabras de su sire. Aún así, bajo esa mascara de hambre insaciable, Jer aún podía controlarse, aunque de un modo muy efímero, pequeños movimientos, que pronto volvían al cauce de los movimientos del hambre. Jer descubrió que Hambre y Bestia eran diferentes, aunque ambas te controlan con diferentes fines, la alimentación, y la monstruosidad. Su esencia se fundió en el aire, lo único que quedó de Jer fueron el repiqueteo de sus pisadas.

Se postró ante el vagabundo, el cual no se había percatado de su presencia. Jer luchó por el control, mas el Hambre alzó por el cuello a la presa, que ya en vilo, se vió lanzada violentamente contra los cubos de basura. Jer no entendía de donde habían salido tales dotes de fuerza, dudaba si entre la ira, o por el contrario otro de los enigmas vampíricos. Jer se alertó porque el impacto del duro cuerpo contra los cubos armó un gran escándalo. La bestia esperó unos segundos antes de continuar, por si había alarmado a otros mortales, pero nada pasó. La presa se llevaba las manos a la cabeza y gemía mirando desesperadamente a todas partes en busca de su agresor. Jer, sin darle tiempo a responder lo alzó de nuevo, el hambre estaba dispuesta a dejarlo inconsciente para así saciar su sed con mayor tranquilidad. Jer intentó controlarse de nuevo, los intentos fueron inútiles.

La víctima se vió despedida por una fuerza invisible hacia la pared sin dar siquiera un tiempo para reaccionar. Sus pensamientos se tornaron negros, y un intenso dolor le recorría la cabeza, no recordó mas. La presa había quedado inconsciente, lista para la alimentación.

Jer notaba como el Hambre sonreía por su victoria, Jer tenía que hacer algo, intentó controlarse. Dos largos colmillos se dirigían a gran velocidad hacia el cuello del mortal, un movimiento entre los cubos y un pequeño chirrido fueron suficientes para que Jer, controlara, en parte al Hambre. Desvió sus largos colmillos lejos del cuello de la víctima, y fueron a parar a la carne de otra. Jer vió victorioso como el hambre había conseguido su propósito, alimentarse. Pero también vio que no había matado a un hombre, sino a una rata, de la que el Hambre succionaba desesperadamente su sangre.

Jer consiguió poco a poco volver al control de su cuerpo, había sangre entre la comisura de sus labios, y un hombre inconsciente se postraba a sus pies. "He aplacado al Hambre, pero noto que si no desaparezco rápido de aquí, reclamará con más viveza lo que es suyo, sangre humana" pensó mientras emprendía una rauda carrera sin destino seguro. Ante él se abría un amasijo de calles y recovecos, había perdido la noción del lugar en el que se encontraba. Se miró al cuerpo y pudo comprobar que la magia de la disciplina se había evaporado. Se arrinconó en una lóbrega esquina, estaba en un lugar sin salida. Se postró ante el sucio suelo, se cubrió la cara con las manos, y comenzó a llorar, realmente tenía miedo. Por vez primera comprendió lo que Crist le había dicho sobre la vida de vampiro, la eterna lucha por el control.

Vigorosos aplausos exaltaron a Jer. Ante él, y sin haberse percatado de su presencia se encontraba un extraño personaje.

 

El Malkavian

Tenía el pelo largo, rubio. Su mirada parecía contener una chispa de humor y burla. Una gran cruz colgaba de su cuello, de la cual destellaban rojos diamantes. Su sonrisa era lo mas llamativo, parecía exagerarla, y recordaba a cualquier payaso de circo. Pero había algo en ese personaje que Jer no captaba.

- Bravo muchachito, ha sido una espléndida actuación. - Dijo con tono irónico- Oye muchachito, eres nuevo en el cotarro ¿verdad?.

Jer, todavía turbado por la extraña aparición de aquel hombre, se limpió con la manga de la camisa la sangre derramada por las lágrimas. Acto seguido respondió con timidez: - Si. ¿Que quieres de mi?.

- Nada muchachito, - respondió con esa exagerada sonrisa- solo decirte como ser una buena sanguijuela, lo hago por tu bien. - Decía irónicamente.

- ¿Quien eres?. - Preguntó Jer bajando la cabeza.

- Soy Earl Rogers, bueno... Así me llaman muchachito. ¿Quieres que te de un consejo?, prueba la sangre humana, es mejor que la de las ratas, créeme. - Dijo picando un ojo.- Y si es de vampiro es mucho mejor.

- No puedo hacerlo, no puedo alimentarme de humanos.

- ¡Sí que puedes!, - respondió exaltado Earl- piensa por un momento en la sangre, fluyendo y fluyendo de un blando cuello. - Earl movía las manos para dar mas énfasis en sus palabras.

A Jer se le hizo la boca agua, en contra de su voluntad, la idea le gustaba. Earl se percató de su debilidad.

- ¿Que te aflige muchachito?, creo que lo que te pasa no es solo por la estúpida cacería que presencié, estas preocupado por algo. Al tío Earl puedes contárselo, ¿no?. - Sonreía de nuevo.

Jer recordó el peligro que corría contando a los desconocidos el problema de Crist con Lodín. Pero decidió romper la regla. Earl parecía un hombre amistoso, aunque no lo conociera bien.

- Como bien sabes soy un vampiro muy joven. - A Earl se le abrieron los ojos de par en par, no quería perderse ni un detalle- Mi sire es un vampiro bastante antiguo, incluso es la mano derecha de Lodín. Pero se ha saltado una tradición.

- ¡Cual!, adelante, dila muchachito. - Earl se impacientaba por oír la respuesta.

- La de la Progenie, se supone que debería haber pedido permiso a Lodín antes de convertirme a esta vida. El castigo, según se, es la muerte, tanto la suya como la mía.

- ¡Oh!, pues si que estáis en problemas. - Earl tornó su sonrisa a una mueca de tristeza, un poco fingida.- ¿Como has dicho que se llama tu sire?.

- Cristopher Levine.

A Earl se le abrieron los ojos, una ligera seriedad surgió de sus labios, parecía impresionado.

- ¿Lo conoces?. - Preguntó Jer dubitativo.

- Si, somos viejos amigos muchachito, muy viejos. - Jer creyó ver una negra chispa en la mirada de Earl, mas no le dió importancia.- ¡Como no caí antes!, ¡debía de ser él!. Es la mano derecha de Lodín, claro, creo que mató al Destripador de Londres. ¿No es así?.

- Así es, - Jer se sintió orgulloso de su sire-. Por cierto, me llamo Jeremy, pero me llaman Jer. - Sonrió y le tendió a Earl la mano.

- Me gusta tu nombre muchachito. - Earl estrechó fuertemente su mano, no sin esa exagerada sonrisa.

- Earl, - preguntó Jer mas serio- ¿De que clan eres?. - Malkavian, muchachito, Malkavian.

 

El Vinculo II

Jer no podía entender porque Crist había hablado tan mal de los Malkavian, se veía algo de locura en sus ojos, pero no parecía seria. De todos modos Jer seguía sin confiar mucho en Earl, lo miraba fijamente, de arriba abajo.

- Lo se, el Abrazo nos duele mas que a cualquier otro vampiro muchachito, e irremediablemente nos volvemos algo majaras, si no lo éramos antes por supuesto.

- Yo no recuerdo mi abrazo, pero tengo la sensación de que no fue algo agradable.

- No lo es muchachito, créeme. Lo peor será cuando comiences a recordar. Es horrible, pero quema dulcemente. Es igual que cuando sorbes a alguien la sangre. Cálido y delicioso.

- ¡No pienso cazar hombres!.

- ¿Que crees?, ¿que te alimentarás de ratas durante el resto de tu existencia?, estas muy equivocado muchachito, el hambre se cansará de tal dieta, exigirá sangre humana. Al principio no es agradable, pero luego aprendes a saborear el exquisito manjar.

- ¡No lo haré!, ¡no mataré jamas!.

- Eso mismo dije yo. - Earl sonreía de forma que incomodaba a Jer- Al menos, ya que no quieres la humana, te ofrezco un poco de mi sangre, es aún más sabrosa. Haremos un pequeño brindis, ¿te parece, muchahito?.

- Crist me dijo que no bebiera la sangre de otro vampiro, o podría suceder algo malo. - Jer tendía sobre Earl ojos vigilantes. Este cambió su despreocupada faz por una expresión irritada.

- ¡Crist es un maldito bastardo!, - gritó Earl alterando a Jer- ¿sabes por que te dijo eso muchachito?, ¿lo sabes?. ¡Porque da poder!, te hace mas poderoso, ¡incluso mas que Crist!. Mi sangre agudizará tus sentidos, hará que Crist se arrodille ante tu presencia, ¡por eso no quiere que tomes sangre de otros!, ¿acaso te ha dicho el porque no debes tomarla?. ¡Contesta!.

- N-no, no lo dijo... c-creí que erais amigos. - Titubeaba Jer nervioso por la actuación de Earl.

- Claro que lo somos muchachito. - Earl, soltando una falsa sonrisa pasó una mano por el pelo de Jer- Perdona muchachito, somos amigos, ¿verdad?. Claro que lo somos, conmigo tu secreto esta seguro, nadie sabrá lo de Crist, los amigos no van contando secretos por ahí, ¿no?.

Las palabras de Earl parecieron tranquilizar a Jer.

- S-si, supongo que somos amigos. - Dijo Jer mas calmo.

- Claro que sí muchachito. Ahora, brindemos por nuestra amistad. Créeme no te hará daño, te dará poder.

Earl se llevó la mano a un bolsillo, de él sacó una pequeña navaja. Sus ojos eran vidriosos, y mostraba su incomoda sonrisa. Con un rápido movimiento abrió una brecha en su carne. De la herida manó la roja tentación. Jer luchó por controlarse, pero poco después se dejó llevar por el instinto, convencido por las palabras de Earl. Jer hundía los colmillos en la muñeca de Earl, el cual murmuró sin que Jer se percatara:

- Dos mas, y el vinculo se cerrará. Así me gusta muchachito, así me gusta. - y subiendo la voz dijo:- Y recuerda Jer, no quiero que hables de mi encuentro con nadie, ni siquiera con Crist.

- Pero... ¿Por que?, no se supone que Crist es tu amigo?. - Añadió extrañado.

- Muchachito, Crist es un viejo amigo, no un amigo. Prefiero que me recuerde como me conoció. Ya sabes, no se lo digas a nadie, ni a tu propio sire, y menos que te he dado de mi sangre, te da poder y por eso Crist te mataría al ver que eres más poderoso que él.

 

El Cónclave

- Entonces... ¿A parte de tu encuentro con la rata no pasó nada mas en tu cacería?.

- N-no. - Se podía observar una expresión dubitativa en la faz de Jer.

- ¿Estas totalmente seguro?, ¿no habrás puesto en peligro la Mascarada?.

- No Crist, todo ha ido de perlas. - Respondió mas seguro de sus palabras.

- Esta bien, confío en ti Jer. Aunque... No me explico por qué no tienes síntomas del Hambre, creo que una rata no da para mucho.

- Bueno... ¡Soy joven!, nos alimentamos menos. - Exclamó sonriente.

- No se... no se...

Las reflexiones de Crist se vieron interrumpidas, el timbre del apartamento sonaba repetidas veces, como si alguien tuviera prisa.

- ¿Esperas a alguien?.- Preguntó Jer arqueando las cejas.

- No. Yo abriré, escóndete, suceda lo que suceda no salgas.- La expresión de Crist denotaba frustración.

El timbre no se detenía, incluso parecía insistir. Se dirigió hacia la puerta a paso rápido sin ni siquiera fijarse si Jer había acatado sus ordenes. Abrió la puerta:
- ¿Usted responde al nombre de Cristopher Levine?. - Interrogó seriamente una persona con porte elegante, de chaqueta y pantalones negros, llevaba gafas oscuras. Crist no salía de su asombro:

- ¡Camarada!, ¿que te ha traído por aquí?. - Dijo sonriente y alzando los brazos para dar un caluroso abrazo.

Mas sorpresa recibió Crist cuando se vió empujado bruscamente por su antiguo amigo. Crist fue a aterrizar bruscamente al suelo de espaldas, lo cual le causó un intenso dolor en la cabeza.

- No Crist, en estos momentos no somos amigos. Soy un Arconte, y como tal debo actuar de manera neutral, esto no me gusta, pero así debe ser. No es nada personal, solo hago mi trabajo.

En ese momento entró en la estancia otro personaje de traje y gafas similares al primero, que había permanecido escondido todo ese tiempo. Aferró a Crist por los cabellos y lo levantó.

- En nombre del Justicar, y acatando sus órdenes como Arconte, quedas detenido por cargos de desacato a las tradiciones. A partir de este momento no tienes derechos. - Dijo el primer Arconte con profundo dolor.- Lo siento, Crist.

El segundo Arconte le retorció el brazo sin piedad y se lo llevó a la espalda, Crist emitió un grito de dolor.

- Sal de tu escondite Jer, contra ellos no hay nada que hacer.- Dijo Crist desesperanzado.

Hacía tiempo que traspasaban túneles de las fétidas alcantarillas, Crist y Jer llevaban pañuelos negros que les vendaban los ojos, y habían perdido toda noción de lugar y tiempo, doblaban y volvían a doblar esquinas, a izquierda y derecha, sin parar. Los Arcontes agarraban fuertemente el brazo de Crist, que lo guiaba a través de los malolientes pasajes. Jer recibía un peor trato, sin piedad, unas gruesas cuerdas atadas a sus doloridas muñecas le arrancaban la piel. Era conducido por bruscos empujones, mas de una vez se dio de narices contra la húmeda pared, a lo que una voz respondía con sonoras risotadas.

"Esa Brujah nos ha traicionado- pensó frustrado Crist-, 'Confía en mí' dijo, ¡parecía tan real!, lógico, los Brujah saben mentir muy bien. 'Volveremos a vernos', con razón ella sonreía, si, volveremos a vernos, pero en el infierno. Mi gran fallo: Confiar en otros vampiros, el vampiro es el único ser que tropieza tres veces en la misma piedra. Condenados a muerte, por confiar en Dana".

La mano le aferraba a Crist del brazo fuertemente y tiraba insistentemente hacia delante, a lo que Crist respondía forcejeando sin mucho afán. Crist no podía ver a Jer, pero de vez en cuando oía un golpe seco, un grito procedente de la garganta de Jer, y las carcajadas de algún verdugo. Estaba realmente preocupado, cuanto más pensaba en él, más odiaba a Dana. Crist ya no tenía lagrimas con que llorar, se le habían agotado tragedia tras tragedia a lo largo de los siglos. En su lugar mantenía la cabeza alta, impetuosa, la faz inexpresiva.

La humedad que se desprendía de los muros desapareció, fue sustituido por un murmullo de voces impacientes, habían llegado al núcleo del Cónclave, el juicio final.

 

Un Viejo Arconte

El gran salón bajo tierra estaba iluminado por tenues velas soportadas por una antigua lámpara en la zona mas alta de la abovedada estancia. Las voces de los presentes se mezclaban formando un fuerte murmullo, que resonaba y resonaba de un lado a otro. El Elíseo había sido creado antaño, con la llegada de los primeros vampiros a la ciudad de Chicago. Jer y Crist se elevaban sobre las cabezas de los numerosos vástagos que cubrían como una gran alfombra todo el Elíseo. Crist no se explicaba como la noticia había corrido tan rápidamente para tal abarrotante numero de vástagos. Crist y Jer habían sido alzados sobre una plataforma de piedra, la tribuna de los acusados, de los condenados a muerte. Jer mantenía la cabeza gacha, y los ojos muy abiertos, mirando a un punto fijo, volcado en sus pensamientos. Parecía haber sufrido un fuerte shock. Una recia cuerda sujetaba fuertemente sus manos, cosa que a Crist no habían hecho.

Crist, por su parte, mantenía la cabeza alta, y parecía tener la conciencia tranquila, dispuesto a aceptar el futuro veredicto de Lodín y el Justicar. ¿Quien sería el Justicar?, se preguntaba, un poder más importante que el mismísimo Príncipe iba a condenarlo a muerte, avergonzándolo ante Lodín y el resto de los vástagos. Su cara era inexpresiva, y apretaba los dientes fuertemente para contener la creciente rabia. Si pudiera respirar, lo habría hecho profundamente. Miró a Jer a la cara, sus ojos se tornaron de espanto, de la nariz de Jer manaba sangre a borbotones, parecía mal herido, el labio inferior estallado. "¡Cobardes!", gritó para sus adentros, "¡solo porque es un chiquillo lo tratáis como a un perro apaleado!". Apretó mas fuertemente los dientes, parecía inminente que la Bestia haría aparición en escena, Crist hacía lo posible por contenerla. Observaba ensimismado como la multitud se relamía a la vista de la sangre de Jer. Crist no tardó en adivinar el futuro de Jer: "Lo echarán al populacho, como carne cruda para los hambrientos perros".

Los vástagos aclamaron afanosos palabras de júbilo, alguien había entrado en escena. Jer no se inmutó, seguía quieto, indiferente a todo. Crist viró la cabeza hacia un lateral, ahí estaba, la imponente figura de Lodín, Príncipe de Chicago. Lodín parecía ignorar a Crist, observaba a la multitud de vástagos desde su alzada tribuna, tres corpulentos guardaespaldas cubrían la retaguardia, atentos. Alzó la mano derecha en señal de silencio, todos los vampiros presentes callaron al unísono. El Justicar había entrado en escena, se postró junto a Lodín. Miraba a Crist fijamente, mientras apoyaba una mano sobre el hombro de Lodín, que parecía resignarse a mirar. De la inexpresiva cara de Crist surgió la sorpresa, no era el Justicar que esperaba. Crist hincó la rodilla en el suelo en señal de respeto, bajó la cabeza. Lo mismo hizo la multitud. El único que permanecía alzado era Jer que no parecía saber lo que pasaba a su alrededor.

- Crist, levántate, quiero verte bien a la cara. - Dijo Xavier.

Crist respondió a las palabras del Justicar, y se enderezó lentamente.
- Mucho tiempo ha pasado desde la ultima vez que te vi. ¿Qué te ha pasado?, te veo demacrado, desgastado, viejo. No tienes esa mirada infantil de aquellos años.- Xavier miró a Crist a los ojos, este lo evitó, desviando la mirada hacia el suelo-. Ya no eres el Chiquillo al que conocía, en su lugar veo a un respetable antiguo, y la mano derecha de Lodín. - Lodín pareció incomodarse ante las palabras de Xavier, que seguía resignándose a mirar a Crist, parecía entristecido. No le gustaba ver a Crist en la tribuna de los acusados, de los acusados a muerte. Xavier desvió la vista hacia Jer - Veo que ya tienes a tu propio Chiquillo, tranquilo, los torturadores de tu progenie han sido escarmentados, no se merecía ese trato.

Crist distinguió a Dana entre el público asistente, incluso ahora mantenía una expresión de preocupación, miraba fijamente a Crist, lo que hacía que se enfureciera. Incluso en tal situación se hacía la inocente, pensaba. Esa cara de inocencia... Crist no pudo soportarlo más, prefería mirar a Xavier a los ojos.

- Tu sire se sentiría orgulloso si viera en lo que te has convertido. Pero la culpa de su muerte siempre pesará sobre tus hombros, era todo un vampiro, dio la vida por salvarte Crist. ¿Lo recuerdas?, Jack iba a por ti, pero tu sire se interpuso, y la muerte se lo llevó.

- ¡No!. - gritó Crist- ¡N-no fue culpa mía!. Jack lo asalto...

- ¿Y tu no estabas con él para ayudarlo? - Xavier vio como Crist bajaba la cabeza, parecía destrozado-. Esta bien, no estamos aquí por eso, son restos del pasado, y ya fueron juzgados en su día. Pero recuerda, se sacrificó por ti Crist, nunca lo olvides. Jamás había oído volver a hablar de ti hasta hace un par de siglos, en los que te habías convertido en un respetable vampiro. - El tono de Xavier era en todo momento pacificador, desde el principio de la conversación, y en sus palabras había sabiduría. - Me alegro, me alegro mucho por ti, cuando me enteré del problema en el que te habías metido me puse rápidamente en contacto con Lodín, y me ofrecí para juzgarte. Lodín está destrozado- dijo mientras veía como Lodín daba la espalda y se marchaba lentamente.- Cuando se enteró no podía creerlo, no quiere que mueras Crist. Pero ahora soy yo quien tiene la última palabra, y no me arrepiento de haberme trasladado desde Nueva Orleans hasta aquí para hacerte esta pregunta: Crist, ¿Te declaras culpable de los cargos que se te imputan?.

- Sí. - Dijo Crist sin pensarlo dos veces, no parecía tener miedo al veredicto final, tenía la cabeza bien alta. Ante la respuesta unos murmullos se prolongaron en toda la sala, que fueron alzando el volumen. Jer, que desde su incomprensible estado había permanecido igual todo el tiempo, empezó a convulsionarse y cayó de bruces al suelo, se había desmayado, y un reguero de sangre comenzó a empapar el suelo. Crist vió este horrible espectáculo y fue en su ayuda, olvidándose de todo lo demás, para él solo había un objetivo, ayudar a Jer. Unas recias manos golpearon la nariz de Crist, frenándolo bruscamente e impidiendo que Jer fuera atendido. Un Arconte devolvió a Crist a su posición original. En todo este tiempo Xavier parecía tranquilo, pacifico, como si nada hubiera pasado. Crist no pudo contenerse, la bestia subió a la superficie y se apoderó de Crist brutalmente. Con un rápido giro de Crist el Arconte que lo sujetaba cayó al suelo. A la bestia le babeaba la boca, y la sangre que manaba de su nariz salió disparada por los aires con su rápido movimiento. Gruño con fuerza, y maldijo gritando a todos los vampiros presentes, insultó a Caín, a Xavier, a Lodín... y a todo ser que cruzó por su mente. Dos brillantes colmillos centellearon en la boca de Crist, y fueron a clavarse en la yugular de su agresor. El Arconte intentó liberarse del inesperado ataque de Crist y pidió auxilio desesperado. De los dedos de Crist surgieron largas garras, obra de otra de las disciplinas del Clan, y fueron a clavarse al estomago de su agresor, desgarraron su piel. Pronto el desgraciado Arconte dejó de gritar, había muerto. La bestia estaba satisfecha.

Mil brazos agarraron a Crist, por el cuello, por el pecho, por las piernas, y por los brazos. Dejándolo inmovilizado, y así se mantuvieron, agarrando a Crist durante un rato, éste intentaba zafarse pero nada pudo hacer. Las maldiciones, gritos, e insultos que invocaba empezaron a bajar de volumen, y pronto amainaron. La rabia había desaparecido, la Bestia había huido. Volvía a ser Crist. Súbitamente las manos que lo apresaban lo soltaron y dejaron que se pudiera en pie, listo para escuchar el veredicto de Xavier, sin importarles lo que había acontecido hace unos segundos.

- Comprendo que la Bestia te dominara, Crist. Es demasiada presión para ti. Por otro lado tu chiquillo debería aprender a curarse por sí mismo, sin ayuda de su sire, así que ahí se quedara, sin ningún tipo de atención. Por lo menos hasta que acabe el Cónclave. Retirad el cuerpo de nuestro camarada - dijo dirigiéndose hacia un grupo de Arcontes, los cuales rápidamente quitaron el cuerpo del vampiro muerto-. Deberías cuidar de tus colmillos y garras Crist, tu bien sabes que eso si mata a un vampiro, aunque no te culpo.

Ahora escucha con atención mi veredicto Crist. - en todo ese tiempo hubo un gran murmullo en la sala, que ante las palabras de Xavier callaron al unísono, todos estaban expectantes- Te declaro culpable de todos los cargos... - Grandes gritos de sorpresa inundaron el salón, Crist tenía la cabeza gacha, no quería ver ni la expresión de Dana- Pero no serás condenado a muerte ni tampoco lo será tu chiquillo. - todos volvieron a callar, Crist levantó sorprendido su rostro y sus ojos se abrieron para observar mejor a Xavier- En su lugar te impongo la pena de ...

Xavier vio como la gran alfombra de vástagos que se extendía a sus pies se escindió en dos partes, al parecer alguien se dirigía a paso lento y majestuoso entre la plebe, que le abría paso a medida que avanzaba. Xavier no podía ver el rostro del individuo, pues era ocultado por la hilera de gente. El personaje fue acercándose poco a poco hacia la tribuna de los acusados. Incluso Crist giró la cabeza para observar mejor la causa de tal interrupción. Xavier pudo observar como un hombre, vestido a la andanza de un Ventrue, con su traje de chaqueta, se detenía ante las carcomidas escalinatas. El hombre hizo ademán de colocarse mejor las gafas, con un gesto un poco torpe que desentonaba un poco de su anterior solemnidad. Crist, nada más ver el rostro del individuo, quedó perplejo, incluso estuvo a punto de perder el equilibrio y caer inconsciente.

- "¡Que cojones está haciendo aquí!, ¡se ha vuelto loco!, - pensaba exaltado Crist- ¡esto es un cubil de vampiros!. Si lo reconocen, si descubren que es un Garou... ¡lo descuartizarán!, no quedará de él ni los huesos. ¡Oh Jule!, espero que sepas lo que haces. ¡Que tu Gaia te de suerte!, la vas a necesitar para salir vivo de aquí."

Xavier no sabía quién era ese vampiro, jamás lo había visto, lo único que sabía es que su interrupción le costaría caro. Antes de que pudiera abrir la boca para esbozar su enfado vio como el indiferente individuo, tras tomar un breve descanso al pié de las escalinatas, carraspeó un poco su garganta, se soltó un poco la corbata, y comenzó a ascender tranquilamente como si de un camino de rosas se tratara. Nadie hizo nada por detenerlo, y Xavier no reaccionaba, simplemente miraba boquiabierto las acciones del vástago. Un gran silencio surcó el Elíseo, ni siquiera la corriente de las alcantarillas susurraba. Cuando el enchaquetado personaje llegó al final de su camino miró a Crist de soslayo, que se encontraba a solo unos metros de él. Y pareció no reconocerlo, no volvió a mirarlo más, como si Crist no estuviera allí. Tornó la vista compasivo hacia el inconsciente, que se encontraba a solo unos pasos a la derecha de Crist. Y, con paso decidido, se acercó hacia Jer. Los Arcontes no iban a permitir tal intromisión y, decididos a reaccionar, dieron unos cuantos pasos hacia el intruso. Sus intentos se vieron frenados al ver, sorprendidos, como Xavier levantaba una mano en señal de que detuvieran la intervención.

- No, dejadles que se acerque al chico. - Dijo el Justicar en voz de mando. El vástago se arrodilló ante Jer, miró a Xavier y dio una señal de asentimiento, sin mediar palabra. Acto seguido irguió al inconsciente en sus brazos, volvió a mirar de soslayo a Crist, y comenzó a bajar los peldaños. Los Arcontes aguardaban una orden de Xavier para abalanzarse sobre el extraño.

- Dejad que se marchen, ahora no importa, el chiquillo esta absuelto al igual que Crist. ¡Dejadles paso!. - Vociferó el Justicar.

Todos los presentes empezaron a murmurar mientras volvían a dejar paso al extraño y a su nuevo acompañante, pronto desaparecieron de la sala, sin dejar rastro, y el pasillo que se había formado desapareció. En lo que quedó de concilio nadie volvió a verlos.

- Pasado este pequeño incidente volvamos al veredicto final. - dijo Xavier meneando la cabeza intentando quitar de su mente lo acontecido segundos antes.
Crist saliendo de su perplejidad ante la aparición de Jule se viró hacia Xavier y abrió bien los ojos.

- Iré directo al grano. Crist desde hace un tiempo hasta ahora la Mascarada se ha visto amenazada, la invisibilidad vampírica se ha visto en serios apuros. Y por esta vez los causantes de nuestras desgracias no son los integrantes del Sabbat, y ni siquiera ningún anarquista Brujah. Nuestro peligro es de mayor poder. - Xavier cerró los ojos, parecía que a cada frase que decía le pesaban más las palabras, y le costaba continuar-. Tenemos motivos para pensar que Jack el Destripador ha vuelto de entre los muertos, y con impulso.

Un gran murmullo de voces inquietas llenó la sala, que pronto se convirtieron en amenazas hacia los Malkavian que se habían dado cita.
- No, por esta vez los Malkavian no saben nada de todo esto. Yo, en persona, he hablado con los más altos dignatarios de este clan. Al parecer Jack esta actuando clandestinamente, y los mismísimos Malkavian se han ofrecido en su captura y muerte. Crist, hasta ahora de han encontrado diez cadáveres, y tengo la impresión de que no se detendrá ante Garou, hombre, o Vampiro que le de caza...

- ¿Por qué decís hombre, mi Justicar?. - Dijo Crist con los más altos respetos.

- Como ya te he dicho ya ha habido diez cadáveres, todos son humanos. No dejó ni una sola gota de sangre en sus cuerpos. Y no descarto la posibilidad de que quiera matar también a algún vampiro. La Mascarada se ve amenazada por estos actos, me han llegado informes que cuentan como el Gobierno, el Arcanum... Y la Neo-Inquisición están empezando a meter sus narices en el asunto, los pilares de nuestra sociedad tiemblan.

- Y... ¿Cual se supone que es mi papel?, no será...

- Sí Crist, debes darle caza. La Bestia se apoderó de él hace ya mucho tiempo, viéndose sometido al más horrible sadismo. Una vez fuiste Arconte, y trabajaste bajo mi mando. Por ello te nombro de nuevo Arconte, date cuenta de la magnitud de esta posición que tú una vez rechazaste. ¡Convoco una Caza de Sangre contra Jack!, - gritó para que todos los presentes lo oyeran bien- ¡Y lo quiero muerto!.

- Pero mi Señor... Yo... - Dijo Crist con un tono muy bajo.

- Una vez le diste caza y lo mataste. Reconozco tu entera pureza y lealtad, sé que eres el único vampiro capaz de volver a matarlo. Pero ten en cuenta Crist, que no quiero que caiga en Letargo de nuevo, ¡impídelo!. Confío en ti Crist, y pongo en tus manos la resolución de todo este asunto. La existencia de los vampiros pende de un hilo, un hilo que podría fracturarse.

- Si tal es mi destino Señor, así lo haré. Le daré caza- Añadió Crist arrodillándose solemnemente ante Xavier, el Justicar. Una voz, familiar para Crist, vino a apoyar su causa:

- Te deseo toda la suerte del mundo en tu búsqueda, y espero de todo corazón que no falles. Crist, sigues siendo mi mano derecha.

Crist alzó la cabeza y reconoció ante él el rostro de Lodín, éste le correspondió con una sonrisa. Acto seguido se levantó, hizo una leve reverencia, y dio la espalda a los dos personajes. Comenzó a bajar victorioso la Tribuna de los Acusados, de los acusados a muerte.

- ¡Recuerda!. Tienes un día, si no lo cumples en ese plazo... Me veré obligado a convocar una Caza de Sangre contra ti. Espero no tener que hacerlo.

Crist asintió y por fin abandonó la sala, en busca de Jule, su camarada; y de Jer, su progenie.

 

Julius, Morador del Cristal

La figura se arrodillaba ante el inconsciente cuerpo, alzó una mano. La figura murmuraba arcanas palabras, la mano ardió con la fuerza de Gaia, el resplandor de la Quintaesencia. La figura, murmurando aún, cernió la mano sobre la frente del caído, el calor de Gaia se extendió por su débil cuerpo. Las heridas se cerraban, nada de dolor, ninguna cicatriz. La bendición de Gaia cayó sobre el inconsciente, estaba curado. Su coagulada sangre se evaporó como si de agua se tratara. El don del Roce Materno, un Don de los Garou, de los Lupinos,... de los hombres lobo. Había finalizado.

Jer abrió los ojos, ante su mirada se dibujaban las repugnantes paredes mohosas de las alcantarillas. La oscuridad era casi total, solo algunos rayos de luna se filtraban a través de la tapa de una de las salidas. Y ante todo este sobrio espectáculo, una sombra.

- Selene esta en su cúspide, hermano. La vista es maravillosa.

- ¿Quien es?. -Inquirió Jer. La sombra acercó su rostro hacia uno de los rayos de la luna.

- Soy Julius McEnzie, Morador del Cristal. Mis hermanos suelen llamarme El-Que-Ve-Mas-Allá, y mis amigos Jule.

Jer vió ante él un sonriente rostro, era tranquilizador. Las gafas de Jule eran más grandes de lo normal, y su pelo ondulado le llegaba hasta las mejillas. Todo en su conjunto le daba un aspecto de "intelectual". Jer había escuchado ese nombre antes, pero ahora no tenía la cabeza para pensar. Jule se inclinó hacia delante y, en un gesto amistoso, arqueó una ceja.

- Y deja que te diga una cosa, ¡deberías aprender a curarte tu mismo tus heridas de combate!. Hermano, un vástago que no pueda curar sus propias heridas, no es un vástago completo. - Jer olvidando lo dicho por Jule preguntó preocupado:

- ¿Que ha pasado?, ¿donde estoy?, ¿que quieres de mi?.

- Te he salvado de un bonito bronceado. En las alcantarillas. Nada. - Contestó rápidamente.

- ¿Estamos solos?. - Dijo Jer mirando a todas partes.

- ¡No!, por supuesto que no. Nunca estamos solos, hermano. - Y Jule imitó a Jer mirando a todas partes siniestramente.

Jer miró en busca de otra sombra, mas no vió a nadie más. Sin comprender la respuesta de Jule comenzó a fijarse en una gran cicatriz que antes no había percatado en el rostro de Jule. Ésta le recorría la mejilla izquierda en sentido vertical hasta llegar a la altura del ojo, entonces continuaba hasta la altura de la ceja.

- Lo sé, no luce muy bien. Pero conseguí reducir a ese maldito Danzante de la Espiral. - Añadió Jule orgulloso.

- ¿Que es un Danzante?. - Preguntó Jer contrayendo el entrecejo.

- ¿Un Danzante de la Espiral Negra?. Un Garou corrompido por el Wyrm.

- No es por ofender pero... ¿Hablamos el mismo idioma?.

- Mmmh. Creo que aún te quedan muchas cosas por aprender, hermano. ¿Crist no te ha hablado de nosotros?.

- ¿A que te refieres con ese nosotros?. - Preguntó Jer.

- Los Garou,...Los Lupinos,... - Jule esperaba una repuesta de asentimiento pero no recibió más que otra de esas caras de incomprensión- Un hombre lobo, hermano. ¿Que creías?.

- ¡Como!... ¿Un hombre lobo?. Debe ser una broma. - Jule sonreía ante la reacción de Jer- ¡Claro!, por eso me llamas hermano, eres un vampiro del clan Gangrel, ¿no?.

- Siento decirte que soy un Garou, y pertenezco a la tribu de los Moradores del Cristal, hermano. Los únicos que nos aventuramos en las ciudades infestadas de vampiros y del Wyrm.

- Oh. ¡Coño!, más bichos raros. Esto solo podía pasarme a mi. - Jer se cubrió la cara con las manos en un gesto de ahogo.- ¿Por qué me llamas hermano?.

- Compartimos madre común. Al principio de los tiempos, cuando Gaia era joven. Una mujer, de la que no revelaré su nombre, dió a nacer a los Garou. Y en un futuro cercano hizo ver la luz por primera vez a los futuros Gangrel, los únicos vampiros que se aventuran fuera de las ciudades. Con lo cual eres mi hermano. Eres un privilegiado.

- ¿Por qué dices que soy un privilegiado?.

- ¡Si!, créeme, si que lo eres. Has sido bendecido por Gaia al nacer como Gangrel. Hace tiempo que los vampiros y los Garou estamos enfrentados en una eterna guerra, nunca toleramos a un vampiro entre nosotros. Y al primer indicio de uno, es eliminado con rapidez. Sólo nuestros hermanos, los Gangrel, son tolerados. ¡Y en muy escasas ocasiones!, si el que está frente a ti no llego a ser yo, ahora estarías posiblemente en el infierno.

- No veo motivos para tal enfrentamiento. ¿Porqué se inició tal guerra?.

- Escucha hermano lo que te voy a decir, ¡y más vale que te lo tomes en serio!, podrías ser pasto de hombre lobo.

Tenemos varias cosas en común. Tu Bestia es mi Rabia, tus Disciplinas son mis Dones, tus clanes son mis tribus... Pero aún así estamos muy bien divididos. Gaia nos creó tiempo atrás, nuestra misión era protegerla del corrupto Wyrm. Y, aunque tu no lo creas, y ni siquiera lo notes, eres un esbirro del Wyrm, una aberración del orden natural de las cosas.

- ¿Quién es Gaia y el Wyrm?.

- Gaia es la madre de todo lo creado, la madre naturaleza, la pureza. Sin embargo el Wyrm, el corrupto, puedes encontrar sus restos por todas partes. Es la polución, la contaminación, puedes ver al Wyrm todos los días en televisión, es la negra mancha que cubre el mar, el vertedero de residuos tóxicos. Carcomiendo a Gaia, haciéndola desaparecer. Y nosotros, que somos sus guardianes, no podemos hacer nada para detenerlo, su poder se nos escapa de las manos como si de un puñado de arena se tratara. Tiene un esbirro muy poderoso, la Tejedora, esta estructura en la que me encuentro, esta pegajosa tela de araña que son las ciudades. La Tejedora es la humanidad en sí, que influenciados por el Wyrm, no han hecho más que corromper el frágil equilibrio de Gaia. Arrasando bosques y construyendo pueblos, ciudades, e imperios.

- ¿Soy parte de ese horrible Wyrm?.

- Sí, y eso es algo que nos divide. Todos los vampiros suelen apegarse a las ciudades, porque es el lugar de caza más beneficioso. Sin embargo los Gangrel tienen un gran sentido de la atracción hacia Gaia, nunca estáis en un sitio fijo, amáis los bosques, y no nos tenéis miedo. Un gran ejemplo es tu sire Crist, que siempre que entra en esta ciudad se mete en problemas. Los Garou son muy contrarios a la mentalidad vampírica, aunque no lo creas siento el dolor de Gaia, siento la corrupción del Wyrm, como si fuera parte de mi, y me incomoda. Solemos ser seres de libertad, nos apartamos de las ciudades, amamos la naturaleza, y vivimos con ella y en ella. Yo soy un Morador del Cristal, y mi tribu se encuentra bien en las ciudades, han abrazado el lado de la tecnología, pero sin olvidar jamás sus raíces y su pacto con Gaia. Pero aún así siento el Wyrm muy fuertemente. Incluso ahora, en estas apartadas alcantarillas, lo siento con más fuerza... Aparte de todo esto, ser hombre lobo es bueno, el único problema son las pulgas. - Añadió Jule rascándose con fuerza la espalda. Consiguió que Jer esbozara una sonrisa.

- ¿Por qué antes decías que no estábamos solos?.

- Y seguimos sin estarlo, mil ojos nos vigilan desde las sombras, y desde las zonas de luz. Son los espíritus, hermano. Grandes aliados de los Garou, y a veces grandes adversarios. Pero este tema es muy extenso, así que no te diré más... Si quieres que te de un consejo cámbiate esas ropas.

Jer pudo ver que las ropas que vestía estaban teñidas de sangre coagulada, y en algunas zonas, desquebrajadas.

- Tu conoces muy bien a Crist, ¿no?.

- Mas que a las pulgas de mi cuerpo. Es un gran amigo, cosa rara entre vampiro y Garou... ero es una unión muy beneficiosa.

Hermano, hace un momento me he jugado el trasero al entrar en un cubil de vampiros y recogerte del suelo, quiero decir que también te considero mi amigo... Y que Gaia me perdone. Hermano, date cuenta de lo valioso de algunas cosas que te he contado sobre nosotros los Garou. Jamás lo reveles a nadie, y menos aún a otro vampiro, resérvalo para un futuro. Aunque no lo creas, el desenlace de la guerra entre el Wyrm y Gaia esta cerca. - Jule bajó la cabeza apenado- Y desgraciadamente esta claro quien será el vencedor, quedamos pocos Garou sobre la tierra. Nuestro Apocalipsis se acerca irremisiblemente, somos una especie en extinción. Sé que es una traición de mi parte, pero la sabiduría adquirida de ancianos Garou a jóvenes Garou, sus historias, costumbres, y mitos, desaparecerían cuando el último Garou perezca, y alguien tiene que quedarse con la esencia de nuestro pueblo, con nuestra sabiduría. Crist ya sabe todo sobre nosotros y espero que él te lo transmita a ti cuando pasen varios siglos y yo ya haya desaparecido de la faz de Gaia. Mientras tanto aún guardo algunas esperanzas, y lucharé contra el Wyrm todo el tiempo que me sea posible. Mis hermanos prefieren la lucha salvaje, movidos por el instinto de la Rabia, pero yo prefiero la guerra limpia, la guerra en los tribunales. Mis hermanos me dicen que lo olvide, que jamás dará resultado. Dicen que el sistema es corrupto y que las grandes compañías que expanden el Wyrm tienen el suficiente dinero para sobornar a cualquier juez de pacotilla. Dicen que me una a ellos y que utilice las armas, la fuerza. Pero yo no veo más que odio, están ciegos, y esa ceguera es la que nos llevará al Apocalipsis.

- Espero que en tu lucha salgas victorioso, ¿por casualidad eres miembro de Greenpeace?.

La Falsa Traición

Crist aceleraba el paso entre las pestilentes alcantarillas, esquina tras esquina buscaba a Jer y Jule. El tiempo pasaba, y empezaba a temerse lo peor. Su inquietud le llevó a un camino sin salida, negro y muy oscuro, sin duda ese sería el lugar más fétido de todo Chicago, y gracias a que era vampiro no tuvo que soportar los malos olores desprendidos de las paredes. La adrenalina le fluía rápidamente, y la angustia aumentaba.

Crist miraba hacia la pared del camino sin salida, distante, perdido, sin noción de tiempo y lugar, simplemente escuchaba, y escuchaba. Ningún sonido salía de las alcantarillas y pasadizos distantes, ni siquiera se oía el murmullo proveniente del Elíseo, era evidente que ya lo había dejado atrás, hacía bastante tiempo. Una mano se posó rápidamente sobre el hombro de Crist. Éste, exaltado y rabioso, apretó los dientes y, agarrando las vestiduras del perturbador, lo lanzó fuertemente hacia la pared. Acto seguido, y aún sin saber de quién se trataba su agresor, lo alzó en vilo, utilizando el gran don de la fuerza vampírica. Ante él se dibujaba la entumecida cara de Dana, la Brujah.

- Dame una razón para que no te machaque el cráneo una y otra vez contra la pared. - Dijo Crist entre dientes, parte de la Bestia había salido al exterior, y no hizo nada por evitarlo.

- Te daré una, mi honor es mayor que la anarquía de mi Clan, yo no he sido el delator. - Respondió meneando la cabeza para recuperarse del golpe.

- ¿No?, ¿entonces quien fue?, ¿Drácula?. - Ironizó Crist. Aún la mantenía en vilo.

- Te juro que no he sido yo, alguien tuvo que enterarse de ello. Por favor, confía en mí. Confía por una vez en un simple neonato, baja de las alturas.

- ¿Me hablas de confiar?, ¿¡de confiar en un maldito Brujah!?. Ya me traicionaste una vez, y volverías a hacerlo. No volveré a caer en tu sucio juego.

- Esto no es un juego Crist. Tu clan es conocido por la desconfianza hacia los demás clanes, pero yo no tengo la culpa de que en la historia de los Gangrel haya tanto sufrimiento. Por favor bájame, no huiré, mátame si así lo deseas, mándame al mundo donde debería estar desde hace bastante tiempo. Pero ten en cuenta lo que vas a hacer, porque yo no soy el culpable que buscas.

- Eso haré, te mandaré al otro barrio, ¡y le contarás tus mentiras a los demonios!. - Dijo la Bestia.

Dana tenía la faz tranquila, serena, confiada. Y miraba a la Bestia fijamente a los ojos, no opuso resistencia. La Bestia la alzó aún mas, y acto seguido la lanzó fuertemente contra el suelo, dejándola bastante tullida. Dana, aún en su sufrimiento, no dejaba de mirar a la Bestia a los ojos, no ofrecía resistencia. La Bestia alzó el puño, agarró a Dana por el cuello de la camisa, y antes de dar el mortal golpe, fijó su vista con la de ella. Crist, desde lo más profundo de sus ser, vio esos ojos verdes, mirándolo, suplicantes, sinceros, llenos de verdad. El puño de la Bestia se ablandó, y poco a poco bajó el brazo, y ablandó su apretón del cuello de la camisa. Crist tenía de nuevo el control. Su mirada se perdía lejos, y el sufrimiento de Crist salió al exterior, rojas lágrimas caían de sus ojos, se tapó la cara rápidamente con las manos. Dio la espalda a Dana, y echó a correr, quería huir, irse lejos, como si eso pudiera acabar con la tortura de la Bestia. Había estado a punto de matar, de matar por pura pasión.

En su huida oyó una voz tras de él, mas no pudo reconocerla. - ¡Nos veremos en el Dark!, ¡justo después del anochecer!, acude allí si quieres saber la verdad. - La voz de Dana fue bajando de tono, hasta ser un simple susurro que el viento transportó en sus brazos. Vio impotente como Crist corría y se fundía con los humos de las alcantarillas cercanas.

Allí se quedó, sola, con la mente en blanco, con la vista inmóvil oteando el último lugar donde había visto desaparecer a Crist. Los vapores de las alcantarillas se disiparon, él ya no estaba allí. Entonces una roja lágrima cayó por su mejilla y, saliendo de su desconcierto, se limpió la lágrima con la muñeca.

Una leve brisa hizo que su pelo le cubriera el rostro. Y un terrorífico olor familiar le empapó el olfato. Con un rápido gesto se puso en guardia, y miró en la dirección de donde provenía la brisa. Sacó a relucir una pistola que no utilizó con Crist, abrió el cargador, y descargó las balas dejándolas caer al húmedo suelo, como si esas balas no le sirvieran para lo que se le venía encima. En su lugar, y con toda la prisa que pudo darse en tal situación, sacó de su bolsillo unas relucientes balas, balas de plata. Cargó el arma. Sus piernas le temblaban, y tenía un gesto de terror que nadie, ni vampiro ni mortal, había visto jamás en el rostro de Dana. Todas las neuronas de su cuerpo se retorcían. Apuntó el arma, y se dirigió hacia la fuente de tal crispante olor.

La brisa provenía de una galería circular, empotrada a la pared y a la altura de la cabeza de Dana, el túnel parecía bastante amplio, unas rejas separaban a Dana de la insondable oscuridad del túnel. Entre las rendijas de la misma solo cabría un brazo. Tal galería parecía un simple conducto de aire. De repente, y sin previo aviso unos ojos relucieron entre las sombras del túnel. Gotas de sudor caían sobre la frente de Dana, al ver tal imagen se quedó helada, no respondía a tal peligro. Un gruñido surcó el espacio que los separaba, la tez de Dana era aún mas blanca que la de cualquier otro vampiro, sus manos presionaban un arma que apuntaba hacia el frente, mas sus manos temblaban y no le respondían. Los brillantes ojos, más grandes que los de cualquier gato, se mostraban desafiantes. Un rápido movimiento en la oscuridad, y la desaparición de la horrenda visión, indicaban que la criatura había huido. Segundos después se oyó un gruñido muy lejano. Dana salió de su trance y, como si aquella criatura siguiera allí, comenzó a disparar. Una tras otra, tras otra, los casquetes vacíos cayeron al suelo, los destellos de luz producidos por el arma iluminaban el pasadizo hasta cierta distancia, Dana estaba como poseída, el miedo le cubría el cuerpo, y una mueca de terror aún se dibujaba en su rostro. En cuestión de segundos acabó el cargador, pero su miedo era tal que continuaba apretando el gatillo, como si no tener balas no importara.

 

Calma antes de la caza

Jule alzó la vista exaltado y, como si de un lobo tras su caza se tratara, olió un aroma muy familiar, una inquietante sonrisa cruzó su faz. Jer no sabía que es lo que pasaba, incluso intentó olisquear él también pero no notó nada anormal. - Crist, ¿sabes que cada vez que entras en esta maldita ciudad sueles cagarla?, deberías quedarte en los montes, con tus amigos los Romanelli.

Una sombra se movió a través de la oscuridad, Jer se percató de ello. Y durante unos minutos se quedó quieta, como si no quisiera revelar su silueta a la luz de la luna. Crist hizo su aparición. Jer aterrorizado vió el decrépito rostro de Crist. Su expresión era cortante, como si una gran pena se cerniera sobre él, y secas lágrimas rojas se mostraban en sus mejillas. Por el contrario, Jule se mantenía pasivo, parecía no importarle el estado de Crist. Los observó por unos instantes, y se mantuvo en silencio, como si se hubiera vuelto de piedra. Jer se apresuró a socorrer a su sire.

- ¡Crist!, ¿que te ha pasado?, ¿te encuentras bien?. - decía Jer preocupado mientras se acercaba al cuerpo del vástago. Crist parecía no hacer caso a Jer, y miraba fijamente a los ojos de Jule, una mirada fría.

Repentinamente Jer se vió arrojado al suelo por un energético empujón de su sire, la confusión se apoderó de él.

- ¿Crist? - susurró sin comprender lo que le pasaba.

El vástago se dirigió a paso rápido hacia Jule, el cual no pareció reaccionar ante tal arrebato. Jer vio desde su posición como Crist cerraba los puños, en ningún momento apartaba su fría mirada del Garou.

De repente se detuvo ante él, solo los separaban unos pocos centímetros. Crist alzó el puño, y Jule, sin resistencia alguna, dejó que el puño se estrellara contra su mejilla. Jer no podía creerlo. Jule cayó de espaldas al suelo, dándose un fuerte golpe en la espalda y la cabeza, durante unos segundos se retorció del dolor producido, pero recuperó pronto la compostura. Acto seguido Crist se lanzó frenéticamente contra su presa, y aterrizó justo encima de él. Lo agarró del cuello de la camisa, y mostrando los colmillos a la luz de la leve luna que se filtraba a través de las rendijas del alcantarillado, casi rozó la cara de Jule. Tenía una mueca de rabia, y apretaba fuertemente los dientes. Jer no entendía nada, sólo veía como Jule dejaba que Crist hiciera todo aquello, realmente perplejo.

- ¡Eres un jodido Lupino!, ¿es que no te has dado cuenta?, ¡un Garou!. - Gritó Crist entre dientes golpeando a Jule contra el mohoso suelo.

- Menuda novedad - respondió Jule casi perezosamente.

- Pero... ¡¿Es que no te das cuenta?!. Un Lupino jamás se muestra ante un millar de vástagos. ¡Casi haces que nos maten a todos!.

- Pero... Crist... - El vampiro no dejaba de agitarlo por el cuello de la camisa, tenía los ojos muy abiertos. Y desde luego no parecía dejar hablar a Jule.

- ¡Dios mío!, si hubieran... ¡Si hubieran llegado a descubrirte!, ¡si hubieran descubierto al Lupino!. Jule, ¡estas loco!. Aparecer ante Lodín, ante el mismísimo Lodín... Y recoger a Jer del suelo, como si nada pasara a tu alrededor. - Crist dejó de mirar a Jule, alzó la vista y miró hacia el infinito, posiblemente imaginándose lo que habría podido pasar. Empezaba a calmarse.

- Crist, viejo hermano, ¡sabía lo que hacía!. - dijo tranquilizadoramente pero casi gritando.

- No, no lo sabias. - Crist soltó el cuello de la camisa y se levantó. Dió la espalda a Jule- Tuve miedo, sí, tuve miedo de que te pudieran hacer algo, y al chico también, es muy joven, muy joven para mi entender.- Jer oía la conversación ensimismado a unos metros mas lejos.

- Crist, - Jule se arrodilló- trata de entenderme. Los vástagos..., el chico, estaba allí, en el suelo. No pude soportarlo, los vástagos lo miraban con hambre, con vuestra hambre, era cruel, muy cruel. Tenía que hacer algo, ¡estaba indefenso!. Sabía el riesgo que corría, pero nadie se molestó en hacer esa magia que tenéis para saber si era vástago o no. Mira a tu alrededor Crist, todos estamos bien, ¡todos estamos a salvo!. Eso es lo único que importa. - El pequeño discurso de Jule pareció tranquilizar, e incluso alegrar a Crist.- Y ahora tienes tu progenie, tu legado, desde la última vez que te vi, cuando te marchaste a los bosques con los Romanelli, eras un Gangrel jovial, ahora tienes tus responsabilidades, tienes que cuidar de tu chiquillo. Pero hay algo que no entiendo, juraste no dar a nadie la tortura que a ti te dieron, juraste no volcar a nadie a este lado de la existencia, ¿que te ha hecho cambiar de opinión?.

- Es una larga historia, muy larga. - Crist sonrió, y abrió sus brazos a Jule. - Oh, ¡viejo hermano!, cuanto tiempo ha pasado. - Jule se acercó y abrazó fuertemente a su amigo.

El abrazo fue largo, e incluso hizo sonreír a Jer. Cuando se separaron Crist vió que su mano estaba cubierta de sangre. Y no parecía suya. Dió bruscamente la vuelta a Jule, y ahí estaba, parecía una herida de bala.

- ¡Jule!, ¿qué te ha pasado?, estás herido. - dijo sorprendido y preocupado.

- No es nada, nada de nada. No me duele. - respondió con serenidad.

- Parece de plata, no te has curado. - Jule tardó en responder.

- Déjalo, ¿quieres?, he dicho que no es nada. - Parecía molesto.

- Lo siento, has debido de hacerte daño. No quería tirarte al suelo, fue la...

- No Crist, no fue tu Bestia, fuiste tú. - Sonreía pícaramente.

- Es cierto. - Crist le respondió con la misma sonrisa.
Los dos se viraron hacia Jer, y ahí estaba, sonriente, mirando el espectáculo desde el suelo. Ambos, al unísono, le ayudaron a levantarse.

- Creo que ya habéis tenido el tiempo suficiente como para conoceros, ¿no es así?. - Jule y Jer asintieron rotundamente.

- Pero faltan ciertas cosas por decir, que quiero que se las transmitas tú, a su debido tiempo. - indicó Jule.

- Ya se a lo que te refieres. - y cambiando de actitud y poniéndose serio...- Nos han perdonado la vida, pero quieren algo a cambio.

- ¿De que se trata?.- preguntó Jer.

- Tenemos que acabar con la vida de otro vástago, un vástago que ha perdido su humanidad. En su alma sólo queda mal, que pronto dirigirá hacia otros vástagos, la sangre de otro vástago..., peligroso, muy peligroso. No sabe lo que hace, es un jodido Malkavian, un sádico asesino.

- ¿Cómo se llama?. - interrogó Jule.

- Jack, Jack el destripador. - La cara de Jer se tornó de una profunda sorpresa, mientras que Jule permanecía pasivo.

- Pero... Tú lo habías matado, ¡es imposible!. - Jer no salía de su ensimismamiento.

- Jer, no siempre es fácil matar a un vampiro, pueden entrar en letargo... quedar dormido durante siglos, y de repente despertar, sin previo aviso. Esta vez no dejaré que eso suceda. Se ha convertido en una cuestión personal, era un auténtico cabrón, su solo nombre me da miedo, era listo, muy listo. Tardaba mucho tiempo en trazar sus planes, no puedo imaginarme el plan que habrá trazado a lo largo de su retorcido letargo..., no, no me hago a la idea. Muchas personas murieron por su culpa..., y muchos vástagos también. Hay que pararle los pies, antes de que su sed de sangre crezca.

- Hermano, ¿de cuánto tiempo disponéis?.

- De un mísero día. - respondió pesadamente.

- Al menos, ya sabes por donde debes empezar a buscar. Hermano, creo que conoces demasiado bien a ese asesino, - Crist asintió- sabrás encontrarlo en ese tiempo.

- Si no lo consigo antes de ese plazo, habrá una caza de sangre contra nosotros, los Arcontes nos darán caza. Jer, Jule, necesito vuestra ayuda. - Jer asintió, pero Jule solo bajó la cabeza, sin mediar palabra.- ¿Jule?.

- No Hermano, esta no es mi guerra. Sabes que dejé todo eso tiempo atrás. - respondió entristecido pero decidido. Crist sabía que no lo haría cambiar de parecer.

- Esta bien Jule, lo comprendo. Jer, esto es cosa entre nosotros dos. - Miró a Jule a los ojos, este apartó la vista, haciendo un ademán de ajustarse las gafas. Y dando la espalda a Crist, y mostrando la gran herida producida por una bala, dijo:

- Hermano..., me gustaría hablar contigo..., a solas. - Decía mientras se dirigía hacia una zona apartada de Jer.

Crist, sorprendido por la petición, se acercó a Jule. Jer esperaba intrigado.

- ¿Que quieres?, no será otro de tus horribles favores, ¿No?. - bromeaba.

- Crist, no se que coño te habrá traído a la ciudad, ni me interesa saberlo, pero siempre que apareces por Chicago te metes en líos, hazme un favor, cuida del chico.

- ¡Eh!, no siempre me meto en líos, ¿sabes?. Y creo que por ahora he cuidado bien de Jeremy, no te defraudaré..., mejor, no me defraudaré. Y mírate a ti, tuviste que emigrar a Chicago desde Canadá, si te hubieras quedado allí ahora no tendría tantas cicatrices en el cuerpo por tu culpa. Pero no, ¡tenías que ser la excepción a los Garou!, deberías haberte quedado en los bosques canadienses de por vida en vez de venir a vivir a un maravilloso y atrayente cubil de vástagos. - decía rozando la ironía.

- Crist, la verdadera razón por la que quería hablar contigo se refiere a..., digamos a..., - Jule titubeaba y miraba hacia todos lados- un vástago en concreto..., una amiga tuya...

- ¿Una amiga mía?, ¿vampiro?. Jule, ¿que tratas de decirme?. - fruncía el ceño.

- Bueno..., verás. Después de dejar a Jer inconsciente en este mismo lugar decidí ir en tu busca...,- rindiéndose terminó lo que había empezado- os estuve vigilando, a esa tal Dana y a ti. - bajó tanto la voz que Crist casi no entendió lo que dijo.

- ¿Que has hecho que?, - Crist se volvía violento por segundos- ¿que has hecho que?, te juro que te...

- Hermano, trata de comprenderme, estaba buscándote y me tropecé con vosotros..., fue un accidente. - trataba de calmarlo. - Esta bien, me tranquilizaré. - resignándose añadió - ¿Lo oíste todo?.

- Me temo que sí.

- Ahora entiendo. Ahora entiendo lo de la bala, no Jule, no tienes remedio. Creía que tenías algo en ese boliche que tienes sobre los hombros- dijo meneando la cabeza. Jule había esperado algo peor - ¿Te vió?.

- No, estaba en la oscuridad, lo más que pudo ver fueron mis ojos.

- Olvídalo, ya has tenido tu merecido. Pero hazme un favor, no vuelvas a hacerlo, o me matarán a mi también. - Meneaba el dedo.

- Hermano, no solo quería decirte esto...

- ¡Ah!, ¿pero es que hay más?. - Crist empezaba a mostrar sus colmillos y cerraba los puños.

- No..., no es nada malo. - volvió a su posición original- Es sobre Dana y tú. Yo lo he notado, y los espíritus también. Es una chica guapa, ¿no?. Los espíritus me han dicho que tu le gustas..., y a ti también te gusta ella. Si, ya lo sé, el amor entre vampiros es peligroso, nunca suele acabar bien. Pero si no puedes evitar que te guste, que no te dé miedo el poder del Vínculo de Sangre. Crist, esa sombra, el vínculo, es lo que hace que la rehuyas e intentes odiarla, pero créeme, no podrás lograrlo. No dejes que el muro os separe. También me han dicho que ella no ha sido la chivata. Los espíritus son sabios, y he escuchado sus susurros en el viento, no, no fue ella.

- ¡¿Pero que coño estas diciendo?!, es una maldita Brujah..., ¡y no la amo!.

Jule esbozó una ligera sonrisa, Crist se sentía inválido, por primera vez en muchos años, en muchos siglos.

- No hace falta que lo afirmes. - pronunció Jule pacificador.

- Jule, no digas nada de esto a Jer, tengo mis motivos, y pronto empezará a recordar su Abrazo.

- ¿A que te refieres?.

- Es parte de la larga historia. Prométemelo.

- Esta bien. - alzó la mano, como si de un juicio se tratara- Lo juro sobre Gaia, Selene..., y las tías buenas. - Dijo casi a carcajada limpia. Crist arqueó las cejas y dijo:

- Bueno..., imagino que con eso tendré que conformarme.

Crist, dió media vuelta, se acercó a Jer, y se dispuso a salir de ese pútrido lugar.- Adiós Julius, volveremos a vernos, estoy seguro. - Su imagen desapareció tras la curva del túnel.

- Yo también lo estoy. Que Gaia te acompañe, hermano - dijo casi para sí mismo.

Jule se acercó a las rendijas por donde se filtraban los rayos de la luna. Y miró a través de ellas, allí estaba, la blanca Selene. Mientras la contemplaba pensó: "Si los espíritus me hablaran... Bueno, al menos se lo ha creído." Una pícara sonrisa se dibujó en su rostro.

 

El Dark

Jer abrió los ojos, los débiles rayos de la luna se filtraban entre los tablones clavados en la ventana para evitar los molestos rayos del sol. Dejó su lecho y buscó a Crist por el apartamento, no estaba. Aún adormilado se acercó a la nevera para desayunar algo, tenía hambre. Salió de su modorra cuando vió que la nevera estaba completamente vacía. Sí, recordó lo que era, pero los Antiguos hábitos humanos aún perduraban, había sido un cambio muy brusco, añoraba su vida a la luz del sol. Por un momento, solo por un instante, odió a Crist por lo que le había hecho... Y lo que le había hecho esa mujer. Recordaba, recordaba lo que había pasado durante su Abrazo, y el solo recuerdo de la cara de la mujer le serviría en su venganza, algún día la vería, y la mataría por todo lo que le hizo. El odio crecía a cada instante. Se le había abalanzado, y casi lo había matado, disfrutaba con su sangre, jamás olvidaría la expresión de placer de aquel vástago. Entonces apareció Crist, y le ayudo... le ayudó a darle tiempo para poder llevar a cabo su venganza, sí, la mataría, le chuparía hasta la última gota, como ella le había hecho a él. Saliendo de sus reflexiones se dió cuenta de que el Hambre lo rondaba, necesitaba sangre, ansiaba sangre. Y sabía donde encontrarla.

Crist caminó a través de la sobria calle, la iluminación era mínima, posiblemente obra de algún grupo callejero. Las pintadas no dejaban de adornar las negras paredes de los edificios en ruinas. Por aquí y por allá se aglomeraban bandas, grupos de mendigos, prostitutas... Toda la basura que había dejado la sociedad. Se oían gritos, y llantos... Y alguna que otra bala perdida. No había policía. Crist pensó: "Chicago esta realmente hecho una mierda... El mundo esta realmente hecho una mierda", no temía lo que sucedía a su alrededor, era un vampiro, no tienen nada en lo que temer. Lo único que le molestaba era la cantidad de humanos que se aglomeraban allí, temía que el Hambre lo atrapara... casi podía oler la sangre de los que le rozaban. Un par de camellos a ambos lados de la acera paraban a los transeúntes y ofrecían su mercancía, sin preocuparse de ningún poli. Incluso Crist pudo distinguir algún dólar que otro entre los intercambios, demasiados dólares. "Drogas, -pensaba- esos humanos que intentan alcanzar el éxtasis y el disfrute al que llega un vampiro después de una suculenta comida, y no saben que no alcanzan ni a la mitad de lo que nosotros alcanzamos. Pagan por drogas, que les quitan la vida... Mientras a nosotros la sangre nos da la vida eterna, y no nos cuesta ni un dólar." - Se reía interiormente de los humanos que le rodeaban, de la bazofia que le rodeaba. Que ineptos eran.

Ahí estaba, sobrio, pero el mejor de ese vertedero de humanos en el que se encontraba. El Dark.

El aire estaba viciado, el calor desprendido por los presentes se acumulaba a su alrededor. El ambiente era tenso, y las fugaces miradas de los extraños presentes hacían que Crist estuviera alerta. El humo cubría la sala, impidiendo ver el otro extremo de la estancia con claridad. Unas aspas removían el aire, consiguiendo solo aumentar la tensión que se respiraba. Allí nadie confiaba en nadie. El lugar estaba sucio, y el monótono color negro que la decoraba hacía que el Dark pareciera realmente un tugurio. La mayoría de los clientes eran mendigos, motoristas, pandilleros, camellos, skins, todo tipo de escoria humana. Mirara donde mirara Crist siempre recibía una mirada amenazadora. El ruido era atroz, y los componían gritos, ruido de vasos, y Heavy a toda pastilla. Mas de una vez vió brillar la hoja de una navaja o puñal. La iluminación era mínima, haciendo todavía más sobrio el Dark. Ante la barra se arremolinaban borrachos que dejaban sus asquerosas babas sobre ella. Si, realmente era el infierno (muy adecuado para un vampiro).

Allí estaba, en la esquina más alejada y menos iluminada del local, el brillo de aquellos ojos hizo que Crist la reconociera, porque el resto de su cuerpo estaba oculto tras las sombras que la cubrían. Allí no había ruido, solo silencio, un frío silencio. La tensión allí era menor, pero no desaparecía del todo. Sí, una mesa apartada del resto del populacho, con una silla esperándolo.

- Sabía que vendrías, Antiguo.

- Ahora explícate, niña Brujah. Tengo poco tiempo para buscar a un asesino y el número de humanos que me rodean es demasiado grande, comienza a incomodarme. Así que se rápida, y convincente. - la tensión comenzaba a afectar a Crist.

- Calma, ¿por que tanta prisa?. - respondió irónicamente- Relájate, y disfruta del lugar.

- No he venido a relajarme, ni a disfrutar del maravilloso ambiente... - Crist hizo una pausa y se pasó la mano por el pelo, estaba nervioso, y Dana lo sabía. El olor a sangre humana empezaba a afectar a Crist.

- Te veo muy pálido, deberías comer más.

- Lo que yo deba hacer no te incumbe. Ahora habla, tu tiempo se acaba. - Aquellos ojos verdes empezaban también a afectarle.

- Antiguo, los Brujah somos anarquistas, luchadores, pero nunca traicioneros. Te di mi palabra, y mi palabra es más sagrada que las Tradiciones. No, no he sido yo, has debido decírselo a alguien mas, o si no, el chiquillo...

- ¡No acuses a Jer de esto!.

Se levantó y golpeó la mesa con fuerza, acercando su cara a la de Dana. Aquellos ojos despertaban su lado humano por momentos, cosa que no quería que sucediera. La ira se desvaneció, y Crist quedó ahí, quieto, sin tener un significado para lo que acababa de hacer. Dana sabía lo que pasaba, y le sonrió, no, no era una sonrisa irónica. Crist, al ver tal reacción, ladeó la cabeza para evitar aquella sonrisa, y volvió a sentarse bruscamente, como si de un niño al que hubieran humillado se tratara. Fruncía el ceño, haciendo creer que estaba enfadado. - Vamos, reconócelo. - decía Dana todavía sonriente, hablaba en un tono pícaro.- Sabes que no fui yo, ¿por que no lo reconoces?, ¿que es lo que te empuja a intentar no creerme?. - muy seria acercó su cara a Crist, que permanecía cabizbajo. Y con un tono más bajo, casi susurrante dijo:- ¿Es por simple cuestión de ego?. Lo se, te pasa algo, sabes que no fui yo y sin embargo finges no creerme. ¿Intentas odiarme quizás?, pero no, no tienes causa alguna, ¿no es así?. Mírame.

Crist la miró, ahí estaban, esas pupilas suplicaban la verdad. La olía, podía oler su sangre, y quería probar su sabor. El Hambre se había despertado, pero era un Hambre diferente, afectivo, nunca en muchos siglos había sentido ese tipo de Hambre, era maravilloso. No pudo soportarlo, sabía que la amaba, pero ese amor era imposible, no, no un amor entre vampiros, el Vinculo. Solo tres veces bastaban. No pudo soportarlo, demasiado cerca. Y huyó, huyó lejos de ella como ya había hecho antes. El amor había vencido al odio, y ya no tenía remedio, solo le quedaba la huida. Salió del local y se internó en las oscuras callejuelas antes de que nadie pudiera verle llorar sangre.

Crist se dejó caer entre montones de basura aglomerados en la calleja, y, apoyado contra la pared, se cubrió la cara con las manos. Allí se mantuvo unos segundos, que para él resultaron siglos, -difícil de creer tratándose de un vampiro-. Una leve lluvia empezó a mojar el negro asfalto. El agua goteaba por la frente de Crist, no parecía darse cuenta de la fuerte lluvia que ahora acontecía, se mantuvo allí, inmutable. Las lágrimas se le escapaban entre los dedos, y corrían por sus muñecas, disolviéndose con las gotas de la lluvia. Una sombra tapó la poca iluminación que le llegaba desde la calle contigua, alguien estaba frente a él. Miró a través de sus dedos, y la vió, frente a él.

Lo veía todo de un color rojo, y rápidamente se frotó los ojos para verla con claridad. Ella se agachó, cogió los brazos de Crist con dulzura, y lo alzó poco a poco. Estaba muy seria, pero no era una seriedad severa. Crist era incapaz de mirarla. Ella le alzó la barbilla para que la mirase. Otra vez esos ojos lo atenazaban, otra vez esa extraña sensación de sed, un olor a sangre inundaba el olfato de Crist, una gran atracción. La garganta le quemaba, le pedía un rojo brebaje que aplacara su dolor. Ya no podía resignarse, no podía retroceder, lo había atrapado. Necesitaba decirlo, ella estaba allí, expectante, muy cerca de él... demasiado cerca, las gotas de lluvia les resbalaban por el cuello. Sus ojos parecían esperar una respuesta. No dejaba de mirarlo, ni él dejaba de mirarla fijamente. Y esta vez no se trataba de un Duelo de Miradas.

- Dana...

- No, no hace falta que lo digas, lo sé.

Y el amor los cubrió, al igual que la sangre que manó de sus cuellos. La sangre se disolvía bajo la fuerte lluvia. Un rayo los iluminó.

Jer corría a grandes zancadas bajo la fuerte lluvia que acababa de aparecer bruscamente. Las calles se hacían estrechas, y la suciedad las cubría. Aún así recordaba el camino, casi mágicamente, porque la anterior vez se había extraviado sin remedio, pero no, una extraña fuerza le guiaba hasta su meta. Un destello surcó como un rayo su mente. Paró en seco su larga carrera, parecía alerta, ahí, quieto ante la fuerte lluvia, el agua le surcaba la cara. Allí lo había convertido en lo que era, recordaba el lugar, unas cristaleras rotas era lo único que quedaba, entonces la recordó de nuevo. La odiaba, la quería muerta, en su cara se reflejaba la rabia de la Bestia, alzó las manos, un grito desgarró la noche, un juramento de muerte. El grito se fundió con un rayo y le dio más vigor, más fuerza. Un rayo lo iluminó. Y, sin saber por que, un recuerdo de Crist se aunó al sentimiento que sentía por aquella mujer.

Pero no había venido solo para gritar e invocar juramentos, una extraña fuerza le había hecho ir a ese lugar, algo lo llamaba...

- Buenas noches muchachito. Preciosa noche, ¿no es así?. - otro rayo iluminó esa macabra sonrisa.

 

Al Rojo Vivo

- Quiero su muerte. - Pronunció en una voz inhumana. Su voz, y la expresión de su rostro, hicieron que el mismo Earl vacilara durante unos breves instantes, pero pronto volvió a dibujarse su acostumbrada sonrisa.

- Todo a su tiempo, muchachito, todo a su tiempo. - y arqueando una ceja dijo en un tono un tanto angelical - ¿Que te pasa?, te veo algo pálido, ¡oh!, pobrecito, debes tener algo de apetito, ¿no?. Ven, ven, el tío Earl tiene el antídoto. - Jer empezaba a ceder ante el ofrecimiento-.

Earl cogió un viejo trozo de metal oxidado del suelo, y lentamente rajó la piel de su muñeca, un destello rojizo brilló y empezó a desparramarse lentamente por su mano, las gotas de aquél cálido antídoto se deslizó por entre los dedos, lentamente, muy lentamente. La sangre goteó desde la punta de los dedos. Jer casi no podía contenerse ante tal perturbada tortura y un brillo blanco comenzaba a emerger de sus encías. Su cara dejaba de ser humana, y una maligna negrura reinaba en sus ojos.

- Vamos muchachito, se que lo deseas, ¡bebe!, estas tardando, ¡no dejes que tal dulzura se desparrame por los suelos!.

Con una rapidez inhumana agarró con fuerza su brazo, y no dejó que nada escapara de sus labios. Gotas de agua recorrían su brazo.
- Si, muchachito, todo a su tiempo, yo también la quiero muerta. - se dijo para sí- Una... Sólo una más, y serás todo mío, ¡mío!.- Gritó. Y sus fuertes carcajadas se unieron a los relámpagos. Y su euforia fue oída varias manzanas mas allá, en aquellos pútridos suburbios de Chicago.

 

La calma antes de la tormenta

El río Chicago fluía con una infinita calma, una intensa paz. La fría brisa acariciaba las hierbas, extendiéndose hasta la orilla y racheando ligeras olas, las nubes se disipaban en esa tranquilidad, dejando atrás lo que había sido una cruenta tormenta, mostrando ante los ojos de la negra ciudad las plateadas estrellas en la cúpula celeste, aquellos profundos rascacielos parecían temblar ante ellas, y la maldad que desprendían no eran capaces de ocultar aquella iluminada noche. El aroma de las lluvias se mezclaban con el de la hierba, aún húmeda, pero depurada.

- Observa Dana, - alzó un dedo hacia los imponentes edificios- cuando llegué a América por primera vez ellos no estaban aquí, no, no ocultaban la belleza de la noche, - bajo la vista entristecido- amaba la noche, y no me importaba el no ver la luz radiante del sol, era aún un neonato, y me reía de los antiguos y su estúpida melancolía hacia el sol. Los ignoraba. Aún tenía toda la eternidad por delante, tenía muchos planes entre manos, y nadie podría detenerme. Pero me equivocaba, eran... otros tiempos. - Crist miró a Dana, que estaba recostada contra él, sus ojos estaban clavados en el cielo, escuchaba atentamente-.

Vi morir a mis padres, a mis amigos, luchaba en las batallas, invencible me creía, ¡sí, y lo era!,... pero solo físicamente. Las batallas dejaron de ser iguales, no podía morir junto a mis compañeros, los veía caer... y no podía... ¡no debía hacer nada por ellos!. Tenía que ocultarme, cambiar de ciudad para no levantar sospechas, y lo más doloroso, ver morir todo por todo lo que había luchado. Dejé todo en Europa, con el dolor ya hecho, y reinicié mi vida aquí. Mi muerte, por la que tanto había temido, ya no me importaba. Me daba más miedo el cambio, el ver la evolución, los avances, la tecnología, verlos morir, verlos crecer. Siempre me mantenía distante, solitario durante siglos, no quería amigos, no quería verlos morir. Y lo que más temía aún era el enamorarme, porque bajo mi condición, el Hambre y la Bestia, se hubieran hecho con el control. Mi mente estaba en penumbra, hasta que llegó un momento en el que estalló, mis valores, mis sentimientos... Todo cayó.

Por eso dejé Europa, el descubrimiento de nuevas tierras era el descubrimiento de nuevas pasiones. Y vi esto, no había humanidad, no había ciudades, no había mal, sólo la naturaleza y el sabor de las noches estrelladas. Pero entonces llegaron los mortales, levantaron muros, mataron a los Hijos de Gaia, y la raza india, por la que tanto luché, se extinguió casi hasta su Apocalipsis. Amaba la noche, pero esos rascacielos ya no me permiten ver la luz que aún quedaba en mi corazón, y taparon la noche. Allí están, imponentes, poderosos, siniestros, poniendo macabras sonrisas contra Gaia. Ojalá, ojalá todo fuera lo que una vez fue todo, ahora comprendo a los Antiguos, porque ahora soy uno de ellos. Y te prevengo a ti Dana, porque aún eres joven, y tienes tus planes para el futuro, solo te digo que tengas mucho cuidado con lo que sueñas, porque acabarás como yo, añorando la luz del sol, que ya casi no recuerdo.

- Crist, la ciudad ya estaba aquí cuando nací. Aquí me he criado, no consigo comprenderte, amo esta ciudad, y amo la noche. -

Crist soltó una carcajada diciendo:
- Algún día lo comprenderás Dana, y entonces te acordaras de mí. - Aquellos ojos lo contemplaban dubitativos.

- Crist, ¿como te convertiste en lo que ahora somos?. - Crist sonrió a la luna.

- Tras una batalla, no recuerdo a que señor servía, fue en un campamento militar. Mi sire huyó, pero una persona me ayudó y me mostró lo que era, jamás la olvidaré. ¿Y tú?.

- Es una larga historia. Crist, ¿que sabes sobre la Golconda?.

- ¿Tan joven y ya la buscas?, eres ambiciosa Dana, pero muy joven aún para comprenderla. La unión de la Bestia y el hombre no es fácil de conseguir, la armonía entre ambos es casi imposible. He visto muchas teorías de como se alcanza la estabilidad espiritual y se detiene la necesidad de tanta sangre. Pero solo creo en una: sacrificarse por alguien al que quieres.

- Crist, la lucha con la bestia es difícil, muy difícil, a veces no consigo controlarla, y me dan ganas de rendirme, de no luchar por lo que me queda de humano, ser un vampiro de verdad, el no volver a comportarme como un humano. La Camarilla exige muchas reglas, no tengo libertad para hacer lo que pienso, no me lo permiten. Crist, sé algo sobre el Sabbat, y es una secta libre, hace lo que quiere y no hay líderes entre sus filas, pero para eso han renunciado a la humanidad, y se han hecho por fin lo que siempre debieron ser, criaturas de la noche...

- ¡Ni se te ocurra!, - Crist, muy asustado aferró las muñecas de Dana con fuerza- Dana, Dana... No lo pienses, es demasiado horrible, demasiado macabro, no dejes que te cojan como lo han hecho con otros, son peligrosos, matan por placer, olvida esa idea. Unirte a ellos es solo el principio del fin. Dana, si han hablado contigo, no les escuches, ¡huye!.

- Crist, por una vez haré caso de un Antiguo, pero a veces tengo mis dudas. - La miraba con los ojos muy abiertos, y lentamente soltó sus manos de las muñecas de Dana y la abrazó, la abrazó fuertemente y ella la abrazó a él.

- Dana, a ti no quiero perderte, no me asustes de este modo, hace mucho tiempo que no creo en nadie, ahora creo en ti, me has devuelto algo de luz, no hagas que se apague.

- Perdóname, no quería asustarte, era sólo una sugerencia, muchas veces me falta el valor. Si, lo sé, parece que soy dura, pero no lo soy, sólo lo aparento, yo también he sentido el dolor. No confiaba en nadie Crist, ni mortal ni vampiro, pero en ti he confiado, y he visto que aún hay gente con corazón en este mundo corrupto. Cuando vi como atendías a Jer, en aquellos fríos suburbios, y vi tu cara, intentando ayudar... Me di asco Crist, me di asco por lo que había hecho, el Hambre se había apoderado de mí, no fui fuerte, y mira lo que ha pasado, todo ha sido culpa mía.

Cortaste tus venas y pusiste tu vitae en los labios de un moribundo, pude ver tu bondad, aún entre los rayos de aquella horrible noche. Y ahora quiero a Jer tanto como te quiero a ti, y no permitiré que nadie le haga daño. He visto como le instruías aquella vez, desde la ventana. E insistías en que entendiera lo que pasaba, nadie hizo eso jamás conmigo, he tenido que valerme por mí misma, y no podía confiar en nadie. Los Ventrue me persiguen, los lupinos me persiguen, los antiguos me persiguen... Y todo porque no soy más que una Brujah rebelde, la escoria de la sociedad vampírica, una niñata, una "neonata", a la que nadie escucha, pero que juro algún día escucharán. Por eso te pido que cuides de Jer, instrúyelo bien, y prepáralo para su nueva condición, que nadie le haga daño, como a mí me hicieron. Nunca le traiciones. Y se que pronto recuperará el recuerdo de su abrazo, y me verá alimentándome de él, con la cara manchada en sangre y furia, y su odio será tan grande que matará a todo el que se ponga en su camino. Todo por lo que le hice, todo por no poder controlar el matarle.... ¿Que te ocurre Crist?.

- Su cara se dibujaba entristecida.

- Dana, hemos establecido un vínculo de sangre... Hemos tomado de nuestras sangres, y las hemos acogido en nuestro ser. Debemos tenerlo en cuenta, ahora uno no puede vivir sin el otro. Nuestros destinos se han unido en uno, nuestro amor será eterno... Y aún no me conoces lo suficiente. Este, es un vínculo de amor, nuestra sangre se ha unido, y con ellas nuestras almas. Temo, que si uno muere, la pena será tan grande que no se superará en un siglo. Dana, yo soy un hombre que atrae el peligro, jamás debimos hacerlo, jamás. - Crist negaba con la cabeza- Soy más antiguo que tú, y como bien sabes, si te pido algo que te pueda perjudicar, lo acatarás inconscientemente, es como amarte, pero teniéndote como mi esclava, no quiero que eso ocurra. No quiero que cuando la bestia me domine se aproveche de ti, y te mande cosas horribles. El poder del Vínculo es fuerte Dana, y ahora estarías dispuesta a dar tu vida por mí, si yo te lo mandara....

- Crist, por eso me uní a ti por la sangre, ¡confío en ti!, no hay nada a lo que temer, estaremos juntos eternamente, y nuestro amor nunca morirá gracias a este vínculo...

- Pero... ¡Y si yo cambiara!, ¡y si cayera mi humanidad!, entonces... Todo se volvería del revés...

- Confío en ti, tanto que estoy dispuesta a estar contigo eternamente.

- ¿Y eso quien lo esta diciendo?, tú... ¿O el vínculo?. - Respondió irónicamente.

Ella bajó la cabeza, y así quedaron, largo tiempo en silencio. Sentados en la hierba, contemplando el fluir del río, y la esencia de la noche. Sin otro sonido mas que el de la fría brisa.

- Crist, estamos perdiendo el tiempo, tu vida pende de un hilo muy fino, y ahora no quiero perderte. Vamos, márchate y encuentra al destripador, la noche acaba. Quedan pocas horas, después los Arcontes vendrán a ver si has acabado tu misión, y si no lo has hecho... Tu conoces a Jack, sabes como actúa su retorcida mente...

- Y eso es lo que más me asusta, Dana, no trato con un simple loco, trato con un antiguo de poder. Posee una gran inteligencia, ha tenido mucho tiempo para planear su venganza, sabes, creo que no tendré que ir yo a por él. Será Jack quien me llame... La sola idea de lo que trama su mente me abruma... Tiene algo entre manos... ¿Donde estará Jer?.

- ¡Crist!, ¡no sabes donde está!. ¡Un Malkavian psicópata te pisa los pies y no sabes donde está Jer!. - La tensión aumentaba por segundos.

- ¡No lo tuve en cuenta!...

- ¿¡Que no lo tuviste en cuenta!?, vete ya, ¡no pierdas el tiempo conmigo!. Tu deber era educarle y protegerle, y tu misión matar a un asesino... ¡ Y aquí estás plácidamente hablando conmigo!. Búscalo, ¡no pierdas más el tiempo!. - El enojo de Dana crecía por segundos.

El despiste de Crist no tenía límite, se sentía idiota, y culpable por lo que había hecho. Estaba muy preocupado, al igual que Dana. Se levantó del suelo con rapidez, y echó a correr en busca de Jer, pero... ¿donde estaba?, el agobio se apoderaba de Crist a cada segundo que pasaba, ya no divisaba a Dana. "¡Estúpido!", pensaba, "¡estúpido!". Y mientras corría la mente se le iluminó:

- ¡En los Yermos!.- Rugió. Negras nubes se arremolinaron de nuevo, la tormenta se iniciaba una vez más, las gotas se precipitaban con rapidez, y los truenos se oían ya en la lejanía. El amanecer se acercaba. No debía permanecer a la intemperie por mucho tiempo... ni Jer tampoco. El tiempo menguaba con rapidez, Crist aceleró el paso.

 

Tormenta Roja

Jer corría a través de las laberínticas callejuelas, las gotas de lluvia le golpeaban el rostro y hacían su visibilidad dificultosa. Calle tras calle el mismo paisaje, parecía que nunca encontraría la salida... Y un sitio más iluminado. Estaba preocupado, sabía que había estado mucho tiempo lejos de Crist, y que el amanecer estaría cerca. Si no encontraba pronto el camino de vuelta, tendría que refugiarse de los mortales rayos en cualquier refugio poco seguro. Aún le goteaba sangre de la boca, y se dibujaba sobre su faz los blancos brillos de unos colmillos. Daba grandes zancadas, y giraba bruscamente en las esquinas, no había nadie por esa desolada zona infesta.

Giró una esquina a gran velocidad, lo último que notó fue un fuerte golpe en su hombro derecho, había chocado hombro contra hombro con alguien. Pensó en seguir su vertiginosa marcha, el tiempo apremiaba. No se fijó en ningún momento quién era el causante del dolor en su hombro, simplemente comenzó de nuevo a acelerar su frenada marcha, dando la espalda al insólito personaje, no había avanzado unos metros cuando oyó una voz ronca y carcomida a sus espaldas, esa voz le causó un extraño pavor:

- Se quien eres, y lo que eres. Sanguijuela. - Casi murmuró.

Jer frenó su carrera, sintió la necesidad de ver quien era o qué era. Giró su cabeza levemente y a sus espaldas se encontraba un hombre encorvado. Su gran chaqueta detectivesca estaba empapada bajo la lluvia, y era tan larga que incluso había sido pisoteada, se podía ver con claridad la suciedad acumulada en sus bordes. Un gran sombrero negro de ala ancha del que goteaba agua mantenía su rostro en el anonimato. Su apariencia era serena, y sus manos se ocultaban bajo los bolsillos de la chaqueta. Jer había visto antes a ese hombre, pero... ¿Donde?. Continuó:

- Ven aquí, quiero verte bien. Vamos, acércate solo un poco más. - Pronunciaba aquella desgastada voz.

Jer vaciló, dió varios pasos adelante, pero la presencia de aquél ente le aterrorizó tanto que retrocedió de nuevo dos pasos, desconfiaba de aquella voz, ocultaba algo, algo misterioso... Inquietante.

- Vamos, ¿tienes miedo de mí?, ¿de un simple siervo de Dios?. - Decía en tono burlesco.

- Quien eres, y que quieres de mí. - Alegó Jer con voz altiva y seria, se notaba la tensión en sus palabras.

- No, mejor hablemos de ti. ¿Sabes lo que eres?, una criatura de la noche - su voz empezó a alzarse arrogante e insultante-, una maldición, un despojo de la humanidad, una burla hacia Dios, un quebrantador de la fe, un servidor del señor de las tinieblas, una... Una criatura fétida y hedionda que hay que extirpar de los reinos del señor. - Dió varios pasos adelante.

Jer estaba confundido, el miedo se apoderó de él, no podía moverse. Aquella altiva sombra se acercaba poco a poco, pero con paso firme. Sus manos salieron al descubierto. Portaban un gran crucifijo de madera, que se veía difuminado por la intensa lluvia, y en su mano derecha un arma. Jer pensó en lo que le había dicho Crist, e intentó no temer el crucifijo, por otro lado el arma no era un gran obstáculo para su condición. Pronto perdió su miedo y empezó a enfurecerse, parecía que la bestia pronto haría su parte, encorvó su cuerpo como si de un gato rabioso se tratara, su cara se arrugó en una mueca violenta, mostraba su aterradora dentadura. Dió un paso adelante, sin miedo, amenazador, dispuesto a lanzarse de un momento a otro contra él.

Miró el crucifijo, algo pasaba, algo no marchaba, a cada paso que daba más le molestaba la presencia de aquel trozo de madera. Pero... eso no podía ser Crist se lo había dicho, lo que era molestia se convirtió en un intenso dolor para sus ojos, retrocedió dolorido. La floreciente bestia pareció huir hacia su interior en busca de un refugio seguro contra tal signo. Jer se cubrió los ojos con las manos, le había mentido, Crist le había engañado, pensó. Notó el clic del gatillo, el arma estaba cargada, y su portador se acercó tanto a Jer que el dolor causado por el crucifijo hizo que se arrodillara, no podía moverse, solo podía cubrirse la cabeza, parecía que sus sienes iban a estallar. Entonces sintió el frío tacto del arma sobre su cabeza.

- ¿Qué creías vampiro?, ¿qué ibas a poder conmigo?. ¿Crees que soy idiota?, ¿qué este arma no te va a causar mucho daño?. Tengo que decirte algo antes de darte tu muerte definitiva: El arma tiene balas explosivas, lo suficientemente potente que llegará hasta tu cerebro y después explotará desparramando tus restos por el suelo y, por supuesto, separando tu cabeza del cuerpo. Eres demasiado joven, pero no eres una criatura de Dios, que tengas un buen viaje al Infierno.

Jer oyó el disparo del arma, no sintió nada. Creía que el impacto había destrozado sus nervios, y por eso no sentía nada, allí estaba arrodillado, esperando a que la explosión de la bala destrozase sus sienes. Miles de imágenes de su vida surcaban su mente, es verdad que toda una vida pasa por tus ojos cuando vas a morir. Mas pasó el tiempo, y nada ocurría, no escuchaba pasos, no escuchaba risas de victoria solo el caer precipitado del agua. La humedad empapaba sus ropas. Se aventuró a abrir los ojos. Ante él se difuminaba la imagen salvadora de Crist, con los puños apretados y mirando inexpresivo a Jer, tenía los ojos inyectados en sangre, y los colmillos le sobresalían levemente de su boca. Jer se levantó y abrazó a Crist, él le acogió suavemente entre sus brazos. Entonces se dió cuenta, no estaba en el lugar donde se había encontrado con aquel personaje, ni había rastro de él.

- ¿Donde estamos, Crist?.

- En un lugar poco seguro, debemos marcharnos de esta calleja antes de que nos encuentre y nos de caza. - Ante Jer se dibujaba una calleja como las que había visto antes, al parecer, no se habían alejado mucho de la zona.

- Pero... ¿como?...

- No hagas preguntas Jer, los Antiguos guardamos algunos secretos que deben seguir manteniéndose en la sombra. Solo, acepta lo que ha pasado como algo natural. Ahora larguémonos de aquí.

Crist le agarró del brazo con fuerza y le condujo a la esquina de la mugrienta calle, una sombra se dibujó en la pared. Crist tapó la boca de Jer y se internó rápidamente de nuevo en la callejuela. Era una calle estrecha, quizás demasiado estrecha. Crist le susurró al oído:

- El cazavampiros nos ha encontrado, debemos huir por el otro lado.
Ahora lo entendía, era el individuo de la foto, un tal Sullivan Dane. La sombra se hacía más grande tras ellos, frente a Crist la calle dejaba de ser iluminada, se internaron más y más entre las sombras de la noche, Jer no distinguía nada, pero se sorprendió de ver como a Crist le brillaban los ojos con una luz rojiza en aquella total oscuridad. De pronto se detuvieron, Jer preguntó:

- ¿Que ocurre?, ¡vamos!, nos va a alcanzar.

- La calle no tiene salida, frente a mí hay una gran pared. - La voz de Crist era fría como el hielo.

Jer no veía nada, la angustia crecía en él, miró hacia atrás más allá de las sombras, y bajo la lluvia pudo ver, gracias a la pobre luz de la farola cercana al principio de la calle, la encorvada figura de Sullivan. Veía como husmeaba, como intentaba vislumbrar algo entre aquella capa de sombras que cubría la calle frente a sí. El silencio era total, un minúsculo movimiento o ruido y les delataría, Sullivan seguía observando con la tranquilidad que le caracterizaba. Pero Crist sabía que no les veía. Después de un tiempo Sullivan se dió por vencido, se alejó por donde había venido.

Crist y Jer se agazaparon en la esquina, entre las sombras, y esperaron a que el susto pasara, y allí estuvieron largo tiempo, apoyados uno contra el otro, sin pronunciar palabra.

Sullivan estallaba de rabia, les había perdido la pista. Si no hubiera sido por Crist, hubiera podido acabar con su aprendiz, y liberar al mundo de uno más de lo que él denominaba "La Plaga". Mientras su enfado le hacía pensar notó un movimiento tras de él. Se viró amenazante dispuesto a afrontar el reto que se le brindase, y entre unos cubos de basura oyó un ruido delatador. Se acercó rápidamente, pero allí no había nadie. "Por lo visto, - pensó- hay más ratas de las que pensaba". Oteó todo lo que pudo por aquellos alrededores, pero sus sentidos no obtuvieron respuesta. Olfateó el húmedo ambiente y una sonrisa salió a relucir: "Mmmm... Sí, huele a gatita, tal y como yo pensaba".

El amanecer estaba aún más cerca, y a cada segundo que pasaba corrían más peligro. El silencio de aquella calle sin salida se quebró bruscamente. Crist alzó la cabeza, alguien se aproximaba al borde de la calle. Jer miraba a Crist con un gran interrogante en su rostro. Dos sombras se hicieron visibles en la pared opuesta y las voces hablaban lo suficientemente alto como para que se les escuchara con claridad. Jer y Crist estaban a la espera, en silencio, al acecho.

- ¡Por Caín!, - susurró a Jer - jamás había tenido tantos problemas durante todos estos siglos. La verdad es que mis huesos ya necesitaban algo de movimiento - ironizó- ya estaban empezando a enmohecerse. Jer, si esas dos figuras son las que yo creo, hemos caído en peores manos que en las de Sullivan. - Aún con algo de humor, Crist ocultaba una gran tensión... Y quizás miedo, Jer lo notaba en sus ojos.- No te muevas, o será la última vez que nos veremos si nos descubren.

- Pero... ¿Quienes son?. - Casi levantó la voz Jer, a la que el Antiguo respondió rápidamente tapándole la boca.

Las sombras se acercaron lo suficiente como para hacer visibles las figuras que se encontraban al otro lado de la pequeña calle. El parpadeo de la destrozada farola hizo que los dos fugitivos vieran los rostros de la nueva amenaza que se cernía sobre ellos.

- No insistas Dante, ¿por que siempre tienes que ser el perro faldero favorito de Xavier?, ¿por qué no olvidas por un momento sus ordenes?. Muchos lo hacen, pero tú no, tienes siempre que hacer lo que ese maldito Justicar te mande.

- ¡Calla!, insolente. Jamás hables mal de nuestro señor, sabes bien que una vez juraste mantener tu misión como Arconte y servidor de Xavier, ¿o es que hace tiempo que ya lo olvidaste?... ¡No!, no vuelvas a insistir. ¿Crees que hago esto sólo por que Xavier lo mande?. Se ha decretado una Caza de Sangre contra Crist y su chiquillo rebelde, no han cumplido la misión que se les asignó en el plazo de tiempo que se les vetó, una lástima. Y hay una gran recompensa...

- Pero Dante, todos lo vampiros de Chicago conocen bastante bien a Crist, ¡no es ningún novato!. Todos le temen, su poder se puede medir con los del propio Lodín, e incluso el de Xavier. Es un vástago antiguo, poderoso, y estoy seguro de que guarda muchos secretos bajo su manga. Y tu... Tu solo eres un Tremere con ansias de poder, y lo suficientemente joven como para que te aplaste. Un mago que como siga por la línea que ha escogido...

- Si, puede que lo suficientemente joven, pero no olvides que soy un Ancillae, y estoy empezando a ser escuchado en los Cónclaves. Puede que ese Crist sea temido, pero créeme, nosotros lo magos también tenemos más de un secreto bajo nuestra manga. Aplastaré a ese Crist como si fuera una colilla de cigarro a medio apagar.

- Los Tremere, siempre tan ilusos, siempre tan secretistas, y siempre tan jodidamente leales a sus señores. Pero tu vas más allá, alardeas de tener gran poder,... Y los malditos secretos de los Tremere empiezan a incomodarme.

- Recuerda, porque lo único que necesito para alcanzar el poder es darle caza y beber su sangre. Solo así conseguiré mayor poder, porque adquiriré parte de su antigüedad, y la antigüedad trae nuevas fronteras. No dejaré ni una gota en su cuerpo...

- La noche declina. Y siento decirte que la búsqueda que esperabas triunfante no podrá satisfacerse, posiblemente otro vástago ambicioso ya haya dado con él, y a estas horas ya le haya dado la Muerte Definitiva.

- ¡Calla!. Sigamos buscando, aún tenemos el suficiente tiempo antes del amanecer.

- Tu estupidez me abruma.

El Tremere sintió la fuerza que esperaba con impaciencia. Una sensación llegó a su cuerpo y le invadió en todos sus recodos. Un escalofrío le subió por la columna vertebral, su hechizo había surgido efecto. Una gran mueca de ingenua felicidad se dibujó en el rostro de Dante.

- ¿Q-Que ocurre?. - Preguntó su compañero esperándose lo peor.

- Esta aquí, le siento.

Crist, que escuchó todo lo que se había dicho, sabía que ese instante era el mejor para aplastar aquella amenaza, pero prefirió seguir oculto entre las sombras. Jer se mantenía junto a él, agazapado como una presa escondida en su guarida. El Tremere señaló hacia las sombras de la callejuela.

- Algo me dice que esta allí, esperando con miedo que acabe con su no-vida.

- Algo me dice q-que si est-esta allí, deb-deberíamos s-salir de aquí p-pitando. - Respondió el compañero con cobardía.

Las dos figuras se acercaban lentamente hacia la posición en la que se encontraban los fugitivos, si seguían avanzando pronto serían descubiertos. Jer cerró los ojos, sabía lo que pasaría. Crist, por el contrario, veía con ojos muy abiertos como el Tremere continuaba su marcha hacia ellos, y no parecía que se fuera a dar por vencido. Crist debía pensar algo, debía evitar que Jer sufriera daño, debían huir de allí, pero la calle estaba cortada. Estaban encerrados.

El Tremere sonreía, posiblemente mostrando algo de la bestia que vivía en él, sus colmillos relucían en las comisuras de sus labios, ante él las sombras se aclaraban, mostrando lo que había a su alrededor. Su ayudante le acompañaba unos metros detrás de él. Tenía los ojos muy abiertos, cada vez sentía la fuerza con más intensidad, su presa estaba cerca. Vió algo al otro lado era... Una pared, se veía que era un camino sin salida, palpó la pared perplejo, algo no marchaba. Le sentía con toda la fuerza, pero sin embargo registró cada recoveco de aquel callejón, con gran sorpresa no encontraba nada, la rabia, la histeria, y su locura ambiciosa se apoderaron de él. Levantó cubos de basura, desparramó las hediondas porquerías que contenían por los suelos, de nada le sirvió. Esto no podía ser, debía haber algo. Su compañero, perplejo, veía como Dante perdía la cordura, y corría de un lado a otro removiendo la lacra acumulada. Estaba seguro de que algo estaba a punto de pasar. Dante creyó dar con la respuesta, se paró en seco, sonrió:

- ¡Ya se donde te escondes Antiguo!, prepárate a morir. - Gritaba mirando a todas partes.

Un arma salió a relucir. Y enloquecido empezó a descargar toda la munición de la automática en círculos, todo su cuerpo temblaba por el retroceso, las balas impactaron con las paredes con furia, contra las basuras, y contra lo que quedaba de pié de los oscurecidos cristales de los ahora abandonados edificios. Y sus locas carcajadas se oyeron varias manzanas más allá. Cuando el arma acabó con la munición, Dante la lanzó con fuerza a la pared. Ni una gota de sangre había salido de la nada. La fuerza que sentía se debilitó y apagó, allí ya no estaba. Su compañero yacía en el suelo, acribillado de balazos, y con una mueca de espanto en el rostro, parecía muerto. Su cuerpo era ahora un montón de puntos rojos, y es mejor no comentar el estado de su ropa, Dante dijo con calma:

- ¡Vamos!, deja de hacer el idiota y levántate. Creí que se había hecho invisible, pero por lo que veo no era así. ¡Quieres curarte ya y levantarte!, tenías razón, no le daría caza hoy. Y es posible que otro ya haya salido victorioso. La próxima vez no se me escapará alguien al que hayan sentenciado a una Caza de Sangre, no, no será tan poderoso pero podremos hacer algo.

- ¡Arg!, si tu lo dices... - El herido comenzaba a cerrar los agujeros de bala, pero aún inválido le dijo:- Pero, ¿quieres hacerme un favor?, la próxima vez que intentes hacer algo parecido... ¿Podrías avisarme?, es que me resulta algo dolorosa la experiencia.

- ¡Ops!. Perdona, te pagaré ropa nueva, ¿te parece?. - Respondió reconciliador.

Sus heridas se cerraron tanto que expulsaron las balas fuera de su cuerpo como si del corcho de una botella se tratara. Y Dante ayudó a levantar a su compañero. Se miró la ropa ensangrentada y dijo:

- ¡Que faena!, ¡mira qué pérdida de alimento!. Desde luego que me pagarás la ropa... ¡Y algo de sangre nueva!, eres un bruto.

Ambos amigos se alejaban lentamente de la zona, daban ya todo por perdido. Ya no sentía la fuerza del hechizo de búsqueda. Y lo único que había conseguido era gastar las costosas balas de su automática, y hacerle de apoyo a su amigo que aún cojeaba de la pierna izquierda. Patético.

Un extraño sonido de fricción de dos metales oxidados hizo que Dante se parara en seco, el sonido provenía del oscuro callejón que habían dejado atrás.

- No... Otra vez no. - Decía al Tremere al ver sus renovadas intenciones de averiguar que había causado aquel sonido.

Dante se acercó de nuevo al pasadizo, el otro Arconte decidió quedarse fuera esperando. Pronto le perdió de vista entre las sombras. Dante se acercaba poco a poco al fondo de la calle, no sentía la fuerza, algo muy extraño. Llegó a la altura de la pared y, como era de esperar no vió a nadie, pero si hizo un descubrimiento que le hizo reír. Su amigo, al ver como reía Dante al otro lado de la oscuridad, decidió entrar a observar lo que pasaba. Al llegar a su altura vio al Tremere agachado mirando algo, se acercó mas y entonces distinguió lo que parecía la boca de una alcantarilla, estaba entreabierta, el espacio suficiente como para que alguien descendiera al mundo desconocido de los Nosferatu, si, al Reino Nosferatu.

- No pensarás en bajar ahí, ¿no?.

- No, me temo que el ya huyó por ahí hace bastante más tiempo.

- ¿Cómo lo sabes?.

- Aparte de porque no siento su fuerza... Porque un Antiguo no se pone un perfume de rosas. - Sonrió oliendo el ambiente. - Alguien se nos ha adelantado, y ahora es demasiado tarde para seguirlos. Vamos amigo mío, el sol estará a punto de asomar, debemos informar de lo sucedido a Xavier. - La lluvia ahora era un simple manto muy fino, pero no tardaría en precipitarse de nuevo con fuerza.

xxxx

- Jer, a partir de aquí las leyes cambian. Si nos encontráramos con algo, o alguien, intenta hablar sólo cuando se te pregunte.

- ¿Alguien?, ¿aquí?. Crist, en esta completa oscuridad no creo que encontremos a nadie de pic-nic.

La humedad se colaba entre las pocas resquebrajaduras de las paredes, la oscuridad era total. Y una brisa fétida invadía todo el túnel por el que se guiaban a gran velocidad. Parecía que sólo Crist sabía el camino a seguir, Jer estaba ciego ante tan profunda negrura, pero su sire parecía ver perfectamente a su alrededor. El único punto por el que el Chiquillo podía fijarse y, mas o menos tranquilizarse, era el antinatural brillo rojo que desprendía Crist de sus ojos. Aquel brillo era mínimo, pero si hubiera carecido de él, pronto se habría apoderado de él el pánico. Notaba como los espesos líquidos del alcantarillado le mojaba los pies llegándole casi hasta las rodillas. El olor era casi insoportable, un hedor sofocante. Si no llega a ser porque no necesitaba respirar, no habría podido soportarlo más. El movimiento era lento y se hacía pesado, pero Crist parecía no querer frenar la acelerada marcha, estaba realmente tenso, algo no iba bien.

- Crist, - dijo con voz desilusionada- me mentiste. Dijiste que las cruces no podían dañarnos. ¿Por que?, ¿por que mentir?. - Crist se paró en redondo, y Jer vió como aquellos ojos lo miraban furiosos.

- Yo no miento, - dijo muy firme - ¿Cuánta gente conocías que creyera realmente en el Creador?, ¡vamos, dime!. ¿Cuanta gente con fe en Él?.

- Bueno, pues...

- ¡A nadie!. La cruz es un símbolo de Dios, no lo olvides, y como símbolo es inservible en manos de quien solo recurre a Él en momentos de necesidad. Quien no tiene fe, no tiene el poder. Sullivan es uno de los pocos en este corrupto mundo que aún tienen una completa fe. Y con su fe, el poder de la Cruz. Recuerda Jer, que la fe mueve montañas... Y extermina a la Estirpe. - Aquella mirada furiosa dejó de observarle, Jer no supo que decir, y se sintió culpable por como lo llamó mentiroso.

- Debes saber que estamos en el Reino Nosferatu, y quizá con mucha suerte daremos con uno que no esté de parte de la Caza de Sangre. - dijo cambiando de tema, en una voz más suave.

- ¿Como puedess dessconfiar de mí desspuess de tanto tiempo?. - Siseó una voz que sonaba muy cerca de ellos. Jer se exaltó, el súbito sonido de esa voz en algún lugar en su flanco derecho casi le hizo huir. Era una voz que irradiaba intranquilidad, desconfianza. Crist no se inmutó.

- Naín, viejo Nosferatu, ¿eres tú?. - Preguntó con sorpresa.

- ¿Dudass de mi?, ¿Quien ssi no?. Ssi hubiera ssido cualquier otro ya no esstariass en condicioness de hablar, ¿ssabess que tieness a todoss loss vásstagoss trass tu pissta?. Deberíass dejar de meterte en lioss. - El Nosferatu parecía ver mejor que Crist todo lo que les rodeaba, se movía de un lado a otro, pero Jer no notaba cómo se movía con tanto sigilo.

- ¿Quien es, Crist?.

- Ssoy Naín, el "Ssin rosstro". Tu debess sser el caussante de lass dessgracíass de tu ssire.

- Naín, debo pedirte perdón por la insolencia y falta de respeto de Jer, no conoce vuestras leyes.

- No passa nada Crisstopher. Puedo entenderlo.
Crist se acercó lo suficiente a Jer como para que pudiera ver el mensaje en sus ojos "una vez más, y te rebano el cuello".

- Naín, debo pedirte un gran favor, es de total importancia para mí.

- Crisst, te debo un gran favor dessde hace ssiglos, y mi palabra ess ssagrada, cumplo con mi parte del trato.

- Gracias Naín, algún día te devolveré el favor.

- Esso esspero Crisstopher, esso esspero. - No supo como pero Jer imaginó una terrible mueca en el rostro de aquel ente.

- Debes llevarnos a los Yermos, lo más rápido posible, eres uno de los pocos que conoce muy bien estas... "estancias sagradas", sé que puedes encontrar un atajo.

- Crisstopher, ya ha amanecido, ¿que sse te ha perdido allí?. Ess un lugar peligrosso para nossotross.

- Las nubes se alzan en el cielo, una gran tormenta. Tengo el tiempo suficiente, la oscuridad no es total, además, no estaré en el exterior.

- Te dirigess hacia la Fábrica, ¿no ess verdad?, allí pereció tu ssire. Ahora lo comprendo, Jack essta allí essperándote para el reto final.

- Exacto. - pronunció sin vacilar Crist. Jer no pronunció una palabra.

Rápidamente se pusieron en movimiento, la soltura con la que se movía el Nosferatu era impresionante, parecía que no le obstaculizaba el lodo acumulado. Quizá una experiencia ganada tras muchos años bajo las calles de Chicago. Más de una vez tuvo que detenerse a esperarles, puesto que la velocidad a la que se movían ellos era inferior. Con las prisas que sufrían Jer tropezó y dio con la mohosa pared de bruces más de una vez, pero eso era sólo en las ocasiones de suerte, el resto de los tropezones daban en zonas más blandas, pero más putrefactas. Jer no veía nada. Recordaba como Crist le había hablado de ellos. Decía que tenían los rasgos tan deformados que era imposible mirarles a la cara sin sentir repudia, preferían los alcantarillados, a los que llamaban "hogar". Desconfían de todos, y solo se ayudan a sí mismos, a no ser que deban algo a alguien, su palabra es su honor, jamás romperían una promesa. Decía que en su Cambio habían sufrido tanto que la maldición del vampirismo les retorció el cuerpo, mostrando el verdadero aspecto de la Bestia que llevan dentro. En parte, y tras oír lo dicho por Crist, dio gracias por no haber visto los rasgos de "ssin rosstro". Crist pronto se enfrentaría a Jack, y Jer sabía que aquél sería un enfrentamiento... De pronto, todo se cubrió de silencio, se detuvieron.

- Hemoss llegado, estamoss bajo la Fábrica. A partir de aquí esstass ssolo Crisstopher, te desseo ssuerte. Porque te quiero vivo, ahora que tu me debess el favor. - el sonido de aquella voz resonó con un ligero eco a medida que se alejaba por el insondable pasadizo.

- Se ha ido. Ahora, no te separes de mí, el juego ha terminado, empieza lo serio. - dijo Crist. Y ya tornaba la chirriante tapa de la alcantarilla que se encontraba en el techo de la bóveda, mientras se preguntaba "¿he venido yo a por él, me ha atraído hacia él, o él ha venido a por mí?". Y aunque la menos lógica, Crist creía que era la tercera. Conocía a Jack muy bien,... y no iba mal encaminado. Los siglos le habían enseñado bien.

Crist salió, la gran estancia a sus pies era digna de los más poderosos respetos. Una brisa golpeó su cara, era fría como el hielo. Aquella brisa estaba cargada de recuerdos, memorias pasadas vinieron a su ser, y llenaron su corazón con nostalgia y melancolía, mucho había vivido. Aquella vieja fábrica era casi tan antigua como Chicago, un auténtico balneario de historia. Y ahora estaba destrozada, puntiagudos metales oxidados, del color de la muerte, cubrían la estancia, el techo estaba igualmente olvidado por el tiempo, y la oxidación era tal que grandes huecos del techo quedaban expuestos al cielo abierto. No, esta vez no se veían las estrellas, la esencia de Gaia. Una lágrima surgió en un ojo de Crist, demasiados recuerdos, rotos y oxidados, como aquellos fríos metales, allí quedó largo tiempo, ajeno a lo que sucedía a su alrededor. La lágrima golpeó el suelo, era del color de la sangre, pronto se diluyó en la humedad del suelo. La maquinaria a su alrededor estaba realmente decaída, y las palomas se agolpaban en las desvencijadas estructuras del techo. Crist salió de su trance:

- Vamos Jer, debemos encontrar nuestro destino. - Dijo con todo el peso de los siglos.

No recibió respuesta, el único sonido que recibió era el goteo del agua que se colaba entre las roturas del techo. Miró hacia atrás alarmado, Jer no estaba allí. Su grito fue atroz, y sentía que había fallado. Ahora Jer podía estar en poder de un ente terrorífico. Se arrodilló en el suelo, se cubrió la cara con las manos y dijo:

- ¿Que he hecho?.

Una sombra se dibujo en el suelo, y cubría aquella silueta a Crist. Una mano le apartó las manos del rostro y contestó:

- Lo que has podido.

Crist alzó la vista lentamente, y allí estaba, era ella. Una sonrisa se dibujaba en su rostro, pero las lágrimas delataban una verdad más profunda. Estaba empapada, y la lluvia se oía ahora con más fuerza, golpeando la estructura con fuerza. Las manos tiraron de Crist y lo alzaron. Él la abrazó con fuerza:

- He fallado Dana, he fallado.

- No has fallado, encontraste tu destino...

- ¡Aún no!. - Bramó una voz con gran fuerza- Es ahora cuando empieza. - El odio invadía aquellas palabras.

Los amantes alzaron la vista, y entre la difuminada lluvia una figura se acercó a ellos. El odio en sus ojos, el gesto de su cara, era él, aquel infernal demente que tanto mal había causado, que tantas vidas se había cobrado. Estuvo tan cerca que casi sintieron su molesto calor.

- Muchos años han pasado desde la última vez que te vi, viejo lobo. No has cambiado en nada, aunque es lógico. - Aquella molesta sonrisa cubrió su semblante- Una vez me derrotaste, pero debiste comprobar que estaba realmente muerto. Sí, fui yo el que traté de que te mataran en el Cónclave, pero al parecer el plan falló.

- ¡Así que fuiste tú, maldito cabrón!. - bramó Crist con su rostro invadido por la ira, de repente su expresión cambió a un sombrío temor- Pero como...

- ¿Que como lo supe?. ¡Oh!, pero debes esperar un poco, no te impacientes viejo amigo, me reservo lo mejor para el final. - sus ojos brillaron con una intensidad tal que Crist no pudo evitar mostrar un creciente pavor, ahora, esperaba lo peor- Durante años... Siglos, el odio ha crecido en mí, el descanso del Letargo me hizo comprender que debía vengarme... Y lo he hecho.

- ¡Aun no! - imitó Crist, alzándose algo victorioso-, antes debes luchar. Una vez lo hice, y ahora volveremos a rendir cuentas.

- ¿Acaso olvidas quien soy?, - la sonrisa empeoró- parece que chochees viejo lobo. Sabes, se aprende de los errores. No puedo medirme físicamente contigo Crist... Y mis valores no son precisamente el del combate "justo"... Sino la venganza fría que siempre soñé en mi trastornada mente. Es por ello por lo que no atacaré a tu cuerpo, sino a tu mente... ¿Sabes lo que significa una bala explosiva para un vampiro?.

Crist tembló, el sonido de aquella voz cargada de venganza escondía algo, sabía que no había escapatorias, estaba condenado. Una mano se posó en el hombro de Crist, y le reconfortó de una manera especial, la visión de Dana..., aquellos ojos verdes lo dijeron todo.

Otra figura, aún negra se acercó a la escasa luz diurna que asomaba por los huecos del techo, estaba difuminada por la lluvia. Crist abrió los ojos, lo que veía no tenía sentido, el corazón le dió un vuelco.

- Tu me mentiste, me traicionaste... Y ahora pagarás por ello. - La silueta de Jer se dibujó a pocos metros por detrás de Jack.- Confié en ti, ¡estabas con ella desde el principio!. - Bramó con todo el odio que pudo esbozar su joven garganta. Crist cerró los ojos, Jack le había asestado un duro golpe, quizás, el peor. Se sintió confuso, se arrodilló de nuevo, las lágrimas surgieron con fuerza, estaba fuera de combate, y Dana, impasible, sabía que no podía hacer nada más por él.

- Soy Jack, de la Antitribu Malkavian, gran señor del dolor. Militante del Sabbat... Y uno de sus más fieles servidores - Pronunció victorioso.

- Perdóname. - murmuró Crist dirigiendo una triste mirada a Jer- Perdónanos.

- No Crist, no puedo perdonarte, ¡ella me mató!, ella me hizo la mitad de lo que ahora soy. Earl me mostró la verdad y me alimentó con su sangre..., sí, salí de tu pútrida mentira ¡ja!, y pretendías que me creyera esa parrafada sobre la cruz, lo que me querías era muerto, pues te arrepentiste de lo que hiciste en aquel desvencijado garaje.... Y ahora ella pagará, y tu también caerás después. Preparaos a morir. - Una sonrisa demoníaca, sangre seca cubriendo sus labios, blancos colmillos relucientes.... Y el sonido de una pistola que se cargaba...

- ¡Jer!, lo siento, jamás hubo maldad en lo que hice. ¡Abre tus ojos!, Jack te los ha cegado con su sangre, ¡te ha engañado!. Escúchanos por favor, escúchanos... Domina a tu Bestia... - La voz de Dana bajó todo su tono desesperanzada, la expresión de Jer revelaba que no cambiaría de parecer.

El arma temblaba en sus manos, la aferraba con fuerza, su visión inyectada en sangre miraba a Dana con odio. Ella sería la primera en caer. Leves gotas caían al suelo desde sus temblorosas manos. Jack... o Earl, pronunció dirigiéndose a Crist:

- ¿Ves?. ¿Quien tiene ahora el control de la situación?. Como ya habrás podido deducir fue tu querido pupilo quien me comunicó lo de tu pequeño "altercado" con las Tradiciones. - Y dirigiéndose a Jer con una voz dulce susurró-. Adelante hijo mío, acaba con ella, y con su cómplice. Vamos chiquillo, no esperes más, que se haga tu voluntad.

Dana miraba a Jer a los ojos, los tenía rodeados de una sombra oscura, impenetrable. Notó como su rabia era tal, que la Bestia mostró toda su faz de malignidad. Dana bajó la vista y esperó el sonido final de aquella arma. Crist permanecía inmóvil, arrodillado en el suelo. Su destino había llegado. El sonido del arma invadió la estancia, el sonido de un disparo. Un cuerpo se interpuso entre Dana y el arma, y en pocos segundos se oyó una explosión, una explosión apagada, el cuerpo se desplomó sin vida sobre el húmedo suelo. Dana abrió los ojos. Gritó desesperada, y sus lágrimas se unieron junto con la sangre esparcida por el suelo.

Aquel cuerpo destrozado era Crist, tenía el estómago reventado. La sangre de Crist se desplegaba por el suelo como una gran manta. Mancharon las piernas de Dana, era una sangre negra, negra pero pura, la sangre de todos aquellos que fueron muertos por Cristopher Levine, y seguía emanando de sus heridas, lentamente, pero sin cesar. La manta se extendió tanto que cubrió también a Jer y a Jack. Dana gritó, y bramó, maldijo y perjuró. La bestia la estaba dominando, una rabia bestial se apoderaba de ella... Pero pronto aquella rabia se desvaneció, se arrodilló ante Crist, sin mirar siquiera a sus enemigos, y le abrazó fuertemente.

- Crist..., Crist que te han hecho... Crist, no me dejes... n-no me dejes sola. ¡Crist!, vuelve... ¡noooo!.- Su llanto era profundo, le invadió la histeria, y desesperada pedía clemencia al cielo.

Jer miró a Crist caer, y vió como Dana acudía a socorrerle. Aquella escena le hizo abrir los ojos, también lágrimas de sangre cayeron por sus mejillas. Sus temblorosas manos dejaron caer el arma, la mente de Jer aún no le permitía afrontar lo que veía, se arrodilló lentamente, se cubrió el rostro con las manos y murmuró:

- ¿Qué he hecho?, no, Crist, tú no. ¿Que he hecho?, ¡necio!... Perdóname Crist, perdóname... Lo siento... Quiero morir, no puedo soportarlo más, odio mi existencia, llévame contigo Crist, llévame a aquel lugar de ensueño. - Y las lágrimas se le escurrieron entre los dedos.

Jule alzó su cuerpo al cielo, y aulló a Selene rabioso mientras pronunció:
- Perdóname Gaia..., por lo que voy a hacer. Y permite que su alma atada a este impío cuerpo pueda por fin dormir en paz- Bajó su cabeza, cerró los ojos..., e impartió la Muerte Definitiva a Jer.

El cuerpo de Jer, que se había encontrado arrodillado, ahora estaba tendido sobre el suelo boca abajo, había muerto... Pero su expresión no era de horror, una sonrisa se dibujaba sobre su faz, por fin había alcanzado la paz que tiempo atrás debió tener, había alcanzado la liberación, y ahora se reunía con sus padres en aquel reino maravilloso que siempre soñó. Había desafiado a las leyes de la naturaleza, pero ya había enmendado ese error. Pronto lo que el tiempo reclamaba como suyo se apodero del cuerpo de Jer, en pocos segundos se convirtió en polvo. Y con él, los restos de aquel negro vínculo.

Un trueno se oyó a lo lejos. Y las grandes carcajadas de euforia triunfante de Jack resonaron con fuerza, por encima del trueno. Su sonrisa se dibujó con todo su esplendor, alzó la vista y abrió sus manos al cielo. Sintió la lluvia golpearle el rostro, había ganado su lucha.

Y así mientras el trueno se oía y las carcajadas de Jack se alzaban sobre la tormenta, un rugido de rabia se alzó sobre ambos sonidos con una fuerza muy superior. Aquel rugido guardaba un odio más potente que el que Jack había sentido por Crist. Este, al oír aquel sonido cesó sus carcajadas, bajó la vista, y allí estaba. Una gran sombra se dibujaba a los pies de Jack, y su silueta le hizo temblar. Se viró para mirar cara a cara a su nuevo adversario. Jamás llegó a ver el rostro de aquel animal, el zarpazo que le arremetió era de tal fuerza que arrancó su cabeza del cuerpo y la sangre salpicó varios metros más allá, era una sangre espesa, fétida..., y ácida, pues corrompió todo aquello que alcanzó. El grito de Jack aún surgía de su garganta cuando ya no estaba unida a su cuerpo, era un grito horrible, invadido de terror. Se oyó hablar mucho de él en el Infierno.

Aquel grito de dolor hizo alzar la rota vista de Dana, aún abrazada al cuerpo de su amado, vio como una gran criatura se acercaba lentamente, muy lentamente hacia ellos, la faz de un lobo, y un largo pelaje. Estaba cubierta de sangre. Aquellos ojos, los había visto antes, en un hueco en la pared...

- ¡No!, ¡atrás!... ¡No nos hagas daño, no más dolor!. ¡Déjanos!... ¿Por que, por que me haces esto?... Por favor, no mas... No mas... - Gemía Dana histérica. Se tapó la cara y se acurrucó en el suelo junto a Crist, ya no tenía fuerzas para luchar.
Notó como el cuerpo de aquella gran bestia se arrodillaba junto a ella. Podía sentir su aliento. Su gran brazo abrazó a Dana y la atrajo hacia sí.

- Mírame mujer, en nombre de Selene. - Dijo su voz, muy dulce para ser pronunciada por esa gruesa garganta.

Ella alzó la vista sorprendida, y Julius pudo ver la profundidad de aquella mirada. El Garou también lloraba y su gran rostro mostraba dolor. Con su gran manaza apartó las sangrientas lagrimas de las mejillas de Dana.

- Ahora comprendo por qué Crist te amó, y sé que no eligió mal. - Pronunció aquella gruesa voz- . Era un gran amigo mío, guardaba todos mis secretos, al igual que Jeremy. Ahora esa sabiduría se perderá en el tiempo...- la voz se le entrecortaba al hablar, era profundo el dolor de su corazón.- No te haré daño, no haré daño a nadie más, dentro de poco solo seremos una leyenda. Dana, no me conoces, pero puedo decirte que Crist estará bien. Puedo verle. Allá..., entre las estrellas.

- Nunca había estado tan cerca de un Garou.... Sabes, ya no me importa, ya no me importa nada. Ya no tengo por lo que luchar, Jer ha muerto, Crist ha muerto... Crist... - Abrazó el gran cuerpo de aquel animal, y así quedó largo rato, este la acogió con suavidad entre sus garras.

- ¿Por qué?, por qué cuando quieres algo con todas tus fuerzas se desvanece cuando menos lo esperas... ¿por qué?.

- Dana, los caminos de Gaia son incomprensibles, a veces yo tampoco los entiendo, pero ese era su destino. Un destino que debió realizarse hace ya mucho tiempo. - Las puntas de sus dedos recorrieron el suelo y sintieron la pureza de aquella sangre derramada.- Mira Dana, y aprende de la dureza del mundo.
Ella siguió el dedo de Julius, que con dureza le mostraba lo hostil que podía ser el mundo. Señalaba a Crist. La tormenta pronto desaparecería y quedaría expuesta a la luz del sol.

- Date prisa Dana, debes despedirte de él.

Dana se acercó a Crist, su cuerpo aún no se había vuelto en polvo. Le miró la faz, su cara brillaba como nunca antes lo hubiera hecho. El color pálido de su rostro había recobrado su color de mortal, era como si la vida aún estuviera en él, la paz de su gesto era absoluta, también había alcanzado la liberación. Su semblante estaba cubierto de bondad. Le abrazó por última vez, y derramó también sus últimas lágrimas. El cuerpo estaba caliente, lo que le reconfortó sentir aquel calor, sus heridas se cerraron. Quizás en un gesto armonioso, aquel ser emanaba pureza. Ella le pasó los dedos por los labios, estaban igualmente calientes. Y murmuró:

- No me olvides nunca, yo jamás lo haré.

Sintió como la mano del lobo se apoyaba sobre su hombro a tiempo que decía:
- Tienes suerte, el tiempo cura las heridas, pero yo no tendré el tiempo suficiente para curar las mías. Aprecia lo que te ha tocado, el don de la inmortalidad, y aprende de ella. Y cambia el mundo por mí, porque yo he fracasado. Vamos Dana, tenemos que irnos, pronto el sol asomará tras las nubes. La Tormenta Roja ya ha pasado.

Ambos se alejaron poco a poco. Los primeros rayos asomaron victoriosos tras las grietas, anunciando un nuevo día, Dana veía como todo se iluminaba poco a poco todo a su alrededor, y recordó la belleza natural del amanecer. Le hubiera gustado ver como el sol asomaba en el horizonte, pero sabía que eso no podría hacerlo por el resto de su existencia. Lo último que vio fueron los rayos del sol, bañando el cuerpo de Crist, con su poder purificador. Se internó con Jule en las sombras de la alcantarilla al tiempo que se oía una voz que decía: - Jamás subestiméis el poder de la Golconda. Pues la leyenda hablaba de que si un vampiro daba su vida por otro ser al que amaba, sería recompensado con la mortalidad..., y así ha sido.

...Mi destino se ha cumplido...

Crist se encontraba en pie, miraba entristecido las cenizas por las que tanto había sufrido, y veía como se esparcían con la brisa fría, como si nunca hubiera existido un ser llamado Jeremy. Viró su rostro lentamente, allí estaba ella, oculta entre las sinuosas sombras, un Hijo de la Noche.

Una sonrisa afloró en la faz de Dana, que corrió a manos de su amante resucitado. Los rayos la rozaban, y hacían daño, pero no parecía parar su cruenta carrera. Crist, alarmado, corrió hacia ella y la ocultó de nuevo en las sombras.

- Jamas olvides lo que eres Dana. - Acto seguido la abrazó con tal fuerza que hizo que Jule llorara de emoción ante lo que veía... Y Crist también lloraba lágrimas de felicidad..., y eran lágrimas mortales de agua pura y plateada. -. Dana, siento como la vida fluye en mí, y siento algo que perdí hace tiempo..., necesito sentir de nuevo el calor de los rayos sobre mi cara, tengo que salir ahí fuera y ver el sol de nuevo..., no sabes como lo he echado de menos.

- Lo entiendo, sal ahí fuera y disfruta de la claridad del día. - Contestó Dana dolida. Se separó de Crist, la sonrisa de su semblante dibujaba la verdad.- No puedo seguir contigo, ahora eres mortal, y yo un vástago. Nos separan muchas cosas, la luz y la noche. Y ahora tu sientes el amor de una manera muy distinta de como antes lo sentías. Hay cosas que yo ya no puedo ofrecerte... Y sería peligroso que estuvieras conmigo. No quiero verte morir de viejo. Compréndelo, Crist. - Ella bajó la cabeza con culpa.

Cristopher, quedó pensativo y en silencio, con la vista gacha, lo había comprendido. Con una leve sonrisa que ocultaba su pesar dijo:
- Lo ves, cuando el vínculo se rompe, las cosas son diferentes. Tienes razón, sería una locura, ahora el día me reclama, y la noche te reclama a ti. Nuestros destinos se separan aquí. Abrázame, en un sentido mortal, por supuesto. Ella se acercó a él, pero no pudo abrazarlo.

- Mejor dejar las cosas así, son duras, pero mejor así. - Y aquella rebelde Brujah se alejó lentamente por el oscuro túnel... convertida en un vástago de poder y sabiduría.

Crist observó como se alejaba. Sintió como sus lagrimas llegando a la comisura de sus labios, tenían un sabor salado, que no sentía desde hacía muchos siglos, su vida comenzaba de nuevo. Cerró los ojos al túnel, y salió a observar la claridad del día, dejó la fábrica atrás, y tumbado sobre la hierba dejó sentir el calor de aquellos benditos rayos sobre su cara, aquel anhelado sueño hecho realidad. Y allá, sobre el horizonte, un globo naranja anunciaba el fin de su inmortalidad... De su eterna tortura.

Jule, que había permanecido en silencio todo el tiempo, se unió a Crist en forma humana, lo miró a los ojos sin mediar palabra, ambos sonrieron y allí, sobre la hierba, miraron el amanecer de un nuevo día.

- Bienvenido a la vida, camarada. - Pronunció con solemnidad.
Crist esbozó una sincera sonrisa, miró a Jer a los ojos:


- Sabía que me ayudarías, sabía que vendrías. - dijo. Jule imitó su sonrisa.


- Lo se, Crist, lo se.

"Who wants to live forever" Queen

 

Epilogo... o Cachondeo

¡Uf!, gracias al cielo la he terminado. Lo que había empezado como un pequeño proyecto para un concurso narrativo se ha convertido en un autentico relato, no puedo quejarme de que no me haya gustado hacerla. Y no puedo despedirme así, esta novela, novela corta, relato... O lo que quiera que sea, no la he hecho solo yo, debo dar gracias a muchas personas por su ayuda y apoyo.

Lo primero y a ritmo de buena música, pedir gracias al ordenata que me ha facilitado mucho el trabajo. Pero dejando las máquinas aparte, vayamos con las personas. Primero y más importante, decir gracias a Marta (que cuando vea su nombre aquí me va a matar) por su insistencia en un primer momento en que acabara lo que había empezado. Gracias al gordito de José Maria por nada en particular (ya que no tuvo nada que ver con la novela), pero me dijo medio de cachondeo que le hiciera una dedicatoria para ver si tenía más éxito con las tías, y le dije que si quería ponía su teléfono él quiso, pero mejor no lo pongo, porque las quejas de las chicas vendrán al autor cuando le conozcan (es broma Jose, no te vayas a cabrear). Pero en realidad sí tengo que darle gracias, por aguantarme los rollos sobre las ideas que tenía sobre esta novela sin protestar. Gracias por tu paciencia. Y por supuesto doy gracias a mi profesora de literatura Amparo, solo para hacerle la pelota.

Doy gracias a la Factoría de Ideas y White Wolf, los auténticos creadores de este mundo fantástico, recogido en sus maravillosos juegos de rol en sus títulos originales en ingles "Vampire: The masquerade" y "Werewolf: The Apocalipse". Le dedico la novela a los ya mencionados y al estupendo sonido de los grupos que me han acompañado mientras la escribía: Alanis Morissette, "In The name of the father", Metallica, Def Con Dos ("El día de la Bestia", por supuesto), Queen ("Who wants to live forever", que me acompañó en el esperado final").

Y a los lectores que habéis tenido el valor de llegar hasta aquí, gracias a todos. Y con mucho cariño y sentimiento no me olvido de dedicárselo a mi grupo de amigos "original" (ellos me entienden): Fran (el "Gangrel" solitario), Jose Angel (el mulo vasco hevata que da miedo, felicidades por tu pelado aunque le tuviera cariño a aquellas greñas), Tina (la alemana "grungeta" con más clase), Jose María (el mejor "Master"), y Josemi (el vicioso del Internet). Y también a Alex, Laura, Carlos I., Melisa, Juan, Carlos P., Miguel, Sergio, Richi, Arturito, David... Y en fin, toda aquella gente que me conoce, que no son pocos, y como ahora no me acuerdo de todos no puedo incluir aquí. (Me ejecutarán por ello). ¡Que si!, y a todos los jugadores de rol del planeta.)... Y como me apetece también le pido gracias a las habichuelas radioactivas, a las alcachofas con diarrea. Y al padre del Yosoy que es nieto de la abuela de la madre del escorpión que es sobrino del padrino del Yoshua que se casó con el bisabuelo del vecino del Sascuach sin decir que su tía es pariente lejano del Spechat. (Es un pequeño cachondeo que nos traemos). ¡Ah!, me faltaba un amigo muy especial que se fue a vivir a la Palma hace mucho tiempo y al que hecho de menos, Sergio, no nos olvidamos de ti, espero que esta novela te haya llegado en buen estado. ¡Vente en carnavales!.

Esta novela comenzó a escribirse el día 14 de Enero de 1996 y he acabado hoy día 10 de Noviembre del mismo año. Se me quedan muchas cosas en el tintero, y no quiero extenderme más, sólo decir que perdonen algunas tremendas faltas ortográficas en el texto original, gajes del aficionado. Se despide un servidor, hasta la próxima (si surge el caso y sigo vivo):

Maxi Díaz Díaz, "Dark"

Preludios (Bajo la Luna Ensangrentada)

La tormenta había amainado, lo único que quedaba era el aroma húmedo en el ambiente. El Tremere se inclinó para observar mejor.

- Sí, algo sucedió aquí, las paredes gritan a voces lo que aquí paso..., ¡si las paredes pudieran hablar!... Sólo cenizas. - Dante cogió un puñado de las cenizas más negras que se esparcían por el suelo, cerró los ojos en un largo trance.

- Dante... ¿ocurre algo?. - Preguntó su compañero impaciente.

- Me temo que sí. Pues esto que tenemos aquí son los restos de lo que en otro tiempo fue Jack. Y posiblemente - señaló al otro cúmulo de cenizas-, ese sea nuestro bienamado Cristopher Levine. Una noche ha pasado desde que esto sucedió.- Rozó el suelo con las puntas de los dedos, y pronunció en silencio un extraño dialecto.- Y sé que algo más sucedió aquí, algo se queda en el aire..., pero no poseo el poder para saber el que. Me temo que ese secreto se ha ido con ellos a la tumba.

- Oh, espero que no fuera nada relevante.

- Mmmmh, no lo creo. Total - dijo estirándose los brazos-, ya no importa, es algo que ya no nos incumbe. Somos Arcontes, puede que no de los mejores, pero seremos los que tengan el gran honor de comunicarle a Xavier la inquietante noticia..., Jack ha muerto definitivamente, al igual que Cristopher, espero que ahora pueda descansar en paz..., ¡oh!, ¡si las paredes hablaran!. Se que algo falla, algo... importante.

END.

 

Autor:
Dark : Mravina@teleline.es

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